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¿Por qué seguimos atrasando el reloj? Todas las claves del cambio de hora que nadie quiere
Esta madrugada hemos dormido una hora más y seguiremos moviendo el reloj al menos hasta 2031. ¿Por qué Europa cambia la hora si el 84% votó contra ello?

Resumen
- La madrugada del 24 al 25 de octubre los relojes han vuelto a atrasarse una hora: a las 3:00 eran las 2:00. El horario de invierno durará hasta el 28 de marzo de 2027.
- El 84% de los europeos votó en 2018 a favor de eliminar el cambio de hora, pero los países miembros no se ponen de acuerdo sobre qué horario fijo elegir.
- Según la Comisión Europea, los ajustes de reloj continuarán al menos hasta 2031 mientras no se derogue la directiva vigente.
¿Te ha parecido que este domingo ha durado más? No es una sensación: ha tenido 25 horas. En la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre, a las 3:00 los relojes han vuelto a marcar las 2:00 en la Península y Baleares (en Canarias, a las 2:00 era la 1:00). El horario de invierno ya está aquí y se quedará hasta el 28 de marzo de 2027.
Y volverá a pasar en marzo. Y en octubre de 2027. Y así, como mínimo, hasta 2031. La pregunta es obvia: si casi nadie lo quiere, ¿por qué seguimos moviendo las manecillas dos veces al año?
De la crisis del petróleo a la directiva europea: el origen de una costumbre
La idea de aprovechar la luz natural no es nueva, pero su versión obligatoria llegó con la crisis del petróleo de los años setenta. España adoptó el sistema de forma estable en 1974, con el objetivo de alargar las tardes de luz y reducir el consumo eléctrico. En 1981 la norma pasó a ser obligatoria para los países de la entonces Comunidad Europea, y desde el año 2001 está fijada por la directiva 2000/84/CE: adelantar el reloj el último domingo de marzo y atrasarlo el último de octubre.
Este 2026 ha tenido una pequeña trampa de calendario. Como el último domingo de octubre cae día 25 y el ajuste debe quedar enmarcado dentro del mes, el cambio se ha producido en la madrugada del 24 al 25. El fin de semana que viene el domingo ya será 1 de noviembre.
El argumento energético, sin embargo, se ha ido desinflando. Los expertos llevan años comprobando que lo que se ahorra en luz por la tarde se gasta en calefacción por la mañana, y el impacto real sobre la factura del país es, como mucho, marginal. Lo que sostiene la costumbre ya no es el ahorro: es la falta de consenso político para enterrarla.
¿Por qué Europa no se pone de acuerdo para eliminarlo?
La oportunidad llegó en 2018. La Comisión Europea lanzó una macroencuesta en la que participaron 4,6 millones de personas y el 84% se pronunció a favor de acabar con los cambios de hora. El Parlamento Europeo llegó a fijar 2021 como fecha límite para suprimirlos. Después llegó la pandemia y la reforma se guardó en un cajón del que no ha vuelto a salir.
El bloqueo tiene una explicación geográfica. Si cada país eligiera su horario fijo, Europa se convertiría en un mosaico de husos desordenados, con desfases horarios entre vecinos que complicarían transportes, comercio y comunicaciones. Y las preferencias están partidas en dos bandos:
- Es el que recomiendan neurólogos y expertos en sueño
- Favorece a los países del oeste de Europa: amanecer más temprano
- Luz natural por la mañana, cuando el cuerpo la necesita para activarse
- Es el favorito de la hostelería y los amantes del ‘tardeo’
- Beneficia a los países del este: atardeceres más tardíos
- Más luz por la tarde para ocio y comercio
Para derogar la directiva actual harían falta al menos 15 países que representen el 65% de la población votando a favor de una alternativa común. No los hay. Así que, atrapados en el limbo, seguimos moviendo el reloj —o dejando que el móvil lo haga solo— mientras la Comisión Europea mantiene el calendario de cambios al menos hasta 2031.
El ‘mini jet-lag’: lo que la hora de más le hace a tu cuerpo
Una hora parece poco, pero el cerebro no funciona con números redondos. Nuestro reloj interno —el ritmo circadiano— segrega melatonina cuando oscurece para inducir el sueño y nos activa con la luz del alba. Es la base de la cronobiología, y cuando el organismo ya se ha adaptado a un horario, cualquier cambio, aunque sea de solo 60 minutos, provoca desajustes.
La Sociedad Española del Sueño lleva años advirtiendo de los efectos: irritabilidad, falta de concentración, somnolencia diurna y bajo rendimiento laboral en los primeros días. Los estudios también asocian las transiciones horarias con más riesgo de insomnio y, cuando el insomnio se cronifica, con problemas como hipertensión, obesidad o diabetes tipo 2.
Hay una diferencia clara entre tipos de personas. A los cronotipos vespertinos —los «búhos», que rinden mejor por la tarde— les sienta especialmente bien atrasar el reloj, porque pueden acostarse y levantarse más tarde. Los matutinos, las «alondras», notan más el desajuste: su cuerpo les pedirá levantarse a las cinco de la madrugada según el nuevo horario. Y los niños y los mayores suelen ser los más sensibles a la alteración de rutinas.
Trucos para que el cuerpo note lo mínimo el cambio de hora
La buena noticia: el ajuste de octubre es el más amable de los dos. Ganar una hora es más fácil que perderla, y la mayoría de la gente se adapta en dos o tres días. Los especialistas en sueño recomiendan facilitar el proceso con estos ajustes sencillos:
- ✓Adelántate de forma gradual: retrasa 10-15 minutos la hora de acostarte y de comer los días previos al cambio, en lugar de hacerlo de golpe.
- ✓Busca luz natural por la mañana: exponerte al sol nada más levantarte ayuda a sincronizar el reloj interno con el nuevo horario.
- ✓Mantén las rutinas de comidas y ejercicio: los horarios regulares de comida son una señal potentísima para el organismo.
- ✓Reduce pantallas antes de dormir: la luz azul retrasa la melatonina justo cuando más la necesitas.
- ✓No compenses con siestas largas: si necesitas dormir de día, que no pase de 20-30 minutos para no robarle sueño a la noche.
Un apunte práctico para este domingo: si tienes relojes de agujas, microondas antiguos o el coche aparcado en la calle, toca ajustarlos a mano. Los dispositivos conectados —móviles, ordenadores, televisores inteligentes— lo hacen solos porque sincronizan la hora por internet. Y si trabajas a turnos o tu jornada empieza de madrugada, avisa a tu cuerpo con luz y horarios regulares desde el primer día: es el colectivo que más nota el desajuste.
Mientras tanto, toca resignarse: el próximo movimiento de manecillas llegará la madrugada del 27 al 28 de marzo de 2027, cuando adelantemos el reloj para recuperar el horario de verano. Y después, otra vez octubre. Y otra vez marzo.
¿Será 2031 el año en que Europa decida, de una vez, dejar el reloj quieto? Todo apunta a que no: nadie quiere ceder, el ahorro energético es discutible y el coste político de elegir un horario fijo parece mayor que el de seguir como estamos. Así que guarda bien los relojes de agujas del salón: nos acompañan, como poco, cinco años más.












