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¿Por qué cambiamos la hora en España esta madrugada y hasta cuándo seguirá siendo así?
Esta madrugada a las 3h serán las 2h en España. Te explicamos por qué seguimos cambiando la hora y si algún día desaparecerá esta tradición centenaria.

Resumen
- En la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre, a las 3h peninsulares serán las 2h: una hora más de sueño.
- El cambio de hora nació para ahorrar energía durante la Primera Guerra Mundial y en España se regularizó en plena crisis del petróleo de 1974.
- La UE mantiene el sistema al menos hasta 2031; la ciencia cuestiona que el ahorro energético justifique el coste para la salud.
Una vez más, toca el ritual. Esta madrugada, la del sábado 24 al domingo 25 de octubre, España entra en el horario de invierno: a las 3:00 horas en la Península, Baleares, Ceuta y Melilla, los relojes retroceden hasta las 2:00. En Canarias el ajuste se produce una hora antes. El resultado: una jornada de 25 horas y, de golpe, anochecerá una hora antes durante los próximos cinco meses. El siguiente cambio —de vuelta al horario de verano— no llegará hasta el último domingo de marzo de 2027.
Una idea de guerra, no de Benjamin Franklin
Lo de Franklin es un mito simpático. En 1784, el diplomático y polímata publicó un texto satírico sugiriendo que los parisinos ahorrarían velas si se levantaran antes con la luz del sol. Era una broma. El cambio de hora como política real nació más de un siglo después, durante la Primera Guerra Mundial, cuando Alemania lo implantó en 1916 para reducir el consumo de carbón. El Reino Unido y el resto de los países beligerantes siguieron la estela semanas después.
España lo adoptó por primera vez en 1918, en plena contienda, aunque con interrupciones. El ajuste no se volvió a regularizar de forma estable hasta 1974, cuando la crisis del petróleo convirtió el ahorro energético en prioridad nacional. Desde entonces, el último domingo de octubre marca el fin del horario de verano y el último domingo de marzo cierra el ciclo inverso. En 1981 la norma pasó a ser obligatoria para todos los países que entonces formaban la Comunidad Europea, incluida España.
- 11916 — Alemania introduce el cambio de hora para ahorrar carbón durante la Gran Guerra.
- 21918 — España lo adopta por primera vez, con interrupciones posteriores.
- 31974 — Crisis del petróleo: el cambio de hora se regulariza de forma estable en España.
- 41981 — La CE hace obligatoria la norma para todos sus miembros.
- 52031 — Fecha hasta la que la Comisión Europea mantiene el sistema vigente.
¿Por qué España usa el huso horario «equivocado»?
Aquí hay una paradoja geográfica que muy poca gente conoce. España utiliza el huso horario de Europa Central (CET), el mismo que Berlín o París, cuando la mayor parte del territorio peninsular se encuentra al oeste del meridiano de Greenwich. Geográficamente, España debería compartir huso con Portugal y el Reino Unido, que van una hora por detrás. La razón de esta anomalía tiene nombre: Franco.
En 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen adelantó la hora para alinearse con la Alemania nazi. Portugal, que no cambió, quedó en el huso correcto. España, que nunca volvió atrás, vive desde entonces con el sol alcanzando el cénit a las 14:30 en el solsticio de verano en Madrid, no a las 12:00. El resultado práctico es que los españoles cenan tarde, se acuestan tarde y, según varios estudios, duermen de media menos que el resto de europeos. Todo por un ajuste político de hace 86 años.
Lo que dice la ciencia: ¿ahorra energía o es un mito?
La justificación original del cambio de hora era el ahorro energético. Hoy esa premisa tiene más grietas que un edificio de los años 70. La Sociedad Española del Sueño lleva años advirtiendo que los dos ajustes anuales alteran los ritmos circadianos y generan lo que los especialistas llaman «jet lag social»: irritabilidad, falta de concentración, bajo rendimiento laboral e insomnio durante los días posteriores al cambio. Los más afectados son las personas que ya tienen problemas de sueño y los niños pequeños.
En cuanto al ahorro energético, los estudios más recientes son escépticos. En 2018, cuando la Comisión Europea encuestó a los ciudadanos sobre si eliminar el cambio de hora, la respuesta fue contundente: de los 4,6 millones de respuestas, el 84% votó por suprimirlo. El Parlamento Europeo aprobó en 2019 una directiva para acabar con el sistema, pero la pandemia y la falta de consenso entre países sobre qué horario mantener han paralizado la reforma.
- El ahorro energético real es mínimo o nulo
- Altera los ritmos biológicos dos veces al año
- El 84% de los europeos lo rechaza
- Aumenta accidentes los días del cambio
- Sin consenso europeo sobre qué huso elegir
- Tardes más largas en verano benefician al sector servicios
- Cambiar el huso implicaría reformas legales complejas
- La comisión de expertos de 2019 no recomendó el cambio
¿Cuándo desaparecerá el cambio de hora?
La respuesta honesta es que nadie lo sabe. La Comisión Europea ha extendido el sistema vigente al menos hasta 2031. Para derogar la directiva que lo sustenta hace falta que al menos 15 países que representen el 65% de la población voten a favor. El problema es que algunos países prefieren quedarse con el horario de verano —más luz de tarde— mientras otros defienden el de invierno, más cercano al ritmo solar. Sin acuerdo, no hay reforma.
El Gobierno español ha afirmado que dos de cada tres ciudadanos apoyan suprimir el cambio. Pero la supresión unilateral por parte de España, manteniéndose en CET todo el año, crearía una desincronización de una hora con Francia e Italia durante seis meses, lo que complicaría el comercio, el transporte y la coordinación empresarial. La solución, si llega, tiene que ser europea o no será.
Los efectos del cambio de hora en el cuerpo: qué dice la ciencia
El cambio al horario de invierno se tolera mejor que el de verano porque técnicamente ganas una hora de sueño. Sin embargo, la desincronización del reloj interno persiste varios días. Los cronobiólogos explican que el ritmo circadiano tarda entre tres y siete días en adaptarse al nuevo patrón de luz, durante los cuales el cerebro sigue segregando melatonina según el horario antiguo. El resultado habitual: somnolencia a deshora y mayor dificultad para conciliar el sueño al nuevo horario habitual.
Los grupos más vulnerables son los niños pequeños —cuyas rutinas dependen estrictamente de la luz— y quienes ya padecen trastornos del sueño o depresión estacional. La Sociedad Española del Sueño recomienda ajustar gradualmente el horario de comidas y el de acostarse durante los dos o tres días previos al cambio. También desaconseja las siestas largas los días posteriores.
Curioso pero documentado: los lunes después del cambio de primavera —el que roba una hora— registran un aumento estadísticamente significativo de infartos y accidentes de tráfico. El de otoño no muestra ese efecto. Esta asimetría alimenta la posición de los especialistas en sueño, que prefieren quedarse definitivamente con el horario de invierno —más cercano al ritmo solar— frente a la mayoría popular, que prefiere las tardes largas del horario de verano. Las dos posiciones conviven en cada encuesta sobre el tema, y ese desacuerdo es precisamente el que lleva al bloqueo europeo.
La solución, apuntan varios investigadores, no debería ser política sino científica: fijar permanentemente el horario de invierno en los países del sur de Europa, que ya están más al oeste del meridiano de referencia, y dejar que los del norte elijan el de verano si así lo prefieren. Pero eso requeriría que la Unión Europea aceptara convivir con husos horarios distintos dentro del mercado único, algo que los negociadores consideran un problema logístico considerable.
De momento, toca lo de siempre: cambiar los relojes que no se cambian solos, prepararse para que anochezca antes de las 19:00 y esperar que el cuerpo tarde lo menos posible en adaptarse. Esta noche, al menos, dormimos una hora más.












