Economía
¿Por qué cae el precio del oro pese a Irán y la presión de la Fed?
El oro pierde fuerza pese a la tensión geopolítica. Los tipos de la Fed, los bonos y el dólar pesan más mientras Irán sostiene la demanda refugio.

Resumen
- El oro cae pese a la tensión con Irán y el temor geopolítico
- La Fed y los bonos de EEUU vuelven a presionar al metal precioso
- El dólar fuerte y los tipos altos frenan su papel como refugio
El precio del oro baja este lunes 21 de septiembre pese a un escenario que, sobre el papel, debería favorecer al refugio por excelencia: tensión en Oriente Próximo, incertidumbre comercial entre Estados Unidos y China y una inflación que continúa dando problemas. La explicación está en otro lugar. Los tipos de interés estadounidenses y los rendimientos de la deuda han vuelto a ganar protagonismo, y ese cóctel suele resultar incómodo para un activo que no paga intereses.
Durante la sesión asiática, el oro al contado se ha movido aproximadamente entre los 4.350 y los 4.380 dólares por onza, con descensos que llegaron a rondar el 0,5%-0,7% en distintos momentos de la mañana. No es, por ahora, un desplome. Más bien una batalla bastante reconocible entre dos fuerzas opuestas: el atractivo del oro como activo refugio ante la incertidumbre y el coste de mantenerlo cuando los bonos estadounidenses vuelven a ofrecer rentabilidades elevadas.
La Fed vuelve a poner obstáculos al precio del oro
El gran cambio llegó la semana pasada. La Reserva Federal de Estados Unidos elevó el 16 de septiembre los tipos de interés en un cuarto de punto, hasta situarlos en una horquilla del 3,75% al 4%. Fue la primera subida desde 2023 y la decisión se aprobó por unanimidad. La propia Fed justificó el movimiento por una inflación que continúa elevada y por una actividad económica que sigue creciendo a un ritmo sólido.
Para el oro, la mecánica es bastante sencilla aunque el mercado nunca lo sea tanto. El metal amarillo no genera cupones ni dividendos. Cuando un bono del Tesoro ofrece una rentabilidad atractiva, mantener lingotes tiene un coste de oportunidad mayor. Y precisamente ahí está una de las presiones de estas jornadas.
La rentabilidad del bono estadounidense a dos años ha subido con fuerza durante las últimas semanas y llegó a situarse alrededor del 4,76%, después de avanzar unos 36 puntos básicos en quince días. El mercado interpreta que el endurecimiento monetario quizá no haya terminado. Eso enfría, de momento, parte del entusiasmo por el oro.
El mercado ya mira a otra posible subida de tipos
La reunión de septiembre tampoco dejó la sensación de una subida aislada y asunto resuelto. Las proyecciones de la Fed muestran que la mayoría de sus responsables contempla al menos un nuevo incremento de tipos antes de terminar 2026. Neel Kashkari, presidente de la Fed de Minneapolis, insistió este domingo en que las presiones inflacionistas siguen extendidas por la economía estadounidense y no se limitan al encarecimiento de la energía.
Los mercados de futuros reflejan esa inquietud. A comienzos de la sesión del lunes atribuían en torno a un 56% de probabilidad a otra subida en octubre, mientras que un nuevo movimiento antes de finalizar el año se considera cada vez más plausible. Algunas grandes firmas financieras han revisado precisamente sus previsiones en esa dirección.
No es un detalle menor. Durante buena parte de los últimos años, la expectativa de tipos más bajos había sido gasolina para el metal precioso. Ahora aparece el escenario contrario: una economía estadounidense resistente, inflación persistente y una Fed dispuesta a mantener el freno pisado. Poco romántico para quienes imaginan el oro moviéndose únicamente al compás del miedo mundial.
Irán sostiene al oro, pero también complica la inflación
La paradoja está en Oriente Próximo. La tensión geopolítica debería aumentar la demanda de activos refugio, y en cierta medida lo está haciendo. Pero el conflicto también mantiene el petróleo en niveles elevados, alimentando las expectativas de inflación y reforzando las posibilidades de tipos altos durante más tiempo.
El Brent retrocedía este lunes alrededor de un 1,7%, hasta unos 102 dólares por barril, después de conocerse señales de recuperación en las exportaciones del Golfo y posibles avances para restaurar determinados flujos saudíes. La caída del petróleo alivió algo la tensión de los mercados, aunque el escenario sigue siendo frágil. Estados Unidos e Irán intercambiaron nuevas advertencias durante el fin de semana y los hutíes volvieron a atacar objetivos saudíes.
Al mismo tiempo, Donald Trump declaró que estaría dispuesto a considerar un encuentro con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, durante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. Qatar, por su parte, ha señalado que existen mensajes entre ambos lados. Son señales diplomáticas todavía insuficientes para hablar de una normalización, pero suficientes para quitar algo de presión inmediata al petróleo y al oro.
Aquí aparece uno de los movimientos más curiosos del mercado actual. Un petróleo caro puede favorecer inicialmente al oro por el temor inflacionista, pero, si esa inflación obliga a la Fed a subir aún más los tipos, termina generando el efecto opuesto. El refugio y los tipos tiran del mismo metal en direcciones distintas.
China y Estados Unidos añaden otra incógnita esta semana
La otra gran cita está fijada para el jueves 24 de septiembre. Trump y el presidente chino, Xi Jinping, tienen previsto reunirse en Washington en un momento delicado para las relaciones entre las dos mayores economías del mundo.
Representantes de ambos países mantuvieron conversaciones en Nueva York durante el fin de semana. Comercio, inteligencia artificial y cadenas de suministro estarán entre los asuntos que rodearán la cumbre. El actual periodo de tregua arancelaria añade interés a una cita capaz de mover divisas, bolsas, materias primas y, naturalmente, el oro.
Una reducción de las tensiones comerciales suele mejorar el apetito por el riesgo y puede restar parte de la demanda defensiva del metal. Un enfrentamiento renovado produciría, en principio, el movimiento contrario. Pero tampoco hay automatismos. El dólar, los bonos y las expectativas de inflación pueden pesar más que una sola noticia diplomática.
Por eso el oro está reaccionando con cierta parsimonia. Mucho ruido alrededor, sí; pero los inversores parecen esperar señales bastante más concretas antes de hacer apuestas grandes.
El oro resiste mejor de lo que sugeriría el escenario monetario
Hay un detalle que merece atención: pese a una Fed más dura, el repunte de los rendimientos de los bonos y un dólar que ganó aproximadamente un 1% la semana pasada, el metal continúa cotizando muy cerca de niveles elevados y terminó la semana anterior con una subida aproximada del 0,6%.
Eso ayuda a entender por qué algunos analistas describen el comportamiento reciente como una prueba de resistencia. En condiciones normales, una combinación de tipos al alza, deuda más rentable y dólar firme podría haber provocado una corrección bastante más profunda.
No ha ocurrido, al menos de momento. La persistencia de riesgos geopolíticos, la inflación y la incertidumbre sobre la economía mundial siguen colocando un suelo bajo la demanda de oro. No significa que ese suelo sea indestructible. Significa que los compradores no han desaparecido cuando el viento monetario sopla en contra.
El dólar sigue siendo otra pieza del rompecabezas
La fortaleza de la moneda estadounidense también importa. Como el oro se negocia internacionalmente en dólares, una subida del billete verde encarece el metal para compradores que operan con euros, yenes, yuanes u otras divisas.
La relación tampoco es perfecta día tras día, pero explica parte de la presión observada desde la decisión de la Fed. Con el dólar firme y los rendimientos elevados, el oro necesita una dosis mayor de incertidumbre o compras defensivas para mantener el mismo impulso.
De ahí que movimientos aparentemente pequeños en los bonos estadounidenses estén produciendo oscilaciones rápidas en el metal. Una declaración de un miembro de la Fed pesa casi tanto como un misil, una negociación comercial o un barril de petróleo. Los mercados tienen esas ironías.
Los niveles que explican el pulso actual del oro
Más que un giro brusco de tendencia, la sesión deja un oro atrapado alrededor de la zona de los 4.350-4.400 dólares por onza. En ese entorno se cruzan las ventas asociadas a los tipos de interés con las compras vinculadas a la incertidumbre global.
Una relajación clara de los rendimientos de los bonos o un deterioro de la situación geopolítica podría volver a favorecer al metal. En cambio, nuevas señales de inflación persistente acompañadas por expectativas de otra subida de la Fed reforzarían el principal obstáculo que tiene ahora mismo el oro.
También habrá que mirar al petróleo. No sólo porque Oriente Próximo continúa siendo una fuente de riesgo, sino porque un barril duraderamente por encima de los 100 dólares puede trasladarse a precios, expectativas de inflación y política monetaria. Oro, petróleo, bonos y dólar están ahora mucho más entrelazados de lo que parece cuando se observa cada gráfico por separado.
Un refugio caro frente a unos bonos cada vez más atractivos
La caída del oro de este lunes no indica que los inversores hayan dejado de buscar protección. Refleja algo bastante más prosaico: esa protección compite ahora con activos que pagan intereses elevados.
La Fed acaba de subir los tipos, el mercado contempla nuevas alzas y los rendimientos de la deuda estadounidense han vuelto a niveles capaces de atraer capital. Al otro lado siguen Irán, el petróleo, las conversaciones entre Washington y Pekín y una inflación todavía incómoda. Ninguna de esas piezas está resuelta.
Por eso el oro baja, pero no se derrumba. Se mantiene cerca de los 4.350 dólares por onza, soportando una combinación macroeconómica que sobre el papel debería hacerle bastante más daño. El metal ha perdido algo de brillo durante la mañana. Su función de refugio, en cambio, sigue ahí, esperando el próximo sobresalto.












