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¿Cómo cambia No Man’s Sky con Cosmos, estaciones y bases espaciales?

Cosmos transforma el espacio de No Man’s Sky con estaciones propias, bases orbitales, alianzas, pecios gigantes y nuevas zonas para explorar.

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Resumen

  • Cosmos añade estaciones propias, bases orbitales y alianzas galácticas
  • El espacio suma pecios gigantes, puestos avanzados y más exploración
  • La expedición 23 celebra diez años de No Man’s Sky con recompensas

No Man’s Sky acaba de recibir Cosmos, la actualización 7.0, una de las mayores transformaciones de su universo desde el lanzamiento del juego. Hello Games ha puesto esta vez el foco en el espacio propiamente dicho: llegan estaciones espaciales que pueden quedar bajo el control de los jugadores, bases orbitales construibles, alianzas galácticas, un nuevo mapa de cada sistema, pecios gigantes para desguazar, puestos avanzados y nuevas actividades de exploración.

La actualización se lanzó este 9 de septiembre de 2026 y es gratuita para quienes ya poseen No Man’s Sky. Está prevista para PC, PS4, PS5, Xbox One, Xbox Series X|S, Nintendo Switch, Nintendo Switch 2, Mac, realidad virtual y Xbox Game Pass. Diez años después del estreno, el juego vuelve así sobre una de sus partes más antiguas: ese enorme espacio entre planeta y planeta que, paradójicamente, llevaba mucho tiempo sin recibir una remodelación comparable.

Cosmos convierte el espacio en algo más que un trayecto

Durante años, viajar por un sistema de No Man’s Sky consistía muchas veces en despegar, apuntar hacia un destino y dejar que el motor de pulso hiciera el resto. Cosmos intenta romper precisamente esa sensación de autopista interestelar.

Cada sistema cuenta ahora con un mapa espacial propio accesible desde el menú rápido. En él aparecen planetas, la estación espacial, señales y nuevos puntos de interés: cinturones de asteroides rocosos o helados, plataformas orbitales, campos de restos, puestos habitados, instalaciones infestadas y enormes naves abandonadas. Algunos lugares permanecen en posiciones fijas y pueden visitarse de nuevo, una diferencia importante para un juego construido históricamente alrededor de la generación procedural.

La consecuencia es bastante sencilla: hay más motivos para detener la nave en mitad de la nada. El vacío deja de ser tan vacío.

También pueden alcanzarse físicamente las estrellas de los sistemas mediante vuelos de larga distancia. No son precisamente una zona de picnic: acercarse demasiado a esas esferas de plasma resulta mortal. Pero hasta ese pequeño detalle cambia la percepción del escenario. El sol que durante años parecía parte del decorado pasa a ser un lugar —peligroso, sí— al que se puede viajar.

Tener una estación espacial cambia la escala del juego

Probablemente la novedad que más ruido va a generar sea la posibilidad de convertirse en director de una estación espacial. El jugador debe ganarse primero el reconocimiento de las autoridades locales y, una vez conseguido, puede intervenir en la estación con un nivel de personalización desconocido hasta ahora.

Es posible modificar la zona central, reorganizar mobiliario, construir habitaciones anexas y utilizar piezas de construcción para transformar los interiores. También se pueden colocar enormes elementos decorativos en el exterior. Aquella estación que antes era básicamente una gasolinera galáctica compartida pasa a funcionar como una propiedad personalizable que refleja la actividad y el gusto de su responsable.

No es un mero cambio cosmético. La propiedad de estaciones está conectada con otro de los sistemas nuevos de Cosmos: las alianzas galácticas.

Alianzas, territorios y una capa social más profunda

Los directores pueden fundar una alianza, darle un nombre y un estandarte e incorporar a otros viajeros. Los jugadores pueden pertenecer hasta a tres alianzas, visitar sus estaciones y desplazarse rápidamente entre sistemas vinculados mediante los teletransportadores.

Hello Games ha introducido incluso clasificaciones basadas en la actividad y el tamaño de estas comunidades. Las alianzas más pobladas y activas aparecen en tablas visibles desde el núcleo de las estaciones.

Aquí No Man’s Sky cambia ligeramente de naturaleza. Sigue siendo aquel juego en el que uno puede desaparecer durante horas en un planeta color violeta buscando una criatura con seis patas y cara de problema administrativo, pero Cosmos añade una estructura colectiva más reconocible: comunidades que poseen estaciones, conectan sistemas y compiten por presencia galáctica.

Las bases abandonan definitivamente la superficie

Cosmos también permite levantar bases directamente en el espacio. No hace falta encontrar un planeta ni una luna adecuada: se puede reclamar un volumen vacío y comenzar allí una construcción modular, o aprovechar plataformas naturales formadas por grandes asteroides.

Hello Games plantea desde pequeñas instalaciones orbitales hasta estaciones de paso, restaurantes espaciales o complejos de aspecto militar. La utilidad concreta dependerá de cada jugador; la libertad arquitectónica, en cambio, es evidente. El sistema amplía una mecánica que lleva años creciendo y que había convertido la construcción de bases en una especie de juego dentro del propio juego.

También se ha mejorado considerablemente la actividad extravehicular. Ahora cualquier piloto puede abandonar su nave en pleno espacio desde el menú rápido, no solo quienes utilizan determinadas naves. El desplazamiento con jetpack ofrece seis grados de libertad, incluido el giro sobre el propio eje. Y conviene vigilar la protección térmica: quedarse flotando alegremente en el cosmos sigue teniendo ciertas desventajas biológicas.

Desguazar naves gigantes tiene premio y riesgo

Otra pieza importante son los nuevos pecios espaciales gigantes, estructuras deterioradas que flotan a la deriva y esconden materiales, tecnología y cargamento.

Los jugadores pueden recorrerlos mediante paseos espaciales y arrancar componentes valiosos. El problema llega cuando el entusiasmo por el reciclaje supera al instinto de conservación: quitar demasiadas piezas puede deteriorar la integridad estructural del casco hasta provocar una reacción en cadena y su explosión. La idea consiste en localizar primero los objetos de mayor valor y calcular cuánto merece la pena arriesgar antes de salir de allí.

Las naves de clase Corvette reciben para estas tareas un rayo tractor, capaz de recoger cargamento físico y materiales desprendidos. Ese botín puede trasladarse después a los nuevos puestos avanzados del espacio profundo, donde existen comerciantes, mapas y contratos de recuperación y salvamento.

Algunos puestos, claro, tienen letra pequeña. Hay instalaciones invadidas por masas biológicas que deben limpiarse antes de extraer sus recursos. No Man’s Sky siempre ha tenido cierta afición por mezclar una postal de ciencia ficción con algo viscoso detrás de la puerta; Cosmos no parece dispuesto a corregir esa costumbre.

Diez años de No Man’s Sky convertidos en una expedición

La actualización llega acompañada de Our Journey Continues, la expedición número 23 y una celebración explícita del décimo aniversario.

Sus etapas recorren la evolución de No Man’s Sky desde 2016 hasta Cosmos. Cada hito representa una actualización o un momento significativo de esa década, con comentarios de los desarrolladores narrados por Sean Murray y posteriormente conservados dentro del catálogo del juego.

Las recompensas también apelan deliberadamente a la memoria de los jugadores veteranos: aparecen una versión dorada de la clásica Rasamama S36, un interceptor inspirado en material previo al lanzamiento, el multiherramienta Starbound v0.27, ilustraciones conmemorativas, una figura de astronauta para la cabina y un diplodocus inspirado igualmente en los primeros vídeos del juego.

Hay algo casi irónico en todo ello. No Man’s Sky se convirtió en 2016 en uno de los ejemplos más conocidos de la distancia que puede existir entre las expectativas y un lanzamiento. Una década y más de 40 grandes actualizaciones después, Hello Games utiliza aquella historia —incluidos sus comienzos— como material para una expedición conmemorativa.

Un universo conocido que vuelve a parecer desconocido

Cosmos no se limita a añadir una nave, varias misiones y un puñado de objetos. Modifica el espacio como escenario jugable. Introduce lugares persistentes que merece la pena buscar, propiedad de estaciones, comunidades organizadas, construcción orbital, salvamento físico, paseos espaciales más libres y nuevas razones para explorar entre los planetas.

También llegan mejoras visuales: más detalle en el terreno, cambios en la generación y distancia de dibujado de los asteroides, iluminación mejorada de partículas, retoques en niebla y agua y unas nubes planetarias más cuidadas cuando se contemplan desde la órbita.

Ese quizá sea el movimiento más interesante de la actualización 7.0. No Man’s Sky llevaba diez años ampliando su universo, planeta tras planeta, criatura tras criatura, sistema tras sistema. Cosmos mira precisamente al espacio que había entre todas esas cosas y decide llenarlo. En un juego donde prácticamente todo parecía susceptible de ser reconstruido alguna vez, hasta el vacío tenía finalmente su turno.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.