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Historia

¿Qué revela Mary Austin sobre Freddie Mercury en su nueva entrevista?

Mary Austin repasa su relación con Freddie Mercury, los años de Queen, Live Aid, las letras inéditas, la herencia y los últimos días del cantante.

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Freddie Mercury en 1977

Por Carl Lender - CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Mary Austin vuelve a hablar de Freddie Mercury tras décadas de discreción
  • Cuenta cómo acabó su relación y qué ocurrió antes del histórico Live Aid
  • También revela qué hizo con sus letras, su herencia y el secreto de sus cenizas

Mary Austin, antigua prometida de Freddie Mercury, su amiga más íntima durante dos décadas y la persona a la que el cantante confió buena parte de su legado, ha vuelto a hablar públicamente con una amplitud poco habitual. A sus 75 años, y precisamente en la semana en que el líder de Queen habría cumplido 80, Austin ha abierto una puerta que llevaba mucho tiempo entornada: la de su vida con el hombre que existía cuando se apagaban los focos.

Y hay novedades. Austin cuenta cómo terminó realmente su relación sentimental con Mercury, niega que él le dijera que “Love of My Life” estuviera escrita para ella, recuerda el enfado que precedió al histórico Live Aid, explica por qué jamás ha visto la película Bohemian Rhapsody y reconstruye los últimos días del cantante. También desvela qué ocurrió con un extraordinario archivo de letras manuscritas que permaneció guardado durante décadas y que está en el centro de A Life in Lyrics, el libro publicado el 1 de septiembre de 2026 a partir de los papeles personales de Mercury.

No es exactamente una autobiografía ni una colección de confidencias servida con champán y titulares escandalosos. Austin sigue siendo, en ese sentido, casi lo contrario del personaje que suele producir la industria de la nostalgia. Habla, sí, pero continúa guardando cosas. Algunas, como el lugar donde descansan las cenizas de Freddie Mercury, piensa llevárselas consigo.

Mary Austin, antes y después del mito de Freddie Mercury

Mary Austin conoció a Farrokh Bulsara, todavía lejos de convertirse definitivamente en Freddie Mercury, en Londres en 1970. Ella tenía 19 años y trabajaba en Biba, la célebre tienda de Kensington; él tenía 24, formación en diseño gráfico, vendía ropa y dibujos en Kensington Market y una seguridad exterior que a Austin le pareció excesiva. Detrás había bastante más fragilidad de la que parecía.

La historia tiene incluso una pequeña joya de la prehistoria de Queen. Austin recuerda haber estado presente mientras Brian May, Roger Taylor y Mercury discutían posibles nombres para el nuevo grupo. May propuso Build Your Own Boat; Mercury prefería Queen. Austin apoyó la opción de May porque era su amigo, aunque reconoce que el nombre le parecía espantoso. Uno de esos pequeños cruces de caminos en los que la cultura popular estuvo, durante unos segundos, peligrosamente cerca de llevar otra camiseta.

La pareja comenzó a convivir en 1971. Compartían una vida bastante menos majestuosa que la que vendría después: alquiler, trabajos, ambiciones todavía sin garantizar y un músico obsesionado con abrirse camino. En la Navidad de 1973 llegó el compromiso matrimonial.

Cuando el noviazgo terminó pero Mary Austin no desapareció

Con el ascenso de Queen, la relación empezó a cambiar. Austin recuerda que Mercury pasó de la inseguridad recubierta de teatralidad a una concentración casi absoluta en la música. Ella buscaba pianos, resolvía problemas cotidianos, organizaba. Poco a poco se convirtió en esa persona de absoluta confianza que estaba allí cuando algo debía funcionar.

En la etapa final de su relación sentimental, Mercury le dijo que creía ser bisexual. Austin respondió que pensaba que era gay. Más que una explosión dramática, ella recuerda aquel momento como el final de una incertidumbre que la estaba consumiendo. La pareja dejó de ser pareja, pero no se rompió el vínculo: durante un tiempo siguieron viviendo juntos y Austin terminó trabajando como asistente personal y persona de confianza del cantante.

Ese matiz importa porque durante años su relación se ha contado de una manera demasiado cómoda: la novia abandonada que se transforma milagrosamente en amiga eterna. La versión de Austin es menos de película y más humana. Hubo dolor, cambios, incomodidad, trabajo y una intimidad que sobrevivió precisamente porque dejó de intentar parecerse a un matrimonio convencional.

Los papeles de Freddie Mercury que reaparecieron décadas después

La razón inmediata por la que Mary Austin vuelve a ser noticia está en cuatro baúles plateados. Ella misma había guardado allí, durante la mudanza a Garden Lodge en los años 80, papeles y letras de Mercury. Pasaron décadas prácticamente intactos. En 2022 abrió uno y encontró manuscritos de canciones como Don’t Stop Me Now, Killer Queen, We Are the Champions y Bohemian Rhapsody. La impresión fue tal que volvió a cerrarlo.

Más tarde, con ayuda de sus hijos, comenzó a ordenar el material. Parte del archivo apareció también en el taburete situado junto al piano Yamaha de Mercury, el instrumento asociado a la composición de algunas de sus canciones más conocidas. No eran simplemente recuerdos domésticos: había borradores, anotaciones, dibujos, letras alternativas y canciones que nunca llegaron a grabarse.

De ese archivo nace A Life in Lyrics, publicado el 1 de septiembre de 2026. La edición reúne 320 páginas de material creativo que recorre desde los trabajos anteriores a Queen hasta la etapa en solitario de Mercury, acompañado por recuerdos de Austin y fotografías procedentes de su colección privada.

Los borradores enseñan cómo trabajaba Mercury

El interés de esos documentos no consiste solamente en ver una letra famosa escrita a mano, fetiche bastante rentable desde que el rock descubrió las casas de subastas. Los manuscritos permiten observar cómo Mercury cambiaba versos, abandonaba ideas y levantaba canciones por capas.

Entre el material aparecen versiones alternativas de “Bohemian Rhapsody”, borradores sucesivos de Don’t Stop Me Now y composiciones que nunca fueron registradas. Esa cocina creativa rebaja un poco la imagen del genio que recibe canciones completas de alguna antena celestial. Mercury trabajaba, tachaba, reescribía. El terciopelo y la corona llegaron después; primero estaban el papel y el bolígrafo.

Hay otro elemento menos espectacular, aunque quizá más revelador. Austin explica que durante mucho tiempo le resultó difícil leer aquellos papeles porque seguía considerándolos pertenencias privadas de Freddie. Sus hijos comenzaron a examinarlos antes que ella. Solo después consiguió volver sobre las letras y aportar algo que un archivero no podía fabricar: el contexto de quien estaba en la habitación cuando muchas nacieron.

Eso explica también el tono de su regreso público. No está presentando una biografía definitiva de Mercury —concepto bastante temerario tratándose de alguien tan contradictorio—, sino su propio ángulo sobre él: el compositor que tocaba unas notas al piano, el hombre que volvía a casa, el amigo que podía ser insoportable y, minutos después, extraordinariamente vulnerable.

Lo que Austin corrige sobre las canciones, la película y Live Aid

Una de las declaraciones que más fácilmente puede desmontar décadas de titulares es muy sencilla: Mary Austin asegura que Freddie Mercury nunca le dijo que “Love of My Life” estuviera dedicada a ella. La asociación entre la canción y Austin se ha repetido hasta convertirse casi en biografía oficial por sedimentación, pero ella no la confirma.

Austin sí afirma que Mercury le dijo que “Lily of the Valley” estaba relacionada con ella, una canción mucho menos obvia y bastante más enigmática. No significa que la interpretación popular de Love of My Life pueda descartarse matemáticamente —las canciones no vienen con acta notarial—, pero sí obliga a introducir una precisión importante: la mujer supuestamente homenajeada dice que el propio autor nunca se lo contó.

Tampoco ha visto Bohemian Rhapsody, la película de 2018 protagonizada por Rami Malek. Su razonamiento resulta difícil de discutir: ella vivió aquellos acontecimientos y no siente necesidad de contemplar la interpretación de otros sobre lo que pensaba o sentía. La película convirtió a Austin en uno de los grandes ejes emocionales de la historia de Mercury; Austin, por su parte, ha preferido no comprobar qué hicieron Hollywood y las palomitas con su juventud.

Hay otra revelación curiosa alrededor del concierto más mitificado de Queen. Según Austin, Mercury estuvo inicialmente reticente a actuar en Live Aid, celebrado en Wembley en julio de 1985. Ella insistió en que debía participar y acabaron enfrentados; el cantante llegó a dejar de hablarle en los días previos. Austin, que habitualmente veía los conciertos desde un lateral del escenario, compró su propia entrada y contempló la actuación desde el público.

Después vino lo conocido: poco más de 20 minutos que terminaron convertidos en una de las actuaciones más famosas de la historia del rock. La escena doméstica previa resulta bastante menos heroica. Y justamente por eso tiene interés. Antes del Mercury de Wembley hubo un hombre dudando y una amiga diciéndole, esencialmente, que fuera.

La herencia, la subasta y el secreto de las cenizas

La posición excepcional de Mary Austin en la vida de Mercury quedó fijada también en su testamento. El cantante le dejó Garden Lodge, su casa de Kensington, sus posesiones y la mitad de su patrimonio y de determinados ingresos futuros. Austin cuenta que inicialmente no quería aceptar la vivienda, pero Mercury consideraba que, si sus vidas hubieran seguido el camino matrimonial previsto en los primeros años, la casa habría acabado siendo de ella de todos modos.

Ese legado la convirtió primero en guardiana y después, inevitablemente, en personaje polémico. Durante años algunos seguidores de Queen le reprocharon el difícil acceso a objetos y espacios vinculados a Mercury. La situación alcanzó otro nivel en 2023, cuando se dispersó buena parte de la colección en 1.406 lotes. Las seis subastas recaudaron en conjunto alrededor de 40 millones de libras, muy por encima de las estimaciones previas.

Austin sostiene que llegó un momento en el que conservarlo todo dejó de tener sentido. Tiene 75 años. Garden Lodge también fue puesta a la venta por unos 30 millones de libras. El movimiento puede interpretarse como ruptura, administración patrimonial o simplemente como lo que suele ocurrir cuando una persona comprende que tampoco puede ejercer eternamente de museo viviente.

Hay, sin embargo, una pertenencia de Mercury que no piensa entregar a coleccionistas, biógrafos ni familiares: el lugar donde fueron depositadas sus cenizas. Mercury le pidió que nadie supiera dónde estaban y Austin mantiene el secreto incluso frente a su familia. Reconoce que aquello generó dolor y fricciones, pero considera que cumplir esa voluntad era precisamente el encargo que recibió.

Sus recuerdos sobre la muerte de Mercury son igual de secos. En noviembre de 1991, mientras él estaba sedado con morfina y entraba y salía de la consciencia, Austin permanecía junto a su cama. Según su relato, las últimas palabras que recuerda dirigidas a ella fueron “My old faithful”, una expresión cariñosa que alude a alguien fiel de siempre. Austin admite, con humor bastante británico, que no le pareció precisamente el apelativo más favorecedor.

El contexto era feroz. La prensa sensacionalista británica esperaba fuera de Garden Lodge, perseguía movimientos médicos y buscaba confirmar el deterioro del cantante. Mercury anunció públicamente que padecía sida el 23 de noviembre de 1991. Murió al día siguiente, con 45 años. Austin había permanecido a su lado en la etapa final.

El Freddie Mercury que no necesitaba un escenario

Lo interesante de estas nuevas declaraciones quizá no esté en descubrir un secreto monumental. No aparece una canción desconocida capaz de reescribir la historia de Queen ni una confesión que derribe de repente décadas de biografías. Aparece algo más raro: un Mercury doméstico observado por alguien que lo conoció antes de que el bigote, Wembley y la corona fueran iconografía universal.

Austin recuerda al joven ambicioso que necesitaba encontrar un piano, al hombre que ocultaba inseguridades bajo una confianza aparatosa, al músico que podía convertirse en una máquina de trabajo y al amigo cuya manera de demostrar afecto no siempre pasaba por decirlo. Cuando le preguntan si Freddie Mercury fue el amor de su vida, su respuesta, mirando hacia atrás, es afirmativa. Sin necesidad de reconstruir con ello una historia romántica que ya había terminado muchos años antes.

Su reaparición coincide, además, con una nueva fase pública del legado de Mercury. El Victoria and Albert Museum de Londres prepara “Freddie Mercury | Splendid Things”, una muestra gratuita que abrirá el 24 de octubre de 2026 con ocho conjuntos de vestuario del cantante; siete han sido prestados por Austin. Es otro movimiento en la misma dirección: sacar objetos de la cápsula del tiempo sin convertir al hombre que los llevó en una figura de cera.

A casi 35 años de su muerte y en el año de su 80.º aniversario, Freddie Mercury sigue generando libros, exposiciones, películas y millones. Mary Austin aporta algo difícil de fabricar en esa industria: la memoria de cuando todavía no había leyenda que proteger. Ella conoció a Freddie antes de que todo el mundo creyera conocerlo. Y ese detalle, entre tanto ruido, todavía pesa.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.