Historia
¿Quién fue Gloria Steinem, icono feminista que murió a los 92 años?
Gloria Steinem, referente del feminismo y del periodismo estadounidense, muere a los 92 años tras más de seis décadas de activismo y escritura.

Por Gage Skidmore - Gloria Steinem, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Gloria Steinem murió a los 92 años en su casa de Nueva York
- Fue periodista, activista y cofundadora de la revista feminista Ms.
- Su influencia marcó seis décadas de feminismo, política y cultura en EE.UU.
Gloria Steinem ha muerto a los 92 años en su casa de Nueva York, ciudad desde la que convirtió durante más de medio siglo el feminismo estadounidense en conversación política, periodismo y movimiento social. La periodista, escritora y activista falleció el miércoles 2 de septiembre, rodeada por personas cercanas, según el comunicado difundido por su entorno. La noticia se conoció este jueves 3 de septiembre.
Steinem fue una de las figuras fundamentales de la llamada segunda ola del feminismo en Estados Unidos y cofundadora de la revista Ms., pero reducir su biografía a esas dos etiquetas dejaría fuera buena parte de lo que explica su influencia. Escribió sobre aborto cuando hablar públicamente de aborto tenía un coste profesional, denunció la explotación laboral de las mujeres, ayudó a colocar la igualdad en el centro del debate político estadounidense y siguió participando en campañas sociales hasta una edad en la que casi todo el mundo acepta, con bastante sensatez, que una agenda vacía es un privilegio.
Gloria Steinem muere en Nueva York a los 92 años
La activista falleció pacíficamente en su domicilio de Nueva York, acompañada por algunas de las personas que la querían. Por el momento, el comunicado público sobre su muerte no ha detallado una causa médica concreta.
Había nacido el 25 de marzo de 1934 en Toledo, Ohio, y pasó buena parte de su infancia viajando con su familia antes de instalarse con su madre. Aquellos años estuvieron marcados por la enfermedad mental de esta y por las dificultades económicas. Steinem explicaría después que observar las limitaciones que sufría su madre como mujer trabajadora había influido en su manera de comprender la desigualdad.
Se graduó en Smith College en 1956 y posteriormente pasó cerca de dos años en India. A su vuelta trató de abrirse camino en el periodismo estadounidense de finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, un mundo en el que una mujer joven podía escribir, claro, siempre que no pretendiera decidir demasiado sobre qué escribía.
El reportaje de Playboy que convirtió a Steinem en un nombre conocido
Uno de los episodios más recordados de su carrera llegó en 1963, cuando se infiltró como camarera —una Playboy Bunny— en un club Playboy de Nueva York. Trabajó allí durante 11 días y posteriormente publicó un reportaje en dos partes en el que describió las condiciones laborales, los controles físicos y las exigencias impuestas a las empleadas.
Aquello la hizo famosa, aunque de una manera algo incómoda. El trabajo reveló lo que había detrás del envoltorio glamuroso de los clubes Playboy, pero durante un tiempo también dificultó que determinadas publicaciones la tomaran en serio como periodista. El viejo mecanismo: se denuncia un estereotipo y el estereotipo acaba pegándose al denunciante.
Antes había publicado en Esquire un texto sobre las decisiones que las mujeres jóvenes se veían obligadas a tomar entre profesión, matrimonio y maternidad. Más adelante escribiría para New York Magazine, donde su periodismo empezó a mezclarse de manera cada vez más evidente con el activismo feminista.
Del periodismo al movimiento feminista
Un momento decisivo se produjo cuando Steinem asistió en Nueva York a una reunión pública en la que varias mujeres narraban sus experiencias con el aborto. Ella misma había abortado a los 22 años en Londres, una circunstancia que durante mucho tiempo mantuvo fuera del espacio público.
Aquella experiencia contribuyó a su conversión en activista feminista a tiempo completo. Steinem defendió durante décadas la libertad reproductiva y vinculó el control sobre la maternidad con la autonomía económica y política de las mujeres.
También insistió en que el feminismo no podía entenderse aislado de otras desigualdades. Reconoció la influencia que tuvieron sobre ella activistas negras como Florynce Kennedy, Shirley Chisholm y Fannie Lou Hamer, y sostuvo que racismo y sexismo funcionaban muchas veces como engranajes de una misma maquinaria social.
Una expresión que amplió el debate sobre el aborto
En sus artículos comenzó a utilizar la expresión “libertad reproductiva”, una fórmula que ampliaba la discusión más allá de la legalidad del aborto. La cuestión, defendía, era quién tenía realmente capacidad para decidir sobre su cuerpo, su maternidad y su proyecto vital.
Ese desplazamiento del lenguaje fue una característica constante de Steinem. No inventó el feminismo estadounidense ni habló en nombre de todas las mujeres —algo que ella misma rechazó—, pero poseía una extraordinaria habilidad para llevar debates que circulaban por movimientos sociales y universidades hasta los grandes medios de comunicación.
Ms., la revista que llevó el feminismo al quiosco
En los primeros años setenta participó en la creación de Ms. Magazine, una publicación concebida para tratar la política, el trabajo, la sexualidad, la violencia, la discriminación y la vida cotidiana de las mujeres sin convertir esos asuntos en un apéndice decorativo de las revistas tradicionales.
El proyecto apareció inicialmente ligado a New York Magazine y terminó convirtiéndose en una revista independiente. Steinem fue una de sus grandes caras públicas y contribuyó a transformar Ms. en una referencia cultural del movimiento feminista.
El símbolo de la cabecera tampoco era casual. “Ms.” ofrecía en inglés una forma de dirigirse a una mujer sin especificar si estaba casada o soltera, frente a la vieja división entre Miss y Mrs. Algo aparentemente diminuto —dos letras y un punto— encerraba una discusión bastante mayor: por qué el estado civil de una mujer tenía que formar parte automática de su identidad pública.
Steinem también participó en organizaciones destinadas a incrementar la presencia política de las mujeres y defendió la Equal Rights Amendment, la propuesta de enmienda constitucional destinada a garantizar explícitamente la igualdad jurídica entre hombres y mujeres en Estados Unidos.
De Vietnam a Trump: seis décadas de activismo
Su agenda fue mucho más amplia que la política de género entendida en sentido estricto. Steinem se pronunció contra la violencia doméstica, la mutilación genital femenina y las guerras de Vietnam y del Golfo, y participó en movimientos contra el apartheid. En 1984 fue detenida durante una protesta frente a la Embajada de Sudáfrica en Washington.
Con los años respaldó también reivindicaciones vinculadas a los derechos de las personas LGBTQ+, la igualdad racial y movimientos como Black Lives Matter y Time’s Up. Su feminismo evolucionó, rectificó posiciones y acumuló contradicciones, como suele ocurrir cuando una trayectoria política dura seis décadas y no seis semanas en una red social.
También fue una figura abiertamente política. Apoyó a Hillary Clinton y se convirtió en una de las voces más conocidas de la oposición feminista a Donald Trump. En enero de 2017 participó en la Women’s March celebrada en Washington un día después de la primera investidura de Trump.
La notoriedad no eliminó las críticas. Parte del movimiento feminista cuestionó durante años que los grandes medios hubieran convertido a Steinem —blanca, universitaria y fotogénica— en una especie de portavoz oficiosa de una corriente mucho más plural. Ella discutió esa interpretación y reivindicó siempre la influencia de otras activistas, especialmente mujeres negras.
También revisó algunas posiciones propias. Un artículo que publicó en 1998 defendiendo a Bill Clinton frente a acusaciones de conducta sexual inapropiada fue objeto de duras críticas años después; Steinem reconocería posteriormente que, con la información disponible más tarde, no habría escrito aquel texto de la misma manera.
El vínculo de Gloria Steinem con España
España ocupó un pequeño pero importante lugar en los últimos años de su biografía. En 2021 recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, cuyo jurado destacó la independencia y el rigor de su activismo y su contribución durante décadas a la defensa de los derechos de las mujeres.
Steinem viajó entonces a Asturias para recoger el galardón. En su discurso se definió de una manera sencilla: escritora y organizadora. Era probablemente una descripción más exacta que cualquiera de las etiquetas monumentales acumuladas con el paso de los años.
Antes, en 2013, Barack Obama le había concedido la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima distinción civil de Estados Unidos, por su papel en la defensa de la igualdad y el cambio social.
Su vida privada tampoco siguió exactamente el guion que algunos asociaban a una histórica crítica de las instituciones tradicionales. Tras años mostrándose escéptica sobre el matrimonio, se casó en 2000 con el empresario y activista ambiental David Bale, padre del actor Christian Bale. David Bale murió en 2003.
Steinem había superado un cáncer de mama, diagnosticado en 1986, y años después sufrió neuralgia del trigémino, una enfermedad caracterizada por episodios de dolor facial intenso. Continuó escribiendo, viajando y participando en causas políticas y sociales durante décadas.
Una voz que seguirá discutiéndose
Gloria Steinem deja libros, miles de páginas de periodismo, organizaciones, campañas y una influencia difícil de medir únicamente con premios. Su nombre quedó unido a una transformación cultural que modificó el modo en que Estados Unidos discutía sobre trabajo, sexo, maternidad, aborto, representación política y poder.
No estuvo sola, ni fue la fundadora única de una revolución colectiva. Ella misma pasó años recordándolo. Su capacidad consistió en otra cosa: escuchar movimientos que crecían muchas veces lejos de los focos, traducir parte de aquellas reivindicaciones al lenguaje de los grandes medios y conseguir que asuntos considerados privados acabaran discutiéndose en público.
Ese quizá sea el elemento más duradero de su legado. Muchas batallas que marcaron su juventud siguen abiertas —igualdad salarial, derechos reproductivos, violencia contra las mujeres y representación política—, aunque el vocabulario y las generaciones hayan cambiado.
Steinem llegó a decir que esperaba vivir hasta los 100 años porque todavía quedaba mucho por hacer. Murió a los 92. La frase, vista desde este 3 de septiembre de 2026, conserva algo más que valor de epitafio: explica bastante bien por qué continuó trabajando hasta sus últimos años y por qué su muerte no pertenece únicamente a la sección de obituarios. También pertenece, inevitablemente, a la historia política y cultural del último medio siglo.












