Historia
¿Quién fue Ivan Gudelj? Adiós a la leyenda del Hajduk Split a los 66
Muere Ivan Gudelj, símbolo del Hajduk Split y exinternacional yugoslavo, cuya brillante carrera quedó truncada a los 26 años por una hepatitis B.

Foto: IMDb.
Resumen
- Ivan Gudelj murió a los 66 años, leyenda del Hajduk Split y Yugoslavia
- Jugó 362 partidos con el Hajduk y disputó el Mundial de España de 1982
- Una hepatitis B truncó su carrera en 1986 cuando solo tenía 26 años
Ivan Gudelj, uno de los grandes nombres de la historia del Hajduk Split y del fútbol de la antigua Yugoslavia, murió el 2 de septiembre de 2026 a los 66 años. El centrocampista había construido una carrera extraordinaria antes de que una hepatitis B lo obligara a abandonar el fútbol cuando apenas tenía 26. Se marchó demasiado pronto del césped y, cuatro décadas después, también de la vida.
Su balance explica rápidamente por qué su muerte ha tenido semejante eco en Croacia: 362 partidos y 93 goles con el Hajduk, 33 encuentros y tres tantos con la selección yugoslava, un Mundial, una Eurocopa, unos Juegos Olímpicos y una condición bastante más difícil de contabilizar: la de futbolista de culto. La Federación Croata lo recordó como uno de los mejores jugadores del Hajduk de los años 80 y como una figura que después dedicó buena parte de su vida a formar jóvenes.
Sobre su fallecimiento hay un matiz importante. El Hajduk y la Federación Croata comunicaron que Gudelj había muerto después de una enfermedad grave. La prensa croata ha señalado que falleció en un hospital de Zagreb por complicaciones posteriores a una operación por cáncer, aunque no se ha difundido públicamente el tipo concreto de tumor. Aquello, en cualquier caso, no debe confundirse con la hepatitis B que destruyó su carrera deportiva en 1986.
De un pueblo de Dalmacia a convertirse en símbolo del Hajduk
Ivan Gudelj nació el 21 de abril de 1960 en Imotski y creció en Zmijavci, en el interior de Dalmacia. Empezó a jugar en el Mračaj de Runovići y llegó al Hajduk siendo todavía un adolescente, en 1975, después de llamar la atención de Andrija Anković, histórico futbolista y entonces responsable de la cantera del club.
La historia tiene ese aroma del fútbol anterior a los vídeos de scouting, las bases de datos y los agentes con presentación en PowerPoint. Anković vio jugar al muchacho y terminó visitando a su familia para convencerla de que debía marcharse a Split. Gudelj tenía solo 15 años.
El crecimiento fue vertiginoso. Con 16 ya se entrenaba alrededor del primer equipo y poco después empezó a aparecer entre los mayores. Su primer gol oficial con el Hajduk dejó, además, una de esas pequeñas escenas que sobreviven mejor que algunas finales.
Gudelj acababa de entrar en un partido contra el Budućnost. El Hajduk ganaba y dispuso de un penalti en los últimos minutos. El encargado habitual era Ivica Šurjak, pero el capitán Jurica Jerković, ídolo de infancia del joven Gudelj, decidió que lo lanzara el chico. Marcó.
Años después seguía recordándolo como uno de los momentos más especiales de su carrera. Había pasado de admirar a Jerković desde lejos a recibir de sus manos el balón de su primer gol con el Hajduk. El fútbol, cuando no se empeña en complicarlo todo, también puede ser así de sencillo.
Un centrocampista total: fuerza, técnica y 93 goles
Definir a Gudelj únicamente como mediocentro defensivo se queda corto. Podía actuar como centrocampista, líbero o defensa y tenía algo poco habitual para un jugador destinado a equilibrar al equipo: llegaba mucho al área y, sobre todo, marcaba goles.
Era potente, rápido, técnicamente limpio y agresivo en el buen sentido futbolístico del término. Recuperaba y salía jugando. Cerraba espacios, pero también rompía líneas. De ahí uno de sus apodos más recordados, el “Beckenbauer de Zmijavci”, una comparación considerable en una época en la que llamar Beckenbauer a alguien todavía significaba algo muy concreto.
Sus cifras con el Hajduk resultan especialmente llamativas precisamente por esa posición: 93 goles en 362 partidos. Y toda su carrera como futbolista de club transcurrió con la camiseta blanca del conjunto de Split.
Con el Hajduk fue campeón de Yugoslavia en 1978-79 y formó parte de una generación que también conquistó dos copas nacionales y que, sobre todo, convirtió las noches europeas de Poljud en algo bastante incómodo para cualquiera que llegara desde las grandes ligas.
1982, el año en que Europa entendió quién era Gudelj
El punto más alto de su carrera llegó en 1982. Gudelj disputó con Yugoslavia el Mundial de España y jugó los tres encuentros de la primera fase. Incluso marcó ante la selección española en Mestalla, aunque Yugoslavia perdió aquel partido por 2-1.
Su rendimiento fue suficiente para que L’Équipe lo incluyera en su equipo ideal del Mundial. Ese mismo año fue reconocido en diferentes encuestas como uno de los mejores futbolistas yugoslavos y ganó el tradicional premio de Večernji list al mejor jugador del país.
Había dejado de ser una promesa del Hajduk. Gudelj era ya una figura internacional, uno de aquellos futbolistas yugoslavos capaces de mezclar talento técnico, despliegue físico y una notable llegada desde segunda línea.
También en 1982 se convirtió en el capitán más joven de la historia de Yugoslavia, llevando por primera vez el brazalete en una victoria por 0-1 ante Bulgaria en Sofía.
Con la absoluta disputó 33 partidos y marcó tres goles entre 1980 y 1986. Estuvo en los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, en el Mundial de España de 1982 y en la Eurocopa de Francia de 1984. Antes, como juvenil, había sido capitán de la selección yugoslava que conquistó el título europeo en 1979, torneo en el que fue elegido mejor jugador.
Pocas carreras de apenas un puñado de temporadas acumularon tanto. Y Gudelj todavía estaba lejos de la edad en la que un futbolista suele alcanzar su madurez deportiva.
La noche contra el Tottenham que todavía recuerda Split
Para entender el tamaño de Gudelj dentro del Hajduk hay que volver a la primavera de 1984. El club alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA y se encontró con el Tottenham, futuro campeón del torneo.
La ida se jugó en un Poljud abarrotado y bajo una lluvia intensa. El equipo inglés se adelantó, pero el Hajduk reaccionó. Gudelj empató en la segunda mitad y Dušan Pešić completó el 2-1.
En Londres, el Tottenham ganó 1-0. El resultado global fue 2-2 y el conjunto inglés pasó a la final gracias a la antigua regla del valor doble de los goles fuera de casa. Otra norma extinguida que, décadas después, todavía escuece en determinados lugares.
Gudelj siempre consideró que aquel Hajduk tenía fútbol suficiente para haber llegado más lejos en Europa. No era una nostalgia particularmente fantasiosa: el equipo había competido de tú a tú con algunos de los mejores conjuntos del continente y aquella semifinal europea quedó como uno de los grandes capítulos de la historia moderna del club.
El gol contra el Tottenham permanece entre las imágenes que mejor resumen su etapa en Split. Un jugador teóricamente encargado de sujetar al equipo apareciendo, una vez más, donde se decidían los partidos. Esa era buena parte de la singularidad de Ivan Gudelj.
La hepatitis B que frenó una carrera destinada a Europa
Todo cambió el 13 de septiembre de 1986. Gudelj disputaba con el Hajduk un encuentro contra el Estrella Roja en Poljud cuando empezó a encontrarse exhausto y tuvo que abandonar el terreno de juego durante la segunda parte.
Los análisis posteriores detectaron hepatitis B. Tenía 26 años. Una edad en la que otros empiezan a firmar sus mejores temporadas; él estaba a punto de jugar las últimas.
Intentó regresar a los entrenamientos, pero la enfermedad reapareció y terminó obligándolo a abandonar definitivamente la competición. La historia resulta todavía más amarga porque Gudelj estaba entrando en la edad en la que los grandes futbolistas yugoslavos de aquella generación podían plantearse finalmente un salto al extranjero.
El Real Madrid había mostrado un fuerte interés por él. El club español llegó a ofrecerle un precontrato, aunque Gudelj no lo aceptó. Las normas yugoslavas de la época restringían la marcha al extranjero de los jugadores jóvenes, de modo que fichar por una potencia europea no era entonces la operación casi automática que sería décadas después.
Nunca sabremos hasta dónde habría llegado. Eso pertenece a ese enorme archivo del fútbol donde se guardan las carreras que no pudieron existir. Lo comprobable es lo que ya había hecho antes de cumplir 27 años: titular y capitán internacional, uno de los jugadores destacados del Mundial de 1982, referente del Hajduk y futbolista seguido por gigantes europeos.
Una enfermedad que también lo enfrentó al estigma
La hepatitis no solo le quitó el fútbol. Gudelj relató posteriormente que en aquellos años sufrió aislamiento y rumores alrededor de su enfermedad, cuando existía mucha menos información pública sobre las hepatitis víricas y sus vías de transmisión.
Con el paso del tiempo convirtió aquella experiencia en parte de su actividad pública y participó en iniciativas destinadas a aumentar la concienciación sobre las enfermedades hepáticas. Décadas después contó que las pruebas habían dejado de detectar el virus.
Su historia terminó llegando también al cine documental. Ivan’s Game, estrenado en 2019 y dirigido por Tomislav Žaja, reconstruyó precisamente esa paradoja: un deportista al que el fútbol parecía haberle entregado todas las cartas buenas y que, de repente, tuvo que aprender a vivir sin jugar.
Entrenador y formador después del golpe
Gudelj no desapareció del fútbol cuando dejó de jugar. Estudió en la Facultad de Kinesiología de Zagreb y emprendió una larga trayectoria en los banquillos y en la formación de jóvenes.
Entrenó, entre otros, al Primorac de Stobreč, Zadar, Dubrovnik, Uskok y al austríaco Vorwärts Steyr. También tuvo una breve etapa al frente del primer equipo del Hajduk Split en la temporada 2005-06.
Su segunda carrera estuvo, sin embargo, muy vinculada al desarrollo de futbolistas. Trabajó durante años dentro de la estructura de la Federación Croata y dirigió distintas selecciones inferiores, incluidas las categorías sub-16 y sub-17. También formó parte del cuerpo técnico de la selección cadete que consiguió el bronce europeo en 2001.
Años después seguía siendo presentado como una leyenda del Hajduk convertida en entrenador de jóvenes. Era una transformación lógica: el futbolista que había aprendido demasiado pronto que una carrera puede desaparecer en cuestión de semanas terminó dedicándose a preparar las carreras de otros.
En sus últimos años continuó trabajando como instructor de fútbol en la región de Split. No era simplemente un antiguo internacional que aparecía de vez en cuando para una fotografía institucional; seguía dentro del juego.
El legado de Ivan Gudelj permanece en Poljud
Las estadísticas son contundentes: 362 partidos y 93 goles con el Hajduk, 33 internacionalidades y tres tantos con Yugoslavia, campeón yugoslavo, dos copas nacionales, internacional olímpico, mundialista en 1982, capitán en la Eurocopa de 1984 y elegido entre los jugadores destacados de aquel Mundial.
Pero la peculiaridad de Gudelj está en otra parte. Su carrera quedó detenida justo en el momento en que parecía empezar una segunda fase todavía mayor. Por eso su nombre genera una mezcla extraña de admiración y posibilidad perdida.
No es únicamente lo que ganó, sino lo que parecía preparado para ganar. Tenía 26 años cuando el cuerpo dijo basta, una edad que en el fútbol moderno suele considerarse el centro de la madurez deportiva.
El Hajduk lo incorporó de niño y nunca defendió profesionalmente otra camiseta. En un mercado contemporáneo donde los futbolistas pueden acumular cinco clubes antes de los 23 años, aquella relación resulta casi arqueológica: Gudelj y el Hajduk quedaron unidos para siempre.
Split despide así a uno de los jugadores que ayudaron a construir la memoria moderna de Poljud. Un centrocampista que defendía, organizaba, atacaba y marcaba; el muchacho de Zmijavci que llegó a la costa con 15 años, acabó capitaneando Yugoslavia y tuvo que aprender, demasiado pronto, que el partido más complicado podía empezar justamente después del último pitido.












