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¿A qué hora es Francia-Inglaterra y por qué nadie quiere este partido?
Francia e Inglaterra disputan el tercer puesto del Mundial entre cansancio, orgullo y una despedida que convierte el duelo en algo incómodo.

Francia e Inglaterra disputan el partido por el tercer puesto del Mundial este sábado 18 de julio a las 23:00 horas, según el horario de la España peninsular. El encuentro comienza a las 22:00 en el Reino Unido y a las 17:00 en Miami, donde se juega, y podrá verse gratis en La 1 y RTVE Play. El escenario será el Miami Stadium, en Miami Gardens, Florida.
Lo de que nadie quiere jugarlo no es una exageración fabricada en una tertulia con la espuma alta. Lo han reconocido los propios protagonistas. Francia e Inglaterra viajaron al Mundial para levantar la copa, quedaron eliminadas en semifinales y deben regresar al césped apenas unos días después para decidir quién acaba tercero. Cansancio, decepción, riesgo de lesión y escaso valor emocional: esa es la mezcla que convierte la llamada final de consolación en una cita bastante incómoda.
A qué hora es el Francia-Inglaterra y dónde verlo en España
El Francia-Inglaterra comenzará a las 23:00 horas del sábado 18 de julio en la España peninsular y Baleares. En Canarias arrancará a las 22:00. La hora local fijada por la FIFA es las 17:00, cuando la tarde de Florida todavía suele caer sobre el estadio como una manta húmeda, aunque la instalación ofrece condiciones más controladas que otros recintos del torneo.
RTVE emitirá el encuentro en directo y en abierto por La 1, mientras que RTVE Play ofrecerá la señal por internet. También habrá narración radiofónica en RNE y seguimiento en directo a través de los canales digitales de la corporación pública. No se trata, por tanto, de un partido escondido en una plataforma remota ni de una emisión secundaria: ocupa la noche del sábado, justo antes de la final entre España y Argentina del domingo.
La FIFA denomina oficialmente al encuentro final de bronce. Será el partido número 103 del Mundial, el penúltimo de una competición ampliada a 48 selecciones y, sobre todo, la última escena de dos equipos que se imaginaban protagonizando otra película.
Por qué Francia e Inglaterra no quieren jugar el partido
Thomas Tuchel fue bastante transparente tras la eliminación inglesa ante Argentina. Admitió que ninguno de sus jugadores ni de los franceses deseaba disputar el encuentro de consolación, aunque aseguró que Inglaterra lo afrontaría con profesionalidad. El técnico añadió un inconveniente concreto: su selección dispone de un día menos de recuperación que Francia, una pequeña eternidad cuando las piernas acumulan siete partidos, vuelos, calor y semanas de concentración.
Ibrahima Konaté utilizó casi las mismas palabras desde el bando francés: nadie quiere jugar el partido. El defensa explicó que ambos equipos querían estar en la final y que, sencillamente, no tienen elección. Francia llega después de caer por 0-2 ante España; Inglaterra, tras perder por 1-2 frente a Argentina con dos goles encajados en los últimos minutos. Una derrota así no se digiere con una ducha fría y dos sesiones de vídeo.
Bixente Lizarazu fue todavía más áspero y calificó el encuentro como prácticamente una tortura. Su argumento es conocido: el fútbol de selecciones no funciona como los Juegos Olímpicos, donde el bronce posee una identidad propia y una liturgia reconocible. En un Mundial, el tercer puesto suele parecer la sala de espera de quienes perdieron el tren principal. Hay medalla, clasificación y estadísticas, sí. Falta la electricidad.
No hay boicot ni negativa a competir
Conviene matizarlo. Ni franceses ni ingleses están planteando retirarse, regalar el encuentro o jugar de cualquier manera. La expresión “nadie quiere jugar” describe un estado de ánimo, no una insubordinación contra la FIFA. Los dos equipos cumplirán, competirán y tratarán de ganar una vez que ruede el balón. El futbolista puede detestar el contexto y, al mismo tiempo, lanzarse a por cada duelo. No hay contradicción; hay oficio.
El rechazo se dirige más bien a la existencia misma del partido. Los semifinalistas derrotados deben permanecer varios días adicionales en la concentración, asumir otro desplazamiento y exponer a sus jugadores a una posible lesión cuando la temporada de clubes asoma ya por el horizonte. El premio, mientras tanto, es esencialmente simbólico. El fútbol moderno exprime el calendario como quien intenta sacar una última gota de una naranja ya seca. Y luego se sorprende de que la pulpa proteste.
Dos derrotas que todavía escuecen
Francia aterriza en Miami después de una semifinal en la que España controló su formidable ataque y ganó por 0-2. El equipo de Didier Deschamps aspiraba a disputar su tercera final mundialista consecutiva, algo reservado a poquísimas selecciones, pero se encontró con una España más ordenada, precisa y adulta. Konaté reconoció la superioridad española y resumió el golpe con una frase sencilla: tres derrotas oficiales consecutivas ante la selección de Luis de la Fuente duelen.
Inglaterra sufrió de otra manera. Se adelantó ante Argentina, perdió iniciativa, retrocedió y acabó derrotada por 1-2 después de recibir los goles en los minutos 85 y 90+2. Tuchel defendió sus decisiones, aunque asumió la responsabilidad de un planteamiento que terminó demasiado cerca de su propia portería. La caída fue tardía, casi cruel: cuando el equipo ya podía tocar la final con los dedos, Argentina le retiró la silla.
Es ese dolor reciente el que explica el escaso entusiasmo. No son dos selecciones menores celebrando una clasificación histórica. Son Francia e Inglaterra, plantillas diseñadas para ganar el Mundial, obligadas a fabricar motivación para resolver quién sube al escalón menos fotografiado del podio.
El último partido de Didier Deschamps con Francia
El duelo tendrá, sin embargo, una dimensión especial. Será el último encuentro de Didier Deschamps como seleccionador francés después de 14 años en el cargo, un periodo en el que condujo a Les Bleus al título mundial de 2018 y a las finales de 2022, de la Eurocopa de 2016 y de la Liga de Naciones. El bronce no era el desenlace soñado, pero sí puede convertirse en una despedida digna.
Francia ya ha disputado tres partidos por el tercer puesto en su historia. Ganó ante Alemania en 1958 y Bélgica en 1986, mientras que perdió frente a Polonia en 1982. Inglaterra ha jugado dos y perdió ambos: contra Italia en 1990 y Bélgica en 2018. Una victoria inglesa supondría su mejor clasificación mundialista desde 1966. No es la copa, desde luego, pero tampoco exactamente nada.
Ese matiz puede salvar el partido del bostezo. Para Deschamps supone la última alineación, la última charla, el último himno junto al banquillo francés. Para Tuchel y sus jugadores, la posibilidad de impedir que otra buena generación inglesa termine con las manos completamente vacías.
Rotaciones, cansancio y jugadores con algo que demostrar
Se esperan cambios en los dos equipos. Francia podría ofrecer minutos a futbolistas menos utilizados, con nombres como Bradley Barcola o Maxence Lacroix entre las alternativas. Inglaterra debe evaluar el estado físico de varios defensas y llega con Jordan Henderson de baja, además de dudas en torno a Reece James y John Stones. El equipo inglés arrastra también el desgaste de haber jugado su semifinal un día después.
Los partidos por el tercer puesto suelen ser más abiertos de lo previsto. La presión táctica se afloja, las defensas rotan y los delanteros encuentran metros que una semifinal jamás concede. Bajo la decepción puede aparecer un encuentro entretenido, incluso desordenado; un fútbol de corbata floja, con menos cálculo y más espacios.
Kylian Mbappé conserva intereses individuales en el tramo final del torneo y Francia dispone de suficientes recursos ofensivos para tomarse el partido en serio en cuanto empiece. Inglaterra tiene a Harry Kane, Jude Bellingham y Bukayo Saka, además del recuerdo nada amable de su último cruce mundialista con los franceses.
Ambos países se han enfrentado tres veces en una Copa del Mundo. Inglaterra ganó en 1966 y 1982; Francia se impuso por 2-1 en los cuartos de final de Catar 2022, una noche marcada por el penalti que Kane envió fuera cuando tenía la oportunidad de empatar. El duelo de Miami será el cuarto enfrentamiento mundialista entre dos rivales que comparten geografía, historia y una saludable costumbre de mirarse por encima del hombro.
Un bronce sin entusiasmo, pero con memoria
Francia-Inglaterra se juega a las 23:00 horas en España, en abierto por La 1 y RTVE Play. Nadie lo confunde con la final y sus protagonistas tampoco fingen demasiado: preferirían estar en Nueva Jersey, disputando el título contra España o Argentina. Esa sinceridad, tan poco habitual en el fútbol de respuestas planchadas, explica el ruido que rodea el partido.
Pero el balón tiene esa manía. Empieza a rodar y borra parte del contexto. Francia querrá despedir a Deschamps con una victoria; Inglaterra buscará su mejor Mundial en seis décadas; los suplentes tendrán escaparate y las estrellas, orgullo. El bronce puede parecer una moneda pequeña después de perder un tesoro. Sigue siendo una moneda. Y ninguno de los dos aceptará de buen grado que se la lleve el vecino.

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