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¿Cuándo será presentado Zidane como nuevo seleccionador de Francia?

Zidane aguarda el relevo de Deschamps para dirigir a Francia: fechas, acuerdo, plantilla y desafíos de una sucesión que cambiará a los Bleus.

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Resumen

  • Zidane será el próximo seleccionador francés tras la salida de Deschamps
  • El anuncio oficial se espera después del partido por el tercer puesto
  • Mbappé liderará un proyecto con talento, presión y poco margen de adaptación

Zinedine Zidane será, salvo un giro mayúsculo, el próximo seleccionador de Francia. El antiguo entrenador del Real Madrid tiene encarrilado un acuerdo verbal con la Federación Francesa de Fútbol, pero su nombramiento todavía no ha sido anunciado oficialmente. Didier Deschamps conserva el cargo y aún debe dirigir el partido por el tercer puesto del Mundial.

La presentación de Zidane se espera después del sábado 18 de julio, cuando Francia cerrará su participación en el torneo frente al perdedor de la semifinal entre Argentina e Inglaterra. La federación ha evitado proclamar al sucesor mientras Deschamps sigue trabajando. Una cuestión de respeto institucional y también de sentido común: despedir una época antes de terminarla habría sido un modo bastante aparatoso de empezar la siguiente.

El encuentro se disputará en Miami a las 23:00, hora peninsular española. Será el último servicio de Deschamps tras 14 años al frente de los Bleus, un periodo difícil de igualar por duración, estabilidad y resultados. A partir de ahí quedará libre el escenario para la firma, la fotografía oficial y la primera comparecencia de Zidane.

No existe todavía una fecha pública para ese acto ni se conoce la duración definitiva del contrato. La situación, por tanto, exige un pequeño matiz que las redes sociales suelen aplastar con entusiasmo: Zidane aparece como el elegido para suceder a Deschamps, aunque jurídicamente aún no sea el seleccionador francés.

Zidane está a un anuncio, no ante un simple rumor

La sucesión lleva meses cocinándose a fuego lento. Zidane alcanzó un principio de acuerdo con la federación para incorporarse después del Mundial y ha esperado el desenlace del ciclo de Deschamps sin aceptar otro banquillo. No parece una candidatura más dentro de una lista. Todo apunta a una operación pactada cuya formalización quedó aparcada hasta el final del torneo.

La Federación Francesa de Fútbol continúa mostrando a Deschamps como seleccionador en su estructura oficial. Tampoco ha comunicado el contrato de Zidane, la composición de su cuerpo técnico ni el calendario de incorporación. Ese silencio no desmiente el relevo; simplemente recuerda que una noticia muy probable no equivale todavía a un nombramiento oficial. El fútbol también tiene escrituras, aunque a veces parezca gobernado por emojis.

Zidane llevaba años señalando el banquillo de Francia como una de sus grandes aspiraciones. No lo hizo mediante campañas públicas ni ultimátums melodramáticos. Esperó. Su ausencia de los clubes desde 2021 se entiende mejor desde esa perspectiva: el técnico marsellés no buscaba cualquier empleo, sino la selección que marcó su carrera como futbolista.

El último partido de Deschamps marca el calendario

Francia cayó por 2-0 frente a España en la semifinal disputada en Arlington, dentro del área metropolitana de Dallas. Los Bleus llegaron con una colección formidable de atacantes, pero apenas inquietaron a una selección española que controló el centro del campo, neutralizó a Kylian Mbappé y convirtió la posesión francesa en algo decorativo, casi un jarrón caro colocado lejos de la portería.

El conjunto de Deschamps disputará el sábado 18 de julio el partido por la tercera plaza en Miami. Su rival será el perdedor del duelo entre Argentina e Inglaterra. Una vez terminado ese encuentro, la federación podrá activar el relevo sin invadir los últimos días del seleccionador que condujo a Francia durante cuatro Copas del Mundo consecutivas.

La derrota contra España no provoca su marcha. Deschamps había anunciado con antelación que dejaría el puesto después del Mundial de 2026. El resultado simplemente añadió un tono áspero a la despedida y confirmó una impresión que llevaba tiempo flotando alrededor del equipo: el ciclo había alcanzado su límite natural.

El final de una era difícil de igualar

Deschamps asumió el cargo en 2012, cuando la selección francesa todavía arrastraba las heridas deportivas e institucionales del Mundial de Sudáfrica. Construyó un equipo estable, competitivo y resistente a los incendios internos, una cualidad nada menor en un país donde cada convocatoria puede convertirse en un debate sobre fútbol, identidad nacional y metafísica republicana.

Bajo su dirección, Francia conquistó la Copa del Mundo de 2018, fue subcampeona mundial en 2022, alcanzó la final de la Eurocopa de 2016 y ganó la Liga de Naciones en 2021. También enlazó tres semifinales mundialistas. Su fútbol no siempre enamoró, pero sobrevivió a casi todos los escenarios, que es una manera menos fotogénica y bastante eficaz de construir una época.

El método de Deschamps se apoyó en el orden, la potencia física, las transiciones rápidas y la libertad ofensiva administrada con cautela. No entrenaba para decorar escaparates. Entrenaba para ganar torneos cortos, donde una pérdida absurda pesa más que veinte minutos de circulación elegante. Los resultados respaldaron el pragmatismo, aunque algunos partidos parecieran redactados por un funcionario especialmente celoso.

España expuso en Dallas los defectos acumulados del modelo. Francia no consiguió presionar de manera coordinada, perdió el control del centro del campo y dejó demasiado aislado a Mbappé. La acumulación de delanteros no produjo una ofensiva más peligrosa; produjo, por momentos, un atasco de talento. Mucho nombre, poco espacio y casi ninguna grieta en la defensa rival.

Deschamps deja una herencia enorme. También un listón incómodo. Zidane no sustituirá a un seleccionador fracasado, sino al técnico más longevo de la historia de los Bleus y al hombre que devolvió a Francia al centro del fútbol mundial. Esa diferencia condicionará cada comparación durante los primeros meses.

El equipo que recibirá Zidane

Zidane no heredará unas ruinas. Tendrá a su disposición una de las plantillas más profundas del panorama internacional, con futbolistas consolidados en los principales clubes europeos y una concentración casi obscena de recursos ofensivos. Mbappé, Ousmane Dembélé, Michael Olise, Désiré Doué, Bradley Barcola y Rayan Cherki permiten construir ataques muy distintos sin rebajar apenas el nivel individual.

El problema no será encontrar artistas, sino evitar que todos quieran pintar en el mismo metro cuadrado. Francia ha reunido velocidad, regate, remate y creatividad, pero necesita una estructura que conecte esas virtudes. El partido contra España dejó una advertencia nítida: amontonar delanteros no garantiza atacar mejor.

La defensa también ofrece una base potente, con Mike Maignan en la portería y jugadores como William Saliba, Dayot Upamecano y Jules Koundé. En el centro del campo aparecen Aurélien Tchouaméni, Manu Koné y Adrien Rabiot, perfiles capaces de sostener al equipo, aunque la selección ha echado de menos una mayor continuidad con el balón ante rivales que presionan bien.

Zidane deberá ordenar una plantilla construida para dominar el futuro inmediato. La Eurocopa de 2028 y el Mundial de 2030 aparecen como los grandes horizontes, pero su estreno competitivo llegará mucho antes, con la Liga de Naciones y un grupo exigente frente a Italia, Bélgica y Turquía.

Mbappé será el centro del nuevo proyecto

La relación entre Zidane y Kylian Mbappé concentrará buena parte de la atención. Ambos representan generaciones distintas de la misma mitología francesa y comparten el vínculo con el Real Madrid. Mbappé es el capitán, la gran figura y el jugador alrededor del cual se organizará el ataque. Zidane deberá darle libertad sin convertir al resto del equipo en personal de acompañamiento.

No parece una convivencia especialmente problemática. El técnico gestionó en Madrid un vestuario ocupado por Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos, Luka Modric, Toni Kroos, Marcelo y Karim Benzema, personalidades poco inclinadas a pasar inadvertidas. Su autoridad no nació del grito ni de una pizarra con aspecto de plano urbanístico, sino de una mezcla difícil de fabricar: prestigio, calma y decisiones comprensibles.

Mbappé seguirá siendo la principal amenaza francesa, pero el nuevo seleccionador tendrá que distribuir mejor el peso creativo. Olise puede actuar entre líneas, Dembélé ofrece desborde y Doué añade imaginación en espacios reducidos. El reto consistirá en articular esas piezas sin romper el equilibrio defensivo.

El equilibrio importará más que el dibujo

La gran cuestión estará en el centro del campo. Tchouaméni, Koné y Rabiot ofrecen músculo, recorrido y disciplina, aunque ninguno reproduce por sí solo la capacidad de control que Francia disfrutó en otras etapas. Zidane deberá decidir cuánto talento ofensivo cabe en el once sin que el equipo se parta como una baguette demasiado seca.

Su trayectoria en el Real Madrid sugiere flexibilidad. Utilizó el 4-3-3, reforzó la medular cuando lo necesitó, convivió con laterales muy ofensivos y explotó la capacidad de sus figuras para resolver eliminatorias cerradas. Nunca fue un entrenador encadenado a un dogma. Adaptó la estructura a los jugadores, algo que parece evidente hasta que se observa cuántos técnicos hacen exactamente lo contrario.

La selección plantea, además, un oficio diferente al trabajo diario de un club. Hay menos entrenamientos, menos margen para corregir y una necesidad mayor de transmitir conceptos sencillos en poco tiempo. Zidane tendrá que lograr que su equipo reconozca las soluciones casi de memoria. El calendario internacional no concede largas pretemporadas ni semanas de laboratorio.

Cinco años lejos del banquillo

Zidane no dirige desde mayo de 2021, cuando terminó su segunda etapa en el Real Madrid. Es el principal argumento de quienes contemplan su llegada con reservas: habrá pasado más de cinco años sin entrenar cuando asuma el puesto, un periodo considerable en un fútbol que cambia de vocabulario táctico cada dos temporadas.

La selección, sin embargo, puede suavizar esa inactividad. El trabajo exige menos sesiones, una gestión distinta del vestuario y una enorme capacidad para competir en eliminatorias. Precisamente ahí construyó Zidane su reputación. Sus equipos podían atravesar momentos grises, pero rara vez perdían la orientación cuando llegaban las noches decisivas.

Su currículo reduce el ruido. Como entrenador del Real Madrid ganó 11 títulos, entre ellos tres Champions League consecutivas, dos Ligas, dos Mundiales de Clubes, dos Supercopas de Europa y dos Supercopas de España. La secuencia continental de 2016, 2017 y 2018 permanece como una anomalía en el fútbol moderno, donde repetir un éxito ya parece una provocación estadística.

Zidane tampoco necesita aprender el peso simbólico de la selección. Disputó 108 partidos con Francia y marcó 31 goles. Fue decisivo en la conquista del Mundial de 1998, con dos tantos en la final ante Brasil, y encabezó la generación campeona de Europa en 2000.

Su historia con los Bleus contiene gloria, elegancia y aquella despedida abrupta en la final mundialista de 2006. Material de sobra para que cada convocatoria adquiera un tono cinematográfico. Pero el banquillo no concede puntos por nostalgia: su leyenda facilitará la llegada, no resolverá los partidos.

El banquillo que Francia reservó durante años

Zidane llegará al puesto más importante de su carrera con una ventaja y una condena: Francia lleva mucho tiempo esperándolo. No tendrá que conquistar emocionalmente al país, pero tampoco disfrutará de una temporada de aprendizaje. La primera convocatoria, el primer sistema y cada decisión sobre Mbappé serán examinados con lupa.

El nombramiento abrirá una etapa distinta, aunque no necesariamente revolucionaria. Francia no necesita incendiar la casa; necesita airearla, recolocar algunos muebles y recuperar el control de los grandes partidos cuando la potencia individual deja de bastar. La semifinal contra España mostró que el talento sin orden puede convertirse en un escaparate magnífico con la puerta cerrada.

Zidane será el próximo seleccionador si la formalización avanza conforme al acuerdo previsto. El anuncio tendrá que esperar al último partido de Deschamps y a la firma definitiva. Después llegará la imagen que el fútbol francés lleva años anticipando: el antiguo número 10 al frente de los Bleus, sin botas y con una misión bastante menos poética de lo que su leyenda sugiere.

Tendrá que convertir una colección deslumbrante de futbolistas en un equipo reconocible, equilibrado y capaz de volver a ganar. Ahí termina la nostalgia y empieza el oficio.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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