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¡La Albiceleste, a la final! Así remontó Argentina 1-2 a Inglaterra

Argentina remontó a Inglaterra con goles de Enzo y Lautaro y jugará la final del Mundial ante España tras una semifinal dramática en Atlanta.

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messi esultando

Resumen

  • Argentina remontó a Inglaterra con goles de Enzo Fernández y Lautaro
  • Anthony Gordon adelantó a los ingleses antes del vuelco argentino
  • La Albiceleste jugará la final del Mundial frente a España

Argentina está otra vez en la final de la Copa del Mundo. La selección de Lionel Scaloni derrotó 2-1 a Inglaterra en Atlanta después de encontrarse eliminada durante buena parte de la segunda mitad: Anthony Gordon adelantó al conjunto inglés en el minuto 55, Enzo Fernández empató en el 85 y Lautaro Martínez completó la remontada en el 90+2, cuando la prórroga parecía inevitable.

La Albiceleste defenderá su corona ante España el domingo 19 de julio, a las 21:00 —hora peninsular española—, en el estadio de Nueva York y Nueva Jersey. Será la reedición de un duelo con raíces comunes, futbolistas que se conocen de memoria y dos maneras bastante distintas de entender el control: España lo busca con el balón; Argentina, también con la resistencia.

Argentina convirtió el borde del abismo en otra final

Durante 84 minutos, Argentina estuvo fuera del partido definitivo. No necesariamente fuera del juego, porque tras encajar el gol había encerrado a Inglaterra y acumulaba llegadas, pero sí fuera del Mundial en ese sentido brutal y administrativo que tiene una semifinal: perder significa abandonar la ruta principal y marcharse al encuentro por el tercer puesto.

El equipo de Scaloni respondió como suele hacerlo cuando el paisaje se pone feo. Sin demasiado brillo, con los laterales expuestos y Messi rodeado de camisetas blancas, fue añadiendo delanteros, adelantando metros y convirtiendo el encuentro en un asedio. El orden inicial dejó paso a una estructura mucho más arriesgada. Nico González, Rodrigo de Paul y Lautaro Martínez saltaron al campo; también entraron Montiel y Otamendi para sostener una defensa que empezaba a jugar casi en campo inglés.

Inglaterra hizo el recorrido contrario. Había logrado ponerse por delante, controlaba la temperatura emocional y tenía a Argentina obligada a correr detrás del marcador. Entonces retrocedió. Primero unos metros, luego otros cuantos. El césped se fue inclinando hasta parecer una cuesta y, como tantas veces en el fútbol, proteger una ventaja terminó siendo la forma más eficaz de ponerla en peligro.

Un primer tiempo áspero, casi sin fútbol

Los primeros 45 minutos ofrecieron mucho contacto y poca pelota. Argentina e Inglaterra acumularon 19 faltas, dos tarjetas amarillas y ningún disparo entre los tres palos. Elliot Anderson fue amonestado por derribar a Messi cuando el capitán empezaba a escapar; Lisandro Martínez vio la amarilla poco después, al cortar una transición inglesa.

No fue una partida de ajedrez, aunque los partidos cerrados suelen recibir ese elogio por cortesía. Se pareció más a una discusión de aparcamiento: empujones, protestas, entradas tardías y miradas largas. Enzo Fernández firmó la ocasión más limpia de Argentina con un disparo desde fuera del área que pasó cerca del larguero, mientras Harry Kane y Jude Bellingham apenas lograban entrar en contacto con el balón en zonas decisivas.

Messi tampoco encontraba espacio. Inglaterra comprimía el centro, Anderson y Rice vigilaban las recepciones interiores y los centrales argentinos debían iniciar cada jugada bajo una presión incómoda. La semifinal avanzaba espesa, atrapada en una rivalidad demasiado grande para un fútbol todavía diminuto.

Gordon golpeó y Tuchel cambió el partido

El segundo tiempo comenzó con otra velocidad. Julián Álvarez obligó pronto a intervenir a Jordan Pickford y Argentina pareció abandonar la prudencia. Justo entonces llegó el golpe inglés.

Declan Rice abrió hacia Morgan Rogers, la apuesta inesperada de Thomas Tuchel en el once. El centro cruzó el área y Anthony Gordon atacó la espalda de Nahuel Molina para rematar ante Emiliano Martínez. Era el minuto 55. Inglaterra encontraba el 1-0 en una jugada limpia, vertical, casi demasiado sencilla para un encuentro que hasta entonces había necesitado un forcejeo para cada pase.

El gol alteró el comportamiento de ambos equipos. Argentina aumentó la presión, comenzó a cargar el área y liberó a Messi para recibir más cerca de la banda derecha. Inglaterra dejó de buscar con la misma convicción la portería contraria. Tuchel sustituyó al propio Gordon por un defensa, Ezri Konsa, y más tarde retiró a Rice y Reece James. El mensaje no exigía descifrar ningún jeroglífico táctico: cerrar espacios, despejar balones y aguantar.

Pickford sostuvo una ventaja que se encogía

Durante varios minutos, el plan funcionó gracias a Pickford. El portero inglés rechazó un remate de Julián Álvarez al comienzo de la segunda mitad y después respondió con reflejos ante un cabezazo picado de Nico González, servido por Messi desde la derecha. Djed Spence también evitó un mano a mano de Giuliano Simeone con una entrada al límite, limpia y providencial.

Argentina ya dominaba. Movía la pelota alrededor del área inglesa, recuperaba rápido y acumulaba córneres. Alexis Mac Allister rozó el empate con un remate que golpeó el poste, mientras Inglaterra empezaba a vivir de despejes y contragolpes cada vez más solitarios. Pickford contenía el agua, pero la presa estaba agrietada.

Messi abrió la grieta y Enzo la hizo gol

El empate nació en un saque de esquina ejecutado en corto. Messi recibió en el costado derecho, avanzó hacia el área y encontró a Enzo Fernández. El centrocampista golpeó con la derecha desde fuera, con potencia y curva, hasta colocar el balón lejos del alcance de Pickford. Minuto 85. El 1-1 derrumbaba de golpe todo el trabajo defensivo inglés.

Enzo ya había avisado durante la primera mitad con un disparo semejante. Esta vez afinó unos centímetros. Su gol no fue una acción aislada, sino el resultado de una segunda parte en la que Argentina había empujado a Inglaterra contra su portería, recuperando balones cada vez más arriba y obligando a Kane y Bellingham a trabajar lejos del área argentina.

Messi no marcó, pero volvió a intervenir donde se separan los partidos ordinarios de los decisivos. Había pasado muchos minutos encapsulado, con poca continuidad y demasiados rivales alrededor. Le bastó encontrar un pequeño corredor. A los 39 años, en su primer encuentro frente a Inglaterra, sigue tratando el espacio como otros manejan una caja fuerte: conoce la combinación aunque todos crean haber cambiado la cerradura.

Lautaro apareció cuando Inglaterra miraba la prórroga

El empate parecía conducir el encuentro al tiempo suplementario. Inglaterra intentó recuperar metros, pero su estructura ya estaba diseñada para resistir, no para atacar. Argentina, en cambio, tenía sobre el césped a Messi, Julián Álvarez y Lautaro Martínez, además de centrocampistas lanzados hacia el área.

En el 90+2 apareció Lautaro. El delantero del Inter, suplente al comienzo, marcó el 2-1 y completó una remontada construida a base de insistencia, sustituciones ofensivas y una fe que a veces roza la obstinación. Inglaterra había estado a cinco minutos de la final; terminó sin tiempo real para reaccionar.

La escena resumió las dos trayectorias del segundo tiempo. Argentina había ampliado su apuesta incluso a riesgo de romperse. Inglaterra había reducido la suya hasta depender de que el reloj corriera más deprisa que Messi, Enzo y Lautaro. No ocurrió. El fútbol inglés, que presume con razón de haber inventado el juego, volvió a comprobar que no siempre sabe cómo terminarlo.

España espera a una campeona que se niega a caer

Argentina disputará ante España su segunda final mundialista consecutiva. Llega con desgaste —ha necesitado remontadas, prórrogas y soluciones tardías durante las eliminatorias—, pero también con una profundidad de plantilla que vuelve a resultar decisiva. Lautaro cerró los cuartos frente a Suiza y decidió la semifinal ante Inglaterra; Nico González cambió el ritmo del ataque; Enzo encontró el gol cuando la eliminación ya respiraba en la nuca.

España presenta un perfil distinto. El equipo de Luis de la Fuente derrotó 2-0 a Francia, ha construido su torneo desde el control colectivo y llega a la final con una defensa especialmente sólida. Argentina aportará experiencia, capacidad para sobrevivir al desorden y la presencia de un Messi que persigue un segundo Mundial consecutivo, algo que ninguna selección consigue desde el Brasil de 1958 y 1962.

Atlanta dejó una semifinal áspera durante una hora y memorable durante la última media. Inglaterra tuvo la ventaja, el portero y el reloj. Argentina tuvo otra cosa: la costumbre de permanecer dentro de los partidos cuando parece haberse quedado fuera. Ahora le espera España. La final, al fin, ya tiene sus dos nombres.

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