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Naturaleza

¿Garrapatas en otoño: hasta cuándo siguen activas en España y por qué?

En España, las garrapatas pueden seguir activas durante todo el otoño. Su presencia depende de la especie, la zona, la humedad y la temperatura.

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Garrapatas en otoño

Resumen

  • En España hay garrapatas activas durante todo el otoño
  • Octubre sigue dentro de la temporada de varias especies
  • El riesgo cambia según la especie, el clima y la zona

Las garrapatas no desaparecen con el final del verano. En España, septiembre y octubre siguen siendo meses de actividad importante y, según la especie, la zona y las condiciones meteorológicas, el riesgo puede prolongarse durante noviembre, entrar en invierno o incluso mantenerse prácticamente todo el año. No existe, por tanto, una fecha del calendario a partir de la cual estos pequeños arácnidos decidan retirarse educadamente hasta primavera.

La situación cambia mucho según la especie. Hyalomma, uno de los géneros más vigilados en España, presenta su principal actividad aproximadamente entre mayo y octubre; Ixodes ricinus tiene máximos en primavera y otoño y puede seguir activa todo el año en determinados lugares; Rhipicephalus mantiene actividad anual, especialmente en áreas cálidas, mientras que algunas Dermacentor hacen justo lo que podría parecer contraintuitivo: sus adultos están especialmente activos desde el otoño hasta la primavera.

Así que guardar el repelente, olvidarse de revisar al perro o internarse entre hierbas altas porque ha llegado octubre no responde demasiado bien a la biología de estos animales. El otoño puede ser una de sus mejores épocas.

Octubre no marca el final de la temporada de garrapatas

Las garrapatas dependen mucho más del microclima que del nombre que figure en el calendario. Temperatura, humedad, vegetación, presencia de animales de los que alimentarse y características del terreno determinan cuándo salen en busca de un hospedador.

En España, la actividad máxima de muchas especies se concentra en primavera y otoño, aunque las condiciones climáticas pueden ampliar o reducir esos periodos. En buena parte de Europa, su presencia habitual se extiende desde comienzos de la primavera hasta finales del otoño.

Y aquí aparece una diferencia importante: hablar de «la temporada de las garrapatas» como si todas fueran iguales resulta engañoso. España alberga especies con calendarios muy distintos.

Las Hyalomma lusitanicum y Hyalomma marginatum, adaptadas a ambientes relativamente secos y asociadas también a la vigilancia de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, tienen su periodo principal entre mayo y octubre. Eso significa que septiembre y buena parte de octubre continúan plenamente dentro de su periodo normal de actividad.

Con otras especies ocurre casi lo contrario. Dermacentor reticulatus, propia sobre todo de zonas templadas del norte, tiene como periodo principal los meses comprendidos aproximadamente entre octubre y mayo. Dermacentor marginatus presenta adultos activos entre otoño y primavera. Decir que «con el frío se acaban las garrapatas» sería, en estos casos, ponerse el abrigo justo cuando ellas salen.

En qué zonas de España pueden seguir activas más tiempo

El riesgo otoñal no es homogéneo. Un paseo por un bosque húmedo de Galicia, una dehesa extremeña y un parque mediterráneo son escenarios ecológicos bastante diferentes, aunque en los tres pueda haber garrapatas.

El norte húmedo tiene su propio calendario

Ixodes ricinus, la especie relacionada con la transmisión de la borreliosis de Lyme y otras infecciones, necesita ambientes relativamente frescos y húmedos. En España es especialmente frecuente en las cornisas cantábrica y atlántica y en el Pirineo occidental, sobre todo alrededor de pastizales, bosques y senderos con vegetación.

Su patrón clásico presenta actividad en primavera y otoño. El aumento de las temperaturas puede prolongar esa actividad hacia el invierno y, en determinados ambientes, hacer que persista durante todo el año.

Septiembre, octubre y parte de noviembre no son, por tanto, meses residuales en estas áreas. Un otoño templado y húmedo puede ofrecer unas condiciones bastante cómodas para la actividad de Ixodes. La combinación es sencilla: vegetación húmeda, temperaturas suaves y animales circulando. Una pequeña autopista para un organismo que no necesita recorrer grandes distancias.

En las zonas cálidas tampoco basta con esperar al invierno

En buena parte del centro, oeste y sur peninsular adquieren mayor relevancia otros géneros. Las Hyalomma están vinculadas a espacios abiertos, matorrales, zonas áridas, marismas y lugares donde circulan animales silvestres o ganado. Su periodo de mayor actividad suele agotarse durante el otoño, pero octubre todavía entra en su ventana habitual.

También está Rhipicephalus sanguineus, conocida popularmente como garrapata marrón del perro. Está distribuida por todo el país, con predominio en las áreas cálidas, y aunque su máximo corresponde al verano puede permanecer activa durante todo el año. Para quienes conviven con perros, este detalle importa bastante más que la fecha oficial en la que comienza el otoño.

En zonas templadas, o cuando determinadas garrapatas pueden sobrevivir en viviendas, perreras o refugios, la protección frente a estos parásitos puede ser necesaria durante todo el año. El calendario sirve de orientación; el clima real y el entorno pesan bastante más.

Después de julio y agosto tendemos a asociar la llegada de noches frescas con una especie de apagón biológico. Las garrapatas funcionan de otra manera. Algunas sufren con el calor extremo y la sequedad veraniega; cuando vuelve la humedad y las temperaturas se suavizan, las condiciones pueden mejorar para salir de la vegetación y buscar un animal o una persona a la que adherirse.

No vuelan ni saltan. Esperan entre hierbas, arbustos o vegetación baja y se agarran cuando pasa un hospedador. Es una técnica bastante menos espectacular que la del mosquito, pero funciona. Y pueden aparecer no solo en montes o zonas ganaderas, sino también en jardines y parques urbanos.

La temperatura tampoco actúa como un interruptor. Una mañana fría no significa necesariamente el final de la actividad, del mismo modo que un par de tardes cálidas en noviembre pueden mantener condiciones favorables en determinados microhábitats.

Por eso resulta más razonable pensar en una reducción progresiva y variable que en una fecha límite. En unos lugares la presencia cae claramente al acercarse el invierno; en otros, ciertas especies toman el relevo.

Personas y mascotas: dónde mirar después de un paseo

El escenario típico de exposición sigue siendo sencillo: vegetación alta, matorral, bordes de senderos, monte, zonas frecuentadas por ganado o animales silvestres. Tras caminar por estos lugares conviene revisar la piel, especialmente axilas, ingles, cintura, detrás de las rodillas, orejas y cuero cabelludo. Las picaduras pueden ser indoloras, así que esperar a notar algo no siempre sirve.

La ropa también merece una inspección y, cuando se ha salido acompañado de un perro, el chequeo debería incluir al animal. Orejas, cuello, axilas, ingles, patas y espacios entre los dedos son zonas donde una garrapata puede pasar bastante desapercibida entre el pelo.

En perros y gatos, la pauta antiparasitaria no debería suspenderse automáticamente porque haya terminado agosto. El riesgo depende del lugar, los hábitos del animal y la especie de garrapata, y en algunas zonas españolas puede existir durante buena parte del año.

Tampoco hay motivo para convertir cada paseo por el campo en una expedición con traje espacial. La mayoría de encuentros no acaba en una enfermedad y no todas las garrapatas están infectadas. La prevención eficaz es bastante menos dramática: ropa que cubra la piel cuando el entorno lo aconseje, caminar preferentemente por el sendero, revisar el cuerpo al regresar y actuar rápidamente si aparece una adherida.

Si una garrapata ya está agarrada a la piel

Aquí sobreviven algunos remedios caseros que sería mejor dejar en el cajón de las leyendas familiares. Aceite, alcohol, vaselina, calor o petróleo no son métodos recomendados para obligar a una garrapata a soltarse.

Lo indicado es retirarla cuanto antes mediante pinzas finas, agarrándola lo más cerca posible de la piel y realizando una tracción suave, constante y hacia arriba, evitando aplastar su cuerpo o hacer movimientos bruscos de torsión. Después deben lavarse la zona y las manos y aplicarse un antiséptico cuando corresponda.

Cuanto antes se retire, mejor. No hace falta esperar a que se desprenda sola.

Tras una picadura conviene observar la evolución. La aparición posterior de fiebre, erupción cutánea, malestar intenso, dolor muscular o de cabeza u otros síntomas relevantes justifica consultar con un profesional sanitario e indicar expresamente que hubo una picadura de garrapata.

El frío no las hace desaparecer de un día para otro

La respuesta práctica es menos redonda que una fecha, pero bastante más útil: en España hay que contar con garrapatas durante todo el otoño. Octubre continúa claramente dentro de la temporada de varias especies; noviembre puede seguir presentando actividad si las condiciones son favorables y algunas garrapatas permanecen activas durante el invierno o precisamente aumentan su presencia entre otoño y primavera.

El territorio español, con climas tan distintos entre la costa cantábrica, la meseta, el Mediterráneo, las áreas montañosas y el sur peninsular, tampoco permite colocar una frontera única. Y los otoños suaves están haciendo todavía más borrosa esa línea.

La vieja idea de que las garrapatas son exclusivamente un problema de primavera y verano se ha quedado corta. El otoño forma parte del periodo de máxima actividad de algunas especies. Y esa diferencia, pequeña sobre el calendario, importa mucho cuando el paseo termina entre hierbas altas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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