Ciencia
¿A qué hora ver el eclipse lunar parcial del 28 de agosto en España?
El eclipse lunar parcial del 28 de agosto será visible en España: consulta la hora del máximo, dónde se verá mejor y por qué será tan rojizo.

España tendrá una segunda cita con los eclipses antes de que termine agosto. La madrugada del viernes 28 de agosto de 2026, la Luna llena atravesará la sombra de la Tierra y ofrecerá un eclipse lunar parcial visible desde todo el país. La fase más interesante llegará al amanecer: el máximo está previsto alrededor de las 6:12, hora peninsular, cuando la sombra terrestre habrá cubierto casi todo el diámetro lunar. La magnitud del eclipse será de 0,93, bastante alta para un fenómeno que, técnicamente, seguirá siendo parcial.
No hará falta comprar gafas, fabricar filtros caseros ni rescatar aquel visor que sobrevivió al eclipse solar del 12 de agosto. Un eclipse de Luna puede contemplarse directamente a simple vista y con absoluta seguridad. Tampoco exige telescopio. Unos prismáticos pueden mejorar la escena, claro, pero lo decisivo será algo bastante menos sofisticado: levantarse temprano y encontrar un horizonte occidental despejado.
El espectáculo llegará apenas 16 días después del eclipse total de Sol del 12 de agosto que convirtió buena parte de España en un gigantesco mirador astronómico. Esta vez no habrá una oscuridad súbita a media tarde ni la expectación casi litúrgica de la totalidad. Será otra cosa. Más lenta, silenciosa y, seguramente, más cómoda para observar sin parafernalia: la sombra de nuestro propio planeta avanzando sobre la Luna mientras empieza a clarear el cielo.
A qué hora será el eclipse lunar del 28 de agosto
El eclipse comenzará de manera discreta. Hacia las 3:23 de la madrugada, hora oficial peninsular y balear, la Luna entrará en la penumbra terrestre. Esa primera fase puede resultar difícil de advertir porque el satélite simplemente pierde algo de brillo; no aparece todavía la característica mordedura oscura sobre su superficie. En Canarias, donde el reloj marca una hora menos, este comienzo se producirá hacia las 2:23.
La transformación se volverá evidente aproximadamente a las 4:33, cuando empiece la fase parcial y una parte de la Luna penetre en la umbra, la región más oscura de la sombra de la Tierra. A partir de ahí, el borde lunar irá desapareciendo poco a poco, como si alguien desplazara sobre el disco una cortina oscura y perfectamente curva.
El máximo llegará alrededor de las 6:12
El momento central está calculado para las 6:12 en la España peninsular. La magnitud alcanzará 0,93: alrededor del 93% del diámetro de la Luna estará introducido en la umbra terrestre. No llegará a convertirse en eclipse total, pero faltará poco visualmente. Será un eclipse parcial profundo, capaz de dejar gran parte del disco muy oscurecido y con tonos cobrizos o rojizos.
Aquí aparece una pequeña trampa del lenguaje astronómico. Una magnitud de 0,93 no significa simplemente que el 93% de toda la superficie lunar desaparezca. La magnitud de un eclipse lunar mide cuánto del diámetro de la Luna entra en la umbra. Lo que verá el ojo será, en cualquier caso, una Luna casi completamente invadida por la sombra, con una estrecha zona todavía iluminada directamente por el Sol.
En Canarias cambia el reloj, no el eclipse
Desde las islas Canarias el máximo llegará a las 5:12, hora local, exactamente el mismo instante astronómico. Allí habrá una ventaja práctica: el eclipse se desarrollará con la Luna todavía por encima del horizonte durante más tiempo y las islas estarán entre los mejores lugares de España para seguir sus fases finales.
La fase parcial terminará alrededor de las 7:51, hora peninsular, aunque ese final ya no podrá contemplarse desde todos los puntos del país porque la Luna estará poniéndose. Y ahí está, en realidad, la gran diferencia geográfica de este eclipse.
Dónde se verá mejor en España
El eclipse será visible en toda España, pero no exactamente de la misma manera. En el centro y este de la Península, Baleares y Melilla la Luna se ocultará por el horizonte antes de que termine la fase parcial. En el oeste peninsular, Canarias y Ceuta, en cambio, el ocaso lunar llegará después y será posible seguir durante más tiempo el desarrollo del fenómeno.
Galicia, Extremadura y buena parte del oeste de Castilla y León y Andalucía parten así con una posición especialmente favorable. No porque allí la sombra de la Tierra sea distinta —el eclipse es el mismo—, sino porque la Luna permanecerá visible durante más tiempo antes de ponerse. Canarias también tendrá una perspectiva privilegiada.
Madrid ofrece un ejemplo bastante gráfico de lo ajustado que estará el final. Allí el máximo llegará a las 6:12, pero la Luna se pondrá alrededor de las 7:46, unos minutos antes de que concluya la fase parcial. En el este peninsular y Baleares el satélite alcanzará el horizonte todavía antes.
Conviene, por eso, mirar hacia el oeste y suroeste y buscar un lugar sin edificios, montañas o árboles que corten el horizonte. La contaminación lumínica preocupa menos esta vez que durante una lluvia de estrellas: la Luna llena es suficientemente brillante incluso desde una ciudad. Una azotea con horizonte abierto puede resultar bastante más útil que recorrer kilómetros buscando un cielo negro para descubrir después que hay una sierra justo donde se está poniendo la Luna.
Por qué la Luna puede adquirir un tono rojo o cobrizo
La parte eclipsada no tiene por qué convertirse simplemente en una mancha negra. Puede adquirir tonos rojizos, anaranjados o cobrizos, y ahí aparece uno de los detalles más hermosos del fenómeno. La Tierra bloquea la luz solar directa, pero nuestra atmósfera deja pasar una pequeña parte de esa luz y la desvía hacia la Luna.
El mecanismo es pariente cercano del que pinta de rojo un atardecer. Las longitudes de onda azules y violetas se dispersan con mayor facilidad al atravesar la atmósfera; los rojos y naranjas consiguen recorrer mejor ese camino y alcanzan la superficie lunar. Durante un eclipse, la atmósfera terrestre funciona casi como una lente gigantesca alrededor del planeta.
Dicho de una forma menos académica: sobre la Luna acaba proyectándose la luz filtrada por el borde de la Tierra, una suma de amaneceres y atardeceres terrestres rodeando el planeta. De ahí ese color oxidado que puede aparecer en la zona sumergida en la umbra. Su intensidad no es idéntica en todos los eclipses; el polvo, las nubes y otras partículas presentes en la atmósfera terrestre pueden modificar el tono.
Y habrá contraste. Como el eclipse no alcanzará la totalidad, una franja de la Luna permanecerá iluminada directamente mientras la mayor parte del disco estará dentro de la sombra. Esa convivencia entre blanco intenso, gris oscuro y cobre puede resultar incluso más llamativa que una Luna uniformemente roja.
Se puede mirar a simple vista y sin gafas de eclipse
Después de semanas escuchando advertencias —muy necesarias— sobre la observación del eclipse solar del 12 de agosto, el del día 28 introduce una agradable excepción. Mirar un eclipse lunar no supone ningún peligro para los ojos. Se puede observar directamente durante todo el fenómeno, tanto a simple vista como mediante prismáticos o telescopio.
La diferencia física es sencilla. En un eclipse de Sol estamos mirando hacia nuestra estrella, cuya radiación puede causar daños graves en la retina. Durante un eclipse de Luna seguimos mirando la luz reflejada por el satélite, que además se debilita cuando entra en la sombra terrestre. No hacen falta filtros solares ni gafas homologadas.
Quien utilice prismáticos distinguirá mejor el avance de la umbra sobre los cráteres y grandes llanuras lunares. Con un pequeño telescopio, el límite de la sombra terrestre resulta todavía más evidente. Pero no es obligatorio cargar con media tienda de astronomía. El ojo desnudo basta para entender lo que está ocurriendo.
Agosto de 2026 se despide con la sombra de la Tierra sobre la Luna
El eclipse parcial del 28 de agosto completa un mes poco corriente para quienes miran al cielo. El día 12 España vivió un eclipse solar total visible como tal desde una amplia franja del país; esa misma noche llegaron las Perseidas en excelentes condiciones, y poco más de dos semanas después será la Tierra la que se coloque entre el Sol y la Luna.
La geometría es sencilla, aunque verla funcionando a escala planetaria nunca termina de parecerlo. Un eclipse lunar sucede durante la Luna llena, cuando la Tierra queda entre el Sol y nuestro satélite. Como la órbita lunar está inclinada unos cinco grados respecto al plano de la órbita terrestre, la alineación perfecta no ocurre todos los meses. Esta vez la Luna atravesará profundamente la umbra terrestre, pero no lo suficiente para quedar completamente dentro de ella.
Será, por tanto, parcial solo en el diccionario astronómico. A simple vista, en el momento máximo, quedará muy poca Luna fuera de la sombra terrestre. Y mientras amanece sobre España, el satélite irá descendiendo hacia el horizonte teñido de cobre. Nada de gafas especiales, grandes desplazamientos ni ceremonias. Viernes 28 de agosto, alrededor de las 6:12. Basta con mirar hacia el oeste y dejar que la mecánica celeste haga el resto.

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