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¿Por qué Corea del Norte amenaza tras las maniobras de EEUU y Seúl?

Corea del Norte denuncia las maniobras de EEUU y Corea del Sur y vuelve a invocar la autodefensa mientras crece la tensión militar regional.

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Kim Jong Un en 2023

Corea del Norte ha vuelto a elevar el tono contra Estados Unidos y Corea del Sur por sus maniobras militares conjuntas. Pyongyang denuncia los ejercicios Ulchi Freedom Shield como una amenaza directa contra su seguridad y sostiene que continuará ejerciendo su derecho a la «autodefensa» frente a lo que considera una presión militar creciente. De momento, sin embargo, el régimen norcoreano no ha anunciado una represalia concreta ni ha precisado qué medidas piensa adoptar.

La advertencia llega mientras las fuerzas estadounidenses y surcoreanas mantienen unos ejercicios iniciados el 17 de agosto y previstos hasta el 27 de agosto de 2026. Y tiene un ingrediente político nada menor: Donald Trump había ordenado al Pentágono reducir sustancialmente la participación estadounidense en las maniobras, precisamente cuando intenta reabrir algún tipo de interlocución con Kim Jong Un. Es decir, Pyongyang protesta incluso cuando Washington mueve una ficha que, sobre el papel, debería resultarle favorable.

Corea del Norte denuncia las maniobras de EEUU y Corea del Sur

El nuevo mensaje llegó a través de la agencia estatal KCNA, habitual altavoz político del régimen. El comentario acusa a Estados Unidos y Corea del Sur de alimentar las tensiones en la península coreana y presenta las maniobras como otra prueba de una política hostil contra el Norte.

La retórica es dura. KCNA calificó a los dos aliados de belicistas y sostuvo que las actividades militares pueden deteriorar no solo la situación en la península, sino la seguridad del conjunto de Asia-Pacífico. La frase políticamente más importante, sin embargo, es la referencia al derecho de Corea del Norte a seguir recurriendo a la «autodefensa» frente a las supuestas amenazas militares.

Eso no equivale, al menos por ahora, a anunciar un ataque. Conviene separar el ruido del dato. Corea del Norte utiliza con frecuencia ese vocabulario para justificar sus programas militares, sus ensayos de armamento y el fortalecimiento de su capacidad nuclear. En esta ocasión, el comunicado conocido este 19 de agosto no identifica misiles, pruebas nucleares, movilizaciones ni otras acciones específicas como respuesta inmediata.

La diferencia importa. Entre una advertencia política y una operación militar hay un trecho considerable, incluso en una península donde los comunicados suelen escribirse con el volumen puesto al máximo.

Qué son las maniobras Ulchi Freedom Shield

Ulchi Freedom Shield es uno de los grandes ejercicios militares conjuntos que Corea del Sur y Estados Unidos realizan periódicamente para ensayar su capacidad de actuación coordinada ante una crisis o un conflicto. La edición de 2026 estaba programada durante 11 días, del 17 al 27 de agosto, con alrededor de 18.000 militares surcoreanos y participación estadounidense.

Una parte sustancial del ejercicio consiste en simulaciones de puestos de mando, aunque también se desarrollan actividades sobre el terreno. Los escenarios de este año incorporan amenazas que parecen extraídas de una guerra del siglo XXI más que de las viejas películas sobre la Guerra Fría: drones, interferencias del GPS y ciberataques, junto con operaciones militares convencionales.

Washington y Seúl insisten en que las maniobras tienen una naturaleza defensiva y que sirven para mantener preparadas unas fuerzas armadas que tendrían que actuar juntas en caso de conflicto. Pyongyang sostiene exactamente lo contrario: interpreta desde hace años estos ejercicios como ensayos para una posible invasión.

Ahí está el nudo de casi todos los veranos coreanos. Para el Sur son entrenamiento y disuasión; para el Norte, una amenaza. Cada bando contempla el mismo despliegue desde el extremo contrario de unos prismáticos.

Por qué estas maniobras preocupan tanto a Pyongyang

El problema no se limita al número de soldados o vehículos desplegados. Corea del Norte observa con especial recelo la creciente interoperabilidad militar entre Estados Unidos, Corea del Sur y Japón, una cooperación que Pyongyang describe como una arquitectura dirigida contra su supervivencia.

Ya antes del inicio de Ulchi Freedom Shield, el Ministerio de Exteriores norcoreano había elevado considerablemente el tono. El 14 de agosto acusó a los tres países de avanzar hacia una especie de alianza nuclear y aseguró que respondería a un nuevo nivel de amenaza con un nuevo nivel de capacidad disuasoria. También prometió reforzar su disuasión nuclear.

No era una protesta aislada. Corea del Norte había realizado recientemente nuevos lanzamientos de misiles balísticos, incluidos dos desde la zona de Wonsan separados por apenas seis días. Esa actividad mantiene la tensión incluso cuando las palabras apuntan, en paralelo, hacia una posible reapertura diplomática.

Trump redujo los ejercicios y busca acercarse a Kim Jong Un

Aquí aparece la paradoja más llamativa del episodio. Donald Trump ordenó al Pentágono reducir sustancialmente la participación estadounidense en Ulchi Freedom Shield poco antes de su inicio. El presidente estadounidense volvió a recordar su buena relación personal con Kim Jong Un y ha mostrado interés en recuperar un canal de diálogo con el líder norcoreano.

Trump aseguró además que Kim había respondido a un acercamiento suyo, aunque no detalló públicamente el contenido ni el formato de ese contacto. Washington está, por tanto, enviando dos señales al mismo tiempo: mantiene la alianza militar con Seúl, pero intenta rebajar determinados elementos de las maniobras que Pyongyang considera provocadores.

El general Xavier Brunson, comandante de las Fuerzas de Estados Unidos en Corea, visitó el Ministerio de Defensa surcoreano mientras se discutían posibles ajustes en el ejercicio. Las maniobras, en cualquier caso, comenzaron según el calendario establecido y continúan previstas hasta el 27 de agosto.

Para Corea del Sur, la ecuación es delicada. El presidente Lee Jae Myung ha defendido simultáneamente una alianza sólida con Estados Unidos, una mayor autonomía militar surcoreana y la necesidad de reducir tensiones con el Norte. Seúl insiste en que los ejercicios no están diseñados para atacar Corea del Norte, sino para mantener la capacidad defensiva del país.

Qué puede hacer Corea del Norte tras su amenaza de «autodefensa»

La palabra «autodefensa» merece atención porque en el lenguaje político de Pyongyang posee un significado bastante amplio. Puede abarcar desde nuevas declaraciones y demostraciones militares hasta pruebas de misiles o decisiones relacionadas con el arsenal nuclear. Pero atribuir desde este momento una respuesta específica sería ir más lejos de lo que permiten los hechos.

El comunicado más reciente no concreta qué hará Corea del Norte. Esa ausencia de detalle probablemente sea deliberada: una amenaza imprecisa ofrece al régimen margen para decidir después qué acción presenta como respuesta, sin quedar atado públicamente a una medida concreta. Es una vieja herramienta de la diplomacia coercitiva: enseñar la sombra antes que el objeto.

La posibilidad de nuevas pruebas armamentísticas tampoco puede separarse del contexto. Corea del Norte continúa ampliando sus capacidades nucleares y de misiles pese a las sanciones internacionales, mientras sus vínculos militares con Rusia han añadido otra capa de incertidumbre al equilibrio regional. Washington y Seúl, precisamente, justifican parte de su entrenamiento conjunto por esa evolución del escenario estratégico.

Pero hay algo que no ha sucedido: Pyongyang no ha declarado una guerra, no ha anunciado un ataque inmediato y no ha identificado una represalia concreta en este último mensaje. El lenguaje es grave; convertirlo automáticamente en una ofensiva inminente sería otra cosa.

Una península atrapada entre disuasión y diálogo

Las dos Coreas siguen técnicamente separadas por un armisticio, no por un tratado de paz definitivo después de la guerra de 1950-1953. Sobre ese viejo suelo histórico se acumulan ahora misiles, capacidad nuclear, alianzas internacionales y una diplomacia que avanza a tirones.

El momento resulta especialmente extraño. Estados Unidos reduce parcialmente unas maniobras que Corea del Norte lleva años exigiendo limitar; Trump busca recuperar la interlocución con Kim Jong Un; Seúl dice querer aliviar la tensión. Y Pyongyang, lejos de recibir el gesto con silencio prudente, vuelve a denunciar a Washington y Seúl como responsables del deterioro regional.

Puede parecer contradictorio, pero tiene lógica desde la perspectiva norcoreana. El régimen no quiere simplemente unas maniobras algo más pequeñas. Aspira a que la presencia militar estadounidense y la cooperación defensiva con Corea del Sur sean tratadas como amenazas cuya reducción constituye una concesión necesaria, mientras preserva su propio arsenal como garantía de supervivencia.

El pulso continúa sin una represalia concreta

Ahí se juega esta nueva crisis verbal. Las maniobras continuarán, salvo nuevos cambios, hasta el 27 de agosto; Corea del Norte mantiene abierta la amenaza de responder en nombre de su autodefensa; y Washington intenta comprobar si reducir el ruido militar sirve para volver a sentar a Kim a una mesa.

De momento, las palabras de Pyongyang dejan una puerta abierta a casi cualquier escenario, pero no confirman el más grave. En la península coreana, donde cada gesto se observa con lupa y cada comunicado pesa más de lo que aparenta, esa diferencia pequeña es también la más importante.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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