Naturaleza
El planeta puede superar los 1,5 °C antes de volver a enfriarse
El calentamiento podría rebasar el límite de París; reducir las emisiones aún puede acortar y limitar ese exceso.

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El mundo se encamina a superar el umbral de 1,5 °C de calentamiento global en los próximos años, pero rebasarlo no significa que el objetivo climático haya perdido todo sentido. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) plantea una trayectoria de sobrepaso, punto máximo y descenso: las temperaturas excederían temporalmente ese límite y, después, podrían volver a situarse por debajo. La posibilidad depende de recortes rápidos y sostenidos de las emisiones, no de una solución futura que permita aplazar la acción.
La cifra de diez años que aparece en algunas búsquedas no debe interpretarse como una fecha exacta en la que el planeta cruzará el umbral. El informe habla de que podría ocurrir en los próximos años y advierte de que el mundo no está cumpliendo la promesa del Acuerdo de París. Lo decisivo será cuánto suba la temperatura, cuánto tiempo permanezca por encima de 1,5 °C y qué daños se produzcan durante ese periodo: volver después no borraría automáticamente las consecuencias.
El límite de 1,5 °C no funciona como una barrera física
El objetivo acordado en París hace diez años busca limitar el aumento de la temperatura media mundial a 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales. No es una frontera que el planeta pueda cruzar sin cambios un día concreto, como si se activara un interruptor. El calentamiento se expresa como una variación de la temperatura global media, y cada fracción adicional de grado influye en la intensidad de los riesgos climáticos. Por eso, superar el umbral no vuelve irrelevante todo lo que se haga para contenerlo.
La advertencia del PNUMA es, aun así, severa: el escenario más optimista del informe alcanza un máximo de 1,8 °C por encima de los niveles preindustriales. Incluso esa trayectoria rebasaría el objetivo de 1,5 °C. La mayoría de los demás escenarios contemplan máximos superiores. La diferencia entre un pico más limitado y uno más alto no es meramente estadística: puede influir en la magnitud de los impactos y en la dificultad de adaptarse a ellos.
El calentamiento tampoco se detiene de inmediato cuando las emisiones dejan de crecer o llegan a cero neto. La propuesta del informe distingue entre reducir las emisiones hasta alcanzar ese equilibrio y, posteriormente, retirar de la atmósfera más dióxido de carbono del que se emite. Esa secuencia explica por qué el exceso temporal es posible, pero también por qué no puede darse por hecho que el descenso llegue por sí solo. Requiere decisiones sostenidas, capacidades técnicas y una gestión responsable de la retirada de carbono.
Qué significa sobrepasar, alcanzar un máximo y volver a bajar
El sobrepaso es la superación temporal de un nivel específico de calentamiento, en este caso 1,5 °C. La trayectoria que propone el PNUMA intenta limitar tanto la altura del máximo como el tiempo que las temperaturas permanecen por encima del objetivo. Primero habría que frenar el calentamiento mediante reducciones inmediatas y continuadas de los gases de efecto invernadero; después, lograr emisiones netas negativas permitiría reducir la concentración de dióxido de carbono atmosférico y contribuir al descenso de la temperatura.
La imagen de una subida, un pico y una bajada puede parecer sencilla, pero cada tramo tiene condiciones distintas. Reducir emisiones significa evitar que sigan acumulándose gases que retienen calor en la atmósfera. Alcanzar emisiones netas cero supone equilibrar las emisiones residuales con las retiradas. Para ir más allá y obtener emisiones netas negativas, la cantidad de dióxido de carbono extraída debe superar la que todavía se libera. El descenso exige, por tanto, algo más que prometer neutralidad climática.
La duración del sobrepaso importa porque los impactos no esperan a que la temperatura vuelva a bajar. Mientras el planeta permanezca por encima del umbral, aumentan los riesgos para los ecosistemas y las sociedades, y algunos cambios pueden ser difíciles o imposibles de revertir. El informe señala que la rapidez y la intensidad de las medidas determinarán la forma de la trayectoria. Cuanto más tarde se reduzcan las emisiones, más difícil será mantener bajo el máximo y acortar el periodo de exceso.
Esto también aclara por qué el objetivo de París sigue siendo relevante aunque su cumplimiento parezca cada vez menos probable. Limitar el pico y reducir el tiempo por encima de 1,5 °C puede disminuir riesgos frente a una trayectoria con un calentamiento mayor y más prolongado. No equivale a evitar todos los daños, pero sí a impedir que la inacción cierre opciones. La diferencia entre superar poco o mucho el límite puede traducirse en consecuencias muy distintas.
Los daños no se distribuyen de forma uniforme
Por encima de 1,5 °C, los riesgos se intensifican con cada fracción adicional de grado y con cada año. El informe prevé una mayor intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de ecosistemas y amenazas para la salud, la seguridad alimentaria, el agua, las ciudades, las infraestructuras y las economías. No se trata de un único efecto aislado: el calor, la presión sobre los recursos y los daños materiales pueden coincidir y complicar la respuesta de comunidades enteras.
Las ciudades costeras de baja altitud y los pequeños Estados insulares en desarrollo figuran entre los lugares expuestos a inundaciones. Para quienes viven en esos territorios, el riesgo no se reduce a un episodio de mal tiempo: puede afectar a la vivienda, los medios de vida y la posibilidad de permanecer en el lugar. A la vez, las olas de calor extremas ya muestran cómo los impactos pueden llegar con mayor rapidez y durar más tiempo. La vulnerabilidad depende también de los recursos disponibles para protegerse y recuperarse.
El aumento de la temperatura puede acercar sistemas naturales a puntos de inflexión, es decir, situaciones en las que un cambio gradual desencadena una transformación abrupta o difícil de detener. Entre los riesgos mencionados por el PNUMA están la desestabilización de grandes capas de hielo, la degradación del bosque lluvioso amazónico y la alteración de la circulación meridional de retorno del Atlántico. Este sistema de corrientes transporta aguas superficiales cálidas hacia el norte y aguas profundas frías hacia el sur, por lo que desempeña un papel importante en la regulación del clima.
No todos esos cambios tendrían la misma forma ni aparecerían al mismo ritmo. Algunos podrían producirse de manera abrupta; otros se acumularían con el tiempo. El informe no presenta el cruce de 1,5 °C como una garantía de que todos esos procesos se desencadenen, sino como una condición que eleva los riesgos cuanto más intensa y duradera sea. La incertidumbre sobre el momento exacto no elimina el peligro de aumentar la exposición.
También hay pérdidas que una reducción posterior de la temperatura no puede deshacer. Años de inacción pueden obligar a algunas comunidades a trasladarse o a cambiar sus medios de vida, y dejar transformaciones permanentes en los ecosistemas. Por eso, la adaptación es necesaria para afrontar los impactos actuales y los previstos, pero no sustituye la mitigación. Hay límites a lo que las sociedades pueden ajustar, especialmente si el máximo de temperatura es elevado.
Reducir emisiones sigue siendo la condición decisiva
La trayectoria propuesta exige acelerar la eliminación gradual de los combustibles fósiles y ampliar la revolución de las energías renovables. También pide recortar con rapidez la contaminación por metano y proteger la tierra, los bosques y los océanos. Estas medidas no son intercambiables ni resuelven por separado el problema: forman parte de una reducción general y sostenida de los gases de efecto invernadero que debe llevar a las emisiones netas cero y, más adelante, a valores netos negativos.
El metano merece atención porque el informe lo incluye entre los gases cuyas emisiones deben reducirse drásticamente. El dióxido de carbono, por su parte, permanece en el centro de la propuesta de retirada de carbono. El texto del PNUMA no presenta la eliminación de un gas como sustituto de la reducción de los demás. La dirección general es clara: evitar emisiones en origen y reducir las que no puedan eliminarse, en lugar de confiar en compensarlas todas más adelante.
La transición también puede generar beneficios que van más allá de limitar el calentamiento. El informe vincula el paso de los combustibles fósiles a las energías renovables con una mejor calidad del aire y de la salud pública, menores costes energéticos y un acceso más amplio a la electricidad. Esos beneficios adicionales refuerzan el argumento para actuar, aunque su reparto dependerá de las políticas y de cómo se gestione la transición en cada contexto.
La responsabilidad no está distribuida de manera idéntica. El PNUMA sostiene que las naciones con mayor responsabilidad en el cambio climático deberían actuar con más rapidez y con el mayor nivel de ambición. Esa exigencia conecta la eficacia de las medidas con la justicia: una respuesta duradera requiere cooperación internacional, voluntad política, financiación y una gobernanza inclusiva. La escala mundial del problema no borra las diferencias de responsabilidad.
Retirar carbono puede ayudar, pero no reemplaza los recortes
La retirada de dióxido de carbono, conocida por sus siglas en inglés como CDR, consiste en extraer carbono de la atmósfera y almacenarlo. La forestación es una de las vías citadas por el informe, junto con otros medios. En la trayectoria de sobrepaso y descenso, estas técnicas tendrían un papel como parte de un conjunto más amplio de medidas, sobre todo cuando se hayan reducido las emisiones y queden emisiones residuales que no se puedan eliminar de inmediato.
El punto central es que retirar carbono no permite posponer la reducción de emisiones. El informe afirma que la CDR será necesaria además de los recortes sostenidos, no en lugar de ellos. Además, solo podría contribuir de manera creíble a volver por debajo de 1,5 °C si el calentamiento máximo se mantiene muy por debajo de 2 °C y se reducen todas las emisiones residuales. Una promesa de captura futura no compensa automáticamente las emisiones presentes.
La retirada a gran escala plantea también cuestiones de gobernanza, integridad ambiental y equidad. El almacenamiento de carbono debe gestionarse de forma responsable y con marcos sólidos que permitan evaluar sus implicaciones. El material disponible no convierte la CDR en una solución única ni despeja todas las dificultades de su despliegue. Su contribución depende de cómo se aplique, de que el carbono permanezca almacenado y de que no debilite el esfuerzo principal de reducir las emisiones.
En ese sentido, la tecnología no elimina la dimensión política del problema. Decidir qué medidas se priorizan, quién asume sus costes y cómo se distribuyen los beneficios afecta a la legitimidad de la transición. Las respuestas que combinan mitigación y adaptación pueden ser especialmente valiosas, como las soluciones de enfriamiento basadas en la naturaleza señaladas en el informe. El diseño de las medidas importa tanto como su ambición.
Adaptarse a un clima que ya está cambiando
Reducir las emisiones limita el calentamiento futuro; adaptarse disminuye la vulnerabilidad ante los impactos que ya se producen, los previstos y los inesperados. El PNUMA plantea que ambos esfuerzos avancen juntos porque se refuerzan mutuamente. Las medidas de adaptación que se establezcan ahora constituyen la base de las futuras, pero no pueden quedarse ancladas en condiciones pasadas: deben responder a riesgos cambiantes, no lineales y de aparición súbita.
La adaptación tampoco debería diseñarse de forma que dificulte la mitigación. El informe advierte de que algunas respuestas pueden perjudicar los esfuerzos para reducir emisiones, por lo que es importante considerar los efectos de cada intervención en conjunto. La planificación debe tener en cuenta que una comunidad puede enfrentarse a riesgos distintos de los previstos y que los cambios en el clima pueden superar las expectativas iniciales. Prepararse para el impacto no significa aceptar que el calentamiento siga aumentando.
Hay, además, límites a la adaptación. Algunas pérdidas serán irreversibles y ciertas transformaciones obligarán a reorganizar la vida cotidiana, los medios de subsistencia o la relación de las comunidades con su territorio. El informe anticipa que algunas poblaciones podrían verse obligadas a trasladarse. Esas decisiones afectan a la justicia, al poder y a la legitimidad política; no son solo cuestiones técnicas que puedan resolverse con infraestructuras o nuevos planes.
Por ello, las instituciones que gestionen un futuro transformado tendrán que incluir a las comunidades afectadas y responder a las diferencias entre ellas. El desplazamiento y el cambio de medios de vida pueden abrir disputas sobre quién decide, quién recibe apoyo y quién carga con las consecuencias de una crisis a la que no todos han contribuido por igual. La adaptación necesita equidad para ser aceptada y efectiva.
El tiempo del sobrepaso todavía depende de las decisiones
El informe del PNUMA describe la trayectoria de sobrepaso, máximo y descenso como una nueva frontera de la acción climática, no como una licencia para aplazar los recortes. El mundo se acerca a rebasar el objetivo de 1,5 °C, pero la magnitud del pico y el tiempo que las temperaturas permanezcan por encima de él todavía dependen de la rapidez e intensidad de la acción colectiva. La oportunidad de limitar daños no equivale a una garantía de volver al umbral.
El escenario de descenso requiere reducciones inmediatas de gases de efecto invernadero, avances hasta las emisiones netas cero y, después, emisiones netas negativas respaldadas por una retirada de carbono responsable. A la vez, hacen falta medidas de adaptación para proteger a las personas ante los efectos presentes y futuros. Ninguna de esas piezas puede sustituir a las otras: la mitigación limita el problema, la adaptación afronta sus consecuencias y la gobernanza define cómo se distribuyen los esfuerzos.
Incluso si las temperaturas vuelven por debajo de 1,5 °C, el planeta no regresará necesariamente al estado anterior. Algunas comunidades habrán cambiado de lugar o de actividad, ciertos ecosistemas podrían haber sufrido daños duraderos y las sociedades tendrán que reajustarse. Esa es la razón por la que el objetivo conserva su importancia después de que su cumplimiento se vuelva más difícil: cada reducción del calentamiento puede significar menos exposición a daños que no se deshacen con una bajada posterior.
La pregunta de fondo ya no es únicamente si el límite se cruzará, sino qué altura alcanzará el pico, cuánto durará el exceso y qué decisiones se tomarán antes de que se cierre margen de actuación. La advertencia del PNUMA no ofrece un desenlace inevitable. Recuerda que el futuro climático seguirá siendo distinto según la velocidad con que se reduzcan las emisiones, y que la próxima generación no debería heredar una trayectoria que aún puede modificarse.

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