Síguenos

Salud

El calor extremo amenaza a más de 100 millones de personas en EE.UU.

El calor extremo golpea el centro de Estados Unidos: más de 100 millones están en riesgo, Texas roza los 40 grados y la red eléctrica sufre.

Foto del avatar

Publicado

el

calor extremo en una ciudad de EEUU

Resumen

  • Más de 100 millones están bajo riesgo mayor o extremo por calor
  • Texas roza los 40 grados y el centro del país concentra el peligro
  • El calor también tensiona la red eléctrica y agrava los incendios

Más de 100 millones de personas están expuestas este jueves a niveles de riesgo “mayor” o “extremo” por calor en Estados Unidos, en un episodio que castiga especialmente al centro y al medio oeste del país y que lleva a zonas de Texas a rozar los 40 grados Celsius. El escenario más delicado se concentra en Illinois, Indiana, Misuri y Kansas, aunque las condiciones peligrosas alcanzan también partes de Texas, Arkansas y Carolina del Norte.

El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos, el NWS, sitúa a 46,7 millones de habitantes en el nivel de riesgo extremo y a otros 71 millones en el nivel mayor. No es simplemente un mapa teñido de colores chillones. Son categorías que tienen en cuenta no solo cuánto sube el termómetro, sino cuánto se aparta la temperatura de lo habitual, cuánto dura el episodio y, algo decisivo, si las noches permiten recuperarse del calor acumulado.

La ola de calor alcanza su momento más crítico

La jornada del 3 de septiembre marca el punto más complicado del episodio. Buena parte del interior de Estados Unidos permanece atrapada bajo temperaturas anormalmente altas para estas fechas, con una extensa franja de riesgo que prácticamente atraviesa el país desde Colorado hasta Nueva York.

En Texas, donde el verano parece haberse olvidado de mirar el calendario, las máximas vuelven a acercarse a los 40 grados. Pero la temperatura del aire cuenta solo una parte de la historia. El índice de calor, que incorpora el efecto de la humedad sobre el cuerpo humano, puede alcanzar o superar los 40,5 grados durante los próximos días en las llanuras del sur y el bajo valle del Misisipi.

En el sur de Texas la sensación térmica puede llegar a unos 43,3 grados Celsius. A esa altura, la diferencia entre “hace mucho calor” y “hay riesgo para la salud” deja de ser semántica.

El NWS prevé que el número de personas sometidas a los niveles más altos disminuya progresivamente con la llegada del fin de semana. El alivio, sin embargo, será desigual: algunas partes del centro-sur estadounidense podrían seguir soportando calor peligroso hasta mediados de la próxima semana.

Qué significan realmente los niveles “mayor” y “extremo”

Conviene precisar una cosa. Los términos “mayor” y “extremo” pertenecen al sistema HeatRisk utilizado por el Servicio Meteorológico Nacional para representar el peligro potencial del calor. Complementan los avisos meteorológicos tradicionales; no son exactamente lo mismo que una alerta convencional por temperatura.

El nivel 3, representado en rojo y considerado de riesgo mayor, indica unas condiciones capaces de afectar a cualquier persona que no disponga de hidratación adecuada o refrigeración efectiva, aunque el peligro aumenta para mayores, niños, personas con determinadas enfermedades y quienes trabajan o hacen ejercicio al aire libre.

Cuando las noches dejan de refrescar

El nivel 4, de color magenta, es otra liga. Está reservado para episodios raros o prolongados en los que el calor persiste y existe poco o ningún alivio nocturno. Esa ausencia de descanso térmico importa mucho: el cuerpo pierde parte de su capacidad para recuperarse del estrés sufrido durante el día.

HeatRisk no mira únicamente la máxima prevista. Compara las temperaturas con lo normal para cada lugar y época del año, evalúa la duración del episodio y tiene en cuenta datos sanitarios sobre las consecuencias del calor.

Por eso una misma temperatura no representa idéntico riesgo en Phoenix, Chicago o Nueva York. El contexto manda. También en meteorología.

El peligro no desaparece al entrar en casa

Las autoridades recomiendan reducir la actividad física durante las horas centrales y primeras horas de la tarde, beber agua con frecuencia y buscar lugares con aire acondicionado cuando la vivienda no pueda mantenerse fresca.

El riesgo crece especialmente entre personas mayores que viven solas, pacientes con enfermedades crónicas, niños pequeños y trabajadores expuestos durante horas al exterior. También existe un peligro conocido pero obstinadamente repetido cada verano: dejar a menores o animales dentro de vehículos estacionados. Un coche cerrado puede convertirse en pocos minutos en una caja metálica abrasadora.

Otro factor complica estos episodios: la combinación de máximas elevadas con noches demasiado cálidas. Dormir con temperaturas altas reduce la recuperación fisiológica y alarga la exposición efectiva al calor durante varios días consecutivos. Es una de las razones por las que los meteorólogos observan con tanta atención las temperaturas mínimas, aunque tengan menos glamour informativo que un termómetro marcando 40 grados a media tarde.

El calor también aprieta a la red eléctrica

El episodio tiene consecuencias más allá de la salud. La demanda de electricidad se dispara cuando millones de viviendas y negocios mantienen funcionando durante horas los sistemas de climatización.

La presión llegó esta semana a algunas de las mayores redes eléctricas de Estados Unidos. PJM Interconnection, que abastece a unos 67 millones de personas en una extensa zona comprendida entre Washington y Chicago, elevó su nivel de emergencia y el Departamento de Energía autorizó recursos adicionales de generación para reducir el riesgo de cortes rotatorios.

También el operador Midcontinent Independent System Operator, que cubre partes de 15 estados, esperaba una demanda próxima a máximos históricos. El aire acondicionado deja entonces de ser simplemente una cuestión doméstica y se convierte en una pieza del equilibrio de todo el sistema eléctrico.

No significa que vaya a producirse necesariamente un apagón generalizado. Significa que la red dispone de menos margen para absorber averías o aumentos inesperados del consumo. Millones de termostatos funcionando a la vez pesan bastante más de lo que parece.

Un verano de récords que se resiste a terminar

El episodio de septiembre llega después de un verano especialmente duro. Julio de 2026 fue el mes más cálido registrado en los Estados Unidos contiguos desde el inicio de la serie histórica en 1895.

La temperatura media alcanzó los 76,9 grados Fahrenheit, unos 24,9 grados Celsius, situándose 3,3 grados Fahrenheit por encima de la media del siglo XX. El dato resulta todavía más significativo por las noches: las temperaturas mínimas medias de julio fueron las más altas observadas en los 132 años de registros.

Otra fuerte ola de calor alrededor de la festividad del 4 de julio dejó decenas de víctimas y numerosos récords diarios de temperatura en el este del país. Washington alcanzó 103 grados Fahrenheit, unos 39,4 grados Celsius, durante el Día de la Independencia, mientras distintas ciudades del corredor atlántico encadenaban máximas excepcionalmente elevadas.

Septiembre, por tanto, no inaugura un problema nuevo. Lo prolonga.

Sequía, incendios y un territorio cada vez más seco

El calor persistente también encuentra combustible, literalmente, en las condiciones secas de amplias regiones del país. Más de tres millones de hectáreas han ardido en Estados Unidos desde comienzos de 2026, con una temporada de incendios claramente por encima de la media reciente en superficie quemada.

El Centro Nacional Interagencial de Bomberos contabilizaba el 3 de septiembre más de 52.000 incendios forestales durante el año y decenas de grandes fuegos todavía activos. Texas figura entre los estados donde las altas temperaturas, la baja humedad y la vegetación seca mantienen elevado el riesgo.

Aquí aparece uno de los efectos menos vistosos, pero más importantes, de una ola de calor prolongada: no termina donde acaba la ciudad. Seca suelos y vegetación, eleva el consumo de agua, aumenta la demanda eléctrica y puede crear condiciones más favorables para que un incendio avance con rapidez.

Un septiembre que sigue oliendo a pleno verano

La gran alerta de calor estadounidense llega cuando buena parte del hemisferio norte empieza a pensar en el final del verano, pero el calendario administrativo y el meteorológico no siempre se hablan.

En Estados Unidos, más de 100 millones de personas permanecen bajo niveles elevados de riesgo y decenas de millones están expuestas a la categoría más severa. El pico inmediato puede empezar a retroceder durante el fin de semana, aunque el centro-sur seguirá vigilando temperaturas y sensaciones térmicas peligrosas durante varios días.

El dato central es sencillo: no se trata únicamente de alcanzar 40 grados. Importan la humedad, la duración, las noches sin descanso, la capacidad de refrigerar las viviendas y la exposición acumulada. Cuando todo eso coincide sobre una franja enorme del país, el calor deja de ser la incomodidad habitual del verano y empieza a comportarse como lo que realmente es: un riesgo meteorológico y sanitario de primer orden.

Newsletter

Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.