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¿Qué sanciones contra Rusia aprobó el Congreso y cómo afectan a Moscú?
El Congreso de EEUU eleva la presión sobre Rusia con sanciones a bancos y energía y aranceles que pueden alcanzar a compradores de crudo ruso.

Imagen: Diliff / dominio público, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- El Congreso de EEUU aprueba nuevas sanciones y aranceles contra Rusia
- El paquete apunta a bancos, energía y la flota rusa que esquiva sanciones
- Trump podrá gravar a grandes compradores de petróleo y gas ruso
Estados Unidos ha dado uno de sus pasos legislativos más relevantes contra Rusia desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. La Cámara de Representantes aprobó un amplio paquete de sanciones económicas y comerciales destinado a aumentar la presión sobre Moscú por la guerra en Ucrania. La votación terminó con 262 votos a favor y 159 en contra y la medida, que ya había superado el Senado, queda pendiente de la firma presidencial para convertirse en ley.
El alcance es considerable. La legislación apunta a bancos rusos, energía, deuda, inversiones, exportaciones y buques vinculados a la llamada flota en la sombra, además de abrir la puerta a aranceles contra países que continúen comprando grandes cantidades de petróleo y gas de Rusia. No es simplemente otra ronda de nombres añadidos a una lista de sancionados: el Congreso busca tocar los canales financieros y comerciales que permiten a Moscú seguir ingresando divisas.
El Congreso aprueba el gran paquete contra Rusia de la era Trump
La legislación lleva el nombre de Lindsey O. Graham Sanctioning Russia and Iran Act of 2026, en homenaje al senador republicano Lindsey Graham, que había impulsado la iniciativa. El Senado aprobó el proyecto el 7 de agosto por 86 votos frente a 11. La Cámara completó el recorrido parlamentario el 16 de septiembre con una mayoría más ajustada, aunque todavía claramente bipartidista.
En la Cámara, 58 demócratas apoyaron la propuesta junto a la mayoría republicana, mientras siete republicanos votaron en contra. Ese reparto muestra una coincidencia amplia sobre la conveniencia de mantener presión económica sobre Rusia, pero también diferencias importantes sobre cuánto poder comercial debe quedar en manos del presidente.
La Casa Blanca ya había respaldado formalmente el texto aprobado por el Senado. La Administración consideró que las nuevas herramientas podrían reforzar la capacidad de Trump para empujar a Rusia hacia una negociación, al tiempo que defendió que el presidente conservara un amplio margen para conceder exenciones y retirar sanciones si se alcanzara un acuerdo de paz.
Bancos, energía y altos cargos rusos quedan en el centro
El proyecto establece medidas contra personas relacionadas con el Gobierno ruso y sectores estratégicos de su economía. Entre los objetivos aparecen responsables políticos, financieros, militares y empresariales, junto a entidades relacionadas con defensa, energía y transporte. Las herramientas incluyen restricciones sobre propiedades sometidas a jurisdicción estadounidense y limitaciones de entrada en Estados Unidos.
En el ámbito financiero, la legislación abarca grandes instituciones rusas y permite alcanzar también a entidades extranjeras que realicen determinadas operaciones significativas con organizaciones sancionadas. Esa parte es especialmente sensible: un banco situado a miles de kilómetros de Moscú puede encontrarse ante el dilema de mantener ciertos negocios rusos o preservar su acceso al sistema financiero estadounidense.
La lógica de las llamadas sanciones secundarias es precisamente esa. Washington no intenta actuar únicamente dentro de Rusia; busca elevar el coste de colaborar desde terceros países con actividades que considera capaces de sostener la maquinaria económica rusa. Para empresas y bancos internacionales, la exposición a Estados Unidos suele pesar mucho. Bastante más que cualquier comunicado diplomático.
La energía vuelve a ocupar el corazón de las sanciones
El sector energético es uno de los ejes del paquete porque las exportaciones de hidrocarburos continúan siendo una fuente fundamental de ingresos para Rusia. La legislación amplía las herramientas disponibles contra operaciones relacionadas con petróleo, gas y otros productos energéticos rusos y contra quienes faciliten determinadas transacciones.
El objetivo político declarado por los promotores es reducir los recursos que Moscú puede utilizar para financiar la guerra en Ucrania. La diferencia respecto a medidas más convencionales está en que el texto intenta actuar también sobre los compradores y los intermediarios. Ahí el mapa deja de ser ruso y se vuelve global.
La flota en la sombra entra de lleno en el punto de mira
Otro frente es marítimo. Las nuevas facultades permiten perseguir buques utilizados para transportar petróleo y otras mercancías rusas cuando se considere que participan en mecanismos destinados a eludir las sanciones internacionales. La denominada flota en la sombra se ha convertido durante la guerra en una pieza relevante para mantener parte del comercio energético ruso pese a las restricciones occidentales.
El alcance no termina necesariamente en el casco del barco. Operadores, propietarios y otras empresas vinculadas a esas operaciones pueden quedar expuestos a medidas estadounidenses. El sistema busca complicar todo el engranaje: financiación, seguros, transporte y comercialización. Una red de tuberías financieras, en cierto modo, alrededor de los propios oleoductos.
Hasta un 100 % de arancel para grandes compradores de energía rusa
La disposición con mayor capacidad para extender los efectos fuera de Rusia es la autorización concedida al presidente para imponer aranceles de hasta el 100 % a determinados grandes compradores de petróleo y gas ruso. Entre los países que aparecen en el debate están China e India por su peso en las importaciones energéticas procedentes de Rusia.
Hay una precisión importante. La aprobación de la ley no significa que China, India u otro país reciba automáticamente mañana un arancel del 100 %. El texto concede facultades a la Administración estadounidense y establece criterios para utilizarlas. La intensidad real dependerá de las decisiones que adopte Trump, de los países identificados y de las posibles exenciones por interés nacional.
Eso convierte los aranceles en algo más que una sanción rusa. También pueden transformarse en una herramienta dentro de las relaciones comerciales de Washington con grandes economías asiáticas. Una compra de crudo realizada entre Rusia y un tercer Estado podría acabar encareciendo sus exportaciones al mercado estadounidense. Ese es, precisamente, el efecto de presión buscado.
El comercio directo con Rusia también queda expuesto
El proyecto contempla igualmente fuertes medidas arancelarias sobre determinadas importaciones procedentes directamente de Rusia y refuerza las restricciones sobre sectores estratégicos. El mensaje económico es bastante transparente: hacer más caro comerciar con Moscú y, al mismo tiempo, aumentar el riesgo para quienes ayudan a mantener abiertas determinadas rutas comerciales.
Pero la cifra máxima prevista en una legislación no equivale necesariamente a la tarifa que terminará aplicándose en cada caso. Entre la norma y la aduana queda un espacio considerable de decisión ejecutiva. Y en ese espacio estará buena parte de la verdadera dimensión económica del paquete.
Trump conserva bastante margen para decidir cómo aplicarlas
La ley concede al presidente capacidad para introducir exenciones cuando considere que responden al interés nacional de Estados Unidos. Esta flexibilidad fue uno de los elementos valorados positivamente por la propia Casa Blanca, que respaldó el proyecto y defendió la posibilidad de terminar sanciones tras un eventual acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania.
Algunos dirigentes demócratas de la Cámara, en cambio, expresaron preocupación por la amplitud de los poderes arancelarios y por la capacidad presidencial para modular las medidas. Esa fue una de las razones de la oposición de parte del grupo demócrata, aunque otros 58 representantes del partido terminaron votando a favor.
Las dos cuestiones no son contradictorias. El Congreso entrega nuevas armas económicas al Ejecutivo y, precisamente por eso, la dureza efectiva dependerá de cómo se utilicen. Sobre el papel hay sanciones, tarifas y restricciones potentes. En la práctica, importarán tanto los porcentajes aplicados como las excepciones concedidas.
Ucrania y un posible acuerdo de paz también aparecen en la ley
El paquete no concibe las sanciones como necesariamente permanentes. La Administración podría avanzar hacia su retirada bajo las condiciones previstas si existe un acuerdo de paz aceptado por el Gobierno ucraniano y cesan determinadas hostilidades. La propia Casa Blanca destacó esta capacidad de terminar las medidas después de un acuerdo.
Ucrania había presionado a favor de la legislación durante su recorrido por el Capitolio. El presidente Volodímir Zelenski respaldó públicamente la aprobación de nuevas herramientas de presión económica sobre Moscú, mientras sus defensores en Washington sostenían que reducir los ingresos rusos podría mejorar la posición negociadora de Kiev.
El paquete incluye también medidas relacionadas con Irán
Aunque Rusia concentra la atención, la legislación incluye asimismo disposiciones relativas a Irán. Entre ellas figura una extensión de cinco años de la Iran Sanctions Act, un elemento que la Administración Trump señaló expresamente entre las razones para apoyar el proyecto.
La combinación no es casual desde el punto de vista legislativo: permite reunir en una misma norma distintos instrumentos de presión económica y exterior. Rusia domina el contenido político del momento, pero el nombre completo del texto —Russia and Iran Act— recuerda que Washington está moviendo varias piezas a la vez.
La verdadera prueba llegará cuando las sanciones empiecen a aplicarse
Con el voto de la Cámara, el trabajo del Congreso sobre este paquete queda prácticamente completado y la decisión inmediata pasa a Donald Trump. El Senado ya había dado su aprobación por 86 votos a 11 y la Administración había anticipado su respaldo a la versión resultante.
Sobre el papel, el radio de acción es amplio: bancos, funcionarios, energía, transporte marítimo, intermediarios extranjeros y grandes compradores de hidrocarburos rusos pueden quedar afectados. Pero aprobar una caja de herramientas no es lo mismo que utilizar todas sus llaves. El impacto real dependerá de qué sanciones active Washington, con qué intensidad y qué excepciones conceda. Ahí se medirá hasta dónde llega el nuevo pulso económico de Estados Unidos con Rusia.

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