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¿Por qué Rubiales culpa a Sánchez por la apertura del Mundial 2030?

Rubiales acusa a Sánchez por el Mundial 2030 mientras FIFA mantiene abierta la pelea por la final y España protege su peso dentro del torneo.

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el caso Rubiales

Luis Rubiales ha vuelto al centro del debate futbolístico con una acusación directa contra Pedro Sánchez. El expresidente de la Real Federación Española de Fútbol sostiene que España tenía previsto organizar el partido inaugural del Mundial 2030 y que ese escenario se deshizo cuando cambió el diseño político y deportivo de la candidatura, con la incorporación de Uruguay, Argentina y Paraguay a la celebración del centenario. Su diagnóstico tiene pocos matices: responsabiliza al presidente del Gobierno y también a Gianni Infantino.

Hay, sin embargo, una diferencia importante entre lo que Rubiales asegura que estaba pactado durante las negociaciones y lo que figura oficialmente en los documentos de la FIFA. A 8 de agosto de 2026, el organismo internacional no ha confirmado que España tuviera adjudicado en firme un único partido inaugural y después lo perdiera. FIFA establece tres encuentros conmemorativos en Sudamérica y sitúa posteriormente la ceremonia y los partidos oficiales de apertura entre el 13 y el 14 de junio de 2030 en Marruecos, Portugal y España. Ese matiz cambia bastante la fotografía.

Rubiales culpa a Sánchez por el cambio del Mundial 2030

La versión de Rubiales parte de las conversaciones que dieron forma al proyecto muchos años antes de que FIFA aprobara definitivamente el Mundial. Según ha explicado, la candidatura comenzó a gestarse en 2018 entre España y Portugal y desde muy pronto quedó claro que los votos europeos podían no bastar para imponerse en la carrera internacional.

Marruecos aparecía ahí como una pieza decisiva. No solo por aportar otro país al proyecto, sino por su capacidad para atraer apoyos africanos. Rubiales sostiene que el reparto que manejaban entonces reservaba para España el partido inaugural, la final, una semifinal y uno o dos encuentros de cuartos de final. Era, en su relato, el país que llevaba la locomotora mientras Portugal y Marruecos completaban un proyecto diseñado alrededor del peso español.

La situación cambió cuando FIFA decidió convertir el Mundial 2030 en una celebración mucho más singular: seis países, tres continentes y una especie de prólogo sudamericano para conmemorar los cien años de la primera Copa del Mundo, disputada en Uruguay en 1930.

Rubiales sostiene que Sánchez aceptó aquel nuevo formato junto a Infantino y que con ello España perdió la inauguración que él consideraba asegurada. Acusa al presidente de haber actuado con “afán de protagonismo” y de anunciar una fórmula distinta de aquella sobre la que había trabajado la Federación durante su mandato.

Aquí conviene separar el bisturí de la brocha gorda. Que Rubiales afirme que existía ese acuerdo previo no significa que FIFA hubiese adjudicado oficialmente y de manera definitiva la apertura a España. La decisión publicada por el organismo internacional contempló desde 2023 la celebración del centenario en Uruguay, Argentina y Paraguay.

Qué dice realmente la FIFA sobre el partido inaugural

El calendario preliminar explica bastante bien el pequeño laberinto semántico. Los días 8 y 9 de junio de 2030 están previstos los actos del centenario y los primeros partidos de Uruguay, Argentina y Paraguay en sus respectivos países. Varios días después, el 13 y el 14 de junio, llegarán la ceremonia y los encuentros de apertura de la fase principal del torneo.

FIFA utiliza deliberadamente el plural al hablar de esos “partidos de apertura” y los sitúa en los tres anfitriones principales: España, Portugal y Marruecos. No aparece actualmente una designación oficial que diga que un estadio marroquí, portugués o español vaya a quedarse con un único encuentro inaugural equivalente al modelo tradicional de anteriores Mundiales.

De ahí nace una parte del choque. Rubiales habla del diseño que, según él, había negociado antes de abandonar la presidencia de la RFEF. FIFA habla del formato finalmente aprobado. Son dos capas de una misma historia, pero no exactamente la misma cosa.

Lo que sí resulta indiscutible es que el Mundial terminó siendo muy diferente del proyecto inicial. Tendrá 101 partidos en España, Portugal y Marruecos, más los tres encuentros del centenario en Sudamérica. Un campeonato pensado originalmente alrededor de la península ibérica acabó cruzando el estrecho de Gibraltar y después el Atlántico. Para los mapas queda espectacular; para la sencillez organizativa, quizá no tanto.

La pelea importante se ha trasladado a la final

La discusión sobre la apertura llega, además, en un momento bastante oportuno. El verdadero combate institucional de 2026 no está tanto en el primer encuentro como en el último: la final del Mundial 2030.

España quiere organizarla y Marruecos también. El Santiago Bernabéu, el Camp Nou y el futuro estadio Hassan II de Casablanca aparecen como los grandes candidatos. Rafael Louzán, presidente de la RFEF, llegó a afirmar en enero que la final se disputaría en España, pero aquella declaración no equivalía a una adjudicación de FIFA. El organismo internacional conserva la última palabra.

La tensión aumentó esta semana después de que varias informaciones atribuyeran a Infantino una supuesta oferta a Marruecos para concederle la final a cambio de respaldo africano. FIFA lo ha negado expresamente y asegura que la decisión sobre la sede se adoptará cuando corresponda. La RFEF tampoco ha confirmado que exista semejante acuerdo. Por ahora, por tanto, Casablanca no tiene adjudicada la final, pero tampoco Madrid o Barcelona pueden enseñarnos todavía las llaves del estadio.

Rubiales ha llevado su posición mucho más lejos. Considera que España debería abandonar la organización si finalmente tampoco recibe ese partido. Su razonamiento es que, después de perder la inauguración que él daba por pactada, quedarse también sin la final convertiría al principal socio del proyecto en una suerte de anfitrión de lujo para los partidos intermedios.

Es una posición política y deportiva de Rubiales, no una obligación contractual conocida. España continúa oficialmente como coorganizadora del Mundial 2030 junto con Portugal y Marruecos, y FIFA mantiene intacto ese esquema.

España sigue teniendo el mayor peso del proyecto

La discusión no significa que España haya sido arrinconada del torneo. El país continúa ocupando una posición central dentro de la organización y presenta el mayor número de estadios. La propia Administración española ha señalado que España será la sede principal, con 11 estadios inicialmente previstos, frente a seis de Marruecos y tres de Portugal.

También existe un factor deportivo difícil de ignorar. España llegará al ciclo del Mundial 2030 después de proclamarse campeona del mundo en 2026 y dispone de estadios, comunicaciones, experiencia turística y competiciones profesionales capaces de sostener una parte enorme del campeonato. El problema no está en si habrá Mundial en España. Lo habrá. La batalla es por los símbolos: quién abre la fiesta, quién organiza las semifinales decisivas y, especialmente, quién baja el telón con la final.

El Partido Popular ha entrado también en la discusión y ha pedido al Gobierno que defienda institucionalmente que ese último partido se dispute en territorio español. La petición llega mientras FIFA todavía no ha decidido la sede, pese al ruido de las últimas jornadas y a las informaciones que apuntaban a Casablanca.

Marruecos ya no es un invitado secundario

Otra parte interesante de las palabras de Rubiales está en su descripción de Marruecos. El antiguo presidente federativo asegura que el país norteafricano se incorporó al proyecto sabiendo que España ejercería de principal motor. Esa jerarquía, si alguna vez estuvo tan definida como sostiene, resulta bastante menos evidente en 2026.

Marruecos ha hecho del Mundial una apuesta de Estado. Está desarrollando infraestructuras, construye el gigantesco estadio Hassan II cerca de Casablanca y ha aumentado su influencia dentro del fútbol internacional. FIFA, además, abrió su oficina para África en Rabat, una decisión que simboliza la creciente importancia del país dentro del tablero futbolístico continental.

España aporta más sedes; Marruecos aspira a los partidos de mayor escaparate. Ahí está buena parte de la fricción. Porque organizar nueve, diez u once estadios supone inversiones, seguridad, transportes y una factura considerable, mientras la final concentra en 90 minutos una visibilidad mundial difícil de comparar con cualquier otro encuentro.

Portugal aparece bastante menos en esta pelea. Forma parte del Mundial, tendrá partidos relevantes y mantiene su peso institucional, pero la pugna por la final se ha convertido esencialmente en un España-Marruecos jugado cuatro años antes de tiempo, con FIFA de árbitro y demasiados despachos alrededor del césped.

Qué está confirmado y qué sigue siendo una disputa política

Lo comprobable, a 8 de agosto de 2026, es bastante más sencillo que el ruido político. España, Portugal y Marruecos organizarán conjuntamente el Mundial 2030. Argentina, Paraguay y Uruguay disputarán un partido cada uno dentro de los actos del centenario. La fase principal tendrá sus encuentros de apertura posteriormente en los tres anfitriones principales. Y la sede de la final todavía no ha sido anunciada oficialmente por FIFA.

Lo demás pertenece, por ahora, al terreno de las negociaciones pasadas, las presiones actuales y las distintas versiones de sus protagonistas.

Rubiales afirma que España tenía garantizada una posición mucho más dominante y que Sánchez e Infantino alteraron aquel equilibrio. FIFA no ha certificado públicamente ese supuesto reparto previo. Tampoco existe evidencia oficial de que Pedro Sánchez haya entregado a Marruecos la final, del mismo modo que tampoco existe todavía una decisión definitiva que asegure el Bernabéu o el Camp Nou.

Ese es el núcleo del asunto. Rubiales ha abierto una batalla sobre quién perdió qué, cuando FIFA todavía mantiene algunas de las piezas más codiciadas encima de la mesa.

El Mundial 2030 entra en su fase más política

A cuatro años del torneo, los goles todavía quedan lejos y los despachos empiezan a jugar su propio campeonato. España mantiene un enorme peso en la organización, Marruecos quiere convertir su creciente influencia en grandes partidos y Portugal contempla una pugna en la que cada gesto adquiere dimensión diplomática con bastante facilidad.

Rubiales ha colocado a Pedro Sánchez en el centro del relato al responsabilizarlo de que España no conserve el modelo de Mundial que él asegura haber negociado. Su versión explica una parte de las tensiones internas de la candidatura, pero no convierte en oficial aquello que FIFA nunca ha publicado como adjudicación definitiva.

La apertura del Mundial 2030 será peculiar, repartida entre el homenaje sudamericano y los anfitriones de Europa y África. La final, en cambio, sigue esperando dueño. Y probablemente sea ahí, más que en cualquier discusión retrospectiva, donde se mida cuánto poder conserva realmente España dentro del Mundial que ayudó a construir.

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