Ciencia
¿Por qué China abre al mundo la tecnología de sus reactores HTGR?
China abre al mundo su experiencia en reactores HTGR, una tecnología nuclear de alta temperatura con aplicaciones eléctricas e industriales.

Imagen: Bruce McAllister / U.S. National Archives and Records Administration, dominio público, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- China compartirá con el OIEA su experiencia en reactores nucleares HTGR
- Los HTGR producen electricidad y calor industrial a muy alta temperatura
- El HTR-PM de Shidaowan opera comercialmente en China desde 2023
China ha decidido convertir uno de sus avances nucleares más singulares en una plataforma de cooperación internacional. La corporación nuclear china y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) han firmado en Viena un acuerdo centrado en los reactores refrigerados por gas de alta temperatura, conocidos por las siglas HTGR, una tecnología capaz de producir electricidad pero, sobre todo, calor industrial a temperaturas mucho mayores que las habituales en una central nuclear convencional.
El pacto abarca la investigación, diseño, construcción, puesta en marcha y operación de estas instalaciones, junto con ámbitos menos vistosos pero decisivos, como las cadenas de suministro y la formación de especialistas. Dicho de otra manera: China abre una parte de la experiencia industrial acumulada durante décadas para que pueda ser aprovechada en proyectos internacionales bajo el paraguas del OIEA. No significa que Pekín vaya a empezar a colocar reactores chinos por medio planeta la semana que viene.
Hay una razón para que esta tecnología despierte interés. Mientras buena parte de la energía nuclear comercial trabaja esencialmente para producir electricidad, un HTGR puede entregar calor a muy alta temperatura. Y ahí cambia el tablero: refinerías, química, fabricación de combustibles, producción de hidrógeno o suministro de vapor industrial podrían sustituir parte del carbón y del gas que todavía queman para obtener ese calor.
China lleva décadas trabajando en los reactores HTGR
El movimiento no ha aparecido de la nada. China empezó su programa de investigación en reactores de alta temperatura durante los años setenta y posteriormente desarrolló el HTR-10, un pequeño reactor experimental de 10 MW térmicos vinculado a la Universidad de Tsinghua. El Gobierno aprobó su construcción en 1992; alcanzó su primera criticidad en 2000 y llegó a plena potencia en 2003.
Aquella máquina era, en esencia, un laboratorio donde comprobar si la teoría sobrevivía al mundo real. Durante años permitió estudiar materiales, combustible, circulación del helio y comportamiento del núcleo en situaciones anómalas. De ahí nació un proyecto considerablemente más ambicioso: el HTR-PM de Shidaowan, en la provincia de Shandong.
La central china entró en operación comercial en diciembre de 2023. Su configuración resulta peculiar incluso para quien esté acostumbrado a ver reactores: utiliza dos módulos de aproximadamente 250 MW térmicos cada uno que alimentan una única turbina de unos 210 MW eléctricos. El refrigerante no es agua, sino helio, y el grafito cumple la función de moderador.
Es uno de esos casos en los que una tecnología lleva décadas siendo “la nuclear del futuro” hasta que alguien acaba construyéndola a escala industrial. China lo hizo.
Cómo funciona un reactor nuclear refrigerado por gas
En una central nuclear convencional de agua ligera, el calor generado por la fisión se transporta utilizando agua. En un HTGR, el núcleo calienta helio a temperaturas que pueden rondar los 750 °C. Ese gas transfiere posteriormente su energía para producir vapor, electricidad o calor aprovechable directamente por procesos industriales.
El helio tiene algunas propiedades especialmente útiles. Es químicamente inerte y permanece en estado gaseoso dentro de las condiciones normales de funcionamiento del reactor. No hierve como el agua ni desencadena determinadas reacciones químicas asociadas a otros refrigerantes.
Pero quizá lo más llamativo está dentro del propio núcleo.
Las pequeñas esferas que sustituyen a las barras de combustible
El HTR-PM chino emplea un diseño de lecho de bolas, conocido en inglés como pebble bed. En lugar de las tradicionales barras de combustible, el núcleo contiene cientos de miles de esferas de unos seis centímetros de diámetro.
Cada una alberga miles de diminutas partículas de combustible encapsuladas en varias capas cerámicas. Es el denominado combustible TRISO, diseñado para conservar los productos de fisión incluso bajo temperaturas extremadamente elevadas. Es casi una muñeca rusa nuclear: combustible dentro de recubrimientos microscópicos, esos recubrimientos dentro de una matriz de grafito y todo ello dentro de una esfera mayor.
La idea no consiste simplemente en fabricar un combustible más resistente. La geometría del reactor, su baja densidad de potencia y los materiales empleados buscan que parte de la seguridad dependa de fenómenos físicos pasivos, no exclusivamente de bombas, motores y sistemas eléctricos.
China realizó ensayos en los módulos del HTR-PM interrumpiendo la transferencia normal de energía y observó cómo el sistema reducía su potencia y disipaba el calor sin recurrir al sistema convencional de refrigeración de emergencia del núcleo. Eso no convierte al reactor en indestructible —la física no concede semejantes diplomas—, pero explica por qué la seguridad inherente y pasiva es uno de los principales argumentos tecnológicos de los HTGR.
El verdadero premio no está solo en producir electricidad
Aquí aparece la diferencia que puede decidir el futuro comercial de estos reactores. Generar electricidad con fisión nuclear es algo conocido desde hace más de siete décadas. El problema pendiente está en otro lugar: descarbonizar el enorme consumo de calor de la industria.
Una siderurgia, una refinería o una instalación química no necesita únicamente electrones circulando por un cable. Necesita vapor y temperaturas elevadas, a veces durante las 24 horas del día. Actualmente una buena parte de ese calor procede directamente de combustibles fósiles.
Los HTGR pretenden entrar precisamente en ese territorio. El reactor de demostración chino puede trabajar con una temperatura de salida del helio cercana a 750 °C, suficiente para numerosas aplicaciones industriales. Diseños posteriores aspiran a temperaturas todavía mayores, acercándose al entorno de los 950 °C requerido por determinados procesos de producción de hidrógeno.
Eso permite imaginar complejos donde un reactor produzca simultáneamente electricidad y vapor industrial. No hace falta imaginar demasiado, en realidad: China ya ha empezado a construirlos.
En enero de 2026 comenzó la construcción del proyecto nuclear de Xuwei, en Jiangsu, concebido para combinar reactores convencionales de agua a presión con tecnología de alta temperatura y suministrar energía principalmente a instalaciones industriales. El proyecto está planteado para superar los 35 millones de toneladas anuales de vapor industrial cuando esté terminado.
Es una aplicación menos fotogénica que una gigantesca torre de refrigeración, pero posiblemente mucho más importante. Una tubería de vapor entrando en un complejo petroquímico puede ahorrar enormes cantidades de gas o carbón sin que el consumidor vea absolutamente nada.
Qué ha acordado China con el OIEA
El acuerdo fue firmado el 14 de septiembre de 2026 en Viena, coincidiendo con la apertura de la 70.ª Conferencia General del OIEA. La colaboración contempla intercambios sobre investigación y desarrollo, ingeniería, construcción, puesta en marcha, operación, cadena de suministro y formación de personal especializado.
La diferencia importa. China no ha liberado sus planos nucleares ni ha cedido automáticamente su tecnología a cualquier país interesado. El pacto establece un marco de cooperación y difusión de experiencia técnica. Tampoco equivale a un contrato para construir reactores HTGR chinos en el extranjero.
Para Pekín, sin embargo, tiene un evidente valor industrial. Haber construido y operado una instalación comercial coloca a sus empresas en una posición distinta frente a países que todavía desarrollan reactores avanzados sobre el papel, en instalaciones experimentales o mediante proyectos que aún esperan licencia y financiación.
El OIEA, por su parte, lleva años trabajando en la armonización técnica y en el intercambio de conocimientos sobre reactores modulares y tecnologías avanzadas. Incorporar la experiencia operativa china permite estudiar no solo el reactor, sino el proceso mucho menos glamuroso —y bastante más complicado— de fabricar combustible, certificar componentes, formar operadores y convencer a un regulador nuclear.
La carrera mundial por los reactores avanzados
China tampoco juega sola. Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y otros países mantienen programas de reactores refrigerados por gas, microreactores o tecnologías que utilizan combustible TRISO. En Estados Unidos, por ejemplo, se está ampliando la capacidad industrial para fabricar este tipo de combustible avanzado.
La ventaja china es otra: dispone de un HTGR conectado a la red y en explotación comercial desde 2023. Pasar del prototipo al reactor que produce energía durante meses parece una diferencia pequeña escrita sobre el papel. Para la industria nuclear es un barranco.
Eso tampoco garantiza una expansión masiva. Los reactores avanzados siguen enfrentándose a interrogantes sobre costes, fabricación de componentes, combustible y regulación, además de su capacidad para competir con grandes reactores convencionales, renovables, almacenamiento y centrales de gas. Las ventajas técnicas no pagan por sí mismas una central de varios miles de millones.
Y hay otra dificultad. Para aprovechar realmente las altas temperaturas, el reactor suele tener que integrarse con una instalación industrial. Una central eléctrica puede enviar energía a cientos de kilómetros por la red; transportar enormes cantidades de calor industrial es mucho menos sencillo. La geografía vuelve a mandar.
Una tecnología nuclear que busca salir de la central
El acuerdo con el OIEA señala algo más profundo que una colaboración institucional. China está intentando convertir décadas de investigación nuclear en una tecnología industrial exportable como conocimiento, estándares y capacidad de ingeniería, antes incluso de hablar de vender centrales completas.
Los HTGR no sustituyen automáticamente a los reactores actuales ni resuelven todos los inconvenientes de la energía nuclear. Su atractivo está en otro sitio: pueden llevar la fisión hacia sectores donde la electricidad renovable, por abundante que sea, no siempre resulta suficiente por sí sola.
Ahí está la apuesta china. No solamente producir megavatios para la red, sino hacer que un reactor entregue vapor, calor e hidrógeno a la industria pesada. Una central nuclear dejando de ser únicamente una fábrica de electricidad para convertirse en una gigantesca caldera sin combustión fósil.
Durante medio siglo esa posibilidad circuló entre laboratorios, congresos y diseños experimentales. China ya tiene una instalación comercial funcionando y acaba de abrir una puerta para compartir lo aprendido. En tecnología nuclear, donde una década puede parecer una tarde, no es precisamente un detalle menor.












