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¿Qué hará Sánchez en la reunión con ministros por la crisis de Ceuta?

Sánchez reúne a sus ministros por la crisis de Ceuta, con miles de migrantes aún en la ciudad, menores desbordados y presión sobre Marruecos.

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Sánchez promete justicia y medidas

Pedro Sánchez presidirá este viernes una reunión de coordinación por videoconferencia para analizar la situación en Ceuta, una semana después de la entrada masiva de migrantes desde Marruecos que desbordó durante horas la frontera y dejó una emergencia humanitaria cuya dimensión todavía se está precisando. El presidente reunirá a los responsables de Interior, Defensa, Migraciones y Exteriores mientras permanece en La Mareta, Lanzarote, donde pasa parte de sus vacaciones.

El encuentro llega cuando la primera avalancha ya ha remitido, pero los problemas que dejó detrás siguen ahí. Las autoridades españolas han situado en unos 72.000 los migrantes que llegaron a Ceuta, frente a los aproximadamente 40.000 contabilizados por Marruecos. La mayor parte de los adultos ha regresado al país vecino, aunque el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, calcula que todavía permanecen en la ciudad entre 3.000 y 5.000 personas. Hay también alrededor de 1.100 menores extranjeros no acompañados, un asunto mucho más complejo jurídicamente porque no pueden ser devueltos de manera automática.

Sánchez reúne a Interior, Defensa, Migraciones y Exteriores

En la videoconferencia estarán la ministra de Defensa, Margarita Robles; el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, y el secretario de Estado de Asuntos Exteriores y Globales, Diego Martínez Belío. Este último participará en sustitución del ministro José Manuel Albares, desplazado fuera de España.

No se ha anunciado de antemano un nuevo paquete concreto de medidas. La finalidad comunicada es coordinar la actuación del Gobierno ante una crisis que, después del impacto inicial, se ha dividido en varios frentes: seguridad fronteriza, atención humanitaria, identificación de migrantes, menores, devoluciones y relaciones con Marruecos.

Y ahí está precisamente la dificultad. Una videoconferencia puede ordenar teléfonos, competencias y decisiones administrativas; no hace desaparecer una frontera de ocho kilómetros ni resuelve de golpe una relación con Rabat que, como España conoce desde hace años, tiene la delicadeza de una copa apoyada en el borde de una mesa.

Ceuta sigue soportando las consecuencias de la entrada masiva

El episodio de los días 30 y 31 de julio fue excepcional incluso para una ciudad acostumbrada a vivir con la presión migratoria a pocos metros de sus calles. Reuters informó inicialmente de más de 50.000 cruces y de 57 fallecidos confirmados. Los balances posteriores elevaron tanto la estimación de entradas como la de víctimas: Vivas señaló este jueves ante el Parlamento Europeo que alrededor de 100 personas habrían muerto durante la crisis. Las cifras, por tanto, no están completamente cerradas y deben manejarse como provisionales.

Buena parte de quienes entraron regresó después a Marruecos. Pero que las calles recuperen cierta normalidad no significa que Ceuta haya vuelto a la casilla anterior. Quedan personas sin alojamiento estable, instalaciones de acogida sometidas a una enorme presión y una administración local que reclama más recursos para una ciudad de apenas unos 85.000 habitantes.

Antes incluso del gran episodio, el CETI de Ceuta había alcanzado su capacidad y cientos de personas esperaban fuera. A finales de julio, la propia ciudad ya denunciaba que su sistema para menores estaba extraordinariamente sobreocupado. Es decir, la avalancha no cayó sobre una estructura vacía esperando ser utilizada; cayó sobre un sistema de acogida que ya iba con el agua por las rodillas.

Los menores se convierten en el asunto más difícil

La situación de los menores no acompañados será inevitablemente uno de los asuntos centrales de las próximas decisiones. Marruecos ha comunicado su disposición a colaborar con España y otros países europeos para identificar y facilitar el retorno de menores marroquíes.

Eso no significa que puedan ser embarcados de vuelta sin más. La legislación obliga a estudiar individualmente cada caso y a garantizar que una eventual repatriación respete el interés superior del menor, incluida la existencia de familiares o estructuras de protección adecuadas en el país de origen.

España dispone además de un mecanismo para trasladar menores desde territorios cuya capacidad de acogida se encuentra desbordada hacia otras comunidades autónomas. Ceuta ya estaba considerada territorio en contingencia migratoria, y el Gobierno había actualizado en junio la capacidad ordinaria de acogida de las comunidades para aplicar ese sistema.

Marruecos vuelve a ocupar el centro del tablero

La cooperación con Rabat será otra pieza decisiva. Bruselas ha reconocido abiertamente una vulnerabilidad incómoda: una frontera exterior europea no puede depender exclusivamente de la voluntad de un país tercero. El comisario europeo de Interior y Migraciones, Magnus Brunner, ha planteado incluso utilizar instrumentos comerciales y de visados para reforzar la cooperación marroquí en materia de control fronterizo y readmisiones.

Aquí conviene separar hechos de sospechas. Durante estos días se ha acusado a Marruecos de haber permitido deliberadamente la entrada masiva como instrumento de presión contra España. Es una hipótesis políticamente explosiva, más aún después del precedente de Ceuta de 2021, pero no existen pruebas concluyentes que permitan afirmar que Rabat organizó la oleada de julio de 2026.

También ha circulado una cantidad considerable de información falsa y explicaciones sin demostrar alrededor de la crisis. Las autoridades marroquíes terminaron actuando contra los intentos de cruce, mientras España y Marruecos colaboraron posteriormente en el retorno de miles de adultos.

Redes sociales, rumores y una sentencia mal interpretada

Sí existe un elemento concreto que ayuda a entender la rapidez con la que se propagaron los intentos de entrada: las redes sociales. Mensajes en Instagram, TikTok y Facebook difundieron mapas, supuestas rutas seguras y afirmaciones engañosas sobre la posibilidad de llegar a Ceuta sin ser devuelto. Algunos de esos contenidos presentaban cambios legales españoles como si prácticamente hubieran abierto la frontera. No era cierto.

Detrás estaba, en parte, una sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio. El alto tribunal estableció que el procedimiento excepcional de rechazo en frontera —las conocidas como devoluciones en caliente— no puede aplicarse automáticamente a quien intenta alcanzar Ceuta o Melilla a nado y es interceptado en el mar.

La sentencia no concede residencia, asilo ni derecho a permanecer en España. Lo que determina es que esas personas deben someterse al procedimiento ordinario de devolución, con las garantías legales correspondientes. La diferencia jurídica parece pequeña escrita sobre papel; convertida en un vídeo viral que promete una puerta abierta a Europa, puede transformarse en otra cosa muy distinta.

La crisis de Ceuta ya tiene dimensión europea

Lo ocurrido ha cruzado rápidamente el Estrecho y llegado a Bruselas. La magnitud de las entradas provocó tensiones entre España y varios socios de la Unión Europea, además de un debate sobre la política migratoria española y la capacidad real de la UE para proteger sus fronteras exteriores.

La Comisión Europea ha planteado reforzar el apoyo destinado al control fronterizo y la cooperación con Marruecos. Al mismo tiempo, el caso de Ceuta ha expuesto una contradicción conocida, aunque pocas veces tan visible: Europa quiere fronteras sólidas pero una parte de su arquitectura migratoria depende de países vecinos cuya colaboración responde también a sus propios intereses diplomáticos.

Sánchez llega a la reunión, por tanto, con bastante más sobre la mesa que una cuestión policial. Tendrá que encajar la presión sobre Ceuta, las obligaciones de protección de los menores, las relaciones con Marruecos, las demandas de mayor control fronterizo y una discusión europea que se ha endurecido notablemente en materia migratoria.

Ceuta afronta ahora la parte menos visible de la crisis

Las imágenes más espectaculares duran unas horas: personas entrando por el mar, carreras junto a la frontera, policías, soldados, ambulancias. Después llega la administración. Y suele durar bastante más.

La prioridad inmediata del Gobierno es recuperar una situación estable en Ceuta, atender a quienes todavía permanecen allí y determinar qué procedimientos corresponden en cada caso. Al mismo tiempo, deberá reforzar la capacidad de respuesta ante posibles nuevos intentos masivos y concretar con Marruecos cómo funcionará la cooperación fronteriza después de una semana que ha dejado demasiadas grietas a la vista.

La reunión presidida por Pedro Sánchez no significa que vaya a anunciarse este viernes una solución definitiva. La Moncloa, de hecho, no ha adelantado ninguna. Pero sí muestra que la crisis de Ceuta ha dejado de ser el sobresalto de unas horas para convertirse en un problema político, diplomático y humanitario de primera magnitud. La frontera está más tranquila. La crisis, todavía no.

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