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¿Por qué Ayuso niega que el ático de 6,3 millones fuera para ella?
Ayuso niega que el ático de lujo fuera para ella, pero la compra pública, su uso previsto y la venta mantienen abierta la polémica política.

Isabel Díaz Ayuso sostiene que el ático adquirido por la Comunidad de Madrid en Chamberí nunca estuvo destinado a convertirse en su vivienda. La presidenta regional considera que habría sido «muy poco inteligente» utilizar como residencia personal un inmueble comprado con fondos públicos y rechaza que exista relación alguna entre esa operación y la venta de dos propiedades de su pareja, Alberto González Amador.
La explicación, sin embargo, no ha despejado todas las dudas. El inmueble costó 6,3 millones de euros, tiene 485 metros cuadrados —199 de terraza— y fue adquirido el 14 de abril por Planifica Madrid, una empresa pública dependiente de la Consejería de Presidencia. La compra se conoció más de tres meses después, cuando apareció en el Registro de la Propiedad y comenzó a alimentar una polémica política de dimensiones considerables.
Ayuso niega el uso personal y deriva las explicaciones
La presidenta ha insistido en que el ático no iba a ser una residencia oficial. Su argumento es sencillo: después de siete años al frente de la Comunidad de Madrid, carecería de sentido que decidiera dotarse de una vivienda institucional precisamente en este momento y mediante una operación difícil de mantener fuera del foco público.
Ayuso también ha descargado la responsabilidad de explicar los detalles sobre la Consejería de Presidencia, dirigida por Miguel Ángel García Martín, una de las personas de mayor confianza dentro de su Gobierno. Según ha señalado, Planifica Madrid compra y vende inmuebles durante el año y ella no conoce de manera directa cada una de esas operaciones. Los datos concretos, ha dicho, deben ofrecerlos los responsables del organismo.
Esa respuesta delimita las competencias administrativas, pero políticamente resulta más incómoda. Planifica Madrid no es una inmobiliaria que opere en un universo paralelo: es una sociedad pública, depende del Ejecutivo autonómico y está presidida por el consejero de Presidencia. Cuando el inmueble estaba supuestamente pensado para facilitar el trabajo de la propia presidenta, la distancia entre quien compra y quien iba a utilizarlo se vuelve bastante corta.
La inteligencia, en política, no sustituye a un expediente administrativo. Negar el uso residencial aclara una parte, pero quedan por explicar el proceso de decisión, la necesidad concreta de la adquisición, las alternativas estudiadas y las razones por las que la operación permaneció lejos del escaparate público durante meses.
Una compra pública conocida tres meses después
El ático se encuentra en el paseo del General Martínez Campos, en uno de los enclaves más caros de Chamberí. Ocupa la novena planta de un edificio residencial próximo al Museo Sorolla y a escasa distancia del paseo de la Castellana. Planifica Madrid formalizó la compra el 14 de abril de 2026, aunque la operación no figuraba entre las adquisiciones previstas en su presupuesto anual.
El precio tampoco se hizo público inicialmente. Primero circularon estimaciones cercanas a los seis millones; después se conoció que la Comunidad había pagado 6,3 millones de euros. La operación incluyó una comisión inmobiliaria del 3%, cercana a los 190.000 euros y asumida, según la información disponible, por la parte vendedora.
No existe, por sí sola, ninguna irregularidad en que una Administración compre patrimonio inmobiliario. Puede necesitar oficinas, espacios de representación o edificios para prestar servicios. El problema aparece cuando la finalidad pública no está definida con precisión, la adquisición no estaba presupuestada y las explicaciones van cambiando mientras la polémica crece.
Los áticos tienen la mala costumbre de atraer luz; los expedientes públicos, en cambio, suelen necesitar que alguien abra la persiana.
De oficina temporal a reuniones institucionales
La primera versión ofrecida por el Gobierno madrileño indicaba que el inmueble serviría como oficina temporal de Ayuso durante las obras de rehabilitación de la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia regional en la Puerta del Sol. La presidenta trabajaría allí con un equipo reducido.
Poco después, fuentes próximas a Ayuso matizaron que la decisión no estaba tomada completamente. La propia presidenta habló entonces de celebrar reuniones institucionales de manera provisional. Ya no parecía una oficina en sentido estricto, sino un espacio ocasional de trabajo y recepción.
Ese desplazamiento semántico importa. Una oficina requiere instalaciones, licencias, personal y un uso administrativo estable. Una sala para reuniones es una categoría más elástica: cabe casi todo, desde un encuentro mensual hasta una agenda intensiva. La propiedad seguía siendo la misma; lo que se movía era el relato sobre su utilidad.
El Gobierno regional anunció después que el ático sería vendido. La decisión llegó apenas un día después de que trascendiera públicamente la compra y fue vinculada a un conjunto de actuaciones destinadas a reparar los daños provocados por los incendios de la Sierra Oeste madrileña. El Ejecutivo situó esas medidas dentro de un paquete global de 100 millones de euros.
Comprar en abril, conocer la operación en julio y anunciar inmediatamente la venta no constituye una prueba de actuación ilícita. Sí dibuja una gestión difícil de explicar como una secuencia ordinaria y perfectamente planificada.
El obstáculo urbanístico que complicó el relato
La versión de la oficina temporal tropezó con un problema bastante menos retórico: el ático tiene uso residencial. El Ayuntamiento de Madrid confirmó que no había recibido una solicitud para cambiarlo a uso de oficinas ni una petición de licencia relacionada con esa transformación.
El Plan General de Ordenación Urbana impide implantar oficinas o servicios públicos en la planta ático de edificios con esas características. La normativa solo permitiría mantener el uso residencial y dedicar una parte limitada de la vivienda a un despacho profesional doméstico. No todo el inmueble.
La cuestión resulta relevante porque la incompatibilidad urbanística afecta al argumento utilizado para justificar la adquisición. Si se compró como oficina, debía conocerse antes si podía funcionar legalmente como tal. Y si nunca se pretendió utilizarlo plenamente como oficina, queda pendiente saber qué necesidad administrativa concreta justificaba invertir 6,3 millones en aquella propiedad.
También llama la atención que la Comunidad dispusiera de otros inmuebles públicos susceptibles de acoger temporalmente despachos o reuniones. El propio debate interno terminó apuntando hacia dependencias de las consejerías de Presidencia o Transportes. Soluciones menos vistosas, quizá. También bastante más sencillas.
La venta de los inmuebles de González Amador
La controversia ganó temperatura al conocerse que Alberto González Amador había puesto en venta las dos propiedades situadas en el edificio donde vive con Ayuso. No son exactamente dos áticos: se trata del piso de la sexta planta que ocupa la pareja y del ático situado encima.
Los anuncios fijaban un precio conjunto superior a 3,3 millones de euros. El piso donde reside la presidenta se ofrecía por alrededor de 1,79 millones, mientras que por el ático se pedían aproximadamente 1,63 millones. Las publicaciones fueron retiradas posteriormente, sin que exista constancia pública de que las ventas se hayan completado.
La coincidencia temporal alimentó la sospecha de que la pareja pudiera estar preparando un traslado al inmueble adquirido por la Comunidad. Ayuso reconoce que ambas operaciones pueden invitar a unir puntos, pero denuncia que se están mezclando hechos independientes para construir una acusación sin pruebas.
En este punto conviene separar la coincidencia de la evidencia. No se ha acreditado que la compra pública y las ventas privadas formen parte de una misma operación, ni que existiera un plan para convertir el ático de Planifica Madrid en la residencia de Ayuso y González Amador. La presidenta lo niega tajantemente.
Ahora bien, la ausencia de una conexión probada no vuelve irrelevante la simultaneidad. Cuando una Administración compra un inmueble de lujo pensado inicialmente para la jefa del Ejecutivo y, casi al mismo tiempo, la pareja de esa dirigente pone a la venta las viviendas que ambos utilizan, la pregunta política aparece sola. No hace falta empujarla demasiado.
La polémica está en la trazabilidad del dinero público
El debate no debería reducirse a si Ayuso pensaba dormir o no en el ático. Esa imagen es potente —terraza, Chamberí, vistas, millones—, pero puede terminar ocultando la cuestión principal: cómo se decide una inversión inmobiliaria de esta magnitud dentro de una empresa pública.
La trazabilidad administrativa exige saber quién propuso la compra, qué informes técnicos justificaron la necesidad, cómo se valoró el precio, qué alternativas se estudiaron, qué uso concreto iba a recibir el inmueble y por qué la operación no aparecía contemplada en las cuentas de Planifica Madrid.
También falta aclarar por qué la finalidad evolucionó desde una oficina provisional hasta un espacio para reuniones y, finalmente, hacia una venta destinada a financiar otras actuaciones. Tres destinos diferentes en cuestión de días para una propiedad que había permanecido más de tres meses fuera del conocimiento público.
La oposición ha aprovechado el episodio para atacar al Gobierno regional y el PP de Madrid pidió a sus diputados y cargos que difundieran mensajes positivos de respaldo a la presidenta. Ayuso ha restado importancia a esa movilización interna y la considera una práctica habitual de cualquier partido que sostiene a un Ejecutivo.
Puede ser habitual. También revela que el asunto dejó de ser una discusión inmobiliaria para convertirse en un problema político. No por el mármol del salón ni por el tamaño de la terraza, sino porque la versión oficial ha necesitado varias reformas sin que nadie solicitara licencia.
Un ático vendido antes de ser explicado
Ayuso ha respondido con claridad a la acusación más llamativa: niega que el inmueble fuera para su disfrute personal y considera absurdo pensar que pretendía instalar allí una residencia oficial. Esa negación debe recogerse completa y sin adornos.
Pero el resto de la operación continúa necesitando documentos, fechas y responsables. La compra de abril no se conoció hasta finales de julio; el uso previsto chocaba con la normativa urbanística; las explicaciones pasaron de oficina a reuniones; y la venta fue anunciada inmediatamente después de hacerse pública la adquisición.
Nada de ello demuestra por sí mismo una conducta ilegal ni confirma que exista relación con los movimientos inmobiliarios de González Amador. Sí justifica pedir una explicación más sólida que el argumento de que habría sido poco inteligente.
Porque el dinero público no se administra atendiendo únicamente a lo verosímil. Se administra mediante presupuestos, informes y decisiones verificables. Y, en este caso, mientras el ático ya busca comprador, la explicación todavía parece estar buscando domicilio.

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