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¿Qué es el ‘looksmaxxing’ y por qué preocupa a los hombres jóvenes?

El looksmaxxing seduce a jóvenes con promesas de belleza, pero también alimenta obsesiones, lesiones y una presión estética cada vez más dura

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Qué es el looksmaxxing

Resumen

  • El looksmaxxing busca maximizar el atractivo con cuidados y cambios físicos
  • Su versión extrema incluye cirugía, esteroides y prácticas con riesgo de lesión
  • La presión estética y las redes pueden alimentar obsesión y dismorfia corporal

El looksmaxxing es una corriente nacida en comunidades masculinas de internet que propone mejorar —o «maximizar»— el atractivo físico mediante cuidados de la piel, ejercicio, dieta, peluquería, correcciones dentales y, en sus versiones más extremas, hormonas, esteroides, intervenciones estéticas o prácticas caseras capaces de provocar lesiones. No es simplemente ponerse crema y elegir un corte de pelo que siente bien. El fenómeno convierte el rostro y el cuerpo en un proyecto interminable, sometido a puntuaciones, comparaciones y presuntas leyes universales sobre lo que hace atractivo a un hombre.

Su popularidad entre adolescentes y hombres jóvenes se explica por una mezcla bastante contemporánea: inseguridad física, deseo de reconocimiento, algoritmos que premian los contenidos extremos y un mercado encantado de vender soluciones para defectos que, hasta hace cinco minutos, nadie sabía que tenía. La mandíbula, la altura, los ojos, el porcentaje de grasa o la simetría facial pasan a presentarse como factores decisivos para encontrar pareja, obtener respeto e incluso triunfar en la vida. El viejo «sé tú mismo» ha sido sustituido por una auditoría facial con música épica de fondo.

Qué significa looksmaxxing y de dónde procede

La palabra combina los términos ingleses looks, apariencia, y maximizing, maximizar. Comenzó a circular durante la década de 2010 en foros vinculados a la manosfera, el entramado de comunidades digitales dedicadas a discutir masculinidad, relaciones y rechazo al feminismo. Dentro de ese ecosistema destacaban los espacios de los llamados incels, abreviatura de «célibes involuntarios», donde algunos usuarios atribuían sus problemas sentimentales casi exclusivamente a su aspecto físico y a una supuesta selección femenina implacable.

Aquellos foros difundieron una visión conocida como black pill o píldora negra: la idea fatalista de que la genética, la altura y las facciones fijan de antemano el valor romántico y social de cada persona. El looksmaxxing introdujo una pequeña grieta en ese determinismo. Quizá los genes no pudieran cambiarse, sostenían sus defensores, pero sí era posible exprimir cada milímetro disponible mediante gimnasio, estilo, tratamientos o cirugía. Una suerte de reforma integral del cuerpo, solo que el arquitecto suele ser un desconocido con avatar de estatua romana.

La investigación académica sobre la difusión de estas subculturas señala que términos y conceptos procedentes de antiguos foros incel se han revestido de lenguaje científico y de superación personal para circular con mayor facilidad por plataformas generalistas. El mensaje ya no aparece necesariamente acompañado de insultos o declaraciones misóginas. Puede presentarse como un vídeo pulcro sobre postura, mandíbula o cuidado facial y conservar, por debajo, la misma idea jerárquica: que la apariencia determina cuánto vale un hombre.

Del softmaxxing al hardmaxxing

Los propios seguidores suelen distinguir entre softmaxxing y hardmaxxing. El primero reúne cambios no invasivos: mejorar la higiene, tratar el acné, dormir mejor, hacer ejercicio, cuidar los dientes, corregir la postura o vestir con más criterio. Muchas de esas prácticas son razonables y no tienen nada de dañino por sí mismas. Bañarse, alimentarse bien y usar protector solar no constituyen una conspiración de la manosfera; conviene no perder el sentido de la proporción.

El problema surge cuando el autocuidado deja de buscar salud o bienestar y se convierte en obediencia a un canon rígido. Un joven puede empezar viendo consejos para peinarse y terminar midiendo el ángulo de sus ojos, fotografiando su perfil a diario o creyendo que su mandíbula le condena a la soledad. Ahí entra el hardmaxxing: cirugía maxilofacial sin indicación funcional, implantes, alargamiento de piernas, consumo de esteroides, inyecciones de péptidos no regulados, ayunos extremos o procedimientos improvisados para alterar los rasgos.

Entre las prácticas más llamativas aparece el llamado bone smashing, que consiste en golpearse repetidamente determinadas zonas del rostro bajo la creencia de que las microfracturas harán crecer el hueso con una forma más marcada. No existe una base médica que permita recomendar algo semejante. Los golpes pueden causar hematomas, fracturas, lesiones nerviosas, asimetrías y daños dentales. Que una barbaridad lleve un nombre en inglés no la convierte en biotecnología.

Cómo pasó de los foros incel a TikTok

La expansión del looksmaxxing no se produjo porque millones de adolescentes decidieran visitar de pronto oscuros foros ideológicos. Ocurrió de una manera mucho más sencilla: las ideas fueron empaquetadas como contenido de mejora personal y distribuidas entre vídeos de gimnasio, moda, nutrición y cuidado de la piel. El envoltorio resulta familiar, rápido y aparentemente inofensivo. Un clip promete explicar por qué una mandíbula es atractiva; el siguiente asigna una nota a una cara; el tercero vende un suplemento.

Distintos trabajos sobre esta cultura digital han observado cómo ciertos creadores reemplazaban etiquetas abiertamente extremistas por expresiones como looksmaxxing, sub5 o escala PSL, más fáciles de presentar como análisis estético o divulgación. Esta traducción permite que ideas misóginas, raciales y biologicistas salgan de espacios marginales y alcancen audiencias jóvenes sin mostrar de entrada todo su equipaje ideológico.

El recorrido algorítmico suele empezar con publicaciones corrientes sobre gimnasio, belleza o bienestar. El usuario no necesita buscar contenidos extremos: aparecen mezclados con consejos de higiene, rutinas deportivas o transformaciones físicas. El embudo es fino. Primero, una rutina facial; después, un vídeo que sostiene que la forma del cráneo decide el destino sentimental. Y entre ambos, decenas de contenidos que convierten la inseguridad corporal en entretenimiento.

La escala PSL y la fantasía de medir la belleza

Uno de los instrumentos más populares del looksmaxxing es la escala PSL, un sistema que pretende clasificar el atractivo facial mediante medidas, proporciones y categorías. El nombre procede de antiguos foros vinculados a estas comunidades y no de una institución científica, aunque muchas publicaciones lo adornen con diagramas anatómicos, cifras y vocabulario técnico.

La escala analiza la mandíbula, los pómulos, la nariz, la piel, el cabello o la inclinación de los ojos y coloca a los hombres dentro de una jerarquía estética. En lo alto aparece el Chad, arquetipo de varón alto, musculoso, dominante y facialmente perfecto; en los escalones inferiores, términos deshumanizadores para quienes no encajan en el modelo. La operación parece objetiva porque utiliza números. También una báscula de cocina utiliza números, pero no sirve para pesar la dignidad humana.

Este método funciona como un marco pseudocientífico que mezcla determinismo biológico, estereotipos de género y cánones estéticos predominantemente eurocéntricos. Las características elegidas no representan una belleza universal: reflejan preferencias culturales concretas, fotografías seleccionadas, filtros, iluminación y una obsesión clasificatoria que convierte cada rostro en una oposición. Fuerte o débil. Ganador o perdedor. Depredador o presa.

El mewing y otras promesas que no sostiene la ciencia

El mewing consiste en mantener la lengua presionada contra el paladar con la esperanza de ensanchar o definir la mandíbula. Se ha difundido como una técnica sencilla, gratuita y supuestamente capaz de remodelar el rostro, especialmente durante la adolescencia. Sin embargo, no existen pruebas científicas sólidas de que esa posición voluntaria de la lengua consiga esculpir la mandíbula.

Forzarla de manera incorrecta o prolongada puede alterar la mordida, desplazar dientes, aumentar la tensión mandibular y agravar problemas de la articulación temporomandibular. La estructura facial depende de la genética, el crecimiento óseo, los músculos, los tejidos blandos y la dentición; no funciona como plastilina sometida a la voluntad de un tutorial. Cuando existe un problema real de mordida o desarrollo maxilar, requiere una valoración odontológica u ortodóncica, no una ceremonia frente al espejo.

Algo parecido sucede con los dispositivos para ejercitar la mandíbula, las dietas capaces de reducir grasa únicamente en la cara o los suplementos que prometen aumentar la altura después de completar el crecimiento. Algunas transformaciones mostradas en redes responden a pérdida general de peso, cambios de luz, barba, postura, edición digital o simplemente maduración natural. Se presenta un antes y un después, pero se oculta casi todo lo que ocurrió entre ambas imágenes. Buen truco visual; evidencia científica, ninguna.

Cuando mejorar el aspecto se convierte en obsesión

Cuidarse no equivale a padecer un trastorno. La frontera preocupante aparece cuando la apariencia absorbe gran parte del día, condiciona la alimentación, obliga a comprobar constantemente el espejo, provoca aislamiento o lleva a someterse a intervenciones arriesgadas. También cuando cualquier mejora ofrece alivio durante unas horas y enseguida surge un nuevo defecto. El objetivo retrocede a medida que uno se acerca, como esos pasillos de hotel que el cine de terror alarga sin avisar.

El trastorno dismórfico corporal es una condición de salud mental en la que la persona dedica mucho tiempo a preocuparse por imperfecciones que suelen ser mínimas o invisibles para los demás. Es especialmente frecuente entre adolescentes y adultos jóvenes y puede afectar gravemente a los estudios, el trabajo, las relaciones y la vida social. Compararse de manera compulsiva, examinarse continuamente, ocultar una zona del cuerpo o evitar salir por vergüenza son señales que van bastante más allá de la coquetería.

El looksmaxxing no provoca automáticamente este trastorno, y conviene evitar diagnósticos a golpe de etiqueta. Sí puede crear un entorno especialmente áspero para quienes ya presentan inseguridad, ansiedad o tendencia a la obsesión. Los foros donde desconocidos puntúan fotografías añaden otra capa: el usuario busca tranquilidad, recibe una crítica cruel y vuelve a publicar para comprobar si la sentencia ha cambiado. Casi nunca cambia; lo que crece es la dependencia.

Los estudios sobre imagen corporal y redes sociales encuentran una relación consistente entre el uso intensivo de plataformas visuales, la comparación y una mayor insatisfacción física entre adolescentes. Eso no demuestra que cada vídeo produzca un daño directo, pero ayuda a comprender por qué un flujo continuo de cuerpos seleccionados, editados y puntuados puede estrechar la idea de normalidad hasta dejarla del tamaño de una pantalla.

La presión estética masculina ya no va de incógnito

Durante décadas, la conversación pública sobre los cánones de belleza se centró principalmente en las mujeres, con razones evidentes: la industria cosmética, la publicidad y la cultura popular han vigilado sus cuerpos con una minuciosidad casi policial. Eso no significa que los hombres vivieran fuera del espejo. La presión estética masculina existía, pero solía expresarse mediante el músculo, la altura, el cabello o la capacidad de parecer fuerte sin admitir que importaba parecerlo.

El looksmaxxing hace visible esa contradicción. Muchos jóvenes quieren cuidar su piel, vestir mejor y sentirse atractivos, pero continúan atrapados en un modelo de masculinidad que considera vergonzoso reconocer la vulnerabilidad. El malestar se traduce entonces en porcentajes de grasa, milímetros de mandíbula y categorías genéticas. La inseguridad adopta bata de laboratorio para no llamarse inseguridad.

El fenómeno tampoco se limita a buscar pareja. En muchos vídeos, la belleza se presenta como una forma de autoridad entre hombres: quien posee mejores facciones «domina», «supera» o moggea a los demás. La comparación romántica acaba transformada en competición jerárquica. Ya no basta con resultar atractivo; otro debe quedar por debajo. Esa lógica explica parte del sarcasmo agresivo y de la humillación que circulan en estas comunidades.

No todos los usuarios que emplean la palabra looksmaxxing conocen su origen incel ni comparten discursos misóginos. El término ha salido de su recinto inicial y, en ocasiones, se usa como simple sinónimo de cambiar de imagen. Precisamente ahí reside su capacidad de expansión: mezcla hábitos saludables, bromas e inseguridades reales con una ideología mucho más rígida. Todo cabe en el mismo vídeo de veinte segundos, incluida la publicidad del producto que resolverá el problema recién descubierto.

Un espejo que nunca devuelve suficiente

El atractivo físico influye en la vida social, y fingir lo contrario sería una ingenuidad bastante decorativa. También importan la expresión, la conversación, el humor, la conducta, el contexto y la manera de tratar a los demás, variables que el looksmaxxing suele reducir a ruido porque no pueden medirse con un calibrador sobre una fotografía.

La corriente acierta al detectar que muchos hombres jóvenes padecen presión estética y soledad, pero ofrece una respuesta tramposa: atribuye su valor a una clasificación corporal y convierte cada inseguridad en una tarea de optimización. Lo saludable deja de ser suficiente. Siempre queda otra proporción que medir, otro músculo que marcar, otra operación que imaginar.

Ahí está el negocio y también la encerrona. Una rutina de cuidado termina cuando la piel está atendida; una obsesión necesita encontrar el siguiente defecto. El looksmaxxing promete el rostro definitivo, aunque su maquinaria depende justamente de que nadie llegue a verlo nunca.

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