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Historia

¿Puede España reclamar Tánger, Tetuán y Alhucemas por el protectorado?

El pasado español de Tánger, Tetuán y Alhucemas fue intenso, pero no dejó un derecho de soberanía que permita reclamarlas a Marruecos en 2026.

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Tánger, Tetuán y Alhucemas

Resumen

  • España no tiene base jurídica para reclamar Tánger, Tetuán ni Alhucemas
  • Tetuán y Alhucemas fueron protectorado; Tánger tuvo estatuto internacional
  • El peñón de Alhucemas sí continúa bajo soberanía española

No. España no dispone de una base jurídica sólida para reclamar a Marruecos Tánger, Tetuán o la ciudad de Alhucemas por haberlas administrado o controlado durante buena parte del siglo XX. La historia española en el norte marroquí fue intensa, visible y, en algunos lugares, extraordinariamente profunda, pero el Protectorado establecido en 1912 no convirtió aquella franja en territorio soberano español. El propio sistema mantenía la autoridad del sultán de Marruecos, aunque España ejerciera en la práctica amplísimos poderes administrativos y militares. En 1956, Madrid reconoció formalmente la independencia y plena soberanía marroquí y puso fin a aquel régimen.

Tánger es incluso un caso distinto: no perteneció legalmente al Protectorado español, sino que funcionó durante décadas como zona internacional. España la ocupó entre 1940 y 1945, en plena Segunda Guerra Mundial, pero aquella ocupación no generó un título territorial permanente. Y Alhucemas guarda una pequeña trampa geográfica: la ciudad de Alhucemas es marroquí; el peñón y las islas de Alhucemas, situados frente a su costa, continúan bajo soberanía española. El mismo nombre, dos realidades jurídicas completamente diferentes.

La cuestión ha recuperado interés en un momento especialmente sensible entre Madrid y Rabat. En agosto de 2026, el ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, volvió a defender un supuesto “derecho histórico y geográfico” de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, mientras el Gobierno español rechazaba cualquier negociación sobre su soberanía. Días después, el ministro marroquí de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, volvió a introducir la reivindicación en un acto presidido por Mohamed VI. La tentación de invertir el argumento surge casi sola: si Rabat mira hacia Ceuta y Melilla, quizá alguien piense en responder señalando Tetuán, Tánger o Alhucemas. Históricamente resulta sugerente. Jurídicamente, bastante menos.

El Protectorado español no significó soberanía española

Aquí está el nudo de la cuestión. Un protectorado no equivale a una anexión. España administró una extensa franja del norte de Marruecos durante más de cuatro décadas, desplegó tropas, construyó carreteras, hospitales y edificios públicos, organizó parte de la Administración e introdujo instituciones que dejaron una huella todavía reconocible. Pero el territorio seguía formando parte del ámbito político del sultán marroquí.

El Convenio hispano-francés firmado el 27 de noviembre de 1912 estableció la zona de influencia española. Su arquitectura jurídica era peculiar: las regiones afectadas continuaban bajo la autoridad civil y religiosa del sultán, mientras un jalifa ejercía funciones en su nombre y España intervenía mediante un alto comisario. Dicho de forma menos diplomática, Madrid mandaba muchísimo; pero mandar muchísimo y poseer soberanía son cosas distintas.

La diferencia parece académica hasta que aparece una disputa territorial. Entonces lo cambia todo. España nunca recibió mediante aquel convenio una escritura de propiedad sobre el Rif. Administraba un territorio marroquí sometido a protectorado, no una provincia española comparable a Málaga, Cádiz o Almería.

También por eso Ceuta y Melilla no formaban parte del Protectorado. Eran territorios administrados por España desde siglos antes y quedaron fuera de la zona creada en 1912. La frontera entre Ceuta y el Protectorado, por ejemplo, era literalmente una frontera entre territorio español y territorio sometido al régimen protector. Mezclar ambas categorías produce una historia vistosa, pero un derecho bastante defectuoso.

Tetuán: capital del Protectorado, pero no territorio soberano español

Tetuán fue la capital del Protectorado español entre 1913 y 1956. Allí residían el jalifa y el alto comisario, allí se concentraba buena parte de la Administración y allí la presencia española alcanzó una profundidad que todavía puede sentirse paseando por determinadas avenidas, edificios y barrios.

La integración cotidiana llegó a situaciones casi surrealistas vistas desde la actualidad. El Atlético Tetuán disputó la Primera División española en la temporada 1951-1952, algo difícil de imaginar en otro antiguo protectorado europeo. Había prensa española, escuelas, funcionarios, comerciantes, militares y familias que vivieron durante generaciones a ambos lados del Estrecho.

Todo aquello explica por qué Tetuán ocupa un lugar especial en la memoria española. No cambia, sin embargo, su estatus jurídico. Cuando Marruecos recuperó plenamente el ejercicio de su soberanía en 1956, Tetuán quedó bajo la Administración del Estado marroquí sin que España conservara sobre la ciudad ningún derecho territorial.

Lo que España reconoció en 1956

El 7 de abril de 1956 se firmó la Declaración conjunta hispano-marroquí. El texto establecía que el régimen de 1912 ya no podía continuar regulando las relaciones entre los dos países y España reconocía la independencia de Marruecos y su plena soberanía.

No quedó una cláusula dormida que permitiera a Madrid llamar décadas después a la puerta de Rabat y pedir Tetuán de vuelta. Tampoco una especie de hipoteca histórica. Más bien ocurrió lo contrario: durante los años posteriores ambos Estados fueron liquidando jurídicamente los restos del Protectorado.

Un ejemplo especialmente gráfico llegó en 1978, cuando España y Marruecos acordaron la transferencia al Estado marroquí de inmuebles pertenecientes al Estado español situados en la antigua Zona Norte, aunque España conservó determinados edificios destinados a funciones consulares, culturales y sociales. Hasta los ladrillos pendientes fueron ordenándose.

Tánger nunca fue simplemente una ciudad española

Tánger exige otro mapa mental. Su historia durante el siglo XX parece escrita por alguien con afición a las novelas de espías: diplomáticos, comerciantes, refugiados, banqueros, agentes secretos, aventureros, españoles, franceses, británicos, italianos, judíos, musulmanes y cristianos compartiendo una ciudad situada en uno de los lugares estratégicos más codiciados del planeta.

Desde los años veinte, Tánger estuvo sometida a un estatuto internacional en cuya administración participaban varias potencias, entre ellas España, Francia y Reino Unido. La presencia española fue enorme —también demográfica y cultural—, pero eso no hizo de Tánger una posesión española. Su régimen político y administrativo era diferente del Protectorado del norte.

Franco aprovechó el derrumbe francés en 1940 para ocupar militarmente la ciudad. España permaneció allí hasta 1945, cuando tuvo que retirarse y Tánger recuperó su régimen internacional. Aquellos cinco años son importantes para comprender la historia de la ciudad, pero una ocupación temporal no se convierte mágicamente en soberanía eterna.

Tras la independencia marroquí, el estatuto internacional fue desmontándose y Tánger quedó integrada definitivamente en Marruecos. La influencia española sobrevivió por otros caminos: colegios, instituciones culturales, familias hispanohablantes, arquitectura y una memoria compartida que resiste bastante mejor que algunos mapas políticos.

Alhucemas: la ciudad marroquí y el peñón español

Con Alhucemas el asunto se vuelve casi una lección práctica de geografía. La ciudad actual nació y creció ligada a la presencia española después del desembarco de Alhucemas de 1925, uno de los episodios decisivos de la guerra del Rif. Durante el Protectorado recibió el nombre de Villa Sanjurjo y, durante la Segunda República, Villa Alhucemas. Tras 1956 quedó integrada en Marruecos.

Pero unos cientos de metros mar adentro aparece otra Alhucemas. El peñón de Alhucemas y los islotes de Mar y Tierra siguen siendo españoles. España tomó posesión del enclave en el siglo XVII y mantiene allí presencia militar. Marruecos los reivindica, pero España conserva su soberanía y administración efectiva.

Así que decir que “Alhucemas fue española” necesita un asterisco histórico, aunque no uno tipográfico. La ciudad de Alhucemas perteneció al territorio del Protectorado y actualmente es marroquí. El peñón de Alhucemas, en cambio, quedó fuera de aquella descolonización y continúa administrado por España. Una bahía, dos banderas y varios siglos de historia acumulada en apenas unos centenares de metros de agua.

Ceuta y Melilla no son el espejo de Tetuán o Tánger

Las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla explican buena parte del renovado interés por estas comparaciones. Pero construir una reciprocidad automática —Marruecos reclama Ceuta, España reclama Tetuán— resulta históricamente tentador y jurídicamente engañoso.

Ceuta y Melilla no fueron ciudades del Protectorado que España conservara después de 1956. Su incorporación a la esfera española es muy anterior: Melilla desde finales del siglo XV y Ceuta, inicialmente portuguesa, quedó vinculada definitivamente a la monarquía española en el siglo XVII. Cuando se creó el Protectorado en 1912, ambas ciudades estaban fuera de él.

Tetuán y la ciudad de Alhucemas estaban, en cambio, dentro de una zona marroquí sometida a administración protectora. Tánger tenía su propio régimen internacional. Son tres historias jurídicas diferentes que el paso del tiempo ha ido pegando unas a otras como fotografías en un álbum familiar.

La geografía también juega malas pasadas. Que Ceuta y Melilla estén en África no resuelve por sí mismo su soberanía, del mismo modo que la cercanía de Gibraltar a España tampoco convierte automáticamente el Peñón en territorio español. Las fronteras modernas se apoyan en tratados, continuidad administrativa y reconocimiento internacional, no únicamente en quién está más cerca de quién en el mapa.

España y Marruecos pueden discutir —y discuten— sobre sus enclaves y fronteras. Pero un antiguo vínculo cultural o una ocupación histórica no basta para fabricar un derecho territorial contemporáneo. Los mapas antiguos son magníficos para una biblioteca. Como escrituras de propiedad, tienen bastante peor rendimiento.

La historia deja huella, pero no una escritura de propiedad

Tánger, Tetuán y Alhucemas conservan una huella española profunda. Está en los edificios, en algunos apellidos, en colegios que todavía imparten enseñanza española, en palabras castellanas incorporadas al habla cotidiana del norte marroquí y en una relación humana que sobrevivió a guerras, protectorados, independencias y largas etapas de desconfianza. España mantiene presencia cultural y educativa en las tres ciudades, otra prueba de que la influencia puede continuar mucho después de que desaparezca cualquier poder territorial.

Pero esa huella no constituye un título de soberanía. España reconoció en 1956 la plena soberanía de Marruecos, Tetuán y la ciudad de Alhucemas pertenecían al territorio protegido y Tánger tenía un estatuto internacional propio. No existe un fundamento jurídico serio para reclamarlas como territorio español.

La excepción que confunde a menudo el debate está flotando —literalmente— frente a Alhucemas: el peñón y sus pequeños islotes continúan siendo españoles. Lo demás pertenece a esa zona donde la memoria y el derecho toman caminos distintos. Y conviene no confundirlos. En el Estrecho sobran ya suficientes asuntos complicados como para empezar a mover fronteras con un mapa de 1930 bajo el brazo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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