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¿Puede Cabo Verde evitar el monólogo de Messi y la Argentina campeona?

Argentina parte como favorita ante Cabo Verde, pero el debutante africano llega invicto y dispuesto a complicarle la noche a Messi en Miami.

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Por qué Cabo Verde jugará el Mundial

Resumen

  • Argentina llega invicta y como favorita tras marcar ocho goles en el Grupo J
  • Cabo Verde no ha perdido y confía en su defensa, Vozinha y el contragolpe
  • El ganador tendrá un cuadro amable rumbo a cuartos y una posible semifinal

Cabo Verde puede incomodar a Argentina, incluso llevarla hacia ese terreno cenagoso donde el favorito mira el reloj y empieza a jugar contra sus propios nervios. Para eliminarla, sin embargo, necesitará un partido casi perfecto: defender sin grietas, sobrevivir al volumen ofensivo albiceleste y aprovechar alguna de las pocas transiciones que tendrá. El desenlace más probable sigue siendo una victoria argentina, quizá menos cómoda de lo que anuncia el cartel.

La campeona llega a los dieciseisavos después de ganar sus tres encuentros del Grupo J, marcar ocho goles y recibir solamente uno. Cabo Verde, debutante mundialista, terminó invicto tras empatar con España, Uruguay y Arabia Saudí: dos tantos a favor, dos en contra y tres puntos que valieron una clasificación histórica. Messi, mientras tanto, ha firmado seis de los ocho goles argentinos. Mucho Leo, tal vez demasiado Leo.

El partido se disputa en el Miami Stadium a las 18:00 del viernes 3 de julio, horario local; serán las 19:00 en Argentina y las 00:00 del sábado 4 en la España peninsular. Messi juega prácticamente en casa y Argentina dispone de un cuadro aparentemente amable. La palabra importante es aparentemente: los mundiales están llenos de favoritos que confundieron una puerta abierta con una alfombra roja.

Argentina es favorita, pero Cabo Verde no es decorado

Los números separan a ambas selecciones con bastante nitidez. Argentina derrotó por 3-0 a Argelia, 2-0 a Austria y 3-1 a Jordania. Ganó con titulares, con rotaciones y también con Messi comenzando desde el banquillo en la última jornada. La maquinaria de Lionel Scaloni no ha sido siempre deslumbrante, pero sí estable: maneja distintos ritmos, protege bien el centro y dispone de recursos para cambiar el partido sin desmontar el equipo.

Cabo Verde ha recorrido el camino opuesto. No domina los encuentros ni acumula ocasiones, pero sabe resistir. Ante España soportó un 74% de posesión rival y una diferencia de goles esperados de 2,10 a 0,20, pese a lo cual conservó el 0-0. No fue magia caribeña ni un simple ejercicio de buena fortuna: redujo espacios, defendió el área con paciencia y obligó a España a mover el balón alrededor de la muralla, muchas veces sin atravesarla.

Después empató 2-2 con Uruguay y cerró la fase con otro 0-0 frente a Arabia Saudí. Es decir, no ha perdido, pero tampoco ha ganado. Su éxito nace de mantener el encuentro vivo, no de imponerlo. Argentina parte muy por delante porque tiene más talento, más profundidad y una capacidad muy superior para castigar cualquier error. Cabo Verde conserva opciones porque sabe convertir el césped en un pasillo estrecho.

El plan africano: cerrar dentro y correr fuera

Bubista, seleccionador caboverdiano, ha construido un equipo compacto y bastante incómodo. Cuando el rival tiene la pelota, las líneas retroceden juntas y el dibujo puede parecer un 4-1-4-1, un 4-5-1 o, en momentos de asedio, algo parecido a una barricada con camisetas. La prioridad consiste en cerrar los carriles interiores, precisamente la zona donde Messi, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández y Rodrigo de Paul buscan asociarse.

Scaloni ya ha advertido del contragolpe africano y de su habilidad para proteger el centro. Cabo Verde no necesita veinte ataques. Le bastan dos o tres carreras limpias, un balón parado o una pérdida argentina con los laterales adelantados. En una eliminatoria, una acción aislada puede mover el suelo bajo los pies del campeón.

Su mayor virtud es la disciplina defensiva. Los centrales protegen el área antes que perseguir al delantero, los centrocampistas tapan líneas de pase y los extremos aceptan correr hacia atrás. El problema aparece cuando el equipo debe salir del refugio. Frente a Uruguay, al separar sus líneas para atacar, perdió precisión defensiva y concedió situaciones que no habían aparecido ante España. Cuanto más ambicioso es Cabo Verde, más vulnerable se vuelve.

Vozinha, el muro que cambia el partido

El guardameta Vozinha ha sido una de las imágenes de la sorpresa caboverdiana. Tiene 40 años, experiencia, reflejos y esa economía gestual del portero veterano que no vuela para la fotografía cuando puede dar medio paso y blocar. Fue decisivo contra España y transmite serenidad a una defensa que vive muchos minutos cerca de él.

Para Cabo Verde, cada parada durante la primera media hora tendrá un valor doble: evita el gol y alimenta la duda argentina. El favorito domina mientras el marcador confirma su superioridad; cuando pasan los minutos y el cero permanece, el balón comienza a pesar como una maleta mojada.

La salida rápida que puede incomodar

Ryan Mendes, Garry Rodrigues, Hélio Varela o Dailon Livramento ofrecen potencia y zancada cuando el equipo recupera. Kevin Pina añade disparo y peligro en acciones a balón parado; ya marcó de falta ante Uruguay. No son atacantes destinados a vivir dentro del área argentina, sino jugadores preparados para atacar el espacio que aparezca detrás de Molina, Tagliafico o quien ocupe los laterales.

La debilidad está en el último toque. Cabo Verde generó ocasiones claras contra Arabia Saudí y dejó escapar la victoria por decisiones precipitadas y falta de precisión. Ante Argentina habrá menos oportunidades. Perdonar una podría significar no volver a pisar el área de Emiliano Martínez durante veinte minutos.

Dónde puede romper Argentina la resistencia

Argentina necesitará anchura, paciencia y circulación rápida. No le conviene concentrar a todos sus futbolistas alrededor de Messi porque eso facilitaría la defensa caboverdiana. El camino pasa por estirar el bloque, cambiar la orientación y obligar a los extremos africanos a recorrer metros hasta que las ayudas lleguen un segundo tarde. Ese segundo es el oxígeno de Messi.

La otra vía está en la presión tras pérdida. Cabo Verde no se siente cómodo saliendo con pases cortos cuando recibe una presión agresiva. Si Argentina recupera cerca del área, el bloque africano no tendrá tiempo de levantar su muralla. Ahí pueden aparecer Lautaro Martínez o Julián Álvarez, dos delanteros distintos pero igualmente capaces de atacar un balón suelto.

Messi volverá previsiblemente al once después de descansar de inicio frente a Jordania. Sus seis tantos lo mantienen en lo alto de la tabla de goleadores, empatado con Kylian Mbappé, aunque esa producción también deja una pequeña alarma: el capitán ha marcado el 75% de los goles argentinos. Scaloni sostiene que el equipo crea ocasiones para todos; la estadística, de momento, cuenta otra historia.

Cabo Verde no puede vigilar únicamente al número 10. Si estrecha demasiado el campo para rodearlo, liberará los costados. Si adelanta a un central, dejará espacio a la espalda. Si espera demasiado cerca de Vozinha, convertirá el encuentro en un bombardeo. No existe una solución limpia. Solo elecciones menos malas.

Un cuadro amable que no admite siestas

Una victoria colocaría a Argentina frente al ganador del Australia-Egipto en los octavos de final, el 7 de julio en Atlanta. Ninguno de los dos presenta el peso competitivo de Francia, España, Brasil o Inglaterra, aunque Egipto dispone de Mohamed Salah y Australia lleva años convirtiendo su modestia técnica en partidos ásperos.

En unos hipotéticos cuartos, el rival saldría del cruce entre Suiza y el vencedor del Colombia-Ghana. Suiza ya eliminó a Argelia por 2-0 y mantiene esa fiabilidad de reloj sobrio: no deslumbra, rara vez se desmonta. Colombia elevaría bastante la temperatura del camino por su talento ofensivo y el componente emocional de un duelo sudamericano.

Sí, el cuadro es favorable. Argentina tiene una ruta razonable hacia las semifinales, bastante más despejada que otras candidatas. Pero una ruta fácil solo existe después de recorrerla. Antes es una hipótesis impresa en una pantalla, tan impecable como inútil cuando el balón rebota en una pierna y termina en la escuadra.

El favorito tiene la puerta abierta, no el pase firmado

El pronóstico más sensato es una victoria argentina por 2-0. Cabo Verde tiene estructura para contener el primer empuje y puede sostener un encuentro cerrado durante bastantes minutos, pero le resultará muy difícil resistir noventa ante Messi, la presión albiceleste y un banquillo con delanteros de primer nivel. Un gol argentino temprano podría transformar la noche en un monólogo; sin ese gol, habrá discusión, choques y una ansiedad creciente.

La oportunidad caboverdiana pasa por llegar al descanso con empate, evitar pérdidas en campo propio y convertir cada córner o falta lateral en una pequeña emergencia. Si alcanza el minuto 60 con 0-0, el partido cambiará de naturaleza: Argentina seguirá siendo superior, aunque empezará a sentir la eliminación respirándole detrás de la nuca.

No parece probable el gran golpe, pero tampoco es una comparsa. Cabo Verde ya silenció a España, sobrevivió a Uruguay y llegó invicto hasta Miami. Argentina tiene mejor equipo, mejor dinámica y al futbolista que está decidiendo este Mundial. Lo tiene de cara, no en bandeja. Esa diferencia, pequeña sobre el papel, es donde suelen comenzar las historias que nadie había previsto.

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