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¿Quién es Anastasia B., buscada en Alemania por la bomba de Mónaco?

Anastasia B. sigue fugada tras la bomba de Mónaco: su ruta por Europa, el objetivo del ataque y las pistas que siguen las policías europeas.

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Anastasia B

Resumen

  • Anastasiia Berezovska sigue fugada y está reclamada por Interpol
  • La investigación apunta a una huida preparada desde Mónaco hasta Alemania
  • La bomba hirió a Vadym Yermolaiev y abrió la pista del crimen organizado

La mujer buscada por el atentado con bomba que sacudió Mónaco ha sido identificada como Anastasiia Berezovska, una ciudadana ucraniana de 39 años residente en Alemania. Interpol ha publicado una notificación roja a petición de las autoridades monegascas, mientras la sospechosa continúa en paradero desconocido después de haber sido localizada en territorio alemán. No está detenida y su ubicación exacta sigue siendo una incógnita.

Berezovska está considerada la principal sospechosa de haber colocado el artefacto que explotó el 29 de junio frente al domicilio del empresario de origen ucraniano Vadym Yermolaiev. La detonación hirió al magnate, a su pareja y al hijo adolescente de ambos; la mujer fue la víctima más grave, mientras que el empresario dejó de estar en peligro crítico y el menor sufrió heridas de menor consideración. La Fiscalía investiga una tentativa de asesinato, no un atentado terrorista.

El giro resulta casi cinematográfico, aunque aquí no hay ficción que valga. Durante los primeros días, la policía buscó a un hombre corpulento con sombrero negro. Las cámaras habían captado esa silueta dejando una mochila y alejándose del edificio. Después, un testimonio y el análisis minucioso de las imágenes revelaron que bajo aquel disfraz masculino había una mujer.

Anastasiia Berezovska, la mujer del sombrero negro

La notificación difundida por Interpol describe a Anastasiia Berezovska como una mujer nacida en Ucrania, de cabello oscuro, que habla alemán y presenta un tatuaje visible en el brazo derecho, posiblemente una serpiente, desde el hombro hasta el codo. Las autoridades de Mónaco reclaman su localización por tentativa de homicidio y otros delitos relacionados con la colocación del explosivo.

Conviene precisar algo que la espuma de la última hora suele borrar: Berezovska es una sospechosa, no una condenada. La notificación roja tampoco equivale por sí misma a una orden internacional de detención automática. Es una petición dirigida a las policías de los países miembros para localizarla y detenerla provisionalmente, aplicando después la legislación nacional y los procedimientos de extradición correspondientes.

Su última dirección conocida estaba en Fráncfort, pero los agentes no la encontraron allí. Una fuente judicial sostiene que fue vista en Alemania tras el atentado, dato que confirma que logró atravesar varios países después de abandonar Mónaco. Que siga en suelo alemán es otra cosa: ninguna autoridad ha comunicado que permanezca allí.

La fuga desde Mónaco y la pista que conduce a Alemania

La reconstrucción policial comienza en la rue du Révérend-Père-Louis-Frolla, a escasos metros de la frontera francesa. Tras la explosión, la sospechosa habría escapado a pie hacia Beausoleil, ya en Francia, aprovechando que entre ambos territorios no existen controles fronterizos ordinarios. En una ciudad plagada de cámaras y agentes, el límite entre dos países puede cruzarse en lo que dura un semáforo.

En Beausoleil habría recogido un automóvil con matrícula alemana, alquilado previamente en Alemania. Los investigadores creen que condujo hacia Italia, probablemente por la zona de Menton, y continuó después hacia Suiza antes de reaparecer en territorio alemán. Las grabaciones públicas y privadas permitieron seguir buena parte de ese itinerario, aunque no cerrar el cerco.

Un recorrido preparado antes de la explosión

La existencia de un vehículo alquilado y estacionado fuera del Principado apunta a una huida organizada con antelación. No parece la reacción improvisada de alguien que coloca una bolsa y echa a correr sin rumbo; había transporte, una ruta internacional y, posiblemente, ayuda logística.

La Fiscalía de Mónaco considera que los hechos indican que Berezovska no actuó sola. El dispositivo, el seguimiento previo de las víctimas, el sistema de activación y la fuga por varios países han empujado la investigación hacia posibles cómplices y hacia una pregunta todavía mayor: quién encargó el ataque.

Dos hombres fueron arrestados durante las primeras diligencias, pero quedaron en libertad después de que los investigadores no encontraran pruebas de su participación. Su liberación no elimina la hipótesis de una operación colectiva; simplemente descarta, por ahora, que aquellos dos detenidos formaran parte de ella.

Cómo fue el atentado contra Vadym Yermolaiev

La explosión se produjo poco antes de las nueve de la noche del lunes 29 de junio, cuando Yermolaiev, su pareja y el menor regresaban al inmueble. El artefacto explosivo había sido ocultado en una mochila o paquete depositado junto a la entrada del edificio residencial donde vivían, en una vivienda de la planta baja.

Las cámaras registraron a la persona con sombrero oscuro entrando en la zona y abandonando el lugar poco antes de la detonación. Inicialmente, su ropa holgada, su constitución y el ala baja del sombrero hicieron pensar que se trataba de un hombre. La sospechosa habría vigilado previamente el edificio y regresado después para colocar la carga.

Una bomba accionada en el momento preciso

La Fiscalía ha señalado que el explosivo fue detonado a distancia. Esa circunstancia implica que quien lo activó pudo observar la llegada de las víctimas o recibir información inmediata sobre sus movimientos. No fue, según la hipótesis principal, un paquete diseñado para explotar al abrirse ni un artefacto con temporizador abandonado al azar.

La complejidad de la bomba refuerza la sospecha de que intervinieron otras personas en su fabricación, preparación o seguimiento. Todavía no se ha comunicado qué tipo exacto de explosivo contenía ni desde qué distancia fue accionado, datos reservados que pueden resultar decisivos para identificar a los colaboradores.

El impacto destrozó la entrada del edificio, lanzó cristales y cascotes a la calle y obligó a trasladar a las víctimas a hospitales de Niza. Para Mónaco, acostumbrado a una vigilancia casi coreográfica —cámaras, policías, porteros, matrículas registradas—, el ataque fue algo más que un grave suceso criminal: rompió la vitrina de seguridad sobre la que descansa buena parte de su reputación.

Quién era el objetivo de la bomba

El hombre herido es Vadym Yermolaiev, empresario nacido en la ciudad ucraniana de Dnipró y vinculado durante décadas a negocios inmobiliarios, industriales y agrícolas. Obtuvo la nacionalidad chipriota y renunció a la ucraniana; desde al menos 2021 residía en Mónaco, aunque su presencia en el Principado se hizo más estable tras la invasión rusa de Ucrania.

Yermolaiev fue incluido en 2023 en la lista de sanciones de Ucrania por presuntas actividades empresariales relacionadas con territorios ocupados por Rusia. Esas acusaciones alimentaron desde el primer momento hipótesis políticas, pero la Fiscalía monegasca no ha atribuido el atentado a ningún Estado ni organización. Una cosa es el paisaje de fondo; otra, la prueba judicial.

Los investigadores también examinan posibles conflictos ligados a redes de centros de llamadas fraudulentos y a disputas económicas internacionales. Uno de los hijos del empresario fue condenado en Estonia por su participación en una trama de estafas telefónicas. Esta conexión ha llevado a valorar un ajuste de cuentas del crimen organizado, aunque el móvil continúa sin demostrarse.

Tampoco se ha confirmado públicamente que Berezovska mantuviera una relación personal con las víctimas. Su presunta vinculación con ambientes criminales ha sido señalada por fuentes de la investigación, pero aún no se conoce qué papel habría desempeñado: autora material, intermediaria, integrante de un grupo o pieza contratada para ejecutar un plan ajeno.

La huella alemana aún no resuelve el misterio

La búsqueda afecta ya a Mónaco, Francia, Italia, Suiza y Alemania, además de la red policial internacional activada mediante Interpol. Las matrículas, los contratos de alquiler, las cámaras de carretera, los teléfonos móviles y los movimientos bancarios pueden dibujar el itinerario con una precisión incómoda. Aun así, Europa conserva suficientes fronteras invisibles, transportes y documentos cruzados para que una persona desaparezca durante días.

Las autoridades intentan averiguar dónde se preparó el explosivo, quién facilitó el vehículo alemán, cómo conocía la sospechosa los horarios de las víctimas y quién dio la orden de detonar. También deben determinar si la mujer regresó realmente a Fráncfort o utilizó Alemania como escala antes de cambiar de identidad, automóvil o país.

El calificativo de atentado terrorista permanece descartado en esta fase. La investigación se mueve en el terreno de la tentativa de asesinato, la asociación criminal y la colocación intencionada de un artefacto explosivo en la vía pública. Esa clasificación podría cambiar si aparecen pruebas nuevas, pero no por el volumen del ruido mediático.

Lo confirmado es concreto: Anastasiia Berezovska ha sido identificada, está reclamada por Mónaco, fue vista en Alemania y no apareció en su domicilio conocido de Fráncfort. La policía dispone de su fotografía, su descripción física y una ruta parcial de fuga. Lo demás —su escondite, sus cómplices y el móvil— sigue abierto.

La bomba de Mónaco no parece un arrebato ni una intimidación rudimentaria. Hubo vigilancia, disfraz, detonación remota y una salida preparada a través de varios países. En el Principado de las fachadas impecables, los coches silenciosos y las cámaras en cada esquina, alguien logró ejecutar una operación violenta y cruzar la frontera antes de que el polvo terminara de caer. La persecución ya es mundial; la explicación, todavía no.

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