Tecnología
¿Por qué España se ha convertido en el gran hub de cables submarinos?
El 99% del tráfico internacional de datos viaja bajo el mar y cada vez más cables deciden tocar tierra en España. Este es el motivo.

Resumen
- El 99% del tráfico internacional de datos viaja por cables submarinos, y Google, Microsoft, Meta y Amazon ya controlan más del 70% del ancho de banda global.
- La península ibérica suma 35 cables submarinos y 20 puntos de amarre: España es la puerta natural entre América, Europa, África y Oriente Medio.
- Entre 2025 y 2027 se invertirán más de 14.000 millones de dólares en nuevos cables, impulsados por el apetito de datos de la IA.
Cada vez que abres Netflix en Madrid, le escribes a un familiar en Buenos Aires o le preguntas algo a un chatbot, tu petición cruza el Atlántico por un tubo de fibra óptica del grosor de una manguera de jardín, tendido a cuatro kilómetros de profundidad. No por satélite: el 99% del tráfico internacional de datos viaja bajo el mar. Y una parte cada vez mayor de ese tráfico decide tocar tierra en España.
La consultora TeleGeography, referencia del sector, calcula que entre 2025 y 2027 se invertirán más de 14.000 millones de dólares en nuevos cables submarinos en todo el planeta. Detrás de ese boom ya no están las telefónicas de toda la vida, sino las big tech: Google, Microsoft, Meta y Amazon concentran más del 70% del ancho de banda internacional. Y en ese nuevo mapa, la península ibérica ha pasado de periferia a cruce de caminos.
De esquina de Europa a cruce de continentes
«Hemos pasado de ser una esquina de la red europea a un punto clave de tráfico entre continentes. Somos un cruce en las telecomunicaciones internacionales». Quien habla es Diego Matas, director de operaciones de EllaLink, el cable que desde 2021 une Sines (Portugal) con Fortaleza (Brasil) sin pasar por Estados Unidos. Su frase resume el cambio de estatus ibérico.
La geografía manda: cualquier dato que viaje de América del Norte o del Sur hacia Europa encuentra en la península su desembarco más corto. Y desde ahí, el mismo cable puede continuar hacia África, Oriente Medio o Asia. España compite hoy directamente con Marsella, el histórico nodo mediterráneo, por ser la puerta sur del continente. Un estudio de Dstream Group encargado por DE-CIX ha bautizado la región como la primera «Capital Digital Distribuida» del mundo: Madrid como centro de tráfico, Lisboa/Sines como amarre atlántico y Barcelona como enlace mediterráneo, con hubs complementarios en Valencia, Bilbao, Aragón y Extremadura.
Qué cables aterrizan ya en España y quién los paga
El mapa de las nuevas arterias digitales españolas tiene nombres propios, casi todos impuestos por las tecnológicas estadounidenses:
| Cable | Ruta | Promotores |
|---|---|---|
| Marea | Virginia Beach (EE. UU.) – Sopelana (Bizkaia), 6.600 km | Microsoft, Meta y Telxius (Telefónica) |
| Grace Hopper | Nueva York – Sopelana | |
| Anjana | Myrtle Beach (Carolina del Sur) – Santander | Meta (primer transatlántico propio) |
| Sol | EE. UU. – Santander (en despliegue) | Meta |
| Pisces | Sopelana – Galway (Irlanda), 3.125 km, operativo en 2028 | Orange, Equitix y MDM |
| EllaLink | Sines – Fortaleza (Brasil), 5.500 km, con ramales a África y Caribe | EllaLink (consorcio europeo-latinoamericano) |
| Medusa | Mediterráneo: casi 20 puntos entre el sur de Europa y el norte de África (Barcelona entre ellos) | AFR-IX Telecom |
Fuente: ABC, TeleGeography y comunicados de los operadores · Estado a noviembre de 2026
El patrón es claro: la costa cantábrica —Sopelana y Santander— se ha convertido en el gran desembarcadero transatlántico, con Telxius operando las estaciones de amarre y un centro de datos en Derio (Bizkaia) que enlaza con los hubs europeos. Barcelona acumula amarres mediterráneos con una estación diseñada para acoger hasta ocho cables distintos. Y Galicia y Portugal, con Sines a la cabeza, se reparten las rutas hacia Latinoamérica.
¿Por qué tanto cable si ya tenemos internet?
La respuesta corta es la inteligencia artificial. Entrenar un modelo de lenguaje moderno exige mover cantidades ingentes de datos entre centros de datos separados por océanos, y hacerlo con la menor latencia posible. Los corredores tradicionales —sobre todo los transatlánticos del norte vía Reino Unido— están saturados. Las rutas del sur, vía península ibérica, ofrecen una alternativa más corta y con capacidad de sobra.
Carlos Dasi, de AFR-IX Telecom, da la escala del reto: «Hoy cada mil dólares que se invierte en IA solo un 1% se destina a la infraestructura submarina de conectividad». Traducido: las tecnológicas invierten fortunas en chips y centros de datos, pero el tubo que los conecta sigue siendo el cuello de botella barato. De ahí la carrera por tender fibra nueva.
La tecnología también avanza. Marea nació con 8 pares de fibra y unos 200 terabits por segundo. La siguiente generación, llamada SDM (multiplexación por división espacial), mete más pares en el mismo cable: Meta ya ha anunciado un sistema de 24 pares capaz de alcanzar un petabit por segundo —mil terabits— entre Francia y Estados Unidos. Y EllaLink presume de haber rebajado la latencia entre Europa y Latinoamérica de más de 100 milisegundos a unos 50, simplemente porque su ruta directa evita el rodeo por Norteamérica.
La cara B: soberanía, dependencia y vecinos enfadados
No todo son ventajas. El control de estas infraestructuras por un puñado de empresas estadounidenses ha encendido las alarmas en Bruselas: si Google o Meta deciden priorizar su propio tráfico —algo legal, porque son dueñas de gran parte de la capacidad—, la conectividad europea queda en manos ajenas. El cable Pisces se vende precisamente como respuesta: una conexión de fibra oscura, acceso abierto y «soberanía digital europea» que unirá Irlanda con el continente sin pasar por el Reino Unido.
En España el debate tiene otra arista: los centros de datos que acompañan a los cables consumen agua y energía, y los proyectos de Aragón, Extremadura o Castilla-La Mancha han generado protestas vecinales. La previsión del sector es de casi 9 gigavatios de nueva potencia instalada en la península en los próximos años, dedicada sobre todo a entrenamiento e inferencia de IA.
- ✓La red de Telxius supera ya los 100.000 kilómetros de fibra submarina y terrestre entre Europa y América.
- ✓EllaLink desplegará siete ramales —Mauritania, Casablanca, Madeira, Cabo Verde, Guayana francesa— y estudia extenderse desde Sines hasta Madrid, con salida a Marsella o Bilbao.
- ✓Los operadores españoles buscan nichos: rutas a Latinoamérica, África y Mediterráneo donde las big tech no llegan.
Lo que viene: más rutas, más capacidad y una pregunta abierta
El calendario es apretado. Pisces se instalará en 2028; Sol está en plena campaña marina; Telxius apura los despliegues de Celia —que unirá el Caribe, EE. UU. y Latinoamérica— y Tikal, su entrada en México. TeleGeography prevé que la inversión global en cables supere los 14.000 millones de dólares en el trienio, con Google y Meta como principales financiadores.
Para España, la ventana de oportunidad es real pero no eterna: Marsella no se rinde, Italia empuja sus propios amarres y el norte de África empieza a posicionarse como alternativa de bajo coste. La pregunta que queda sobre la mesa —literalmente, sobre la mesa del Atlántico— es si el país sabrá convertir el tránsito de datos en industria propia, o se limitará a ver pasar por su subsuelo marino los bits de otros.
Mientras tanto, la próxima vez que un vídeo tarde medio segundo en cargar desde un servidor de Virginia, conviene recordar el camino real que ha hecho: miles de kilómetros de fibra enterrada en el fondo del océano que, con bastante probabilidad, han desembarcado en una playa de Bizkaia, Santander o Barcelona.












