Síguenos

Actualidad

¿Por qué España boicoteó a Netanyahu durante la Asamblea de la ONU?

España y Eslovenia fueron los dos únicos países de la UE que participaron en el plante a Netanyahu durante su discurso ante la Asamblea de la ONU.

Publicado

el

discurso de Netanyahu en la ONU

Resumen

  • España y Eslovenia fueron los únicos países de la UE en sumarse al boicot
  • Decenas de delegaciones abandonaron la sala durante el discurso de Netanyahu
  • El gesto encaja en la política española de apoyo al Estado palestino

España dejó vacíos sus asientos durante la intervención de Benjamín Netanyahu ante la Asamblea General de Naciones Unidas del 24 de septiembre de 2026, sumándose a la protesta protagonizada por decenas de delegaciones. Fue uno de los pocos países europeos que participaron en el plante y, dentro de la Unión Europea, España y Eslovenia fueron los dos casos confirmados.

El gesto no fue una sanción de Naciones Unidas, ni una votación, ni una decisión institucional contra Israel. Fue una protesta diplomática: representantes de numerosos Estados abandonaron el salón, o dejaron sus asientos vacíos, mientras Netanyahu comenzaba su intervención. La posición española encaja además con una línea política mantenida durante los últimos años: reconocimiento del Estado palestino, embargo de armas a Israel y duras críticas del Gobierno español a la actuación del Ejecutivo israelí en Gaza.

Qué ocurrió realmente durante el discurso de Netanyahu

La escena tuvo lugar durante el 81.º periodo de sesiones de la Asamblea General, cuyo debate general se celebró en Nueva York entre el 22 y el 28 de septiembre. Cuando Netanyahu se dispuso a hablar, decenas de diplomáticos comenzaron a abandonar el salón entre abucheos, mientras también se escuchaban aplausos desde otros sectores. Reuters y AP confirmaron la salida masiva de representantes.

Netanyahu reaccionó desde el propio atril. Invitó a marcharse a quienes aún quisieran hacerlo y calificó de “cobardes morales” a los delegados que abandonaban la sala. Después defendió las operaciones militares israelíes y rechazó las acusaciones de genocidio formuladas contra Israel.

España no necesitó un portazo cinematográfico para hacer visible su postura. Sus asientos quedaron vacíos durante la intervención. La imagen, seca y bastante más elocuente que muchos comunicados diplomáticos, situó a Madrid en un grupo muy reducido dentro de Europa.

Una protesta que buscaba hacerse visible

La dimensión de la salida convirtió el episodio en algo más que una suma de ausencias individuales. La marcha coordinada de representantes buscó expresar públicamente el rechazo de numerosos gobiernos a las políticas del Ejecutivo israelí, mientras otros países, aun siendo críticos con Netanyahu, decidieron permanecer en el salón.

Eso explica por qué la imagen tuvo tanta fuerza. En Naciones Unidas el lenguaje diplomático suele escribirse con fórmulas medidas al milímetro; esta vez se escribió también con filas de sillones vacíos.

¿Fueron exactamente 76 países? El dato necesita un matiz

La cifra de 76 países procede de un recuento difundido por medios israelíes que citaban a funcionarios del país. Una lista inicial incluía también a Irlanda, pero el Gobierno irlandés negó haber participado en el boicot y aseguró que estuvo representado durante la intervención. Tras esa corrección, el recuento publicado quedó en 76 delegaciones.

Conviene no convertir esa cifra en algo que no es. Naciones Unidas no publicó una relación oficial cerrada de 76 países participantes. Las principales agencias internacionales hablaron de decenas de delegados abandonando el salón, sin presentar un acta nominal completa de adhesiones.

La composición del grupo sí deja una fotografía bastante clara. Hubo una presencia destacada de países de África, Asia y Latinoamérica. En Europa, España y Eslovenia figuraron entre los participantes junto con Bosnia y Herzegovina, Macedonia del Norte y San Marino.

Dentro de la Unión Europea, por tanto, la singularidad española resulta especialmente visible. España fue uno de solo dos Estados miembros confirmados en el plante, junto a Eslovenia, mientras otras grandes capitales comunitarias optaron por mantener representación en la sala.

Por qué la posición de España no apareció de la nada

El episodio de Nueva York puede parecer llamativo observado como una fotografía aislada. Mirado con perspectiva, sorprende bastante menos.

España reconoció oficialmente el Estado de Palestina el 28 de mayo de 2024. El Gobierno defendió entonces que la medida pretendía contribuir a una solución de dos Estados que permitiera la convivencia de Palestina e Israel en paz y seguridad.

En septiembre de 2025 llegó otro movimiento de mayor contenido práctico. El Ejecutivo aprobó un real decreto ley que consolidó jurídicamente el embargo de armas a Israel, además de introducir restricciones sobre determinados combustibles con posible uso militar y productos procedentes de asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados.

Un año después esa línea seguía presente. El 23 de septiembre de 2026, apenas un día antes del discurso de Netanyahu, Pedro Sánchez afirmó ante la Asamblea General que España había impuesto un embargo de armas al Gobierno israelí y utilizó el término “genocidio” para referirse a Gaza. Se trata de la posición expresada por el presidente español; Netanyahu rechaza de forma tajante esa acusación.

La ausencia española durante el discurso debe entenderse dentro de esa secuencia. No fue un giro improvisado de última hora, sino otro gesto dentro de una relación política y diplomática que se ha deteriorado notablemente en los últimos años.

Una Unión Europea dividida ante el gesto diplomático

La fotografía de los asientos vacíos dejó otra lectura importante: la UE no actuó como bloque. España y Eslovenia secundaron la protesta, mientras la inmensa mayoría de los socios comunitarios optaron por seguir representados durante la intervención israelí.

Hay, en realidad, dos maneras diferentes de entender ese tipo de gesto diplomático. Una consiste en utilizar la ausencia como señal política; la otra, en permanecer sentado para escuchar al adversario y expresar después el desacuerdo. El caso irlandés resulta ilustrativo: Dublín negó haber participado en la salida pese a mantener posiciones muy críticas con determinadas políticas israelíes.

Por eso, el mapa de aquella sala no puede leerse como una división automática entre partidarios y detractores de Israel. Permanecer no equivale a respaldar el discurso y marcharse tampoco supone romper relaciones diplomáticas con el Estado israelí. En Naciones Unidas los gestos cuentan, pero tienen un vocabulario propio.

El contraste entre Europa y otras regiones

Sí hubo una diferencia geográfica apreciable. Buena parte de quienes abandonaron el salón pertenecían a países africanos, asiáticos y latinoamericanos, mientras numerosas potencias occidentales permanecieron representadas. El reparto refleja las fuertes divergencias internacionales que existen alrededor de Gaza, Palestina y la política israelí.

España quedó así en una posición poco frecuente entre las grandes economías occidentales europeas: acompañó un gesto que no secundaron Alemania, Francia o Italia y que dentro de la UE solo compartió Eslovenia.

Qué dijo Netanyahu ante una sala con numerosos asientos vacíos

El boicot terminó ocupando buena parte de los titulares, pero el contenido del discurso explica por qué la tensión era tan elevada.

Netanyahu defendió la actuación militar de Israel, justificó sus decisiones frente a Irán y negó que su país estuviera cometiendo un genocidio en Gaza, una acusación que calificó como “la mentira del siglo”. También insistió en presentar las acciones de Israel como parte de una lucha más amplia contra las amenazas regionales.

Quienes abandonaron el salón enviaron justamente el mensaje contrario: no querían ofrecer normalidad diplomática a aquella intervención. Dos relatos incompatibles compartieron durante unos minutos el mismo edificio, uno pronunciado desde el atril y otro construido mediante decenas de asientos vacíos.

La protesta tampoco puede confundirse con un aislamiento absoluto de Israel. Netanyahu intervino como jefe de Gobierno de un Estado miembro de Naciones Unidas y numerosos representantes permanecieron presentes. La Asamblea General no convirtió aquella salida en una sanción institucional contra él.

Los asientos vacíos y el lugar que España decidió ocupar

La importancia del episodio no está únicamente en discutir si el recuento final fue de 76 delegaciones, sino en observar qué países decidieron participar y cuáles no. El dato más sólido es que decenas de representantes abandonaron o dejaron vacíos sus asientos y España estuvo entre los participantes confirmados.

Para Madrid, aquello prolongó una política que viene tomando forma desde 2024: reconocimiento de Palestina, restricciones al comercio militar con Israel y una crítica cada vez más dura hacia el Gobierno de Netanyahu. Para el Ejecutivo israelí, en cambio, esas acusaciones y ese tipo de protestas forman parte de una presión internacional que considera injustificada.

Y ahí queda la imagen política de Nueva York. España fue una excepción dentro de la Unión Europea, aunque no estuvo sola en el mundo. En diplomacia hay comunicados de tres páginas que apenas dejan huella y hay una silla vacía que lo dice casi todo. Esta vez ocurrió lo segundo.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído