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¿Por qué la PAU 2026 acumula ceros, errores y suspensos en España?

La PAU 2026 deja ceros en euskera, suspensos en Matemáticas y un error en Biología que reabre el debate sobre la igualdad entre los alumnos.

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estudiantes en la pau 2026

La PAU 2026 ha terminado con un aprobado general elevado y, al mismo tiempo, con una cadena de incidencias que ha puesto bajo sospecha algo más delicado que un examen difícil: la igualdad educativa entre estudiantes que compiten por las mismas plazas. Los ceros en euskera de varios centros de Bizkaia, el error de Biología en Cantabria y el desplome de Matemáticas II en La Rioja han convertido la antigua Selectividad en un mapa de agravios, revisiones y, en un caso, tribunales.

El dato global no refleja el ruido que queda debajo. El 89,98 % del alumnado de segundo de bachillerato superó la convocatoria ordinaria, celebrada los días 2, 3 y 4 de junio en la mayoría de comunidades. Pero la nota de acceso no se juega en porcentajes nacionales, sino en décimas. Y una décima, cuando las notas de corte aprietan, pesa como una losa.

Una prueba aprobada que deja demasiadas dudas

La Prueba de Acceso a la Universidad cumple una función común, pero se organiza de forma descentralizada. Ahí nace una tensión conocida: los estudiantes solicitan plaza en un sistema universitario compartido, aunque realizan exámenes distintos según el territorio. Sobre el papel hay criterios generales; en la práctica, las diferencias entre comunidades autónomas pueden alterar la dificultad, los tiempos, los enunciados y hasta la forma de corregir.

La convocatoria ordinaria de este año ha vuelto a mostrar esa costura. No se trata de afirmar que toda la admisión universitaria esté viciada, ni de convertir cada suspenso en una conspiración académica. Se trata de algo más sobrio: comprobar si una prueba decisiva se desarrolló con garantías comparables. La igualdad, esa palabra solemne que cabe entera en un decreto, se vuelve bastante más frágil cuando una letra mal puesta o un criterio de corrección inesperado cambia el resultado.

Los ceros en euskera desatan la mayor alarma

El foco más llamativo está en Bizkaia, donde numerosos alumnos de centros concertados del modelo A recibieron calificaciones extraordinariamente bajas en la prueba de Lengua Vasca y Literatura. Hubo suspensos generalizados y también ceros, una nota tan extrema que dejó de parecer una simple mala tarde y pasó a exigir explicaciones.

La polémica se extendió por todo el País Vasco. El lehendakari, Imanol Pradales, calificó el asunto de “bastante raro”, mientras varios centros afectados dejaron abierta la posibilidad de acudir a la vía judicial. La EHU, universidad pública vasca responsable de la prueba, ha pedido esperar a que termine el procedimiento reglado antes de sacar conclusiones.

La revisión decidirá si hubo una anomalía

Un total de 1.778 alumnos, alrededor del 14 % de quienes hicieron la prueba, solicitó la revisión de los exámenes. No todas esas reclamaciones corresponden necesariamente al euskera, pero la cifra retrata el grado de inquietud. Las calificaciones definitivas se conocerán el 22 de junio, fecha que puede rebajar la tensión o, por el contrario, confirmar que algo falló en determinados tribunales de evaluación.

El proceso de revisión no es un simple vistazo administrativo. Implica una nueva corrección conforme a las reglas previstas y puede modificar la nota, hacia arriba o hacia abajo. Para las familias, el punto sensible es el calendario: cualquier retraso o resultado anómalo se cruza con la elección de grado, las listas de espera y la nota de acceso. El reloj universitario no suele tener mucha paciencia.

Cantabria lleva el error de Biología a los tribunales

En Cantabria, la discusión ya ha atravesado la puerta del juzgado. La familia de una alumna ha presentado una demanda para que se determine si el examen de Biología se realizó en condiciones de igualdad después de que se detectara un fallo en una pregunta sobre código genético.

La cuestión valía 0,4 puntos y afectó a 913 alumnos. El error fue comunicado durante el desarrollo de la prueba, con aclaraciones sucesivas. Según la parte demandante, esa intervención pudo reducir el tiempo efectivo y alterar la concentración de los estudiantes. No se discute solo la letra equivocada, sino el efecto que produjo dentro del aula, con el examen ya en marcha y los nervios haciendo su trabajo.

La universidad sostiene que la incidencia fue corregida durante la prueba. La justicia deberá decidir si esa solución bastó para preservar las condiciones de igualdad o si la interrupción generó un perjuicio real. Es una diferencia importante: un error material puede subsanarse; una alteración del examen, cuando condiciona el rendimiento, abre otra pantalla jurídica.

Matemáticas abre una brecha territorial

En La Rioja, el golpe llegó con Matemáticas II. El 44,76 % del alumnado no superó la asignatura y la nota media quedó en 5,2 puntos, aproximadamente dos puntos por debajo de años anteriores. Profesores, familias y estudiantes temen que ese descenso perjudique a quienes aspiran a grados con notas de corte elevadas.

La comisión organizadora ha defendido que la prueba se ajustaba a la normativa. Las quejas, sin embargo, no se limitan a que el examen fuera exigente. Señalan una posible desproporción entre el nivel trabajado durante el curso, la complejidad de los problemas y el tiempo disponible. Cuando el resultado colectivo se hunde de forma tan visible, la duda técnica es inevitable: falló la preparación, falló el diseño o coincidieron ambas cosas.

Cataluña también cuestiona los 90 minutos

En Cataluña, las Matemáticas se convirtieron en el gran hueso de la modalidad Científica y Tecnológica. Las protestas de familias y alumnos llegaron al Parlament a través de los Comuns, que reclamaron datos completos, comparación con cursos anteriores y una evaluación clara sobre si los 90 minutos previstos eran suficientes.

La dificultad, por sí sola, no invalida un examen. Una prueba selectiva puede ser dura. Lo problemático aparece cuando la dureza no guarda una proporción razonable con el currículo o cuando varía tanto entre territorios que la competencia por una misma plaza deja de parecer homogénea. España mantiene una PAU coordinada, sí, pero no idéntica. Y esa grieta reaparece cada junio con puntualidad casi funcionarial.

Galicia encadena fallos y correcciones

En Galicia, las tres jornadas estuvieron marcadas por reclamaciones en Dibujo Técnico II, Historia de España, Historia del Arte, Francés y Física. Se denunciaron gráficos o frases innecesarias, discordancias entre las versiones en gallego y castellano y preguntas que no encajaban con las instrucciones previamente comunicadas.

En varios casos se aplicó una corrección flexible para evitar perjuicios. Esa respuesta puede amortiguar el daño, pero no borra el origen del problema: los exámenes de una prueba tan sensible deberían llegar al aula después de filtros suficientes. El estudiante tiene derecho a equivocarse; el sistema, francamente, debería hacerlo bastante menos.

La PAU común sigue siendo una promesa incompleta

Las polémicas de 2026 no demuestran que la PAU sea inútil ni que todas las notas estén contaminadas. Sí revelan una debilidad persistente: una prueba nacional en sus efectos, pero autonómica en su ejecución, donde la dificultad, la redacción y la respuesta ante los errores pueden variar demasiado.

El desenlace inmediato depende de la revisión de los exámenes en Euskadi, de la resolución judicial en Cantabria y de los análisis pendientes sobre Matemáticas en La Rioja y Cataluña. Más allá de cada expediente, queda una exigencia elemental: que el acceso a la universidad mida conocimientos y competencias, no la comunidad donde cayó el pupitre ni la fortuna de recibir un enunciado limpio.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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