Síguenos

Actualidad

¿Cómo logró plaza en Lorca el opositor del ‘boli espía’ de Murcia?

Detenido por una cámara oculta en un baño femenino, aprobó las oposiciones y recibió destino en un colegio de Lorca antes de declarar ante el juez.

Publicado

el

grabar a mujeres con cámara oculta

Resumen

  • El opositor investigado logró una plaza como docente interino en Lorca
  • Fue detenido tras hallarse una cámara oculta en un baño femenino de Murcia
  • Su incorporación llega tres días antes de declarar como investigado

Un opositor de 26 años investigado por la colocación de una cámara oculta en el aseo de mujeres de una sala de estudio de Murcia ha conseguido una plaza como docente interino en un colegio público de Lorca. La adjudicación se produce después de que fuera detenido y puesto en libertad mientras avanzaba el procedimiento judicial. Su incorporación está prevista para el 2 de octubre de 2026.

El caso resulta especialmente llamativo por el calendario. Adrián R. C. fue detenido después de realizar la primera prueba de las oposiciones de Educación Primaria, pero su situación procesal no le impidió continuar con el proceso selectivo. Hizo posteriormente la prueba oral, aprobó la oposición, entró en la lista de interinos y recibió destino. Tres días después de su incorporación al colegio, el 5 de octubre, está citado para comparecer ante el juez como investigado por un presunto delito de descubrimiento de secretos.

La plaza llega antes que la declaración ante el juez

La investigación tiene su origen en lo ocurrido en la Sala de Estudio de Sangonera la Seca, en el municipio de Murcia. Una mujer encontró en junio un bolígrafo aparentemente corriente colocado en el aseo femenino. No lo era: el dispositivo escondía una cámara y una tarjeta de memoria.

El análisis policial permitió comprobar que el aparato había sido situado de manera que enfocaba directamente hacia el inodoro y había registrado imágenes de mujeres en un espacio de absoluta intimidad. Al menos cuatro opositoras presentaron denuncia después de lo sucedido.

La Policía Nacional centró posteriormente sus pesquisas en Adrián R. C., que también estudiaba allí para presentarse a las oposiciones de maestro. Según la información conocida de la investigación, las cámaras de seguridad de las instalaciones lo situaban entrando en el aseo femenino y el propio material almacenado en el dispositivo aportó elementos utilizados por los investigadores para identificarlo.

Fue detenido el 30 de junio, cuando ya había superado la primera parte del proceso selectivo. Quedó después en libertad mientras continuaban las diligencias judiciales. Y ahí aparece la paradoja administrativa del caso: una detención no equivale a una condena ni supone automáticamente la expulsión de unas oposiciones.

El aspirante pudo continuar. Realizó la prueba oral y terminó aprobando con una calificación que, según la información publicada sobre el expediente, superaba los 10,5 puntos en el baremo global utilizado en el procedimiento. Más tarde entró en la bolsa de interinos y participó en la adjudicación de destinos.

Qué ocurrió en el baño de Sangonera la Seca

El episodio que desencadenó la investigación ocurrió el 11 de junio, pocos días antes de las oposiciones de Primaria. Una de las usuarias de la sala encontró el bolígrafo colocado cerca del inodoro del baño femenino y comprobó que escondía un sistema de grabación.

La Policía analizó el dispositivo y localizó imágenes de varias mujeres. Según las diligencias conocidas, algunas mostraban partes íntimas de las víctimas mientras utilizaban el aseo. La investigación llevó posteriormente a revisar también las cámaras de videovigilancia de la sala de estudio.

El procedimiento no se limita, al menos de momento, a determinar lo sucedido aquella tarde. Entre el material localizado apareció una imagen fechada en 2020, circunstancia que abrió otra incógnita mucho más amplia: durante cuánto tiempo pudo haberse utilizado el dispositivo y si existen otras víctimas.

Una investigación que mira seis años atrás

Que aparezca una imagen de 2020 no demuestra por sí solo que hubiera grabaciones continuadas durante seis años. Ese matiz importa. Sí explica, en cambio, por qué los investigadores han tratado de averiguar si el episodio descubierto en junio fue aislado o formaba parte de una conducta anterior.

La Policía también advirtió durante las diligencias de la posibilidad de que entre las eventuales víctimas pudiera haber menores de edad, puesto que las salas municipales de estudio son utilizadas igualmente por estudiantes de instituto. Por ahora, esa posibilidad forma parte de la investigación y no debe confundirse con un hecho judicialmente acreditado.

El procedimiento deberá aclarar también qué ocurrió con las imágenes, si existieron más dispositivos o archivos y si el material fue almacenado, compartido o difundido. Es precisamente para determinar cuestiones como estas para lo que continúa abierta la instrucción judicial.

Por qué puede conseguir una plaza pese a estar investigado

La respuesta está en una diferencia jurídica básica, aunque en casos así resulte difícil de digerir a primera vista: estar investigado no significa estar condenado.

Adrián R. C. no tiene, con la información conocida hasta este momento, una sentencia condenatoria firme por estos hechos. Sigue protegido por la presunción de inocencia y conserva sus derechos mientras el procedimiento penal avanza. Su detención y la existencia de diligencias judiciales no funcionan automáticamente como una inhabilitación profesional.

Esto explica también la cuestión del certificado exigido para trabajar habitualmente con menores. La legislación española obliga a acreditar que no existen antecedentes en el Registro Central de Delincuentes Sexuales y de Trata de Seres Humanos para desempeñar profesiones con contacto habitual con niños y adolescentes.

Qué acredita realmente el certificado para trabajar con menores

Ese documento está vinculado a condenas firmes inscritas en el registro. Una investigación penal abierta, por grave que pueda parecer el asunto investigado, no equivale jurídicamente a ese antecedente.

Ahí está uno de los elementos que hacen tan incómodo este caso. La Administración tiene que conjugar dos terrenos que no siempre avanzan a la misma velocidad: la protección de los menores y las garantías legales de una persona que todavía no ha sido juzgada ni condenada.

Representantes sindicales de Educación ya habían advertido durante el verano de las dificultades que supondría una eventual incorporación del docente a un colegio. Entre las posibilidades planteadas públicamente figuraban soluciones provisionales que evitaran el contacto directo con niños mientras se resolvía la causa, pero la adjudicación conocida finalmente lo sitúa en un centro público de Lorca.

Las opositoras afrontaron los exámenes con el caso abierto

Hay otro ángulo menos administrativo y bastante más humano. Las mujeres que denunciaron las grabaciones estaban preparando las mismas oposiciones.

El dispositivo fue descubierto apenas unos días antes de la primera prueba. Algunas de las denunciantes explicaron posteriormente que lo sucedido afectó a su concentración y a su preparación. Hubo quienes continuaron acudiendo a la sala de estudio mientras la Policía trataba de identificar al responsable, una situación particularmente incómoda: estudiar temarios, preparar exposiciones y, al mismo tiempo, no saber quién podía haberlas grabado dentro de un baño.

Mientras ellas afrontaban las consecuencias personales de lo ocurrido, el investigado realizó el examen del 20 de junio, fue detenido diez días después y posteriormente pudo continuar con la fase oral. Acabó aprobando.

El dato no altera la validez de sus resultados académicos ni demuestra responsabilidad penal alguna, pero explica buena parte de la reacción que ha provocado conocer su destino docente. Son dos planos distintos —el proceso selectivo y el procedimiento judicial— que han terminado cruzándose de una manera difícil de ignorar.

Del aula al juzgado en apenas tres días

El calendario resume el caso casi mejor que cualquier explicación. El 2 de octubre, según la adjudicación conocida, Adrián R. C. debe incorporarse a su destino en Lorca. El 5 de octubre tiene que comparecer en la Ciudad de la Justicia de Murcia para declarar como investigado.

La causa se sigue por un presunto delito de descubrimiento de secretos, mientras continúan las pesquisas sobre el contenido encontrado y la posible existencia de más víctimas. Las cuatro mujeres denunciantes conocidas han llevado el asunto a los tribunales y la instrucción tendrá que fijar el alcance real de los hechos.

Hasta entonces conviene mantener separados dos conceptos que en el ruido público suelen mezclarse deprisa: existen indicios que han dado lugar a una detención y a una investigación judicial, pero no existe una condena. Precisamente por eso ha podido continuar en el procedimiento de oposiciones y recibir una plaza.

Una plaza adjudicada y una causa que sigue abierta

El episodio deja una fotografía extraña, casi burocráticamente perfecta: un hombre investigado por unas grabaciones íntimas presuntamente realizadas con una cámara escondida en un baño puede incorporarse a un colegio porque, a efectos legales, todavía no existe una condena que se lo impida.

No es que la detención haya desaparecido del mapa. Tampoco que el procedimiento judicial carezca de consecuencias. Simplemente, los tiempos de la Justicia y los de la Administración no son los mismos.

Ahora ambos calendarios están a punto de tocarse. Primero, el colegio de Lorca. Tres días después, el juzgado de Murcia. Será la investigación judicial la que determine finalmente qué ocurrió, durante cuánto tiempo y qué responsabilidad penal existe, si la hay. Hasta entonces, Adrián R. C. sigue siendo investigado y mantiene intacta su presunción de inocencia.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído