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¿Qué propone Pradales para el nuevo Estatuto y el futuro de Euskadi?

Pradales sitúa el nuevo Estatuto vasco en el centro del debate con más autogobierno, singularidad nacional y mecanismos de decisión política.

Publicado

el

Imanol Pradales

Resumen

  • Pradales propone un nuevo Estatuto con más autogobierno para Euskadi
  • El plan incluye singularidad nacional y mecanismos de decisión política
  • La reforma exigiría apoyo del Parlamento Vasco, las Cortes y referéndum

El lehendakari, Imanol Pradales, ha situado el nuevo Estatuto vasco en el centro del curso político con una propuesta que pretende ir más allá de completar las competencias pendientes del Estatuto de Gernika. Su planteamiento pasa por incorporar el reconocimiento de la “singularidad nacional vasca”, nuevas capacidades políticas y lo que ha definido como “mecanismos de decisión” sobre el futuro político de Euskadi.

La expresión es políticamente potente, aunque todavía deja bastante espacio por rellenar. Pradales no concretó qué forma tendrían esos mecanismos de decisión ni qué materias abarcarían. Por eso, identificarlos automáticamente con un referéndum de autodeterminación iría más lejos de lo anunciado. Lo que sí queda claro es la intención de renovar el marco de autogobierno, incorporar nuevas garantías y alcanzar un acuerdo suficientemente amplio para abrir una etapa distinta en la relación institucional entre Euskadi y el Estado.

Pradales quiere un nuevo pacto político para Euskadi

El planteamiento fue expuesto durante el pleno de política general del Parlamento Vasco celebrado este 17 de septiembre en Vitoria-Gasteiz. El autogobierno ocupó una parte destacada del discurso, junto a las transferencias pendientes y al futuro estatus político que negocian desde hace meses PNV, EH Bildu y PSE-EE.

Pradales vinculó la siguiente etapa a la culminación previa del Estatuto de Gernika. Según expuso, completar el marco vigente permitiría avanzar después hacia acuerdos de mayor calado relacionados con la singularidad nacional, las fórmulas para decidir el futuro político, nuevas capacidades propias y una participación vasca más intensa en asuntos europeos e internacionales.

No es, por tanto, únicamente una discusión sobre transferir competencias. El proyecto señalado por el lehendakari apunta a revisar elementos de la arquitectura política de la relación entre Euskadi y el Estado. Una cosa es terminar de desplegar un estatuto vigente desde 1979 y otra, bastante más delicada, acordar cuál será el marco que venga después.

La expresión más delicada: “mecanismos de decisión”

Esas tres palabras concentran una buena parte del debate. “Mecanismos de decisión” puede abarcar fórmulas muy diferentes y, mientras no exista un texto articulado, conviene no rellenar los huecos con interpretaciones que todavía no están escritas. Pueden entrar en juego consultas, procedimientos pactados de participación o instrumentos asociados a una futura modificación del estatus, pero el alcance exacto permanece abierto.

Y el matiz importa. El Estatuto actualmente vigente establece un procedimiento concreto para su reforma: la propuesta debe obtener mayoría absoluta en el Parlamento Vasco, ser aprobada por las Cortes Generales mediante una ley orgánica y recibir finalmente el respaldo de los electores en referéndum. No es precisamente una puerta que se abra con un simple giro de picaporte.

Ese itinerario coloca cualquier nuevo pacto ante dos planos políticos distintos. Primero habrá que construir un acuerdo suficientemente amplio en Euskadi; después deberá recorrer el marco estatal si aspira a convertirse en la nueva norma institucional básica.

La “singularidad nacional vasca” entra en la negociación

Pradales también reclama que el futuro pacto reconozca expresamente la singularidad nacional vasca. El debate, en realidad, no comienza sobre una página completamente en blanco. El actual Estatuto de Gernika ya define al Pueblo Vasco, en su primer artículo, como expresión de su nacionalidad y establece su constitución en comunidad autónoma dentro del Estado español.

La cuestión será determinar hasta dónde llega el nuevo reconocimiento y, sobre todo, qué consecuencias jurídicas concretas tendría. Ahí las palabras dejan de ser material de discurso y empiezan a pesar. Mucho.

El lehendakari plantea acompañar ese reconocimiento de mayores capacidades políticas y de una participación más intensa de Euskadi en asuntos europeos e internacionales. Esa idea encaja con una reivindicación que Pradales ya había ligado al autogobierno: bilateralidad, garantías y nuevas capacidades para afrontar materias que el Ejecutivo vasco considera estratégicas.

PNV, EH Bildu y PSE negocian un texto todavía abierto

La fotografía política tiene una particularidad relevante. Las conversaciones sobre el futuro estatus implican a PNV, EH Bildu y PSE-EE, tres formaciones con posiciones diferentes sobre soberanía, autogobierno, bilateralidad y encaje territorial. Encontrar una fórmula común permitiría construir una base parlamentaria amplia, pero obliga también a resolver cuestiones que durante años han separado a esos partidos.

Por el momento no existe públicamente un texto definitivo y articulado que permita conocer con precisión cómo quedarán formuladas las cuestiones más sensibles. Esa ausencia es importante: lo expresado por Pradales marca una orientación política, pero todavía no equivale al contenido cerrado de un nuevo Estatuto.

Entre una declaración política y una ley orgánica hay bastante camino: negociación, redacción jurídica, mayorías parlamentarias, intervención de las Cortes y, llegado el momento, votación ciudadana. El debate puede sonar abstracto desde lejos, pero en cuanto aparece un artículo y un verbo concreto, la niebla se levanta.

Primero, completar el Estatuto de Gernika

Pradales ha colocado además una condición temporal: antes de abordar plenamente el siguiente marco quiere culminar el desarrollo del Estatuto vigente y cerrar las transferencias pendientes. Durante su intervención reconoció avances con el Gobierno central, pero consideró que siguen siendo insuficientes.

El lehendakari citó entre las cuestiones todavía pendientes la gestión del régimen económico de la Seguridad Social y los puertos de Pasaia y Bilbao, para los que reclamó mayor autonomía y agilidad. También sostuvo que el plazo comprometido para culminar el Estatuto no se ha respetado. Son posiciones expresadas por Pradales dentro de la negociación competencial con el Estado.

La secuencia elegida tiene una lectura política bastante clara: cerrar primero lo pactado bajo el Estatuto de 1979 y abrir después una fase distinta. Sobre el papel puede parecer ordenado. En la práctica, el desarrollo competencial vasco lleva décadas atravesado por negociaciones entre administraciones, interpretaciones jurídicas distintas y acuerdos alcanzados a ritmos muy desiguales.

La advertencia sobre la política española y el autogobierno

El discurso tuvo también una parte particularmente áspera. Pradales advirtió de que podrían acercarse “tiempos oscuros” en la política española y planteó la posibilidad de que accedan al poder fuerzas que, según su valoración, cuestionen la actual organización territorial o la identidad política vasca. Se trata de una valoración y una advertencia política del lehendakari, no de una descripción objetiva de un futuro Gobierno.

Pradales vinculó esa preocupación a la necesidad de reforzar las garantías del autogobierno. También expresó inquietud por determinadas actuaciones judiciales que, a su juicio, condicionan políticas públicas del Gobierno Vasco o ponen en cuestión leyes aprobadas por el Parlamento autonómico. De nuevo, es la posición formulada por el lehendakari ante esas resoluciones, no una conclusión jurídica independiente.

El asunto tiene una dimensión que supera una legislatura concreta. Un Estatuto está pensado para sobrevivir a cambios de gobierno, mayorías parlamentarias y etapas políticas muy distintas. Por eso cuestiones como la bilateralidad, las garantías y la resolución de discrepancias pueden terminar siendo tan relevantes como el propio listado de competencias.

El nuevo Estatuto tendrá que pasar por Madrid y por las urnas

Por mucho que el debate arranque entre las fuerzas políticas vascas, una reforma de este alcance no depende exclusivamente del Parlamento de Vitoria. El artículo 46 del Estatuto de Gernika fija un procedimiento claro para la reforma general: mayoría absoluta del Parlamento Vasco, aprobación de las Cortes Generales mediante ley orgánica y referéndum posterior.

Esto obliga a separar dos debates que con frecuencia se mezclan. Uno consiste en saber qué pacto pueden alcanzar los partidos en Euskadi. El otro, igual de decisivo, es determinar qué contenido podrá transformarse después en norma dentro del ordenamiento jurídico vigente y reunir los apoyos necesarios en las instituciones estatales.

El recorrido, por tanto, puede ser largo. Mucho dependerá de cómo se redacten conceptos como la singularidad nacional, las nuevas competencias, la bilateralidad o esos mecanismos de decisión todavía por definir. Una expresión política admite elasticidad; un artículo estatutario necesita bastante más precisión.

Un viejo debate entra en una fase distinta

El Estatuto de Gernika fue aprobado en 1979 y continúa siendo la norma institucional básica de Euskadi. Más de cuatro décadas después, la discusión ya no gira únicamente alrededor de completar sus competencias, sino sobre qué modelo de autogobierno puede venir después y hasta dónde llegará el consenso entre fuerzas con proyectos territoriales diferentes.

Pradales ha puesto sobre la mesa sus coordenadas: culminar primero el Estatuto vigente, reconocer la singularidad nacional vasca, ampliar capacidades políticas, reforzar la presencia de Euskadi en ámbitos europeos e internacionales e incorporar fórmulas relacionadas con la decisión sobre su futuro político.

Falta, sin embargo, la pieza que permitirá medir el verdadero alcance del cambio: el texto concreto. Hasta que exista una propuesta articulada será difícil saber qué significan jurídicamente algunas de esas fórmulas y dónde quedarán exactamente sus límites. La política vasca regresa así a una discusión conocida, pero con un escenario distinto: comprobar si las conversaciones entre PNV, EH Bildu y PSE-EE terminan convirtiéndose en un acuerdo estatutario capaz de superar después todo el recorrido parlamentario, estatal y ciudadano que exige su entrada en vigor.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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