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¿Por qué Mediapro recorta y qué ERE vienen en 2025?
El grupo audiovisual Mediapro ha puesto en marcha un plan de ajuste que incluye un ERE de más de 1.000 personas para atajar unas pérdidas que se han multiplicado este año y ordenar la compañía tras el relevo en la cúpula.

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Mediapro prepara un ERE de más de 1.000 empleados y abre un año de recortes clave: cifras, protagonistas y contexto sectorial en España 2025
El grupo audiovisual Mediapro ha puesto en marcha un plan de ajuste que incluye un ERE de más de 1.000 personas para atajar unas pérdidas que se han multiplicado este año y ordenar la compañía tras el relevo en la cúpula. La nueva dirección, con Sergio Oslé al frente por designación del propietario chino Orient Hontai, ha activado una revisión a fondo de proyectos, costes y negocios menos rentables, con la consigna de preservar caja y focalizar inversiones. El recorte afectará a varias áreas del grupo y a distintos países, aunque el grueso del impacto se concentrará en España, donde se ubican servicios clave y una parte sustancial de la plantilla. En paralelo, este mes Mediapro ya comunicó un despido colectivo en la sede de Barcelona asociado a servicios para LaLiga que podría alcanzar 36 puestos, una señal temprana del giro que ahora se acelera.
El movimiento llega en un año con despidos colectivos al alza en sectores muy dispares. Telefónica ha presentado el mayor expediente de 2025 —5.319 empleos propuestos en cuatro filiales—; MasOrange cerró el suyo con 609 salidas; Bridgestone ajustó su plan desde 546 a 420 despidos potenciales; Mahle rebajó la cifra inicialmente planteada a 506 tras un preacuerdo; Siemens Gamesa recortó su ERE en España a 129; Freixenet anunció 180 salidas (un 24% de su plantilla) y Azucarera comunicó 251 despidos y el cierre de la fábrica de La Bañeza (León). El Ministerio de Trabajo ha venido confirmando que hasta mayo el número de trabajadores afectados por despidos colectivos creció en torno al 34–35% interanual, hasta situarse por encima de 4.500 personas. El contexto ayuda a entender la decisión de Mediapro, pero la clave está en su cuenta de resultados y en un cambio de mando que trae otra forma de gestionar.
Mediapro: qué sabemos del ajuste y por qué ahora
La productora y prestadora de servicios técnicos —un referente europeo en retransmisiones deportivas, gestión de derechos y The Mediapro Studio— ha sufrido un deterioro de márgenes por contenidos más caros, contratos menos rentables y una cartera internacional más exigente. A ello se suma el relevo corporativo: tras la salida del cofundador Tatxo Benet, la presidencia ejecutiva la ejerce Sergio Oslé (ex Movistar+ y ex consejero delegado de Telefónica España), respaldado por Orient Hontai. La instrucción es nítida: revisar líneas deficitarias, corregir fallos de la etapa anterior, priorizar negocios con retorno y ajustar la estructura a un mercado más competitivo. El ERE superior al millar de empleados es la palanca inmediata para reducir pérdidas, y no viaja solo: a principios de noviembre se notificó el despido colectivo en Barcelona (hasta 36 trabajadores) ligado a la prestación de servicios a LaLiga, un caso singular que adelanta la filosofía del recorte: proteger lo que da caja, cerrar o reducir lo que no.
Bajo el nuevo liderazgo, la auditoría operativa se extiende a toda la cadena de valor: producción, servicios técnicos, gestión de derechos y plataformas. La foto que se maneja internamente es conocida en el sector: contratos con ventanas de explotación más cortas, publicidad más selectiva, patrocinios que presionan precios y costes financieros que ya no son simbólicos. La compañía arrastra deuda relevante y, pese a mejorar indicadores de explotación en 2024, encadena trimestres de tensión por proyectos que no alcanzaron las rentabilidades previstas. El plan de redimensionamiento pretende cerrar el impacto contable en 2025 y dejar 2026 para reordenar la oferta y crecer donde todavía hay tracción (retransmisiones, ingeniería de eventos y producción de series con recorrido internacional).
Resultados, cartera y gestión: la ecuación que aprieta
La variable clave es el margen. Mediapro compite en un audiovisual fragmentado, con más plataformas, más nichos y menos escalas seguras. Los derechos deportivos —histórico motor de su negocio— ya no garantizan retornos como en el ciclo anterior, y cada euro se pelea. En producción de contenidos, el sesgo ahora favorece la versatilidad y el coste controlado frente al gran formato continuo. En servicios técnicos, la competencia internacional se ha intensificado y los clientes exigen capacidad, precio y certeza de ejecución. Con el relevo en la presidencia, Orient Hontai ha exigido un mapa de proyectos filtrado por retorno esperado y una estructura de gastos acorde. El ERE es, en ese tablero, una pieza de urgencia para frenar la hemorragia y recuperar aire financiero.
La geografía también cuenta. España sigue siendo núcleo operativo, con Barcelona como una de las plazas más sensibles. De ahí que el despido colectivo específico comunicado este mes en esa sede actuara de termómetro. A partir de ahora, la negociación con los comités marcará el perímetro final del expediente: áreas afectadas, voluntariedad, indemnizaciones y pasarelas de recolocación interna o externa con empresas del ecosistema audiovisual. El reto reputacional es evidente: proteger talento crítico mientras se recorta. El reto comercial, mayor: cuidar clientes que tienen alternativas.
El mapa de los ERE en 2025: nombres, cifras y razones
El ajuste de Mediapro no es una anomalía aislada. El año 2025 se ha convertido en un mosaico de despidos colectivos en empresas de muy distinto perfil, con tres vectores comunes: márgenes presionados, transiciones tecnológicas y financiación más exigente. El termómetro estadístico lo confirma: los despidos en ERE crecieron en torno a un 34–35% hasta mayo, con más de 4.500 personas afectadas, y una concentración sectorial en actividades de información y comunicaciones, servicios administrativos e industria.
Telecos: Telefónica y MasOrange marcan el paso
El hito laboral del año lo protagoniza Telefónica, que ha planteado un ERE para 5.319 empleados en Telefónica de España, Telefónica Móviles, Telefónica Soluciones y Movistar+. El reparto inicial señala 3.649 afectados en la filial histórica y 279 en la plataforma audiovisual, con el resto correspondiente a otras áreas. La empresa y los sindicatos manejan 30 días de negociación, con margen para rebajar cifras mediante prejubilaciones, bajas voluntarias y fórmulas de salida pactadas. El accionista público SEPI ha pedido expresamente que el proceso culmine con acuerdo. En el entorno del grupo se habla de un perímetro total potencial —si se incluyeran otras sociedades— de 6.000 a 7.000 salidas, extremo que dependerá de la mesa. El objetivo empresarial es cristalizar ahorros recurrentes y registrar el coste en 2025.
En el otro gran operador, MasOrange —el grupo que integra Orange y MásMóvil— cerró en abril su ERE con 609 salidas, 473 de ellas voluntarias y 136 forzosas tras varios intentos de mediación. La Audiencia Nacional validó el proceso y la empresa adquirió el compromiso de no abrir otro ERE antes del 30 de junio de 2026, salvo causas justificadas. Con los sinergistas en la diana, el grupo ha pasado de la fase de poda a la de competencia pura en precios, paquetes y 5G.
Industria y automoción: Bridgestone, Mahle y el caso CTAG
En automoción y componentes el 2025 ha sido áspero. Bridgestone abrió un ERE para 546 trabajadores en Basauri (Bizkaia) y Puente San Miguel (Cantabria) que, tras huelgas y negociación, se rebajó a 420 potenciales afectados. La compañía ha puesto sobre la mesa medidas de amortiguación —desde prejubilaciones a indemnizaciones por encima de la ley y bajas voluntarias incentivadas— y un plan industrial que intenta aumentar la producción local en la planta vizcaína y diversificar la cántabra hacia referencias de mayor margen. La plantilla, muy movilizada, ha ido marcando el pulso de las reuniones.
Más al sur, Mahle arrancó el otoño con un anuncio impactante: 741 empleos en el aire entre Motilla del Palancar (Cuenca) y el centro de Paterna (Valencia). La negociación redujo la cifra a 506, con una distribución mayoritaria en Cuenca y una minoritaria en Valencia, y un esquema de indemnizaciones diferenciado por antigüedad. El mensaje de la multinacional alemana es el que repiten otros Tier 1: la volatilidad de pedidos, la transición al vehículo eléctrico y la presión de precio obligan a ajustar capacidades de ingeniería y fabricación.
El símbolo tecnológico de Galicia, el Centro Tecnológico de la Automoción (CTAG), ejecutó a finales de noviembre un ERE de 96 despidos en su sede de O Porriño y un ERTE de hasta 80 días para parte de la plantilla durante 2025–2026. La dirección justificó la medida por la desaceleración de los eléctricos y por la nueva geopolítica de aranceles, y selló un acuerdo con CCOO y representantes independientes —con la CIG fuera— que incluye doble voluntariedad y complementos para amortiguar el golpe. No afecta a otros centros del CTAG en España.
Energía y renovables: Siemens Gamesa recorta daños
En la eólica, Siemens Gamesa consiguió reducir su ERE en España a 129 afectados, desde un planteamiento inicial que superaba los 400. El ajuste se concentró en áreas de oficinas y se apoyó en recolocaciones internas dentro de la propia compañía y su matriz. Es una pieza más del plan para estabilizar el negocio onshore, tras un año de pérdidas y correcciones técnicas que han salpicado a toda la cadena de suministro.
Alimentación y bebidas: la sequía manda
La sequía ha dejado huella directa en alimentación y bebidas. Freixenet anunció un ERE que afectará a 180 empleados, el 24% de su plantilla en España, tras un desplome de la cosecha de uva en el Penedès y costes en ascenso. La fotografía de la vendimia en la zona —un 45% menos de uva acumulado desde 2022— dejó a la cava sin red para mantener actividad al mismo ritmo. En Azucarera, el ajuste se tradujo en 251 despidos y el cierre de la fábrica de La Bañeza, con la concentración de la molturación del norte en Toro (Zamora) y el mantenimiento de Miranda de Ebro como refinería. Menos remolacha, costes altos y la necesidad de escala explican la decisión.
Cómo se negocian estos expedientes y qué efectos dejan
Todos estos ERE comparten una liturgia que marca ritmos y resultados. La comisión negociadora se constituye con representación sindical y empresarial y dispone, por norma, de un mes para alcanzar un acuerdo que defina número de afectados, criterios de selección, prioridades (por ejemplo, excluir mayores de cierta edad), medidas de acompañamiento (formación, recolocación) y condiciones económicas. En ese mes se mueve casi todo. El patrón en 2025 ha sido repetir una secuencia: cifra de salida elevada para iniciar el baile, paquetes de medidas sociales y un aterrizaje que reduce el número final o, al menos, modifica su distribución en el territorio. Bridgestone y Mahle son casos de manual. Siemens Gamesa también encaja en esa lógica, con la variable adicional de recolocar dentro de la matriz.
En telecos, el factor diferencial es el peso del empleo senior y el histórico de planes de salidas voluntarias que, en ocasiones, se ejecutan fuera de un ERE. Telefónica busca otra vez el equilibrio entre ahorro y paz social con prejubilaciones y voluntariedad como ejes; los sindicatos reclaman garantías hasta 2030 y que las condiciones económicas no empeoren respecto a 2024. La presencia de SEPI como accionista añade un matiz político y reputacional que no existe en otras compañías.
En Mediapro, la negociación todavía debe definir el perímetro exacto del ERE de más de 1.000 personas. El expediente de Barcelona —asociado a servicios de LaLiga— actúa como precedente en la metodología: un colectivo delimitado, una causa concreta, medidas de acompañamiento y un calendario. El reto ahora es mayor por la escala y por la necesidad de proteger la operación diaria en retransmisiones y producción. La capilaridad internacional del grupo complica la foto: hay países donde las reglas del juego laborales son distintas, y eso condiciona el ritmo y la herramienta a usar.
Impacto sectorial y pistas para 2026
El año deja varias enseñanzas. La primera: el audiovisual ha perdido parte del colchón que daban los derechos deportivos en un ciclo de plataformas más cautas, y exige foco en ejecución y márgenes. La segunda: la automoción sigue en plena transición, con desplazamientos de capacidad y tensión en I+D que se notan tanto en fábricas como en centros tecnológicos (de Mahle al CTAG). La tercera: las telecos han entrado en una etapa de consolidación operativa: invierten en redes, automatizan y buscan sinergias, lo que reduce capas administrativas y funciones repetidas. La cuarta: el agroalimentario no esquiva el clima; cuando falta materia prima o suben los inputs, las cuentas se estrechan.
Para 2026, las empresas con expediente en 2025 jugarán con el viento de cola del ahorro (si la ejecución es diligente) y con la obligación de reconstruir confianza en mercados, clientes y plantillas. En Mediapro, el éxito del ajuste no se medirá solo en el ahorro inmediato; se medirá en contratos ganados, retención de talento y capacidad para alinear The Mediapro Studio, servicios técnicos y derechos en un guion que vuelva a sumar margen. El liderazgo de Sergio Oslé —conocedor del negocio audiovisual desde la trinchera de Movistar+— aporta oficio y red de contactos en un mercado que decide por confianza y ejecución.
Qué vigilar en las próximas semanas
Hay elementos concretos que determinarán el desenlace:
— El perímetro definitivo del ERE de Mediapro: áreas afectadas, países y calendario de salida. Si el expediente se concentra en unidades muy expuestas a contratos concretos (como el caso de LaLiga en Barcelona), su impacto en la operación podría ser limitado; si toca servicios transversales, la reorganización exigirá más cirugía.
— El grado de voluntariedad y las condiciones: la experiencia de 2025 sugiere que los expedientes pactados reducen tensión y evitan conflictos largos. Ahí cuentan prejubilaciones, indemnizaciones reforzadas y pasarelas de recolocación.
— El plan industrial que acompaña: no basta con recortar. Las empresas que mejor han salido de la travesía han sido las que han explicado qué van a priorizar y con qué calendario. Siemens Gamesa enseñó el camino con recolocaciones internas; Bridgestone acompañó con ajustes productivos; MasOrange cerró expediente y miró al mercado.
— El telón de fondo macro: si el consumo resiste, si los tipos facilitan la financiación y si la publicidad no se enfría, 2026 podría abrir un margen para crecer sin volver a recortar. Si no, la tijera seguirá a mano.
Una reestructuración que define el año
Mediapro marca la actualidad por volumen, simbología y momento. No todos los días una de las grandes casas del audiovisual español anuncia un ERE de cuatro cifras para corregir pérdidas y reordenar su negocio. El caso no se entiende sin observar el patrón de 2025: Telefónica discutiendo la mayor poda del curso, MasOrange completando su integración con un ajuste ya cerrado, Bridgestone y Mahle afinando el tamaño ante una demanda más errática, Siemens Gamesa podando sin desarbolar su talento técnico, Freixenet reaccionando a una sequía que aprieta y Azucarera concentrando su footprint. Un año de cuentas claras y decisiones difíciles.
El desenlace, como casi siempre, dependerá de la ejecución. Si Mediapro logra cerrar el coste en el año, sostener operación y clientes durante el ajuste y presentar un guion comercial convincente, podrá arrancar 2026 con la mochila más ligera. Y el resto del tablero —de las telecos a la automoción— seguirá observando con lupa: porque el empleo se defiende en la mesa de negociación, pero la viabilidad se decide —de verdad— en cada contrato, cada producción y cada planta que vuelve a generar margen. En 2025, el mensaje ha sido rotundo: quien no corrige a tiempo, paga dos veces.

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