Tecnología
¿Por qué las marmotas están en OnlyFans tras los recortes de Trump?
Las marmotas de Colorado llegan a OnlyFans para salvar un estudio de 64 años tras perder financiación científica en Estados Unidos con Trump.

Las marmotas de vientre amarillo que viven en las montañas de Colorado tienen un problema bastante humano: falta dinero. El equipo científico que lleva 64 años siguiendo generación tras generación de estos animales perdió la continuidad de su financiación federal y decidió buscar recursos donde casi nadie habría pensado encontrarlos. En OnlyFans.
Así nació OnlyMarms, una cuenta dedicada a publicar vídeos de marmotas salvajes entrando y saliendo de sus madrigueras, buscando comida, peleándose ocasionalmente y comportándose, en definitiva, como marmotas. Nada particularmente escandaloso. La ironía está en otro sitio: uno de los estudios de campo sobre mamíferos más antiguos del mundo intenta sobrevivir utilizando una plataforma conocida sobre todo por sus contenidos para adultos.
La ocurrencia tiene gracia. El motivo, bastante menos. La National Science Foundation (NSF) decidió no continuar financiando el proyecto en un momento de fuerte presión sobre los presupuestos científicos estadounidenses y de recortes promovidos por la Administración de Donald Trump. Lo que empezó en 1962 como un estudio sobre comportamiento animal ha terminado, seis décadas después, dependiendo en parte de propinas digitales.
OnlyMarms: qué hacen realmente las marmotas en OnlyFans
La cuenta fue impulsada por Daniel Blumstein, profesor de ecología y biología evolutiva en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y responsable del Marmot Project en el Rocky Mountain Biological Laboratory, un centro científico situado cerca de Crested Butte, en Colorado.
Blumstein tuvo la idea mientras esperaba en el campo a que aparecieran las marmotas. Hay cierta justicia poética en la escena: décadas de ciencia paciente, prismáticos, cuadernos, transmisores y animales que no siempre salen cuando toca. Ante la incertidumbre económica pensó en OnlyFans.
El proyecto abrió su cuenta a finales de mayo de 2026. El nombre estaba casi servido: OnlyMarms.
Su contenido es apto para todos los públicos. Las cámaras muestran animales salvajes en su ambiente natural: marmotas que comen, excavan, se persiguen, llevan plantas hasta sus refugios o inspeccionan con evidente curiosidad el objetivo situado frente a ellas. Algunas tienen nombres tan poco solemnes como Jamba Juice o Egg.
La suscripción es gratuita y la financiación procede principalmente de las propinas que dejan los seguidores. A comienzos de agosto, UCLA calculaba que OnlyMarms había conseguido alrededor de 6.000 dólares, antes de descontar la comisión del 20 % que cobra OnlyFans.
No salvará por sí solo seis décadas de investigación. Pero tampoco es calderilla cuando hay que pagar material, desplazamientos y trabajo de campo.
Un estudio que comenzó en 1962 y no puede recuperarse si se rompe
El verdadero protagonista de esta historia no es OnlyFans. Es el tiempo.
El investigador Ken Armitage comenzó a estudiar las marmotas de vientre amarillo de Colorado en 1962. Desde entonces, científicos del Rocky Mountain Biological Laboratory han seguido animales identificados individualmente durante generaciones.
Blumstein asumió la dirección cotidiana del proyecto en 2001. El resultado es una de esas rarezas científicas imposibles de fabricar deprisa: más de seis décadas de datos continuados sobre una misma población de mamíferos salvajes.
Esa continuidad importa mucho más de lo que parece.
Un investigador puede estudiar durante tres veranos cómo se comporta una marmota ante un depredador. Lo que no puede hacer es regresar a 1962 y empezar de nuevo para averiguar cómo han cambiado durante 20, 30 o 60 años su supervivencia, reproducción, relaciones sociales o respuesta a las transformaciones ambientales.
Los datos perdidos en un estudio longitudinal no se compran después. Simplemente han desaparecido.
Qué ha aprendido la ciencia siguiendo marmotas durante décadas
Las marmotas de vientre amarillo, Marmota flaviventer, son especialmente útiles para este tipo de investigación. Son animales diurnos, relativamente fáciles de observar y acostumbran a utilizar madrigueras localizables. No desaparecen recorriendo medio continente, lo que permite identificar individuos y seguir sus historias personales.
El proyecto ha estudiado desde la dinámica de las poblaciones hasta las relaciones sociales, pasando por el comportamiento frente a depredadores, la longevidad, las llamadas de alarma y los efectos que determinadas experiencias durante las primeras etapas de la vida pueden tener años después.
También permite observar algo especialmente valioso: cómo responden los animales a un entorno que cambia.
Una primavera temprana, una temporada con menos nieve o una modificación en la disponibilidad de alimento pueden parecer acontecimientos aislados. Cuando existe una serie de datos que atraviesa generaciones, esas pequeñas anomalías empiezan a formar un dibujo mucho más amplio.
Ahí está el lujo científico de los estudios largos. No producen necesariamente el fogonazo espectacular de un descubrimiento instantáneo; construyen una película donde otros solo tienen fotografías.
El extraño valor de conocer a cada marmota
Los investigadores identifican a los ejemplares de manera individual, lo que permite reconstruir parentescos, supervivencia y comportamiento durante buena parte de sus vidas. Es ciencia con nombres propios.
También han comprobado que las relaciones sociales de estos animales son más complicadas de lo que su apariencia rechoncha permite imaginar. Forman grupos familiares, interactúan entre sí, emiten señales de alarma y desarrollan patrones sociales que pueden relacionarse con su éxito reproductivo o sus probabilidades de supervivencia.
No es simplemente contemplar animales adorables desde una ladera de Colorado.
Cuando una investigación sigue varias generaciones puede separar mejor lo anecdótico de lo persistente. Una marmota particular puede comportarse de manera extraña. Cientos de animales observados durante décadas permiten saber si existe realmente un patrón biológico.
Los recortes científicos que están detrás de OnlyMarms
La aparición de las marmotas en OnlyFans coincide con un cambio profundo en la financiación federal estadounidense de la ciencia.
La Administración Trump planteó para el ejercicio fiscal de 2026 un presupuesto de 3.900 millones de dólares para la National Science Foundation, frente a los 9.060 millones aprobados para el organismo en el ejercicio fiscal de 2024. El dinero disponible, las prioridades federales y la competencia por las subvenciones han cambiado de forma brusca.
El Marmot Project recibió finalmente la negativa de la NSF a continuar sosteniendo su investigación.
Eso obliga a introducir un matiz: Donald Trump no se levantó una mañana y decidió quitar la paga a unas marmotas de Colorado. Sería una historia estupenda, pero no fue así. El proyecto quedó sin continuidad en la financiación de la NSF dentro de un escenario general de contracción y redefinición del gasto científico federal.
Y esa diferencia importa.
La discusión va bastante más allá de si las marmotas son simpáticas, fotogénicas o suficientemente gorditas para conquistar internet. Lo que está en juego es qué ocurre con proyectos científicos que necesitan décadas cuando la financiación funciona en ciclos políticos y convocatorias relativamente breves.
La burocracia cuenta años fiscales. La naturaleza, por desgracia para cualquier Excel, tiene otros calendarios.
OnlyFans no sustituye a una política científica
OnlyMarms ha funcionado extraordinariamente bien como escaparate. Miles de personas han entrado en la cuenta y el proyecto ha conseguido una visibilidad internacional que probablemente ninguna campaña convencional de comunicación científica habría logrado.
También ha encontrado seguidores dispuestos a aportar dinero. Incluso surgió alrededor del fenómeno una criptomoneda inspirada en las marmotas que terminó generando ingresos adicionales para el laboratorio mediante tasas asociadas a las operaciones.
Pero financiar ciencia mediante viralidad tiene límites evidentes.
Un proyecto de investigación no puede saber si el próximo año un vídeo de una marmota husmeando una cámara tendrá 300 visitas o tres millones. Tampoco conviene que la continuidad de una serie científica excepcional dependa de si un algoritmo considera suficientemente encantador a un roedor esa semana.
Los propios investigadores reconocen que las aportaciones privadas pueden cubrir determinados gastos, pero difícilmente reemplazan la financiación pública que durante décadas ha permitido mantener programas científicos de larga duración en Estados Unidos.
Ahí desaparece parte de la comicidad.
De laboratorio de campo a fenómeno de internet
La aventura digital también ha producido algo que el dinero no mide bien: acercar un proyecto académico bastante especializado a personas que probablemente nunca habrían leído un estudio sobre ecología del comportamiento.
OnlyMarms convierte imágenes captadas para la investigación en pequeñas ventanas al trabajo cotidiano de los científicos. Se ve al animal, pero alrededor aparece todo lo demás: comportamiento social, depredadores, hibernación, reproducción y adaptación ambiental.
El equipo prepara incluso una Fat Marmot Week, inspirada en la popular Fat Bear Week de Alaska, para seguir cómo los animales acumulan peso antes de entrar en hibernación.
Puede parecer otro juego de internet. También es divulgación científica con bastante inteligencia: utilizar la fascinación que provocan los animales para explicar procesos biológicos complejos sin pedir al público que empiece leyendo un artículo académico de 30 páginas.
Cuando una marmota termina explicando el estado de la ciencia
OnlyMarms funciona porque contiene una contradicción magnífica. Una investigación nacida cuando John F. Kennedy ocupaba la Casa Blanca depende parcialmente, en 2026, de que desconocidos de internet dejen propinas después de contemplar una marmota comiendo hierba.
Tiene algo de comedia americana. Y bastante de síntoma.
El proyecto de Colorado representa un tipo de ciencia particularmente vulnerable: investigaciones cuyo verdadero valor aparece con el paso del tiempo. Sesenta y cuatro años de observaciones permiten formular preguntas que eran inimaginables cuando Ken Armitage empezó a marcar marmotas en 1962.
Interrumpir una serie así no equivale simplemente a cerrar un laboratorio durante una temporada. El hueco queda dentro de los datos para siempre.
Las marmotas, mientras tanto, siguen con lo suyo. Comen, vigilan el cielo, llaman cuando aparece un peligro y acumulan grasa para sobrevivir al invierno. No saben qué es OnlyFans, tampoco quién gobierna Estados Unidos ni cuánto cuesta mantener una investigación científica durante décadas.
Quizá sea mejor así.
Lo peculiar es que sean ellas quienes hayan terminado dando una lección bastante incómoda sobre cómo se financia la ciencia estadounidense: cuando desaparece una subvención, hasta uno de los estudios de mamíferos salvajes más longevos del planeta puede acabar pasando la gorra en internet.

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