Síguenos

Viajes

¿Existe la madrileñofobia en España? Los datos que explican el rechazo

El 68,5% de los madrileños encuestados percibe un trato diferente al viajar por España, aunque el estudio pide contexto, cautela y más matices.

Publicado

el

madrileñofobia en España

Resumen

  • El 68,5% de los madrileños encuestados percibe un trato diferente al viajar
  • El 46,7% de la muestra considera que la madrileñofobia existe en España
  • El estudio es de 2025 y no representa sin matices a toda la población

La madrileñofobia existe al menos como percepción social medible, aunque los datos disponibles no permiten concluir que España entera tenga una hostilidad generalizada hacia quienes llegan de Madrid. El estudio que ha vuelto a alimentar el debate ofrece dos cifras especialmente reveladoras: el 68,5% de los madrileños encuestados cree que recibe un trato diferente cuando pasa sus vacaciones en otras zonas del país y el 46,7% del conjunto de participantes considera que ese rechazo existe realmente.

Hay, sin embargo, una precisión imprescindible. Los números que han regresado a la conversación pública en septiembre de 2026 no proceden de una encuesta realizada este año. El trabajo fue elaborado para Zity en junio de 2025 sobre una muestra de 1.142 personas. Tampoco representa sin matices a todos los españoles: los participantes tenían entre 24 y 45 años y pertenecían a clases alta o media-alta. Es una fotografía interesante del prejuicio territorial, sí; un censo emocional de España, desde luego que no.

La madrileñofobia vuelve al debate, pero el estudio es de 2025

El asunto ha recuperado visibilidad después de que volviera a circular un análisis sobre la imagen de los turistas madrileños. Y el término funciona, hay que reconocerlo. “Madrileñofobia” cabe estupendamente en un titular, en un tuit y hasta en una discusión de sobremesa cuando alguien empieza a comparar el agua del grifo.

Detrás de la palabra hay un estudio sociológico promovido por la compañía de movilidad Zity. El trabajo de campo se desarrolló entre el 6 y el 13 de junio de 2025, mediante cuestionarios cumplimentados por internet. La muestra fue seleccionada mediante cuotas y después ponderada con datos del INE.

El resultado que más ha circulado es ese 68,5% de madrileños que percibe un trato diferente durante sus viajes por España. Al afinar la cuestión aparece otro dato significativo: el 50,5% aseguró haberse sentido desplazado alguna vez por su procedencia. Para el 43% había ocurrido solo en determinadas comunidades; un 7,5% afirmaba experimentarlo de manera habitual.

La otra mitad ofrece una buena vacuna contra las conclusiones demasiado redondas: el 49,5% nunca se había sentido marginado por ser madrileño. España, una vez más, se resiste a caber entera dentro de un porcentaje.

Chulos, prepotentes y sabelotodos: el estereotipo aparece claro

El estudio preguntó también cómo se percibe al turista procedente de Madrid. Aquí el espejo resulta bastante menos amable.

El 37,5% eligió “chulo” entre los términos que mejor describen al visitante madrileño; el 36,5%, “prepotente”; y el 29,2%, “sabelotodo”. Junto a esos calificativos aparecen otros de signo distinto: el 22,5% lo considera cosmopolita y el 20,9%, sociable. No todo el retrato lleva cuernos y tridente.

La percepción negativa aparece también cuando se compara a los viajeros según su lugar de procedencia. Un 35,5% de los encuestados situó a los madrileños como los turistas con peor actitud, por delante de catalanes, señalados por el 21,3%, y andaluces, con un 13,3%.

En Galicia el juicio se endurece notablemente: el 53,6% de los participantes gallegos coloca a los madrileños al frente de esa clasificación poco apetecible. Pero el propio estudio introduce una grieta interesante en el tópico: alrededor de uno de cada cuatro encuestados considera que quienes peor se comportan de vacaciones son precisamente los turistas de su propia comunidad.

Es decir, cierta capacidad de autocrítica queda. Milagros pequeños.

Madrid como unidad universal de medida

Buena parte del rechazo parece alimentarse menos de incidentes graves que de gestos, frases y costumbres convertidos en caricatura. El madrileño que llega a un pueblo costero y compara el tráfico, el servicio, los horarios, las carreteras o el agua con los de la capital es prácticamente un personaje del folclore turístico contemporáneo.

El 68,5% de los encuestados decía haber oído alguna vez la conocida comparación según la cual determinadas cosas “en Madrid” no ocurren. El 64,2% reconocía el tópico del agua madrileña, convertido casi en patrimonio inmaterial de las conversaciones de verano.

Más significativo todavía: el 70,7% había escuchado comentarios que anuncian la llegada de “los de Madrid” a una localidad vacacional. Una expresión aparentemente inocente que, según el tono, puede significar desde simple constatación demográfica hasta algo parecido a divisar una nube de langostas aproximándose por la autovía.

El dato que complica la historia: el 80% niega tratarles peor

Aquí el estudio se vuelve bastante más interesante que el titular.

El 46,7% de la muestra considera que existe madrileñofobia y el 45,8% asegura haber presenciado alguna situación negativa dirigida contra turistas madrileños. A la vez, el 51,1% había visto en redes sociales comentarios críticos, burlas o sátiras sobre su comportamiento durante el verano.

Pero cuando se pregunta directamente a quienes viven fuera de Madrid por su conducta, el 80% sostiene que no trata de manera diferente a los visitantes madrileños.

La aparente contradicción es importante. Una cosa es reconocer la existencia de un estereotipo territorial; otra, admitir que uno mismo lo aplica. También puede ocurrir que la percepción de rechazo sea mayor que la discriminación efectiva o, al contrario, que determinados comportamientos se normalicen hasta dejar de considerarse hostiles por quien los protagoniza.

Las encuestas de percepción tienen precisamente ese límite: retratan cómo las personas interpretan una situación, no instalan una cámara invisible encima de cada terraza, playa y aparcamiento para medir la cordialidad nacional.

El verano convierte el tópico en conflicto

La mala fama del turista madrileño tampoco aparece en el vacío. Suele crecer durante los meses en los que miles de habitantes de la capital se desplazan hacia las costas, pueblos y segundas residencias. En zonas sometidas a una fuerte presión turística, la llegada masiva de visitantes significa más tráfico, precios altos, terrazas llenas, aparcamientos imposibles y servicios públicos tensionados.

En esas circunstancias resulta sencillo ponerle matrícula al malestar. Y Madrid, por población, poder económico, visibilidad política y volumen de viajeros, ofrece una diana enorme.

Un episodio ocurrido en Mera, en Galicia, en 2024 convirtió ese cansancio en noticia nacional e incluso internacional. Un restaurante anunció que cerraría durante agosto y acompañó la decisión con comentarios abiertamente despectivos hacia los turistas procedentes de la Meseta. Aquello tenía poco de estudio sociológico y bastante de exabrupto, pero condensó una sensación que lleva años apareciendo en distintas zonas vacacionales.

Conviene distinguir, por tanto, entre el rechazo al turismo masivo y el rechazo específico a los madrileños. A veces coinciden. Otras veces Madrid funciona simplemente como rostro visible de un problema mucho más amplio.

Lo que el estudio demuestra y lo que no

Presentar estos resultados como la demostración científica de que “España odia a los madrileños” sería espectacular para una sobremesa y bastante endeble como conclusión.

La encuesta tiene 1.142 participantes, una cifra suficiente para detectar tendencias dentro de su diseño, pero la población estudiada estaba restringida a personas de entre 24 y 45 años y de niveles socioeconómicos alto y medio-alto. La selección fue intencional mediante cuotas, no una extracción aleatoria de todos los residentes en España.

El informe señala un margen máximo de error del 2,9% bajo las condiciones estadísticas que especifica, aunque las características de la muestra aconsejan prudencia al trasladar sus porcentajes al conjunto de la sociedad española.

Hay otro elemento que merece estar sobre la mesa: el estudio fue promovido por Zity, una empresa de movilidad, y formaba parte de una campaña que jugaba deliberadamente con el concepto de madrileñofobia y con la figura del turista de Madrid. Eso no invalida automáticamente los datos, pero sí obliga a leerlos por lo que son y no convertir una investigación vinculada a una acción empresarial en una especie de CIS de la animadversión territorial.

La palabra “fobia”, de hecho, puede resultar excesiva para describir todo el fenómeno. En muchos casos estamos hablando de estereotipos regionales, bromas y prejuicios junto a conflictos asociados al turismo, aunque determinadas situaciones sí pueden desembocar en un trato hostil por el mero lugar de procedencia.

España se sigue mirando en el espejo de sus tópicos

La respuesta que dejan los datos es menos rotunda —y bastante más interesante— que un simple sí o no. Existe una percepción relevante de rechazo hacia los madrileños, existen estereotipos negativos ampliamente reconocibles y casi la mitad de los participantes en el estudio considera que la madrileñofobia es un fenómeno real.

Pero no hay base para afirmar que los madrileños sufran de forma generalizada un trato discriminatorio cuando viajan por España. La mitad de los propios madrileños encuestados nunca se había sentido marginada y ocho de cada diez residentes fuera de Madrid niegan comportarse de manera distinta con ellos.

Lo que sí emerge con claridad es una vieja costumbre española: convertir la procedencia geográfica en un pequeño manual de instrucciones sobre cómo suponemos que es el vecino. El catalán, el gallego, el andaluz, el vasco, el madrileño. Tópicos que simplifican millones de personas hasta dejarlas convertidas en tres adjetivos y un chiste.

En el caso madrileño, la enorme presencia de viajeros de la capital y el desgaste provocado por la saturación turística aportan combustible extra. Luego llega agosto, aparece un coche mal aparcado, alguien presume del agua de Madrid y la maquinaria vuelve a arrancar.

No parece una fobia nacional. Pero tampoco es solamente un meme.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído