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¿Por qué Ryanair recorta 10.000 vuelos y cuánto subirán los billetes?

Ryanair rebaja su previsión anual y prepara menos vuelos este invierno por el coste del queroseno, mientras alerta de posibles subidas de tarifas.

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Resumen

  • Ryanair prevé unos 10.000 vuelos menos en su programa de invierno
  • La aerolínea reduce de 216 a 214 millones su previsión anual de pasajeros
  • El combustible caro amenaza con menos frecuencias y tarifas más altas

Ryanair prepara un recorte importante de su programación de invierno por el fuerte encarecimiento del combustible de aviación. La compañía ha rebajado de 216 a 214 millones de pasajeros su previsión para el ejercicio fiscal 2027 y pretende mantener prácticamente plano su tráfico entre noviembre y marzo. Traducido a operaciones, el ajuste supone del orden de 10.000 vuelos menos respecto al programa inicialmente previsto, aunque la aerolínea todavía no ha publicado una relación completa de rutas y frecuencias afectadas.

Y hay una segunda noticia que probablemente terminará interesando más al bolsillo. Ryanair advierte de que, si el petróleo continúa caro durante los próximos meses, las tarifas de corto radio en Europa podrían subir de manera significativa en 2027. No ha anunciado un porcentaje concreto. Tampoco existe, por tanto, una subida general de precios ya fijada. Es una advertencia sobre lo que puede ocurrir si el combustible sigue en niveles excepcionalmente elevados y otras aerolíneas responden reduciendo también sus vuelos.

Ryanair sacrifica crecimiento para gastar menos combustible

La decisión resulta llamativa porque llega en un momento en el que los aviones de Ryanair, precisamente, no van vacíos. En agosto transportó 22,2 millones de pasajeros, un 6% más que un año antes, con un factor de ocupación del 96%. Operó más de 120.500 vuelos durante el mes. El problema no está tanto en encontrar viajeros como en cuánto cuesta llevarlos de un aeropuerto a otro.

La compañía esperaba alcanzar 216 millones de pasajeros en el ejercicio que termina en marzo de 2027. Esa previsión baja ahora a 214 millones. Durante la temporada de verano, entre abril y octubre, Ryanair todavía calcula transportar unos 145 millones de viajeros, más de un 5% por encima del año anterior. El frenazo se concentra en los meses fríos, tradicionalmente más difíciles para las cuentas de las aerolíneas.

Es un giro notable. En julio, apenas unas semanas antes, Ryanair había presentado su invierno de 2026 como el mayor de su historia: 80 millones de asientos, unas 1.700 rutas en 35 países y más de 140 conexiones nuevas. El queroseno ha obligado a sacar la calculadora otra vez. Y la calculadora, a diferencia de la publicidad de las compañías aéreas, tiene poco sentido del humor.

El queroseno caro cambia las cuentas de Ryanair

La raíz del problema está en el combustible de aviación. Ryanair sitúa el precio del jet fuel en torno a 140 dólares por barril, muy por encima del coste que tenía protegido mediante contratos de cobertura. Las tensiones energéticas internacionales han encarecido tanto el petróleo como los productos refinados utilizados por las aerolíneas, complicando una partida que ya representa uno de los mayores gastos de cualquier operador aéreo.

Aquí aparece una particularidad importante. Ryanair tiene cubierto aproximadamente el 80% del combustible que necesita hasta marzo de 2027 a un precio cercano a 67 dólares por barril. Es decir, la mayor parte de sus necesidades no está pagando directamente los niveles extraordinarios que marca el mercado del combustible aéreo.

Pero queda un 20% sin esa protección. Y cuando se manejan centenares de aviones y decenas de millones de pasajeros, ese pequeño porcentaje deja de ser pequeño bastante deprisa. Ryanair ya había reconocido que el encarecimiento de la parte del combustible sin cubrir estaba presionando sus resultados. El coste energético, incluso con coberturas, vuelve a mandar.

El invierno es el lugar elegido para recortar

La aerolínea podría mantener todos los vuelos previstos y comprar ese combustible adicional a precio de mercado. Ha optado por otra cosa: reducir exposición precisamente entre noviembre y marzo, cuando la demanda es menor y muchas rutas generan márgenes mucho más estrechos.

Ryanair calcula que el recorte extraordinario de capacidad puede reducir sus pérdidas del invierno de 2026 entre 70 y 100 millones de euros. No significa que la compañía vaya camino de perder dinero durante todo el ejercicio; sí muestra hasta qué punto operar determinadas frecuencias deja de compensar cuando el combustible se encarece con tanta violencia.

Es una de esas paradojas de la aviación comercial: un asiento vacío cuesta mucho, pero un asiento lleno tampoco garantiza un buen negocio cuando el queroseno, las tasas, el mantenimiento y los salarios avanzan más deprisa que el precio que el mercado acepta pagar por el billete.

Los 10.000 vuelos no son 10.000 cancelaciones notificadas

Conviene separar dos conceptos que pueden confundirse fácilmente. Ryanair ha decidido reducir su programa previsto, pero eso no significa que existan ya 10.000 vuelos vendidos y posteriormente cancelados a pasajeros concretos.

La referencia a unos 10.000 vuelos describe aproximadamente el tamaño de la reducción respecto a la capacidad que la compañía había planeado. El dato empresarial más preciso es otro: Ryanair rebaja en dos millones de viajeros su objetivo anual y espera que el tráfico entre noviembre y marzo quede prácticamente sin crecimiento frente al invierno anterior.

Eso significa que el ajuste puede tomar distintas formas. Una frecuencia diaria puede pasar a operar cuatro veces por semana; una ruta estacional puede desaparecer durante varios meses; un avión puede trasladarse hacia un aeropuerto más rentable. No todo recorte termina siendo el vuelo que alguien tenía comprado el martes a las 18.40 y que, de repente, desaparece de la aplicación.

Todavía no hay una lista completa de rutas afectadas

Ryanair no ha publicado un inventario europeo completo que permita identificar esos 10.000 vuelos uno por uno. La compañía sí ha reducido capacidad en distintos mercados europeos por motivos diversos, desde costes operativos hasta impuestos o tasas aeroportuarias, pero esas decisiones no deben confundirse automáticamente con el nuevo ajuste provocado por el combustible.

En Bélgica, por ejemplo, Ryanair había retirado aviones de Charleroi y reducido capacidad en Bruselas. En Grecia había anunciado también ajustes importantes. Son precedentes que muestran cómo actúa la compañía cuando una operación deja de resultarle suficientemente rentable: menos aviones, menos frecuencias o rutas suspendidas.

Para España, por el momento, no existe una nueva relación oficial de rutas canceladas específicamente por esta decisión ligada al combustible. La posibilidad de nuevas reducciones está abierta, pero señalar aeropuertos concretos sin un anuncio de la compañía sería adelantarse a los hechos.

¿Por qué pueden subir los billetes incluso con Ryanair protegida?

Porque el precio de un vuelo no depende únicamente del coste que tenga Ryanair. Depende también de cuántos asientos haya disponibles en todo el mercado europeo.

La compañía sostiene que, si los elevados precios del petróleo continúan hasta el verano de 2027, las tarifas europeas de corto radio pueden subir de forma significativa. Su razonamiento es sencillo: las aerolíneas con menos combustible cubierto tendrán costes mayores, algunas reducirán capacidad y otras podrían atravesar problemas financieros. Menos vuelos para una demanda semejante suele terminar significando billetes más caros.

Ryanair está en una posición relativamente cómoda porque aseguró anticipadamente buena parte de su combustible. Otros operadores mantienen coberturas diferentes y, por tanto, reciben el golpe del petróleo de otra manera. El movimiento no afecta solo a una compañía irlandesa de aviones azules y amarillos: toda la aviación europea revisa sus números.

Lo que Ryanair no ha dicho es cuánto subirían los billetes. No existe un anunciado 10%, 20% o cualquier otra cifra general. El precio seguirá dependiendo de la ruta, la fecha, la ocupación y la competencia y, como sabe cualquiera que haya buscado un vuelo un viernes de agosto, de una lógica tarifaria que a veces parece escrita durante una partida de póquer.

El efecto más inmediato del ajuste puede ser incluso menos espectacular que una subida masiva de precios, pero igualmente relevante: menos horarios disponibles. Una ruta que ofrecía siete vuelos semanales puede conservarse con cinco. Otra puede concentrarse en los días de mayor demanda.

Cuando desaparecen frecuencias, también disminuye la competencia entre horarios baratos. El viajero continúa encontrando el destino en el buscador, sí, pero quizá ya no a la hora o al precio que esperaba. El escenario para 2027 dependerá fundamentalmente del precio del combustible: si retrocede, Ryanair puede devolver capacidad al mercado; si permanece elevado, el ajuste podría extenderse.

Un invierno con menos margen para los billetes ultrabaratos

El mensaje que deja Ryanair es bastante nítido. Su invierno será más pequeño de lo que había diseñado unas semanas atrás, el objetivo anual pierde dos millones de pasajeros y alrededor de 10.000 operaciones previstas pueden desaparecer del calendario como consecuencia del ajuste de capacidad.

Eso no equivale a decir que 10.000 vuelos concretos estén ya cancelados ni que todos los billetes vayan a encarecerse inmediatamente. Las rutas afectadas se conocerán a medida que la aerolínea termine de ajustar su programación y comunique los cambios de frecuencias y capacidad correspondientes.

Ryanair parte, además, de cifras de tráfico extraordinariamente altas. Los 22,2 millones de viajeros transportados en agosto muestran que el problema no es una desaparición de la demanda. Es algo bastante más prosaico: cada vuelo cuesta más dinero y la compañía no está dispuesta a mantener crecimiento invernal a cualquier precio.

Lo que sí ha cambiado es el paisaje. Durante años, el combustible relativamente barato, los aviones llenos y una feroz expansión de capacidad ayudaron a convertir escapadas europeas por pocos euros en algo casi cotidiano. Con el jet fuel en niveles excepcionalmente elevados, aquella ecuación se estrecha. Ryanair conserva una protección considerable gracias a sus coberturas, pero incluso ella ha decidido que volar por volar deja de tener sentido.

Y cuando la mayor aerolínea de bajo coste de Europa comienza a retirar capacidad para proteger sus márgenes, el aviso va bastante más allá de Ryanair: este invierno habrá menos crecimiento, menos vuelos en determinadas rutas y una presión creciente sobre las tarifas si la factura energética no afloja.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.