Más preguntas
¿Por qué los gigantes del Mundial 2026 sufren más de lo esperado?
España, Portugal y otras potencias tropiezan ante selecciones menores que han reducido la distancia táctica en un Mundial mucho más igualado.

El Mundial 2026 ha empezado desmontando una certeza bastante cómoda: vestir una camiseta histórica, acumular estrellas en la alineación y monopolizar el balón ya no garantiza dominar un partido. Los favoritos están sufriendo porque la distancia táctica y física con las selecciones consideradas menores se ha reducido, mientras las defensas compactas, la preparación minuciosa y el talento formado en Europa han convertido cada estreno en una pequeña emboscada.
España no pudo marcar ante Cabo Verde, debutante en el torneo. Portugal empató con la República Democrática del Congo, que llevaba 52 años fuera de un Mundial. Bélgica tampoco pasó del empate frente a Egipto y Francia necesitó más de una hora para doblegar a Senegal antes de imponerse por 3-1 con dos goles de Kylian Mbappé. No es todavía una rebelión, pero sí una advertencia bastante sonora: la jerarquía sigue existiendo, aunque ya no entra al campo con el partido resuelto.
El balón ya no garantiza autoridad
Durante décadas, una selección poderosa podía instalarse cerca del área rival, mover la pelota de lado a lado y esperar a que la diferencia técnica hiciera el resto. Ese viejo mecanismo se ha oxidado. Las selecciones menos prestigiosas ya no llegan al Mundial para hacerse una fotografía junto a Cristiano Ronaldo o pedir una camiseta al terminar. Defienden con estructura, conocen los automatismos del rival y salen al contragolpe con una intención muy concreta.
La posesión, aislada del peligro, se ha convertido en una estadística decorativa. Sirve para adornar una retransmisión, pero no para alterar el marcador. España tuvo el 74% del balón ante Cabo Verde y Portugal completó 740 pases frente a la República Democrática del Congo. Entre ambos equipos sumaron una montaña de circulación y muy poco daño. Mucha vajilla sobre la mesa; casi nada que comer.
Las defensas actuales reducen los espacios entre líneas, protegen el centro y obligan a los favoritos a atacar por fuera. Después llega el centro lateral, el despeje y vuelta a empezar. Cuando faltan desmarques, velocidad en el pase o regate individual, el dominio se vuelve horizontal y previsible. El rival respira, se ordena y empieza a creer.
Cabo Verde y Congo cambian el mapa
Cabo Verde y la República Democrática del Congo representan bastante bien el nuevo paisaje del fútbol internacional. Sus jugadores ya no proceden de estructuras aisladas ni llegan con una preparación improvisada. Muchos han crecido en academias europeas, compiten en ligas profesionales exigentes y conocen de memoria los ritmos, los gestos y hasta las manías de las grandes figuras.
El cambio también está en los banquillos. Las federaciones africanas han invertido en la formación de técnicos, análisis de datos y preparación física. Senegal alcanzó los octavos en 2022 y Marruecos llegó entonces a las semifinales, el mejor resultado de una selección africana en la historia del torneo. Aquello dejó de parecer una anomalía simpática para convertirse en una referencia: se puede competir sin renunciar a la identidad propia.
Cabo Verde sostuvo el empate sin goles ante la campeona de Europa con orden, paciencia y un enorme Vozinha bajo palos. La República Democrática del Congo, por su parte, respondió al tempranero gol portugués y consiguió el primer punto mundialista de su historia gracias al tanto de Yoane Wissa antes del descanso. No fueron accidentes nacidos de un rebote absurdo. Hubo planes reconocibles, disciplina y capacidad para resistir.
España: 74% de posesión y ninguna llave
España vivió ante Cabo Verde una de esas noches en las que el balón parece obedecer, pero el partido no. El equipo de Luis de la Fuente se instaló en campo contrario, acumuló córneres y obligó a Vozinha a intervenir repetidamente, aunque nunca consiguió romper el muro con continuidad. El empate a cero dejó una sensación incómoda: había control, sí; faltaba profundidad.
El problema no estuvo únicamente en la puntería. Cabo Verde cerró el carril central, protegió el área y empujó a España hacia zonas menos dañinas. Rodri, Pedri y Fabián podían tocar, girar y volver a tocar, pero el último pase encontraba demasiadas piernas. Lamine Yamal y Nico Williams añadieron desborde desde el banquillo, sin que apareciera el gol que habría convertido la paciencia en virtud y no en atasco.
España produjo ocasiones suficientes para ganar, pero permitió que el encuentro avanzara sin cambiar su temperatura. Cuando un favorito no marca pronto, el adversario gana centímetros y confianza. Cada despeje parece más grande, cada parada pesa el doble y el reloj se convierte en otro defensa. Cabo Verde terminó celebrando un resultado histórico; España, contemplando un marcador blanco que no figuraba en el guion.
Oyarzabal, aislado durante media hora
El dato más extraño de la noche retrata mejor el bloqueo que cualquier discurso táctico. Mikel Oyarzabal no tocó el balón durante los primeros 30 minutos, algo que ningún futbolista titular había sufrido en un partido mundialista desde que existen registros detallados, a partir de 1966.
No significa que el delantero permaneciera quieto ni que fuera el único responsable. Al contrario: revela la desconexión entre la circulación española y el área. El balón pasaba por los centrocampistas, viajaba hacia los costados y regresaba atrás, mientras el nueve quedaba atrapado entre centrales. Posesión sin conexión, una especie de monólogo pronunciado lejos del público.
Portugal: 740 pases y un solo tiro a puerta
Portugal padeció un atasco parecido frente a la República Democrática del Congo. João Neves adelantó pronto al conjunto de Roberto Martínez, pero el gol no abrió el encuentro. Los congoleños mantuvieron el bloque, sobrevivieron a la posesión portuguesa y empataron mediante Wissa antes del descanso.
Los 740 pases de Portugal produjeron un único lanzamiento entre los tres palos. El dato resulta casi satírico: una selección con Cristiano Ronaldo, Bruno Fernandes, Bernardo Silva y una colección de atacantes de primer nivel terminó administrando el balón como quien mueve muebles por un salón demasiado pequeño.
La presencia de Ronaldo continúa condicionando el debate. Su capacidad rematadora sigue siendo extraordinaria, pero Portugal necesita abastecerlo dentro del área y, al mismo tiempo, generar movilidad alrededor. Cuando el equipo circula despacio, el delantero queda vigilado y los espacios desaparecen. El problema no es tener una referencia; es convertirla en una estatua rodeada de defensores.
Congo defendió, pero no se limitó a sufrir. Detectó los momentos para correr, buscó las jugadas a balón parado y estuvo cerca de completar la remontada. El empate fue histórico: su primer punto y su primer gol en un Mundial tras una ausencia de más de medio siglo. Portugal, mientras tanto, descubrió que la superioridad nominal no aparece automáticamente en el césped.
Un Mundial ampliado, no rebajado
La ampliación a 48 selecciones alimentó durante años el temor a una fase de grupos llena de goleadas y partidos desequilibrados. Los primeros encuentros han discutido esa sospecha. El Mundial tiene más participantes, pero los recién llegados no parecen simples invitados de protocolo. La globalización futbolística ha repartido conocimientos que antes pertenecían a unas pocas escuelas.
Los entrenadores acceden a herramientas de análisis similares, los jugadores comparten vestuarios en las grandes ligas y las selecciones pueden estudiar cientos de secuencias del adversario antes de enfrentarse. Ya no hay tantos secretos. Un lateral caboverdiano sabe cómo perfila el cuerpo un extremo español porque quizá se ha cruzado con él en una competición europea. Un central congoleño conoce los movimientos de Ronaldo porque los ha observado miles de veces y entrena semanalmente contra delanteros educados en el mismo ecosistema.
El formato también reduce el precio inmediato de un tropiezo. Las 48 selecciones están repartidas en 12 grupos de cuatro; avanzan los dos primeros de cada grupo y los ocho mejores terceros. España y Portugal han desperdiciado una oportunidad, pero no han quedado al borde del abismo. Hay más margen para corregir, circunstancia que puede favorecer a las plantillas profundas cuando el torneo empiece a endurecerse.
También pesa el calendario. Muchos internacionales llegan después de una temporada europea larga, con decenas de partidos en las piernas y apenas tiempo para recuperar. A ello se suman el calor y la humedad en numerosas sedes norteamericanas. Un estudio de FIFPRO estima que el 56% de los encuentros se disputará con temperaturas superiores a 28 grados, condiciones que pueden reducir la distancia recorrida y la intensidad de las presiones. El cansancio iguala: quien debe proponer necesita más energía que quien espera agrupado.
Bélgica añade otro problema, el relevo generacional. Kevin De Bruyne y Romelu Lukaku siguen siendo decisivos, pero la generación que convirtió al país en aspirante permanente se acerca al final, mientras sus sucesores todavía buscan peso propio. Ante Egipto, Lukaku tuvo que salir desde el banquillo para provocar el gol del empate apenas unos segundos después de entrar. El talento permanece; la continuidad del equipo, bastante menos.
Francia evitó el tropiezo, aunque Senegal la mantuvo incómoda hasta el minuto 66. Mbappé abrió el marcador, Bradley Barcola amplió la ventaja y el capitán francés volvió a marcar en el descuento después del tanto senegalés. El 3-1 parece concluyente visto desde lejos. El partido, durante más de una hora, no lo fue en absoluto.
La vieja jerarquía todavía respira
Los resultados iniciales no demuestran que España, Portugal, Bélgica o Francia hayan dejado de ser candidatas. Los Mundiales castigan las conclusiones precipitadas. Argentina perdió contra Arabia Saudí en su estreno de 2022 y terminó levantando el trofeo. España cayó frente a Suiza en 2010 y acabó siendo campeona. Tropezar no equivale a derrumbarse.
Sí ha cambiado, en cambio, el terreno bajo sus pies. Las grandes selecciones ya no pueden reservarse durante la fase de grupos, tocar con suficiencia ni confiar en que la camiseta termine marcando el gol. Necesitan ritmo, imaginación y precisión desde el primer encuentro. La nobleza futbolística conserva sus títulos, sus estadios llenos y sus delanteros millonarios. Pero los rivales han aprendido a cerrar la puerta.
Ese es el verdadero aviso de las primeras jornadas. El Mundial de 2026 no parece un torneo sin favoritos; parece un torneo en el que los favoritos deberán demostrarlo cada tarde. Y eso, aunque incomode a más de un gigante, suele ser una excelente noticia para el fútbol.

Actualidad¿Qué dijo Feijóo en El Hormiguero y qué imagen dejó del PP actual?
Más preguntas¿Por qué se cancela el RBF 2026 en España y qué pasa con las entradas?
Economía¿Por qué la Fed no sube tipos mientras el BCE y Japón sí lo hacen?
Más preguntas¿Qué partidos del Mundial 2026 se juegan el 18 de junio y a qué hora?
Más preguntas¿De qué murió Daveigh Chase, la actriz de The Ring y Lilo & Stitch?
Más preguntas¿Cómo quedó Colombia ante Uzbekistán? Ganó 3-1 y lidera el Grupo K
ActualidadEE. UU. publica el pacto con Irán: los 14 puntos explicados uno a uno
Actualidad¿Qué cambia tras la firma del acuerdo entre EEUU e Irán y qué supone?
Más preguntas¿Por qué Elisa Mouliaá no vuelve de Dubái tras la orden judicial?
Más preguntas¿Por qué las sentencias cuestan 14.000 millones al Estado español?
ActualidadEl resumen de Inglaterra Croacia: ¡por fin vimos fútbol!
Actualidad¿Qué pasa en Villaverde? Arde una nave y desalojan una gasolinera





















