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Feijóo rectifica sobre cuándo habló con Mazón durante la dana

Los mensajes y la cronología judicial ponen en cuestión la versión que Feijóo dio dos días después de la riada.

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Feijóo no habló en directo con Mazón

Alberto Núñez Feijóo reconoció ante la jueza que investiga la gestión de la dana que Carlos Mazón no le informó durante la jornada del 29 de octubre de 2024 en tiempo real, como había afirmado públicamente dos días después. Según su declaración, el primer intercambio de mensajes con el entonces presidente de la Generalitat Valenciana se produjo alrededor de las 19.59, cuando Feijóo ya estaba preocupado por las noticias sobre las inundaciones y pidió información.

El dirigente popular presentó aquella afirmación anterior como un error de referencia: dijo que al hablar de información en tiempo real se refería al martes y al miércoles, no al día de la riada. Pero esa explicación no elimina el choque entre ambas versiones. La frase pronunciada ante la prensa el 31 de octubre transmitía que Mazón le había mantenido al tanto desde el lunes; ante la jueza, Feijóo situó el comienzo del contacto en torno a las ocho de la tarde del martes 29, cuando la emergencia ya estaba en marcha y la tragedia había dejado 230 muertos en la provincia de Valencia.

La frase pública y la cronología que ofreció ante la jueza

La primera versión se hizo pública el 31 de octubre de 2024, durante una comparecencia de Feijóo en el complejo de emergencias de l’Eliana, en Valencia. A su lado estaban Mazón y el presidente de la Diputación, Vicent Mompó. El líder del PP explicó entonces que el president le venía informando desde el lunes 28 y que, a partir del martes, le había trasladado que podía haber más fallecidos. La formulación sugería una comunicación sostenida desde el inicio de la emergencia, no un primer contacto al final de la tarde.

En la declaración judicial, Feijóo sostuvo que no recibió información de Mazón antes de los mensajes intercambiados alrededor de las 19.59 del día 29. Según explicó, fueron las noticias que había leído las que le hicieron preocuparse y le llevaron a contactar con el presidente valenciano. Dijo que no había hablado con él la víspera, pese a las previsiones, y que tampoco conocía qué estaba haciendo durante las horas críticas. La iniciativa de la conversación, en su relato ante la jueza, partió de Feijóo, que pidió datos en vez de recibirlos de forma espontánea.

Para justificar la diferencia, el líder popular separó la jornada de la catástrofe de los días posteriores. Afirmó que cuando había hablado de información en tiempo real se refería al martes y al miércoles, y no al lunes ni al propio martes 29 en las horas previas a su primer mensaje. Esa precisión es importante, pero no convierte en idénticas las dos versiones: la comparecencia del día 31 se entendió como una referencia a la comunicación mantenida durante la riada. Lo que está documentado en el relato de la declaración es el cambio de cronología y de alcance de aquella frase; que ese cambio responda a un error o a una decisión deliberada es otra cuestión.

Qué aportan los mensajes y qué dejan sin aclarar

Feijóo aportó a la causa los mensajes que intercambió con Mazón aquella noche. En su declaración describió un intercambio de 23 comunicaciones a lo largo de unas horas: nueve mensajes enviados por él y 14 recibidos. A partir de ese primer contacto, sostuvo que la información fue continua. Ese volumen de mensajes permite seguir una conversación desde el momento en que arranca, pero no demuestra por sí mismo que hubiera existido comunicación previa ni que la información circulara desde el comienzo de la emergencia.

El contenido conocido sitúa a Feijóo preguntando por la ayuda que podía prestar el Gobierno central y por el ministro con el que la Generalitat debía coordinarse. También trasladó ánimo a Mazón y le planteó que asumiera el liderazgo de la comunicación pública. Son mensajes de apoyo y de coordinación política, pero su alcance es distinto del de una conversación operativa entre los responsables de emergencias. Un chat entre el líder de la oposición y el presidente autonómico no sustituye la información de los servicios de emergencia, ni permite reconstruir por sí solo qué decisiones se tomaron en el Cecopi.

La documentación tampoco cierra todas las discrepancias sobre las comunicaciones. Feijóo dijo ante la jueza que no habló por teléfono con Mazón durante las horas más críticas y que el contacto fue por WhatsApp. Sin embargo, el PSOE señaló que en el listado aportado por el expresident valenciano constaban dos llamadas. Esa afirmación partidista no resuelve, por sí sola, si fueron atendidas ni qué ocurrió en ellas; la versión de Feijóo fue que no mantuvieron una conversación telefónica. La diferencia entre una llamada registrada y una conversación efectiva importa, y no conviene presentar ambas cosas como equivalentes sin más información.

Una declaración como testigo, no una sentencia sobre la mentira

La jueza de Catarroja citó a Feijóo después de admitir la petición de la Asociación de Víctimas Mortales Dana 29-0, personada como acusación particular. El líder del PP compareció por videoconferencia desde el Congreso, tras solicitar esa modalidad. La declaración se prolongó alrededor de cinco horas, según la información difundida sobre la sesión, y respondió a preguntas de la jueza, el fiscal y las partes personadas. Feijóo acudió como testigo, no como investigado, una distinción que delimita su posición en el procedimiento penal.

La condición de testigo no convierte cada respuesta en una resolución judicial ni supone que la jueza haya declarado falsa una versión política. La instrucción se centra en reconstruir la gestión de la emergencia, las comunicaciones y las decisiones de quienes tenían responsabilidades en ella. En esa causa están investigados la exconsellera de Interior Salomé Pradas y el exsecretario autonómico de Emergencias Emilio Argüeso. La declaración de Feijóo puede aportar contexto sobre lo que conocía y cuándo lo supo, pero no equivale a una conclusión judicial sobre la responsabilidad penal de Mazón o del propio testigo.

También hay una diferencia entre describir una contradicción y afirmar que se ha probado jurídicamente una mentira intencionada. La secuencia conocida permite decir que Feijóo ofreció públicamente una imagen de información en tiempo real que no coincide con la cronología que expuso ante la jueza. Él atribuyó esa divergencia a un error y explicó que se refería a otros días. La intención solo puede valorarse a partir del conjunto de pruebas y de lo que determine el procedimiento, no por el uso aislado de una palabra en un titular. El dato central es la incompatibilidad entre la impresión transmitida el 31 de octubre y el primer contacto situado en torno a las 19.59.

Lo que Feijóo sabía sobre Mazón y el dispositivo de emergencia

En su testimonio, Feijóo dijo que no sabía dónde se encontraba Mazón cuando recibió sus mensajes y que desconocía que se hubiera convocado el Centro de Coordinación Operativa Integrado, conocido como Cecopi, así como quiénes participaban en él. También explicó que no había encargado a miembros de su equipo seguir la información que manejaba la Generalitat. Su relato describe una comunicación política directa y limitada, no un seguimiento organizado de la emergencia desde la dirección nacional del PP.

El líder popular manifestó que tampoco contactó con Salomé Pradas, entonces responsable autonómica de Interior y Emergencias. Explicó que no tenía el número de WhatsApp de los consejeros y que consideraba más apropiado dirigirse al presidente de la comunidad. Esa explicación aclara por qué, según su versión, el intercambio se concentró en Mazón; al mismo tiempo, deja constancia de que Feijóo no buscó información directamente de la responsable política del área de emergencias. La ausencia de contacto con Pradas no demuestra por sí sola qué información tenía la Generalitat, pero sí delimita las fuentes personales a las que Feijóo dijo haber recurrido.

Además de Mazón, Feijóo se puso en contacto con los presidentes de Castilla-La Mancha y Andalucía, Emiliano García-Page y Juanma Moreno, porque consideraba que sus territorios podían verse afectados por la riada. Afirmó que los mensajes fueron parecidos y que percibió a Page más preocupado. También sostuvo que el Gobierno central no le informó como líder de la oposición. La jueza le recordó que la gestión de la emergencia correspondía a la administración autonómica y que la declaración de una emergencia nacional no era objeto de esa causa. El intercambio con otros presidentes muestra que Feijóo buscó una imagen más amplia de la situación, pero no aporta una fuente independiente sobre lo ocurrido en Valencia.

La cronología política no sustituye a la reconstrucción de la emergencia

En una catástrofe, saber quién conocía cada dato y en qué momento es relevante, pero no basta para explicar la gestión operativa. La investigación necesita reconstruir avisos, decisiones, reuniones, comunicaciones con los municipios y actuaciones de los servicios de emergencia. La declaración de Feijóo ilumina una parte más acotada: cuándo supo él que la situación era grave, qué preguntó a Mazón y qué mensajes intercambiaron. No permite concluir, por sí sola, cuándo debió enviarse una alerta a la población ni quién tomó cada decisión técnica.

La diferencia entre esas dos capas suele perderse en el debate político. Una cosa es el contacto entre dirigentes de un mismo partido y otra la cadena institucional que transmite información y activa medidas de protección. La primera puede influir en la comunicación pública y en la rendición de cuentas; la segunda se refiere a competencias, protocolos y decisiones que deben examinarse con pruebas propias. Los mensajes de WhatsApp son una pieza de la cronología, no el expediente completo de la respuesta a la dana.

Por eso también importa el límite que marcó la jueza cuando Feijóo insistió en que, a su juicio, se trataba de un supuesto claro de emergencia nacional. La discusión sobre qué administración debía asumir determinadas competencias pertenece al debate político y jurídico más amplio, pero la magistrada indicó que esa cuestión no era el objeto de la instrucción en ese momento. Mantener separados esos planos evita atribuir a la declaración un alcance que no tiene: el testimonio puede aclarar la comunicación con Mazón, pero no resuelve por sí mismo el reparto legal de responsabilidades entre la Generalitat y el Gobierno central.

El coste político de una versión que tuvo que corregirse

La controversia tuvo una consecuencia inmediata en el terreno político. Tras la declaración, el PSOE pidió la dimisión de Feijóo o que el PP lo apartara, al considerar que había admitido que no estuvo informado en tiempo real como había afirmado. Los socialistas también reprocharon que no supiera dónde estaba Mazón y cuestionaron que no hubiera mantenido una conversación telefónica durante las horas críticas. Esas demandas son la reacción de un partido adversario, no una conclusión judicial, pero muestran que la contradicción se convirtió en un nuevo frente para el líder popular.

Para el PP, el problema consiste en explicar cómo encaja la afirmación del 31 de octubre con la secuencia presentada después ante la jueza. La defensa de Feijóo se apoya en que la información que recibió fue continua desde que la pidió y en que su referencia a los días anteriores no pretendía describir la tarde de la riada. Pero una aclaración posterior no borra el efecto de la primera declaración pública, especialmente cuando se produjo en un momento de máxima sensibilidad y con Mazón a su lado. La confianza depende también de que una explicación posterior mantenga una relación reconocible con las palabras originales.

La frase sobre el tiempo real tenía una función política: transmitir que el líder nacional estaba en contacto con el presidente autonómico y seguía la evolución de la tragedia. El testimonio judicial dibujó una relación más tardía y reactiva, iniciada cuando Feijóo ya había visto información que le preocupaba. Eso no demuestra quién podía evitar cada daño ni convierte a la dirección del PP en responsable de la gestión autonómica. Sí cambia la lectura de la comunicación que el partido presentó después. El contraste entre el mensaje de control y la cronología del primer contacto es el núcleo de la controversia.

Un reloj que sigue marcando la rendición de cuentas

En las investigaciones sobre una emergencia, los horarios no son un detalle burocrático: ayudan a ordenar qué información existía, quién podía conocerla y qué decisiones se adoptaron a continuación. La hora aproximada de las 19.59 marca, en la versión de Feijóo, el inicio del intercambio con Mazón. La referencia pública a una información en tiempo real desde el lunes había dibujado un comienzo muy anterior. Entre ambos relatos se abre un intervalo que la explicación del testigo intenta acotar, pero que no elimina la discrepancia.

La consecuencia de esa diferencia no se limita a la imagen personal del líder del PP. También recuerda que los mensajes políticos pronunciados después de una catástrofe pueden convertirse en parte de la cronología que más tarde se examina. Cuando existen conversaciones fechadas, comparecencias y declaraciones judiciales, una expresión amplia como información en tiempo real queda expuesta a una lectura concreta: cuándo empezó el contacto, quién lo inició y qué datos se transmitieron. La documentación puede fijar la secuencia, aunque no responda automáticamente a todas las preguntas sobre la gestión.

La dana del 29 de octubre sigue siendo, ante todo, una tragedia con 230 fallecidos en Valencia y una investigación sobre decisiones y responsabilidades. La declaración de Feijóo añade una pieza política a ese examen: admite que no recibió de Mazón información durante el día como sugerían sus palabras iniciales y sitúa el primer intercambio cerca de las ocho de la tarde. Que lo anterior fuera un error, una exageración o una afirmación deliberadamente engañosa no queda establecido por el mero contraste. Lo que sí permanece es una rectificación que obliga a medir con precisión las palabras y los tiempos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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