Síguenos

Tecnología

¿Por qué Alemania teme ataques antes de sus elecciones regionales?

Los ciberataques, la filtración de Berlín y la desinformación elevan la tensión electoral mientras AfD domina los sondeos en Sajonia-Anhalt.

Foto del avatar

Publicado

el

ataque hacker en directo

Resumen

  • Alemania vota entre ciberataques, filtraciones y desinformación
  • AfD llega como clara favorita a las elecciones de Sajonia-Anhalt
  • Berlín descarta por ahora que los sistemas electorales estén comprometidos

Alemania llega a una de sus citas electorales más delicadas de los últimos años entre ciberataques, filtraciones de datos, sabotajes y campañas de desinformación. El primer examen llegará este domingo, 6 de septiembre, en Sajonia-Anhalt, donde la ultraderechista AfD encabeza con enorme ventaja las últimas encuestas; después vendrán las municipales de Baja Sajonia, el día 13, y las elecciones regionales de Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el 20 de septiembre. No son elecciones federales, pero su impacto puede sentirse mucho más allá de cada Parlamento regional.

La preocupación no nace de una sola operación ni existe, por el momento, una prueba que permita meter todos los incidentes en el mismo cajón. Ese matiz importa. El Gobierno alemán atribuye a Rusia el intento de ataque con drones contra el aeropuerto de Leipzig/Halle del 4 de agosto y habla abiertamente de amenazas híbridas; una campaña de influencia vinculada al Kremlin está difundiendo contenidos falsos sobre los comicios, mientras que Berlín afronta por separado un grave ataque de ransomware contra su red administrativa. Son piezas distintas, aunque aparezcan sobre la misma mesa justo cuando Alemania se dispone a votar.

Berlín sufre una filtración masiva antes de acudir a las urnas

El episodio digital más serio afecta directamente a la administración de Berlín. El grupo de ransomware Rhysida reivindicó el ataque y asegura haber sustraído 5,7 terabytes de información de la red regional. Las investigaciones sitúan parte de la extracción de datos entre el 7 y el 12 de agosto, antes de que dos departamentos del Senado berlinés fueran desconectados de la red el día 14 como medida de seguridad.

La información comprometida puede contener datos personales de funcionarios, ciudadanos y empresas. Los atacantes exigieron un mínimo de 30 bitcoins, unos dos millones de euros, y amenazaron con vender o publicar el material si Berlín no pagaba. La respuesta política fue bastante menos novelesca de lo que suelen esperar los extorsionadores: no hubo rescate. El Gobierno regional mantuvo su negativa a ceder al chantaje.

Los datos robados aparecen en la dark web

El ultimátum venció el viernes 4 de septiembre y expertos detectaron después la publicación en la dark web de lo que se presenta como el conjunto completo de los archivos sustraídos. Las autoridades berlinesas están analizando el material para determinar exactamente qué información contiene y qué personas pueden haberse visto afectadas. En caso de identificar víctimas concretas, los departamentos responsables prevén avisarlas conforme al nivel de riesgo.

Eso sí, conviene separar una administración atacada de unas elecciones manipuladas. Las autoridades de Berlín sostienen que el entorno informático electoral está protegido y separado de los sistemas afectados y que, con la información disponible, no existen indicios de que los datos electorales hayan resultado comprometidos. Es una distinción bastante menos vistosa que hablar de unas urnas hackeadas, pero también bastante más exacta.

La desinformación también ha entrado en campaña

Por otro carril circula Matryoshka, también conocida como Operation Overload, una operación de influencia alineada con Rusia que lleva tiempo fabricando vídeos, imágenes y supuestas noticias para aparentar que proceden de medios legítimos. Una investigación detectó 269 publicaciones en 21 días, entre el 24 de junio y el 1 de septiembre, relacionadas con las elecciones alemanas de septiembre.

Los contenidos han atacado al Gobierno federal y a candidatos de la CDU, SPD, Los Verdes, Die Linke y FDP. Las falsedades incluyen supuestas declaraciones, escándalos inventados y mensajes diseñados para reforzar la idea de una Alemania partida entre este y oeste. Curiosamente, la maquinaria tampoco es infalible: de las 269 publicaciones analizadas, solo siete estaban redactadas en alemán, pese a que muchas imitaban a medios alemanes. Propaganda industrial, sí; artesanía fina, algo menos.

La operación se mueve por X, Bluesky y TikTok y utiliza identidades gráficas copiadas de medios reales. Los análisis disponibles advierten, sin embargo, contra la tentación de confundir volumen con eficacia. Hay indicios de amplificación inauténtica y muchos contenidos muestran errores elementales o una adaptación bastante pobre al contexto local. La amenaza está ahí, pero eso no significa que cada falsificación consiga alterar un voto.

Sajonia-Anhalt concentra todas las miradas

El escenario explica por qué cualquier interferencia resulta especialmente sensible. Sajonia-Anhalt vota este domingo y la AfD parte como clara favorita. Las últimas encuestas sitúan a la formación de Ulrich Siegmund aproximadamente entre el 41% y el 43%, mientras la CDU ronda el 22%-23%. Algunas mediciones colocan a AfD en el 41% o el 42%, con una ventaja muy amplia sobre los democristianos.

Una victoria sería importante por sí sola. Una mayoría parlamentaria que permitiera a AfD gobernar Sajonia-Anhalt elevaría la dimensión histórica del resultado: sería el primer gobierno regional dirigido por la extrema derecha en la Alemania de posguerra. AfD ya ha obtenido grandes resultados electorales en el este del país, pero hasta ahora el rechazo de los demás partidos a pactar con ella ha limitado su acceso al poder ejecutivo.

Aquí aparece una de esas peculiaridades del sistema electoral que pueden convertir un par de décimas en un terremoto. La barrera del 5% para acceder al Parlamento hace que el resultado de partidos pequeños pueda modificar notablemente el reparto final de escaños. Con AfD por encima del 40%, que otras formaciones entren o se queden fuera puede decidir si la victoria acaba siendo una demostración de fuerza o una mayoría suficiente para gobernar.

Sabotajes y drones, pero no todo tiene el mismo autor

La tensión creció todavía más después de varios incidentes contra infraestructuras eléctricas y del intento de ataque registrado en Leipzig/Halle. El Gobierno federal ha atribuido formalmente a Rusia el ataque híbrido del aeropuerto, donde fue localizado un dron cargado con explosivos cerca de un avión ucraniano. Berlín asegura que las investigaciones policiales, los patrones operativos y la información de inteligencia permiten realizar esa atribución. Moscú lo niega.

El Ejecutivo de Friedrich Merz sostiene que Alemania lleva tiempo siendo objetivo de sabotajes, espionaje y manipulación informativa, junto a otras operaciones encubiertas, y considera significativo que este tipo de amenazas aumente alrededor de citas políticas importantes. El Ministerio del Interior ha señalado que la acumulación de ataques en vísperas electorales no puede despacharse como una simple coincidencia.

Pero sería incorrecto adjudicar automáticamente a Moscú todos los incidentes ocurridos estos días. La policía investiga, por ejemplo, ataques y tentativas contra instalaciones eléctricas en distintas zonas del país y en algunos casos las pesquisas apuntan hacia el extremismo climático. Precisamente ahí está la dificultad de la llamada guerra híbrida: hechos diferentes, autores diferentes, propaganda, delitos comunes y operaciones estatales pueden coincidir en el tiempo y alimentar una misma sensación de vulnerabilidad.

Las urnas siguen funcionando pese al ruido digital

Hasta este momento no existen pruebas de que los sistemas que gestionan las elecciones de septiembre hayan sido penetrados ni de que pueda modificarse informáticamente el resultado de la votación. La alerta alemana se concentra más bien en otro terreno: erosionar la confianza pública, contaminar la conversación política, robar información sensible o provocar incidentes capaces de generar inseguridad.

Ese matiz explica buena parte del fenómeno. Una democracia no necesita que alguien entre en un servidor electoral y cambie miles de papeletas para sufrir una operación de interferencia. Basta con conseguir que una parte de la población crea que todo está amañado, que los medios inventan, que las instituciones ocultan información o que cualquier resultado desfavorable demuestra un fraude. El objetivo puede ser menos espectacular que una película de hackers y, precisamente por eso, más barato y difícil de combatir.

Alemania ha reforzado durante los últimos meses su arquitectura contra las amenazas híbridas, incluido un centro específico de respuesta y nuevas medidas de protección de infraestructuras críticas. El Gobierno insiste en que los ataques frustrados también demuestran que los mecanismos defensivos funcionan. No es una garantía absoluta —en seguridad informática semejante criatura no existe—, pero sí una diferencia relevante entre detectar una amenaza y dejarle la puerta abierta.

Una elección regional que puede cambiar la política alemana

El resultado del 6 de septiembre permitirá medir dos fuerzas distintas que, por casualidad o por diseño, han acabado confluyendo en el mismo fin de semana: la capacidad de las instituciones alemanas para resistir presiones híbridas y la magnitud del avance electoral de AfD en el este del país.

Sajonia-Anhalt tiene poco más de dos millones de habitantes, pero políticamente parece haberse convertido en un laboratorio a tamaño real. Una AfD situada por encima del 40% obligaría a revisar equilibrios, coaliciones y estrategias en Berlín; una mayoría suficiente para gobernar rompería directamente una frontera que los grandes partidos alemanes habían conseguido mantener durante décadas.

Y mientras se cuentan votos, la otra batalla seguirá siendo menos visible. Datos robados, vídeos falsificados, drones, intentos de sabotaje, cuentas coordinadas. La democracia alemana no llega a las urnas hackeada, según las pruebas disponibles, pero sí sometida a una presión inusual. Esa diferencia es fundamental: una cosa es anunciar que el sistema ha caído y otra, bastante más inquietante, comprobar cuánta gente intenta hacerlo tambalear.

Newsletter

Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.