Ciencia
¿Qué hallaron en un arroyo de San Francisco? Un diente de mastodonte
Un molar de mastodonte del Pacífico, casi intacto y de al menos 10.000 años, apareció en un arroyo boscoso del área de San Francisco, California.

Resumen
- Un molar de mastodonte apareció en un arroyo de la bahía de San Francisco
- El fósil mide unos 23 centímetros y conserva corona, raíz y conducto
- Stanford estudiará y datará la pieza para precisar su antigüedad
Un objeto extraño sobresalía entre las piedras y el agua de un arroyo boscoso del condado de San Mateo, en plena bahía de San Francisco. Parecía una roca particularmente rara. No lo era. El hallazgo resultó ser un molar fosilizado de mastodonte del Pacífico, excepcionalmente completo y con una antigüedad de al menos 10.000 años.
Lo encontró la geomorfóloga Brigid Lynch, de Balance Hydrologics, mientras realizaba trabajos de campo para un proyecto destinado a mejorar el hábitat de la amenazada rana de patas rojas de California. Una coincidencia difícil de escribir mejor: buscando proteger a una especie del presente apareció, literalmente en mitad del arroyo, el rastro de otra que desapareció hace milenios.
Un molar de 23 centímetros casi intacto
El fósil mide unos 23 centímetros de longitud. Su estado de conservación es poco habitual: mantiene tanto la corona como la raíz e incluso permite distinguir el conducto radicular. No estamos, por tanto, ante un fragmento irreconocible que necesite mucha imaginación para reconstruirse, sino ante una pieza sorprendentemente íntegra.
Wayne Thompson, paleontólogo de Pacific Paleontology, lo considera el molar de mastodonte más completo localizado en la zona y uno de los ejemplares más espectaculares que ha visto. El diente perteneció a un ejemplar adulto de mastodonte del Pacífico, Mammut pacificus, una especie distinta del más conocido mastodonte americano.
El lugar exacto del descubrimiento no se ha hecho público. El fósil apareció en un arroyo de los bosques de secuoyas del condado de San Mateo, dentro de terrenos gestionados por el Midpeninsula Regional Open Space District. La reserva mantiene la ubicación bajo discreción porque no permite a los visitantes buscar fósiles en sus cursos de agua.
La edad todavía debe afinarse
Hablar de un fósil de 10.000 años sirve para situarlo, pero existe un matiz importante. Su edad exacta aún no está determinada. La pieza se ha entregado a la Doerr School of Sustainability de la Universidad de Stanford, donde los investigadores prevén realizar pruebas para precisar cuándo vivió el animal al que perteneció.
La institución también realizará un escaneo tridimensional del molar. A partir de ese modelo se fabricará una réplica destinada a actividades educativas y de divulgación, mientras el fósil original permanece disponible para su estudio científico. Es una manera bastante sensata de convertir un encuentro fortuito en material de investigación y, al mismo tiempo, acercarlo al público sin andar paseando una pieza irreemplazable.
Qué era exactamente el mastodonte del Pacífico
Los mastodontes fueron grandes proboscídeos emparentados con los elefantes actuales, pero no eran mamuts. La distinción importa. El mastodonte del Pacífico presentaba, entre otros rasgos, dientes más estrechos, huesos de las extremidades más robustos y diferencias en los colmillos respecto al mastodonte americano. Su área de distribución habría comprendido territorios de las actuales California y Oregón, parte de las Montañas Rocosas del norte y zonas de México.
Durante el Pleistoceno estos animales formaban parte de una Norteamérica que cuesta reconocer bajo las autopistas y urbanizaciones actuales. En California convivieron con mamuts colombinos, grandes perezosos terrestres y camélidos hoy extinguidos. También compartían el paisaje con linajes animales que han llegado hasta nuestros días.
Un comedor de hojas, no una copia del mamut
Su alimentación ayuda a entender la diferencia. Mientras numerosos mamuts estaban adaptados a consumir hierbas, los mastodontes eran principalmente ramoneadores: arrancaban hojas, brotes tiernos y frutos de árboles y arbustos. Sus molares reflejan precisamente esa dieta, con una estructura preparada para triturar vegetación leñosa.
Los mastodontes recorrieron Norteamérica durante millones de años y desaparecieron al final del Pleistoceno, hace aproximadamente 11.700 años. El molar de San Mateo procede, por tanto, de un paisaje relativamente reciente en términos geológicos. A escala humana parece una eternidad; para la historia de la Tierra es casi anteayer.
Por qué este fósil tiene especial interés científico
Encontrar restos de mastodonte en Norteamérica no es algo inaudito. Lo extraordinario aquí es la calidad de conservación, unida a su procedencia local y a que Mammut pacificus es una especie reconocida científicamente de forma relativamente reciente. Cada ejemplar bien contextualizado permite comparar anatomía, distribución y cronología con otros fósiles de la costa occidental.
Hay otro detalle que hace especialmente útil la pieza: apareció en un entorno natural concreto, no perdida desde hace décadas en una colección sin procedencia conocida. Ese contexto puede ayudar a reconstruir qué animales habitaban el área de la actual bahía de San Francisco y cómo eran aquellos ecosistemas cuando el clima, la vegetación y la fauna tenían otro aspecto.
No es siquiera el primer diente de mastodonte del Pacífico que sorprende a los habitantes de esta región. En 2023 apareció otro molar cerca de Santa Cruz, después de que una mujer encontrara en una playa un objeto de aspecto extraño que inicialmente podía pasar por madera arrastrada por el mar. Aquella pieza terminó también identificada como un fósil de mastodonte.
De salvar una rana a encontrarse con la Edad de Hielo
La escena tiene algo de paradoja geológica. Lynch estaba estudiando un arroyo para contribuir a la recuperación de la rana de patas rojas de California cuando se topó con los restos de un gran mamífero extinguido. Dos historias naturales separadas por miles de años quedaron concentradas en unos metros de cauce.
Y ahí está quizá el aspecto más sugerente del descubrimiento. Los espacios naturales no conservan únicamente las especies que todavía corren, vuelan o saltan sobre ellos. Conservan también capas de tiempo. Bajo un árbol, entre sedimentos o medio sumergido en un arroyo puede permanecer la huella de ecosistemas desaparecidos mucho antes de que existiera San Francisco como ciudad.
Un fragmento de la antigua California sale a la luz
El molar será estudiado en Stanford y su datación permitirá colocar una fecha más precisa en esa historia. Entretanto, queda una certeza bastante material: un mastodonte caminó por aquella California, se alimentó en sus bosques y uno de sus dientes sobrevivió durante milenios hasta terminar a la vista, entre agua y piedras, esperando que alguien reparara en que aquello no era una roca cualquiera.












