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¿Por qué Die Linke ganó las elecciones de Berlín con la vivienda?
Die Linke vence en Berlín con el 25,7%, duplica su resultado de 2023 y coloca la vivienda, los alquileres y el coste de vida en el centro político

Resumen
- Die Linke gana Berlín con el 25,7% y más que duplica su resultado de 2023
- La vivienda y los alquileres fueron el gran eje de la campaña de Elif Eralp
- El partido necesitará pactar para gobernar pese a sus 47 escaños
Die Linke ha ganado las elecciones de Berlín de 2026 colocando en el centro una preocupación bastante menos abstracta que las grandes discusiones ideológicas: cuánto cuesta tener un techo. Según el resultado provisional de las elecciones del 20 de septiembre, el partido encabezado por Elif Eralp obtuvo el 25,7% de los votos, más del doble del 12,2% conseguido en 2023, y se convirtió por primera vez en la fuerza más votada en unas elecciones al Parlamento berlinés.
La victoria no significa que Die Linke pueda gobernar sola ni que Berlín haya aprobado automáticamente cada una de sus propuestas sobre vivienda. Significa algo más concreto: alquileres, vivienda asequible y coste de vida consiguieron ordenar buena parte de una campaña fragmentada. El partido logró 47 de los 158 escaños provisionales y abrió una negociación en la que necesitará socios para alcanzar el Gobierno de la ciudad-estado.
El resultado dibuja una transformación de bastante calado. Berlín no sólo ha cambiado de partido ganador; también ha colocado una cuestión cotidiana, el precio de vivir en la capital alemana, por encima de debates nacionales que suelen ocupar mucho más espacio. En una ciudad donde encontrar piso se ha convertido para muchos en una suerte de deporte de resistencia, la crisis de la vivienda terminó entrando directamente en las urnas.
Die Linke duplica sus votos y cambia el mapa político de Berlín
El vuelco es considerable. Die Linke pasa del 12,2% al 25,7%, mientras la CDU, vencedora de la repetición electoral de 2023, cae del 28,2% al 18,8%. La AfD alcanza el 16,3%, Los Verdes quedan en el 14,3% y el SPD baja hasta el 12,1%, su peor resultado histórico en la capital alemana. El BSW, con un 4,7%, y el FDP, con un 2,5%, quedan fuera del Parlamento.
La participación también dibuja unas elecciones distintas: 74,2% de los electores acudieron a votar, frente al 62,9% registrado en 2023. Más votantes, un Parlamento más fragmentado y una ciudad que ha castigado con claridad a los dos partidos que formaban el Gobierno saliente, CDU y SPD. La política berlinesa, poco aficionada a la quietud incluso en sus mejores días, vuelve a mover los muebles.
El resultado tampoco puede explicarse únicamente por el antiguo eje entre Berlín Este y Oeste. Die Linke siguió obteniendo un porcentaje superior en las zonas del antiguo Este, con un 27,8%, pero también fue la fuerza más votada en el antiguo Berlín Occidental, donde alcanzó el 24,1%. En algunos barrios del centro arrebató además terreno que en anteriores elecciones pertenecía claramente a Los Verdes.
La vivienda dejó de ser un asunto sectorial
Aquí aparece probablemente la parte más importante de estas elecciones. Antes de acudir a las urnas, las encuestas ya situaban vivienda y alquileres entre las principales preocupaciones políticas de los berlineses. El problema no necesitaba demasiada traducción electoral: los precios llevan años tensionando a una ciudad acostumbrada históricamente a alquileres más bajos que los de otras grandes capitales europeas.
Die Linke consiguió asociarse con especial fuerza a esa preocupación. Los sondeos realizados alrededor de la jornada electoral muestran que un 37% de los consultados consideraba al partido como el más capacitado para garantizar vivienda asequible. Más de dos tercios de quienes votaron a Die Linke señalaron la vivienda o la seguridad social entre los motivos fundamentales de su decisión.
No hablamos sólo de un lema colocado en una pancarta. En Berlín, donde el alquiler determina qué barrios siguen siendo habitables para trabajadores, estudiantes o familias de ingresos medios, la vivienda se ha convertido en un termómetro de problemas que van mucho más allá del ladrillo. Salario, inflación, desigualdad y miedo a tener que abandonar el barrio acaban entrando por la misma puerta.
Elif Eralp convirtió los alquileres en el centro de campaña
La candidata Elif Eralp, de 45 años, hizo de esa cuestión su principal seña política e incluso llevó durante la campaña un collar con la palabra alemana Mietendeckel, literalmente “tope del alquiler”. Tras las elecciones reiteró su intención de impulsar la socialización de grandes carteras residenciales privadas y anunció conversaciones con Los Verdes y el SPD para intentar formar gobierno.
El planteamiento conecta con una discusión que Berlín lleva años sin resolver: hasta dónde puede intervenir el poder público en un mercado inmobiliario tensionado sin reducir al mismo tiempo la construcción, la inversión o la oferta disponible. Die Linke propone una intervención mucho más intensa que la CDU, que durante la campaña puso mayor énfasis en aumentar la construcción de nuevas viviendas.
La apuesta electoral funcionó. Otra cuestión —y bastante más difícil— será traducirla a una ley, un presupuesto y un acuerdo de coalición. Las elecciones han dado a Die Linke una posición central para negociar, no un cheque en blanco.
El referéndum de 2021 vuelve al centro del debate
La propuesta de socializar grandes empresas inmobiliarias no nació en estas elecciones. En septiembre de 2021, Berlín celebró el referéndum impulsado por la iniciativa Deutsche Wohnen & Co enteignen, que reclamaba transferir al patrimonio colectivo las viviendas pertenecientes a grandes propietarios privados, con indemnización.
El resultado oficial fue significativo: el 57,6% de los participantes votó a favor, con algo más de un millón de votos afirmativos. El referéndum pedía elaborar una norma que afectara fundamentalmente a compañías propietarias de más de 3.000 viviendas en Berlín.
Cinco años después, sin embargo, la fotografía social no es idéntica. Una encuesta realizada durante estas elecciones encontró un 37% de apoyo y un 51% de rechazo a expropiar, mediante compensación, grandes empresas residenciales. Entre los votantes de Die Linke la aceptación llegaba al 72%, pero era minoritaria entre los electores de otros partidos.
Ese contraste importa. Ganar unas elecciones con la vivienda como principal bandera no equivale a disponer de una mayoría social para cualquier política inmobiliaria. Berlín ha votado por partidos y programas completos, no en un referéndum sobre una única medida.
Más de 200.000 viviendas y una factura todavía discutida
Eralp ha defendido llevar adelante la socialización de grandes carteras inmobiliarias, una operación que podría afectar a más de 200.000 viviendas. Los costes son uno de los principales puntos de fricción: dirigentes socialdemócratas han situado la posible factura alrededor de los 20.000 millones de euros, mientras los defensores del proyecto discuten tanto los métodos de valoración como la cuantía de las indemnizaciones.
Aquí termina la sencillez del eslogan. La palabra “expropiación” ocupa poco en un cartel; determinar qué bienes entran, cuánto valen y cómo se compensan, quién administra después las viviendas y qué deuda asume Berlín requiere páginas, tribunales y probablemente años.
Existe, además, un precedente jurídico incómodo. El conocido Mietendeckel berlinés, que limitaba determinados alquileres, fue anulado en 2021 por el Tribunal Constitucional Federal. El tribunal no declaró simplemente que controlar los alquileres fuese incompatible con la Constitución: concluyó que Berlín carecía de competencia legislativa porque el Gobierno federal ya había regulado esa materia mediante el Código Civil. Una diferencia bastante importante, aunque en la conversación política a menudo sobreviva peor que un buen titular.
Los jóvenes ampliaron la victoria de Die Linke
La vivienda explica mucho, pero no todo. El comportamiento por edades muestra uno de los cambios electorales más llamativos. Según las encuestas poselectorales, Die Linke obtuvo aproximadamente un 43% entre los votantes de 16 a 24 años y alrededor de un 49% entre los de 25 a 34. También fue primera entre los grupos menores de 60 años, aunque con diferencias mucho menores conforme aumentaba la edad.
Entre las mujeres menores de 25 años, el apoyo alcanzó incluso el 51%. Al mismo tiempo, el partido logró resultados competitivos entre empleados, trabajadores y autónomos, lo que dificulta reducir su victoria a una burbuja universitaria del centro de Berlín.
Su expansión territorial cuenta una historia similar. Die Linke avanzó en barrios donde los Verdes habían dominado y creció también fuera del anillo ferroviario de la S-Bahn. El voto joven fue decisivo; no fue el único. También captó antiguos votantes de otras formaciones y movilizó a personas que anteriormente se habían quedado en casa.
Gobernar será otra historia: Berlín exige pactos
Los números obligan ahora a negociar. Con la distribución provisional, Die Linke dispone de 47 escaños, la CDU de 34, la AfD de 29, Los Verdes de 26 y el SPD de 22. La mayoría absoluta se sitúa en 80 diputados.
Una combinación de Die Linke, Los Verdes y SPD sumaría 95 escaños. Una alianza entre CDU, Los Verdes y SPD alcanzaría 82. Eralp ha señalado su intención de hablar con verdes y socialdemócratas, mientras responsables de Los Verdes han mostrado disposición a explorar esa fórmula. El SPD, golpeado por su resultado, afronta una decisión particularmente delicada.
La política de vivienda será precisamente uno de los asuntos difíciles de esas conversaciones. El SPD mantiene reservas importantes ante la socialización de grandes inmobiliarias. Los Verdes comparten parte del diagnóstico sobre los alquileres, pero entre sus propios votantes tampoco existe un apoyo mayoritario claro a la expropiación según las encuestas electorales. Es decir, los 95 escaños caben perfectamente en una calculadora; un programa común necesita algo más de espacio.
La victoria de Die Linke en Berlín tiene una explicación que atraviesa casi todos los demás datos: la vivienda dejó de ser simplemente una política pública y pasó a convertirse en una experiencia cotidiana del electorado. Quien dedica una parte creciente de su nómina al alquiler no necesita consultar un tratado económico para notar el problema.
Die Linke colocó esa inquietud en el centro y obtuvo el mejor resultado de su historia en la capital. Pero las urnas dejaron también una ciudad políticamente fragmentada, una AfD considerablemente más fuerte, una CDU derrotada pero todavía segunda fuerza y un SPD reducido a su mínimo histórico berlinés.
El resultado electoral, por tanto, es más nítido sobre el problema de la vivienda que sobre la solución exacta. Berlín reclama respuestas al precio de los alquileres, pero sigue dividida sobre cómo conseguirlas. Entre limitar precios, construir más, regular la especulación o socializar grandes carteras inmobiliarias aparece la discusión que marcará la nueva legislatura. Las elecciones han cambiado quién tiene la primera palabra. No han hecho desaparecer la factura del alquiler.

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