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¿Por qué se derrumbó un edificio en Gaza y dejó 21 muertos, 12 niños?
Veintiuna personas, entre ellas 12 niños, mueren al derrumbarse un edificio dañado en Gaza donde vivían familias desplazadas sin alternativa segura.

Resumen
- El derrumbe deja 21 muertos en Ciudad de Gaza, entre ellos 12 niños
- El edificio estaba dañado por la guerra y era estructuralmente inseguro
- Unos 400 edificios siguen en riesgo y muchas familias carecen de refugio seguro
Un edificio residencial previamente dañado durante los ataques israelíes se derrumbó durante la madrugada de este miércoles 16 de septiembre en Ciudad de Gaza, causando al menos 21 muertos. La última actualización difundida por la Protección Civil palestina eleva a 12 el número de niños fallecidos. Las víctimas se encontraban dentro del inmueble, utilizado como refugio por familias desplazadas.
El edificio había sufrido daños graves durante el conflicto y su estabilidad estructural estaba comprometida. Aun así, varias familias habían regresado a vivir allí ante la escasez de viviendas y refugios seguros en la Franja. El bloque se vino abajo mientras buena parte de sus ocupantes dormía. Durante horas, los equipos de emergencia removieron hormigón y escombros con medios muy limitados.
El balance del derrumbe en Gaza sube a 21 muertos
La cifra de víctimas fue cambiando conforme avanzaron las tareas de búsqueda. Primero se informó de una docena de fallecidos; después el balance pasó a 20 y, a las 19:11, la agencia ANSA recogía la actualización de la Protección Civil palestina: 21 cuerpos recuperados, 12 de ellos de niños.
Otros recuentos difundidos unas horas antes mostraban ligeras diferencias. Associated Press, citando a un portavoz del Ministerio de Salud de Gaza, situaba el número de menores fallecidos en 11 niños y señalaba también cinco mujeres entre las víctimas. Estas discrepancias son habituales durante operaciones de rescate de este tipo, cuando las cifras se revisan a medida que se identifican los cuerpos. El balance más reciente de la Protección Civil es el que eleva a 12 los niños muertos.
El inmueble tenía seis plantas, según la información más reciente difundida desde Gaza, con cuatro apartamentos por piso. Había sufrido impactos durante el conflicto entre Israel y Hamás y, según la oficina de prensa de Hamás, esos daños habían debilitado seriamente su estructura. Las autoridades locales habían advertido del peligro de volver a ocuparlo. Algunas familias, sencillamente, regresaron. No tenían demasiadas alternativas.
Por qué se derrumbó el edificio
No se ha comunicado por ahora una investigación técnica independiente que determine con precisión el mecanismo del colapso. Lo que sí está documentado es que el edificio había resultado dañado por ataques israelíes anteriores y era considerado estructuralmente inseguro. Associated Press señala que las familias instaladas allí conocían el riesgo de derrumbe.
La secuencia encaja con uno de los problemas menos visibles de la devastación de Gaza: un edificio puede seguir en pie y, sin embargo, haber perdido buena parte de su capacidad para soportar cargas. Pilares dañados, forjados debilitados, muros desplazados o cimentaciones afectadas convierten lo que parece una casa en una estructura frágil. A veces basta el deterioro progresivo, nuevos movimientos o el peso acumulado para que termine cediendo.
En este caso, las autoridades gazatíes atribuyen directamente el derrumbe a los daños sufridos durante la guerra. No se ha difundido, sin embargo, un informe pericial independiente que permita establecer qué elemento estructural falló primero o si intervinieron otros factores.
Familias que volvieron a una casa considerada insegura
Ahí está una de las dimensiones centrales de la tragedia. No se trataba simplemente de vecinos permaneciendo en una vivienda deteriorada por descuido. Gaza afronta una destrucción del parque residencial de una escala extraordinaria y buena parte de la población ha sido desplazada, en muchos casos varias veces.
Una evaluación de Naciones Unidas publicada en agosto calculaba que 201.290 estructuras de la Franja, alrededor del 82 % del total analizado, habían sufrido algún grado de daño hasta mediados de junio de 2026. De ellas, 134.422 estaban clasificadas como destruidas y otras 13.848 como gravemente dañadas.
La consecuencia se mide también en puertas y colchones, no solo en estadísticas. Algunas familias acaban viviendo en tiendas improvisadas; otras ocupan edificios que conservan paredes y techo aunque hayan recibido impactos. Según Associated Press, una evaluación realizada en marzo encontró que más de una quinta parte de los edificios examinados en Ciudad de Gaza no eran estructuralmente seguros, mientras sus residentes explicaban que carecían de otro lugar donde vivir.
Los rescates, con pocos medios entre toneladas de escombros
Tras el derrumbe comenzaron unas tareas de búsqueda especialmente difíciles. Reuters informó de rescatistas apartando restos incluso con las manos debido a la escasez de maquinaria adecuada. Durante parte de la operación todavía se escuchaban voces bajo los escombros.
La Protección Civil palestina ha denunciado que trabaja con equipamiento limitado y herramientas rudimentarias y acusa a Israel de obstaculizar la entrada de maquinaria pesada. Responsables de Naciones Unidas también han señalado problemas para introducir determinados equipos. Israel sostiene, por su parte, que las restricciones sobre materiales y maquinaria pretenden impedir que puedan ser utilizados por grupos armados; COGAT, el organismo israelí encargado de coordinar la ayuda hacia Gaza, afirmó a AP que la política israelí permite la entrada de maquinaria pesada.
El problema supera ampliamente este edificio. El responsable del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Gaza citado por Reuters situó en unos 400 los edificios con riesgo de derrumbe, especialmente ante la llegada de las lluvias. La Protección Civil local calcula, además, que alrededor de 2.000 inmuebles dañados continúan habitados por familias palestinas.
Gaza vive entre edificios dañados y refugios insuficientes
La tragedia llega casi un año después del alto el fuego acordado en octubre de 2025, que redujo las hostilidades a gran escala pero no acabó con los ataques ni desbloqueó una reconstrucción generalizada. La población de Gaza continúa sometida a un desplazamiento masivo y a una disponibilidad muy limitada de alojamientos seguros.
La magnitud física de la destrucción ayuda a entender por qué una familia puede aceptar dormir bajo un techo que sabe peligroso. La evaluación conjunta de Naciones Unidas, la Unión Europea y el Banco Mundial publicada en abril estimó en 71.400 millones de dólares las necesidades de recuperación y reconstrucción de Gaza durante la próxima década. El informe calculó además que más de 371.000 viviendas habían resultado destruidas o dañadas.
La alternativa, muchas veces, tampoco parece una alternativa. Familias enteras viven en refugios saturados, tiendas deterioradas o edificios parcialmente destruidos. Un muro agrietado puede ofrecer más protección frente al viento que una lona; al mismo tiempo, puede convertirse en una trampa. Esa contradicción explica buena parte de lo ocurrido en Ciudad de Gaza.
Una amenaza que permanece sobre miles de familias
El derrumbe no terminó cuando los equipos retiraron los últimos cuerpos. Queda el problema que lo hizo posible: miles de personas continúan viviendo entre estructuras dañadas porque la oferta de alojamiento seguro es insuficiente y la reconstrucción sigue profundamente limitada.
La guerra iniciada tras el ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023, que causó alrededor de 1.200 muertos en Israel y el secuestro de 251 personas, ha dejado una devastación enorme en Gaza. Las autoridades sanitarias gazatíes sitúan en más de 73.000 los palestinos muertos desde entonces; sus registros son utilizados habitualmente por organismos internacionales, aunque no diferencian de forma sistemática entre civiles y combatientes. Israel sostiene que sus operaciones se dirigen contra Hamás y acusa al grupo de operar entre la población civil, algo que Hamás niega.
En ese paisaje, el edificio derrumbado este 16 de septiembre representa un peligro que seguirá existiendo incluso cuando no caigan bombas: la herencia física de los daños estructurales. Casas que aún parecen casas, familias que necesitan un techo y estructuras que pueden dejar de sostenerlo sin previo aviso.
Veintiuna personas han muerto en este derrumbe según el último balance de la Protección Civil palestina. Doce eran niños. Y alrededor, todavía en pie, quedan centenares de edificios cuyo aspecto exterior no cuenta necesariamente toda la historia.

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