Economía
¡Cuidado con la luz hoy! A las 21 234,06€ por megavatio hora
La luz se dispara a las 21:00 pese al auge renovable: gas, caída solar y mercado explican el pico nocturno que encarece la factura eléctrica.

Este lunes 17 de agosto de 2026 la electricidad tiene una cita bastante desagradable con los hogares españoles: entre las 21:00 y las 22:00 se alcanza el tramo más caro del día. En el mercado mayorista, el precio llega a 234,06 euros por megavatio hora (€/MWh); para los consumidores acogidos al PVPC, la tarifa regulada, esa misma franja escala hasta 0,35093 euros por kilovatio hora, antes de impuestos. Horas antes, en pleno mediodía, la situación es casi la contraria. El mercado mayorista cae hasta 42,03 €/MWh entre las 12:00 y las 13:00 y el PVPC toca su mínimo, 0,10439 €/kWh, entre las 14:00 y las 15:00.
Y no, la explicación no es que España haya dejado súbitamente de ser una potencia renovable. Más bien ocurre algo bastante más incómodo: tenemos mucha energía renovable, pero no siempre cuando más la necesitamos. Durante las horas centrales del día la fotovoltaica inunda el sistema de electricidad barata; al caer el sol esa producción se desploma mientras millones de hogares siguen consumiendo, los aparatos de aire acondicionado continúan funcionando y comienza la actividad típica de la tarde-noche. Entonces tienen que entrar otras tecnologías más caras. Ahí aparece el pico.
España puede llenar campos de placas solares —y los ha llenado—, pero todavía no puede guardar toda la electricidad producida a las tres de la tarde para sacarla tranquilamente del cajón a las nueve. El sol, por ahora, no hace horas extra.
El pico de las nueve empieza cuando desaparece el sol
La gráfica diaria de la electricidad española empieza a parecerse cada vez más a una montaña rusa. A mediodía, la fotovoltaica produce con fuerza y empuja los precios hacia abajo. En algunos días esa abundancia llega incluso a provocar precios mayoristas próximos a cero o negativos. Luego pasan las horas, el sol pierde altura y la producción fotovoltaica comienza a caer con rapidez.
Este lunes el contraste es especialmente visible: el mercado pasa de 42,03 €/MWh entre las 12:00 y las 13:00 a 185,26 €/MWh entre las 19:00 y las 20:00, 211,24 €/MWh entre las 20:00 y las 21:00 y finalmente 234,06 €/MWh entre las 21:00 y las 22:00. Después baja, pero muy lentamente: 208,78 €/MWh entre las 22:00 y las 23:00 y 192,68 €/MWh durante la última hora del día.
No desaparecen las renovables, claro. Sigue habiendo eólica, hidráulica y otras fuentes. Lo que desaparece casi por completo es una de las grandes protagonistas actuales del sistema español: la solar fotovoltaica. Y si en ese momento no sopla suficiente viento, la electricidad que falta debe obtenerse de centrales capaces de aumentar rápidamente su producción, sobre todo hidráulica gestionable y ciclos combinados de gas.
Este fenómeno no tiene demasiado misterio técnico. Lo difícil ha sido construir un sistema capaz de evitarlo.
España sí es una potencia renovable, pero eso no garantiza luz barata
Los números desmontan una idea bastante extendida: que el pico nocturno demuestra el fracaso de las renovables. Es justo al revés. El pico se vuelve tan visible precisamente porque España ha instalado una enorme cantidad de generación solar.
A junio de 2026, el 71% de la potencia eléctrica instalada en España era renovable, alrededor de 107,7 gigavatios. Y 2025 terminó con otro récord: las renovables generaron el 55,5% de toda la electricidad nacional; contando la estimación del autoconsumo, la participación alcanzó el 56,6%. La fotovoltaica había superado ya los 41.000 MW instalados y se había convertido en la tecnología con mayor potencia del sistema.
Eso es una transformación gigantesca en apenas unos años. España posee sol, viento, territorio y una infraestructura renovable que muchos países europeos envidiarían. Pero una placa solar tiene una manía poco negociable: produce cuando recibe luz. No cuando el mercado considera oportuno.
La famosa curva del pato ya se ve perfectamente
En el lenguaje eléctrico existe desde hace años la llamada “curva del pato”. El nombre es extraño; la forma de la gráfica, no tanto. La demanda que debe cubrir el sistema convencional disminuye durante las horas solares, cuando la fotovoltaica está produciendo masivamente, y vuelve a subir de manera muy rápida al atardecer.
Así aparece una especie de barriga durante el día y un cuello pronunciado al caer la tarde. Cuantos más paneles solares se instalan sin desarrollar al mismo ritmo almacenamiento, gestión de la demanda e interconexiones, más acusada puede ser esa rampa vespertina.
La paradoja es deliciosa, aunque seguramente menos para quien paga la factura: cuanta más electricidad solar barata tenemos a las dos de la tarde, más evidente resulta el salto cuando esa electricidad desaparece unas horas después.
Las baterías aún no pueden trasladar todo ese sol a la noche
Aquí está una de las piezas que faltan. España ha desplegado decenas de gigavatios de fotovoltaica, pero el almacenamiento todavía tiene una escala mucho menor. A cierre de 2025, Red Eléctrica contabilizaba 962 MW de baterías y 3.331 MW de turbinación de bombeo, frente a más de 41.600 MW de fotovoltaica instalada, sin contar toda la capacidad adicional del autoconsumo.
No significa que debamos instalar una batería por cada panel; el sistema es bastante más complejo. Hay hidráulica gestionable, bombeo, intercambios internacionales, gestión de la demanda y otras formas de flexibilidad. Pero sí muestra el desequilibrio: España ha avanzado muchísimo en producir electricidad renovable y menos deprisa en mover esa electricidad de una hora a otra.
También importa la red. El fuerte crecimiento fotovoltaico se concentra especialmente en zonas del sur y del centro donde no siempre existe una demanda equivalente. Red Eléctrica ha planteado nuevas inversiones precisamente para reforzar el transporte y afrontar unos flujos que han cambiado mucho más rápido de lo previsto. Generar electricidad barata en Extremadura a las tres de la tarde sirve de poco si no puede transportarse, almacenarse o aprovecharse eficientemente cuando y donde se necesita.
El gas vuelve a aparecer justo cuando más duele
Después está el gas. Ese invitado al que Europa lleva años intentando sentar cada vez más lejos de la cabecera y que, de vez en cuando, vuelve a decidir cuánto cuesta la cena.
Los ciclos combinados siguen siendo esenciales para responder rápidamente cuando la eólica y la solar no bastan. Durante este verano han ganado peso precisamente en las tardes y noches, cuando la demanda continúa siendo elevada y la generación fotovoltaica cae. En julio llegaron a representar cerca del 20% de la generación eléctrica española y estuvieron entre las principales fuentes durante numerosas puntas vespertinas.
El problema de 2026 es que encender esas centrales sale especialmente caro. Este 17 de agosto los futuros del gas TTF europeo para septiembre se movían alrededor de 62 €/MWh, prácticamente el doble que un año antes según los datos de mercado disponibles. Los derechos europeos de emisión de CO₂, que también pagan las centrales que queman gas, cerraron la sesión del 14 de agosto alrededor de 81 euros por tonelada.
Cuando una central de ciclo combinado entra para cubrir el último tramo de demanda, lleva en su mochila el precio del combustible, los derechos de CO₂, sus costes operativos y las condiciones del mercado. Y ahí entra en escena otra pieza que suele provocar discusiones de sobremesa: el sistema marginalista.
El mercado eléctrico ordena las ofertas de generación y va incorporándolas hasta satisfacer toda la demanda. El precio de casación queda condicionado por la última oferta necesaria para cubrirla, que suele ser más cara que las anteriores. Así, aunque durante una determinada franja exista producción nuclear, eólica o solar barata, si hace falta recurrir a generación mucho más costosa para completar la demanda, esa última tecnología puede elevar el precio del conjunto del mercado. Es el funcionamiento básico del mercado marginal eléctrico europeo.
Por eso instalar renovables reduce los precios —y mucho—, pero no garantiza que todas las horas sean baratas. Mientras exista una franja en la que esas renovables no cubran la demanda y haya que recurrir a tecnologías caras, seguirán apareciendo puntas.
Los 234 euros del mercado no son los 350 euros del PVPC
Conviene aclarar otro pequeño laberinto de la factura española. Los 234,06 €/MWh previstos entre las 21:00 y las 22:00 corresponden al mercado mayorista. Los 0,35093 €/kWh del mismo tramo corresponden al PVPC, donde intervienen más elementos. No son dos cifras contradictorias.
Desde la reforma de la tarifa regulada, el PVPC ya no depende íntegramente del mercado diario. En 2026, el 55% de la referencia energética procede de mercados a plazo y el resto mantiene exposición al mercado de corto plazo, aunque la fórmula conserva la señal horaria. A esa energía se añaden peajes, cargos, servicios de ajuste y costes de comercialización establecidos en la normativa.
Por eso la hora más barata del mercado mayorista no coincide necesariamente con la hora más barata del PVPC, ni ambos precios evolucionan exactamente en paralelo. Este lunes lo retrata bien: el mínimo mayorista se produce entre las 12:00 y las 13:00, mientras que en el PVPC aparece entre las 14:00 y las 15:00.
Y otra precisión importante. No todos los hogares españoles pagarán esta noche 0,35093 €/kWh. El precio horario afecta directamente a quienes tienen contratado el PVPC y a determinadas tarifas indexadas. Quien tenga una tarifa de mercado libre con precio fijo paga las condiciones establecidas en su contrato, aunque la evolución del mercado mayorista termina influyendo, tarde o temprano, en las nuevas ofertas y renovaciones.
El verdadero examen está entre el mediodía y la noche
España no tiene un problema de falta de renovables. Tiene, cada vez más, un problema distinto: hacer que toda esa energía renovable esté disponible en el momento adecuado. Producir electricidad solar muy barata durante seis horas y volver a quemar gas caro al anochecer es técnicamente posible, pero económicamente frustrante. Algo así como llenar una piscina mientras llueve y descubrir por la noche que no tenemos cubos para guardar el agua.
El siguiente salto de la transición energética ya no consiste únicamente en colocar más paneles y aerogeneradores. Pasa por almacenamiento a gran escala, bombeo, baterías, redes capaces de transportar mejor la generación, interconexiones internacionales y una demanda que pueda desplazarse hacia las horas en las que la electricidad abunda.
Las renovables están haciendo exactamente lo que prometían: cuando producen mucho, abaratan drásticamente la electricidad y desplazan combustibles fósiles. El problema aparece durante las horas en que producen poco. Ahí seguimos dependiendo de una estructura mucho más cara.
Por eso este lunes podemos tener electricidad relativamente barata durante la tarde y pagar el máximo del día a las 21:00 sin que exista ninguna contradicción. España es mucho más renovable que hace una década. Lo que todavía no es —al menos no durante las 24 horas— es un sistema capaz de guardar el sol de la sobremesa para encenderlo después de cenar.

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