Ciencia
¿Qué son las células zombi que se acumulan en el cuerpo al envejecer?
Un estudio identifica la firma química de las células zombi en ratones y abre nuevas vías para investigar el envejecimiento y sus enfermedades.

Resumen
- Las células zombi dejan de dividirse y se acumulan con la edad
- Un código químico permite identificarlas sin destruir el tejido
- El método funciona en ratones y aún debe adaptarse a humanos
No están muertas, pero tampoco continúan con su vida normal. Son las llamadas células zombi, un nombre bastante gráfico para las células senescentes: dejan de dividirse, permanecen en los tejidos y, cuando se acumulan con la edad, pueden alterar el funcionamiento de su entorno. Un equipo del MIT, el Massachusetts General Hospital y la Harvard Medical School ha conseguido identificar una especie de código de barras químico que permite reconocerlas sin destruirlas.
El avance, publicado el 21 de septiembre de 2026 en Nature Aging, se ha obtenido por el momento en piel y pulmones de ratones. Los investigadores combinaron microscopía Raman, análisis de expresión genética y técnicas computacionales para localizar las señales químicas que distinguen a las células senescentes de las que siguen funcionando con normalidad. El objetivo es adaptar el procedimiento a tejidos humanos y, a largo plazo, disponer de mejores herramientas para estudiar enfermedades relacionadas con el envejecimiento. No es todavía un análisis médico que pueda hacerse en una consulta. Ni de lejos.
Qué ocurre con las células zombi cuando envejecemos
La senescencia celular es un mecanismo biológico conocido desde hace décadas. Una célula puede entrar en ese estado después de sufrir daños en su ADN u otras formas de estrés. Entonces detiene de manera prácticamente irreversible su ciclo de división, pero no desaparece necesariamente.
El sistema inmunitario suele encargarse de retirar buena parte de estas células. Con el paso de los años, sin embargo, esa limpieza pierde eficacia y algunas permanecen en los tejidos, donde pueden liberar moléculas que modifican el ambiente que las rodea y favorecer procesos inflamatorios.
Su presencia se ha relacionado con fenómenos propios del envejecimiento y con patologías crónicas como la artrosis, la diabetes tipo 2, la degeneración de tejidos y determinados procesos tumorales. También se han asociado con pérdida de elasticidad de la piel y deterioro muscular. Eso no convierte a toda célula senescente en una enemiga: la senescencia participa asimismo en procesos útiles, entre ellos el desarrollo embrionario, la cicatrización y la regeneración de tejidos. Biología en estado puro: pocas cosas son simplemente buenas o malas.
El problema aparece cuando estas células persisten donde ya no deberían hacerlo y comienzan a acumularse. Saber exactamente cuáles son, dónde están y qué sustancias producen se ha convertido por eso en una de las cuestiones centrales de la investigación sobre envejecimiento.
El código químico que permite reconocerlas
Hasta ahora, los científicos disponían de marcadores asociados a la senescencia, entre ellos proteínas como p16 y p21. El inconveniente es que muchas de las técnicas utilizadas para estudiarlas requieren fijar, teñir o procesar el tejido de tal forma que la célula ya no puede observarse posteriormente en su estado original.
El nuevo trabajo intenta sortear ese obstáculo mediante microscopía Raman, una técnica que utiliza luz láser para analizar cómo vibran los enlaces químicos presentes en una muestra. Cada tipo de molécula deja una respuesta característica; algo parecido a escuchar un acorde y deducir qué instrumentos están sonando.
Los investigadores observaron un rango de centenares de señales Raman y lo cruzaron con información genética obtenida de las mismas regiones del tejido. De ese cruce surgieron patrones asociados a proteínas, ácidos nucleicos, azúcares y, de manera especialmente llamativa, lípidos.
Los lípidos dejan una de las señales más claras
Una de las alteraciones más consistentes fue precisamente el aumento de determinadas señales relacionadas con lípidos en células envejecidas y senescentes. El estudio detectó picos Raman alrededor de 1.134-1.135 centímetros inversos que resultaban especialmente informativos para distinguir estas células.
No significa que exista una única molécula que pueda señalarse con el dedo y decir que esa es la responsable del envejecimiento. El patrón es más complejo. Los investigadores hablan de un código de barras multimodal porque combina varias señales químicas y varios genes; ninguna de ellas, aislada, cuenta toda la historia.
El equipo recurrió también a métodos de aprendizaje automático para determinar qué características ofrecían mayor capacidad de discriminación. Cuando las señales Raman se combinaron con los datos de expresión genética, la identificación de células senescentes mejoró frente al uso exclusivo de la información genética.
Una huella distinta según el tejido
La senescencia tampoco parece comportarse exactamente igual en todos los órganos. En la piel, los científicos encontraron alteraciones relacionadas con la diferenciación de las células de la epidermis, la contracción muscular y la remodelación del colágeno y de la matriz extracelular, la estructura que sirve de andamiaje a las células.
En el pulmón envejecido, en cambio, aparecieron con mayor intensidad programas genéticos vinculados con la activación inmunitaria, la inflamación y cambios en la matriz extracelular. La fotografía del envejecimiento, por tanto, no es uniforme: cada tejido envejece con su propio acento molecular.
Ratones jóvenes frente a ratones muy envejecidos
Para elaborar ese mapa, el estudio comparó muestras de piel y pulmón procedentes de ratones de 2 meses y 26 meses de edad, una diferencia considerable dentro de la esperanza de vida de estos animales.
Se analizaron tres ratones jóvenes y tres envejecidos por grupo experimental, combinando secuenciación de ARN de núcleo único, transcriptómica espacial y las imágenes Raman. La tecnología permitió estudiar decenas de miles de células y localizar sus características dentro del propio tejido. Es mucha información celular, aunque proceda de un número reducido de animales; conviene mantener ambas ideas a la vez.
Entre los cambios observados apareció una mayor presencia de determinadas células senescentes en zonas de la epidermis envejecida. También se encontraron modificaciones en células pulmonares, incluidos tipos celulares relacionados con el intercambio gaseoso y el sistema vascular.
Lo interesante no es simplemente comprobar que un ratón viejo tiene células distintas a las de uno joven —para eso no hacía falta semejante despliegue tecnológico—, sino poder vincular la posición de cada célula, su actividad genética y su composición química.
Por qué puede ser importante para las enfermedades de la edad
Conocer esta firma podría resultar útil para investigar por qué algunos tejidos envejecen peor que otros o qué papel desempeñan las células senescentes en enfermedades concretas. También permitiría comprobar con más precisión si un tratamiento experimental consigue reducirlas o modificar su comportamiento.
Existe desde hace años interés por los llamados senolíticos, medicamentos experimentales destinados a eliminar selectivamente células senescentes. Otros enfoques intentan modificar las sustancias que estas células secretan sin destruirlas. Para valorar estrategias de ese tipo hace falta primero una herramienta fiable que permita distinguir unas células de otras dentro de un tejido vivo o conservado con la menor alteración posible.
Ahí encaja la microscopía Raman. Al ser una técnica no destructiva y sin marcadores añadidos, podría ofrecer ventajas frente a procedimientos que necesitan teñir o descomponer las muestras.
La ambición va incluso más allá. Los investigadores plantean que una futura versión de esta tecnología podría incorporarse a instrumentos médicos capaces de observar tejido dentro del organismo e identificar determinadas firmas de senescencia. Por ahora es una posibilidad tecnológica, no un dispositivo disponible para pacientes.
El obstáculo: todavía es una tecnología lenta
La palabra diagnóstico merece aquí un freno de mano. El sistema experimental utilizado en el trabajo necesita actualmente alrededor de 30 horas para analizar aproximadamente un milímetro cuadrado de tejido. Una velocidad incompatible con cualquier uso clínico rutinario.
El grupo está desarrollando versiones más rápidas que busquen únicamente las bandas Raman consideradas más informativas, en lugar de registrar todo el espectro químico con semejante nivel de detalle. La idea sería pasar de levantar una enciclopedia molecular de cada muestra a buscar unas cuantas huellas químicas concretas.
Queda otra barrera todavía mayor: los resultados proceden de ratones. Los investigadores trabajan en adaptar el método a muestras humanas, pero todavía será necesario demostrar que esas firmas son reproducibles en personas de edades, estados de salud y características biológicas muy diferentes.
Tampoco puede concluirse a partir de este estudio que una persona con más células senescentes vaya a desarrollar necesariamente una enfermedad concreta. La acumulación celular forma parte de una red mucho más amplia de procesos relacionados con el envejecimiento, desde cambios inmunitarios y metabólicos hasta alteraciones genéticas y ambientales.
Una huella química del envejecimiento empieza a aparecer
El hallazgo aporta algo menos espectacular que una cura contra la vejez, pero científicamente bastante más útil: una forma nueva de ver qué está ocurriendo dentro de las células que envejecen sin destruirlas durante el análisis.
Las llamadas células zombi llevan años bajo el foco de los laboratorios. La novedad es que comienzan a dejar un rastro reconocible hecho de lípidos, proteínas, genes y enlaces químicos, una huella microscópica que podría ayudar a seguir su comportamiento con mucha más precisión.
Entre identificar esa firma en seis ratones y utilizarla para diagnosticar enfermedades humanas queda una distancia considerable. Pero el mapa empieza a tener más detalles. Y en investigación sobre envejecimiento, donde durante mucho tiempo se ha hablado de procesos enormes observando señales muy pequeñas, poder reconocer célula por célula quién está realmente envejeciendo no es precisamente un detalle menor.












