Síguenos

Ciencia

¿Por qué día y noche no duran lo mismo en el equinoccio de otoño?

El equinoccio de otoño de 2026 llega el 23 de septiembre, pero día y noche no duran igual. La atmósfera explica esa pequeña diferencia de luz.

Foto del avatar

Publicado

el

día y noche no duran lo mismo

Resumen

  • El equinoccio de otoño de 2026 llega el 23 de septiembre
  • En España habrá algo más de 12 horas de luz ese día
  • La refracción y el tamaño del Sol explican esos minutos de más

El día y la noche no duran exactamente lo mismo durante el equinoccio. Aunque su propio nombre parece prometer un reparto impecable de 12 horas para cada uno, la realidad astronómica tiene un pequeño truco: la atmósfera desvía la luz solar y, además, el amanecer y el atardecer se calculan tomando como referencia el borde del Sol, no su centro. El resultado son varios minutos adicionales de luz.

El equinoccio de otoño de 2026 tendrá lugar el 23 de septiembre a las 00:05 UTC, las 02:05 en la España peninsular. En ese preciso instante, el centro del Sol cruzará el ecuador celeste en dirección sur y comenzará astronómicamente el otoño en el hemisferio norte. Pero equinoccio significa igualdad aproximada, no un cronómetro clavado en doce horas. En buena parte de España, de hecho, ese día habrá alrededor de 12 horas y siete minutos de luz solar.

El equinoccio no es un día entero, sino un instante

Ahí empieza buena parte de la confusión. Hablamos del «día del equinoccio», pero astronómicamente el fenómeno ocurre en un momento concreto. Es el instante en el que el centro del Sol atraviesa el ecuador celeste, una prolongación imaginaria del ecuador terrestre sobre la bóveda del cielo.

En septiembre el Sol cruza esa línea desplazándose aparentemente hacia el sur. Desde entonces, en el hemisferio norte, seguirá describiendo cada día un arco más bajo y más corto sobre el horizonte hasta alcanzar el solsticio de diciembre.

La palabra equinoccio procede del latín aequus, igual, y nox, noche. El nombre funciona estupendamente como descripción general, aunque no como medida de laboratorio. Día y noche se aproximan mucho a las 12 horas, pero la igualdad matemática no coincide necesariamente con el equinoccio.

Y no ocurre porque la Tierra esté más cerca o más lejos del Sol. Las estaciones nacen principalmente de la inclinación del eje terrestre, unos 23,4 grados respecto al plano de su órbita. Durante los equinoccios ninguno de los dos hemisferios queda orientado preferentemente hacia el Sol.

La atmósfera nos regala unos minutos de Sol

Imagine el horizonte al atardecer. El disco solar parece tocarlo lentamente, se aplasta un poco y acaba desapareciendo. Lo curioso es que la posición que vemos no coincide exactamente con la posición geométrica del Sol.

La responsable es la refracción atmosférica. Al atravesar las distintas capas de la atmósfera, la luz cambia ligeramente de dirección. Cerca del horizonte ese efecto hace que el Sol parezca estar algo más alto de donde realmente se encuentra.

Es decir, podemos seguir contemplándolo cuando geométricamente ya ha descendido por debajo del horizonte. Por la mañana ocurre lo contrario: comenzamos a verlo antes de que haya alcanzado realmente esa línea. La atmósfera, dicho de una manera menos académica, le roba unos minutos a la noche y se los presta al día.

El amanecer se mide desde el borde del Sol

Hay una segunda razón, mucho más sencilla y bastante fácil de pasar por alto: el Sol no es un punto, sino un disco que ocupa aproximadamente medio grado en nuestro cielo.

El amanecer se considera iniciado cuando aparece el borde superior del disco solar sobre un horizonte ideal. Para el atardecer se aplica el criterio inverso: no termina hasta que desaparece el último borde superior.

Por eso la duración del día no se calcula desde el momento en que el centro del Sol cruza el horizonte por la mañana hasta que ese mismo centro lo cruza por la tarde. Empezamos a contar un poquito antes y dejamos de hacerlo un poquito después.

Sumado a la refracción atmosférica, ese pequeño detalle geométrico explica que en latitudes templadas aparezcan varios minutos adicionales de luz incluso el día del equinoccio.

Ver luz tampoco significa que siga siendo de día

La frontera se vuelve todavía más borrosa cuando entra en juego el crepúsculo. Después de la puesta de Sol el cielo no se apaga como una bombilla. Queda luz dispersada por la atmósfera y comienza primero el crepúsculo civil, después el náutico y finalmente el astronómico.

Por eso tampoco conviene identificar automáticamente «noche» con oscuridad completa. Entre el último trozo visible del Sol y un cielo verdaderamente oscuro puede transcurrir bastante tiempo, especialmente cuanto más nos alejamos del ecuador.

El famoso reparto de 12 horas de día y 12 de noche resulta así mucho más limpio en un dibujo escolar que mirando un reloj desde una ventana.

En España, las 12 horas llegan después del equinoccio

Los horarios solares de septiembre de 2026 permiten verlo sin recurrir a fórmulas. En Madrid, el 23 de septiembre el Sol saldrá aproximadamente a las 8:03 y se pondrá hacia las 20:10, lo que deja 12 horas y siete minutos de luz. En Valencia la duración prevista es prácticamente idéntica: unas 12 horas, siete minutos y nueve segundos.

Hay que esperar unos días para acercarse realmente al empate. El 26 de septiembre, por ejemplo, la duración calculada de la luz solar será de aproximadamente 11 horas y 59 minutos tanto en Madrid como en Valencia. Es decir, mucho más cerca de las doce horas exactas que durante el propio equinoccio.

Ese momento recibe a veces el nombre de equilux, del latín aequus y lux: luz igual. No posee una fecha universal porque depende de la latitud, de la forma utilizada para calcular la salida y puesta del Sol e incluso, en una observación real, del horizonte y de las condiciones atmosféricas.

Una montaña puede ocultar el Sol antes. Un horizonte marítimo limpio ofrece una situación distinta. La temperatura y la presión atmosférica también modifican ligeramente la refracción. La astronomía calcula un horizonte ideal; el paisaje, como suele ocurrir, complica las cosas.

El otoño empieza cuando los días pierden luz rápidamente

El equinoccio marca además una de las épocas del año en las que la duración del día cambia con mayor rapidez en las latitudes españolas. Cerca del comienzo del otoño, el amanecer se retrasa y el ocaso se adelanta de manera perceptible de una jornada a otra.

En Madrid, por ejemplo, la duración de la luz pasa de unas 12 horas y 12 minutos el 21 de septiembre a aproximadamente 11 horas y 56 minutos el día 27. Son más de quince minutos perdidos en menos de una semana.

A escala diaria, en buena parte de la España peninsular se pierden alrededor de dos minutos y medio o casi tres minutos de luz por jornada durante esas fechas. Después el ritmo irá cambiando hasta aproximarse al solsticio de invierno, cuando se alcanzará el día más corto del año en el hemisferio norte.

Conviene distinguir, eso sí, el otoño astronómico del otoño meteorológico. Para la astronomía comienza con el equinoccio; la climatología suele agrupar septiembre, octubre y noviembre como otoño meteorológico porque resulta más práctico para comparar temperaturas, lluvias y series estadísticas.

El Sol señala casi exactamente el este y el oeste

El equinoccio ofrece otra referencia elegante. Sobre un horizonte ideal, el Sol sale muy cerca del este geográfico y se pone cerca del oeste. No es una casualidad: su declinación es cero precisamente cuando atraviesa el ecuador celeste.

A partir de ahí, sus puntos de salida y puesta van desplazándose hacia el sur en el hemisferio norte. El arco diario del Sol se hace más bajo, las sombras del mediodía se alargan y las noches ganan terreno.

En el hemisferio sur sucede justamente lo contrario. El mismo equinoccio del 23 de septiembre señala allí el comienzo de la primavera astronómica, y los días empiezan a superar progresivamente a las noches.

El fenómeno es global y simultáneo. Lo que cambia de un país a otro es la hora que marcan los relojes cuando ocurre. El planeta no celebra varios equinoccios; celebra un único instante astronómico mientras nosotros lo repartimos entre husos horarios.

Un equilibrio que la naturaleza nunca dibuja con regla

El equinoccio sigue siendo la gran frontera astronómica entre las dos mitades del año solar, pero no es el día mágico en el que alguien divide exactamente las 24 horas en dos cajas idénticas. La geometría solar, el tamaño aparente del Sol y la refracción de la atmósfera impiden esa simetría perfecta.

Por eso el 23 de septiembre de 2026 habrá todavía algunos minutos más de día que de noche en España. La igualdad más aproximada llegará unos días después y variará ligeramente según el lugar.

Nada falla en el cielo. Es nuestra expresión «día y noche iguales» la que simplifica un fenómeno bastante más fino. El equinoccio no señala una igualdad exacta de horas, sino algo astronómicamente más preciso: el instante en que el Sol cruza el ecuador celeste. Todo lo demás —el amanecer, el ocaso y esos minutos que parecen sobrar— ocurre entre la física de la luz y la manera humana de medirla.

Newsletter

Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.