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Economía

¿Por qué Argentina exporta más mientras cierran empresas con Milei?

Las exportaciones argentinas crecen con Milei, pero la caída de empresas, empleo formal e inversión pública revela una economía a dos velocidades.

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Argentina export

Resumen

  • Argentina exportó 58.365 millones de dólares entre enero y julio de 2026
  • Más de 31.000 empleadores registrados desaparecieron desde noviembre de 2023
  • La minería crece mientras la industria manufacturera pierde actividad y empleo

Argentina está exportando más y aprovechando una coyuntura internacional favorable para varios de sus grandes productos, pero esa entrada de divisas no está teniendo un reflejo equivalente en inversión pública, empresas y empleo formal. Ahí está la aparente paradoja que vuelve a colocar el modelo económico de Javier Milei bajo la lupa: dólares por un lado; fábricas, comercios y puestos de trabajo que desaparecen por otro.

Los datos más recientes dibujan, en efecto, una economía que avanza a dos velocidades. Entre enero y julio de 2026, las exportaciones argentinas alcanzaron los 58.365 millones de dólares, un 22,9% más que un año antes, mientras que las importaciones bajaron un 3,5%. Solo en julio, el país consiguió un superávit comercial de 2.115 millones. Al mismo tiempo, la industria manufacturera cayó un 5% interanual en julio, mientras la minería creció un 3,7%. No es exactamente una economía detenida. Es una economía cuyos motores tiran en direcciones bastante distintas.

El dato que dispara el debate: menos de cuatro centavos

Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) ha puesto números a esa contradicción con una comparación particularmente gráfica: cuánto invierte el Estado en relación con los dólares generados por determinados sectores del comercio exterior.

Según los cálculos del instituto, en 2015 la relación equivalía a unos 83 centavos de inversión pública por cada dólar considerado en su indicador de ingresos externos. En 2025 habría bajado a cinco centavos y, durante el primer semestre de 2026, a menos de cuatro: el estudio cifra en 25.775 millones de dólares los ingresos tomados como referencia y en 982 millones la inversión estatal.

Conviene hacer una precisión importante. Ese cociente es un indicador construido por el IAG, no una estadística oficial que mida por sí sola la salud de una economía ni significa que cada dólar exportado entre literalmente en una caja estatal para ser después gastado. Sirve, más bien, para mostrar el enorme desacoplamiento que el instituto observa entre la capacidad de generación de divisas de los sectores exportadores y el volumen de inversión pública.

Y ahí aparece el fondo político de la discusión. El Gobierno de Milei ha colocado el equilibrio fiscal y la reducción del gasto público en el centro de su programa económico. Desde esa óptica, que la inversión estatal represente mucho menos que en otros periodos no sería un accidente, sino parte de la propia receta. Para sus críticos, en cambio, el problema surge cuando el ajuste deja carreteras, infraestructuras, obra pública o inversión productiva por el camino mientras los sectores ligados a recursos naturales disfrutan de precios y demanda exterior favorables.

Exportaciones fuertes, industria débil: dos Argentinas en la misma estadística

La balanza comercial ofrece una fotografía robusta. En julio las exportaciones llegaron a 8.854 millones de dólares, un 14,1% más en términos interanuales. El crecimiento no procedió únicamente de vender una mayor cantidad: el INDEC calcula que, de los 1.093 millones adicionales exportados frente a julio de 2025, 963 millones se explicaron por mejores precios y solo 130 millones por un aumento de cantidades.

Ese detalle cambia bastante la lectura. Argentina está recibiendo un auténtico viento favorable de los mercados internacionales. Agro, energía y minería pueden generar dólares incluso cuando otras piezas de la economía doméstica funcionan con bastante menos alegría.

El contraste se aprecia en julio: mientras el índice de producción minera aumentó un 3,7% interanual, la producción manufacturera retrocedió un 5%. Y la economía en su conjunto tampoco ofrece una imagen de derrumbe lineal: el estimador mensual de actividad del INDEC mostraba todavía un crecimiento interanual del 0,8% en junio.

Es decir, hablar simplemente de “recesión” o simplemente de “recuperación” empieza a quedarse corto. Hay ramas dinámicas, particularmente vinculadas a la explotación y exportación de recursos, mientras sectores más ligados al mercado interno y al tejido industrial atraviesan dificultades mucho mayores.

Qué significa realmente la “reprimarización”

De ahí sale una palabra que vuelve una y otra vez al debate argentino: reprimarización. No significa que el país haya dejado de tener industria ni que todo lo que exporta sean materias primas sin elaborar. El término describe un desplazamiento relativo del centro de gravedad económico hacia actividades basadas en recursos naturales —agricultura, hidrocarburos o minería— frente a una industria que pierde peso, empleo o capacidad para arrastrar al resto de la economía.

El informe del IAG interpreta los datos precisamente en esa dirección. Y tiene algunos indicios a su favor: el buen comportamiento del sector exterior convive con deterioro manufacturero y una caída continuada del empleo privado registrado. Pero convertir esa tendencia en un diagnóstico definitivo exige mirar algo más que unos meses de estadísticas. Una economía puede exportar más energía o minerales sin estar condenada a desindustrializarse; la cuestión decisiva es qué hace después con esa renta, qué inversiones genera y cuánto valor añadido consigue desarrollar alrededor de esos sectores.

Ahí está, posiblemente, la batalla económica de los próximos años.

Más de 31.000 empleadores menos desde noviembre de 2023

La parte más incómoda para el Gobierno aparece al bajar desde las grandes cifras del comercio exterior hasta la empresa que abre la persiana cada mañana.

Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo utilizados por el Centro de Economía Política Argentina muestran que entre noviembre de 2023 y junio de 2026 el número de empleadores o unidades productivas registradas pasó de 512.357 a 481.015. La diferencia es de 31.342. Solo durante junio desaparecieron 709 respecto al mes anterior.

La cifra necesita también su matiz: una reducción del número de empleadores registrados no permite afirmar que todas esas unidades sean fábricas que cerraron definitivamente. Puede haber bajas, reorganizaciones empresariales y cambios jurídicos. Pero una caída superior al 6% en poco más de dos años no es ruido estadístico, sobre todo cuando marcha acompañada de una reducción del empleo asalariado privado.

El SIPA registró en junio 6,09 millones de asalariados privados, con un descenso mensual del 0,1%. El empleo formal privado acumula trece meses consecutivos de retroceso y, respecto a noviembre de 2023, la pérdida ronda los 246.000 puestos de trabajo. La industria manufacturera y la construcción figuran entre las actividades que más empleo han cedido.

No son dos datos aislados que casualmente se cruzaron en una hoja de Excel. Menos empleadores y menos empleo privado formal apuntan a una fragilidad persistente del entramado productivo.

El viento internacional sopla, pero no entra igual en todas las casas

La comparación con otros periodos de precios altos de las materias primas tiene inevitablemente carga política. Argentina conoce bien aquello del “viento de cola”: durante años fue una expresión utilizada para explicar cuánto del crecimiento de los gobiernos kirchneristas procedía de una coyuntura exterior extraordinariamente beneficiosa.

Ahora el viento vuelve a soplar, aunque con protagonistas algo diferentes. La energía posee mucho más peso, Vaca Muerta ha cambiado la posición argentina en hidrocarburos y la minería atrae proyectos multimillonarios. A eso se suman condiciones internacionales que han elevado el valor de determinados productos exportados.

Lo interesante no es discutir quién tuvo más suerte con el clima económico mundial —una competición bastante argentina, por cierto— sino observar cómo se distribuye el beneficio de esa suerte.

Los sectores intensivos en recursos naturales pueden generar enormes volúmenes de exportaciones sin necesitar proporcionalmente la misma cantidad de trabajadores que una red extensa de pequeñas industrias, comercios o constructoras. Una explotación minera o petrolera puede aportar miles de millones de dólares y ser extraordinariamente productiva, pero eso no implica automáticamente miles de empresas nuevas repartidas por el territorio.

Ese es uno de los límites de confiar únicamente en el saldo comercial como termómetro del bienestar.

Milei sí tiene cifras que exhibir, pero cuentan otra parte de la historia

Sería incompleto presentar la economía argentina como una sucesión de cierres. El Gobierno también dispone de números que respaldan partes importantes de su discurso.

La inflación mensual se situó en el 1,7% en agosto de 2026, una distancia enorme respecto a los niveles con los que Milei llegó a la Casa Rosada. La balanza comercial permanece en superávit, las exportaciones crecen y existen actividades, especialmente las extractivas, que continúan expandiéndose.

Incluso en salarios la fotografía admite discusión. El Ministerio de Capital Humano sostuvo en junio que el salario medio real del empleo privado registrado había recuperado terreno respecto a noviembre de 2023, aunque los datos posteriores muestran un mercado laboral que continúa perdiendo puestos formales.

La cuestión, por tanto, no es negar los logros de estabilización ni el aumento de las exportaciones. Es observar qué ocurre debajo. Una macroeconomía más ordenada puede coexistir durante un tiempo con una economía productiva dañada; del mismo modo, un crecimiento basado en energía, minería y agro puede mejorar las cuentas externas sin llegar con la misma intensidad al empleo, al consumo o a las pequeñas empresas.

Ese desacople explica buena parte del debate que rodea al modelo libertario.

Una economía que genera dólares y pierde densidad productiva

La gran incógnita argentina ya no consiste únicamente en conseguir dólares. Los está consiguiendo. Entre enero y julio de 2026 el país exportó más de 58.000 millones de dólares y acumuló un saldo comercial ampliamente positivo. El problema es qué estructura económica queda alrededor de esa máquina exportadora.

Si la energía, el campo y la minería crecen mientras la industria recupera terreno, aparecen proveedores locales, aumenta la inversión y vuelve el empleo formal, el actual ciclo exterior podría convertirse en una plataforma de expansión bastante más amplia. Si ocurre lo contrario —más divisas, pero menos empresas, menos inversión pública y menos trabajo registrado— la palabra reprimarización dejará de ser solo una etiqueta utilizada por los críticos del Gobierno.

Por ahora, las dos Argentinas conviven. Una vende más al mundo y encuentra precios favorables; la otra cuenta persianas bajadas y puestos perdidos. Las estadísticas no dicen que una de ellas vaya necesariamente a imponerse. Sí dejan algo bastante menos cómodo sobre la mesa: exportar más no basta para demostrar que el tejido productivo está mejor.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.