Economía
Aena relanza el control de la ampliación del aeropuerto de Málaga
Un cambio en los pliegos busca reducir el riesgo de nuevos recursos sin alterar el alcance de la reforma.

Aena vuelve a licitar la asistencia técnica que debe supervisar la ampliación del Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol porque los requisitos de solvencia incluidos en los pliegos se parecían a otros que el Tribunal Administrativo Central de Recursos Contractuales (TACRC) ya había anulado en un expediente de alcance más amplio. La revisión pretende corregir las condiciones del concurso antes de que el procedimiento avance con unas bases susceptibles de ser impugnadas. El cambio afecta al contrato de control, no a la decisión de ampliar el aeropuerto ni al presupuesto global previsto para la transformación.
Ese contrato funciona como una pieza de coordinación entre el diseño, las obras y la actividad diaria de la infraestructura. Aena calcula una inversión aproximada de 1.500 millones de euros para el proyecto, integrado en la planificación aeroportuaria del periodo 2027-2031. El relanzamiento, por tanto, no anuncia una nueva ampliación ni un abandono de la anterior: obliga a revisar cómo se selecciona la asistencia que supervisará las primeras actuaciones, en un proyecto que deberá ejecutarse mientras el aeropuerto sigue operando.
El precedente administrativo que llevó a revisar los pliegos
La decisión se entiende a partir de un concurso distinto, concebido para contratar asistencias técnicas en varios aeropuertos de la red de Aena. Aquel expediente, con un presupuesto global de 265 millones de euros y dividido en lotes geográficos, fue recurrido ante el TACRC. El tribunal admitió la impugnación y anuló los pliegos por las condiciones de solvencia técnica exigidas a las empresas, que consideró restrictivas o inadecuadas. El problema no era la necesidad de supervisar obras aeroportuarias, sino la forma en que se había definido quién podía competir por hacerlo.
Tras ese precedente, Aena comprobó que el concurso específico de Málaga contenía cláusulas de solvencia similares. Aunque se trataba de otro expediente y de un proyecto concreto, mantener requisitos parecidos podía abrir un frente jurídico comparable. La compañía optó por revisar el procedimiento en lugar de dejar que avanzara con condiciones expuestas a una posible impugnación. La anulación del expediente general no significa que el concurso malagueño hubiera sido anulado por el tribunal: la relación está en la semejanza entre determinados criterios incluidos en ambos pliegos.
En contratación pública, la solvencia técnica sirve para acreditar que una empresa cuenta con experiencia y capacidad suficientes para realizar el trabajo. En una asistencia vinculada a una ampliación aeroportuaria, los requisitos deben permitir evaluar esa capacidad sin cerrar la puerta a posibles licitadores de manera injustificada. El equilibrio es delicado: pedir poco puede no garantizar el nivel necesario, mientras que exigir condiciones demasiado estrechas puede reducir la concurrencia. Revisar los criterios busca ajustar ese equilibrio y dar una base más sólida al concurso.
Qué se vuelve a licitar y qué función cumple
El expediente que se relanza corresponde a servicios de asistencia técnica de Project Management, es decir, gestión y coordinación del proyecto. Incluye la supervisión de los trabajos de redacción, el apoyo a la dirección de obra y el control y vigilancia de las primeras actuaciones previstas. No es el contrato que ejecuta físicamente las obras ni el que decide por sí solo el diseño de las instalaciones. Su cometido es aportar seguimiento técnico y ayudar a coordinar las distintas fases que desembocarán en la construcción. Es una función de control y organización, no una obra nueva.
La distinción importa porque la ampliación se apoya en trabajos diferentes que deben encajar. Por un lado, la asistencia dedicada a redactar el proyecto define y desarrolla las soluciones técnicas. Por otro, la asistencia que ahora se vuelve a licitar debe supervisar y coordinar aspectos de su preparación y de las primeras actuaciones. El diseño concreta qué se construirá; el control ayuda a ordenar cómo se gestionan los trabajos y cómo se verifica su desarrollo. Son contratos relacionados, pero responden a tareas distintas, y el retraso de uno no equivale automáticamente a cancelar el otro.
La asistencia técnica también debe servir para que el proyecto avance con una visión conjunta, en vez de tratar cada intervención como una obra aislada. Una ampliación de terminal, los cambios en el tratamiento de equipajes y las mejoras en el campo de vuelo afectan a espacios y procesos que conviven dentro de una misma instalación. La coordinación resulta especialmente relevante porque el aeropuerto mantendrá su actividad durante las obras. En ese contexto, controlar las dependencias entre actuaciones forma parte del reto tanto como ejecutar cada una de ellas.
El coste de las asistencias y la inversión de la ampliación
El contrato de asistencia técnica que se relanza cuenta con un presupuesto de 52 millones de euros, según la información del expediente. A esa partida se suma la asistencia para redactar el proyecto de ampliación, con 36,5 millones de euros previstos y un proceso que se encontraba en la fase final de presentación de ofertas cuando se comunicó la revisión. En conjunto, ambas cifras se aproximan a los 90 millones destinados a preparar y supervisar las primeras etapas. No son el coste total de las obras, sino gastos vinculados a servicios técnicos previos y de control.
La inversión global prevista para la transformación del aeropuerto ronda los 1.500 millones de euros. Esa cifra corresponde a un proyecto de mucho mayor alcance, que incluye cambios en la terminal, nuevas instalaciones y mejoras en zonas operativas y exteriores. Por eso, la licitación de una asistencia de 52 millones no debe confundirse con la financiación de toda la ampliación ni interpretarse como el presupuesto de una obra concreta. El concurso de control es una parte del engranaje técnico de un programa de inversión mucho más amplio.
El relanzamiento puede modificar el ritmo administrativo de ese engranaje, pero no cambia por sí mismo el volumen de inversión anunciado ni el contenido general de la reforma. Sí obliga a repetir la contratación de la asistencia con pliegos revisados y a seguir los pasos habituales de una nueva licitación. La duración efectiva dependerá del desarrollo del procedimiento y de las decisiones que se adopten en cada fase. La corrección busca evitar que una duda sobre las reglas de competencia termine generando una interrupción mayor más adelante.
Una reforma que aspira a ampliar la capacidad de Málaga
La actuación prevista es la transformación más ambiciosa del aeropuerto desde la inauguración de la Terminal 3 en 2010. El objetivo es aumentar la capacidad de las instalaciones y adaptar sus procesos al crecimiento de la actividad, además de mejorar el servicio a pasajeros y aerolíneas. Las estimaciones difundidas sobre el proyecto sitúan el horizonte de capacidad en hasta 36 millones de viajeros, frente a un límite actual de las terminales que se calcula en torno a los 30 millones. El crecimiento que se busca depende, sobre todo, de la capacidad de las instalaciones terminales.
Ese matiz ayuda a entender por qué la ampliación no se limita a añadir espacio en un edificio. La experiencia de un pasajero depende de una cadena de operaciones: llegar al aeropuerto, pasar los controles, encontrar una puerta de embarque y recoger el equipaje. Si una parte de esa cadena se queda corta, el resto de la infraestructura puede funcionar con más dificultad en los momentos de mayor demanda. Por ello, el proyecto combina cambios en terminales, equipamiento, posiciones de estacionamiento y circulación de aeronaves. La capacidad se construye mejorando varios eslabones a la vez.
La previsión de crecimiento tampoco significa que todas las áreas vayan a operar siempre al máximo ni que cada mejora vaya a eliminar las esperas. La demanda varía según la temporada y las franjas horarias, mientras que la capacidad efectiva depende de cómo se organicen los distintos procesos. El proyecto pretende dotar al aeropuerto de más margen y optimizar la experiencia, no garantizar que desaparezcan todas las congestiones. La cifra de capacidad es un horizonte de planificación, no una promesa de funcionamiento idéntico en cualquier circunstancia.
Las principales actuaciones previstas en las instalaciones
Entre las piezas centrales del plan figura un nuevo dique para vuelos no Schengen, con el control fronterizo centralizado. La intervención también prevé aumentar las posiciones de contacto, que permiten embarcar y desembarcar mediante pasarela, y ampliar la superficie destinada al control de seguridad. Para agilizar el paso de los pasajeros se contempla un control automatizado con equipos de inspección de última generación. Estas medidas apuntan a reorganizar los flujos y a disponer de más espacio allí donde se concentran operaciones clave.
El sistema de tratamiento de equipajes también forma parte de la reforma. Su renovación busca mejorar la operativa de manejo de maletas, un proceso que conecta los mostradores, las zonas de clasificación y las aeronaves, aunque el detalle definitivo dependerá del desarrollo técnico del proyecto. Además, la superficie prevista para servicios al pasajero aumentará un 41%, mientras que el espacio destinado a zonas VIP crecerá un 43%. El plan combina necesidades operativas con más superficie para la estancia y los servicios dentro de la terminal.
Las actuaciones no se limitan al edificio de pasajeros. En el campo de vuelo se crearán nuevas calles de rodaje para facilitar la circulación de las aeronaves entre las pistas y las zonas de estacionamiento. En el exterior se prevén mejoras en accesos, aparcamientos y urbanización. El alcance definitivo y la secuencia concreta de cada trabajo deberán precisarse en la documentación técnica correspondiente. La reforma conecta así la terminal con las áreas que permiten que los aviones y los pasajeros se muevan por el aeropuerto.
Obras con el aeropuerto en funcionamiento
Una condición de partida es que Málaga seguirá operativo mientras se desarrollen las obras. Esto añade complejidad porque la infraestructura no puede tratarse como un espacio vacío: tendrá que compatibilizar la actividad diaria con las intervenciones que se programen. La planificación deberá considerar los flujos de viajeros, las operaciones de las compañías y las distintas áreas afectadas, además de coordinar las fases de obra. La continuidad del servicio es una exigencia central del proyecto, no un detalle secundario.
La asistencia técnica que se vuelve a licitar cobra relevancia precisamente en ese escenario. Supervisar las actuaciones implica mantener una lectura coordinada de los trabajos previstos y de sus efectos sobre una instalación activa. No se han publicado en la información de referencia los calendarios de cada fase ni las medidas específicas para cada zona, por lo que no es posible anticipar qué espacios podrían verse afectados y en qué momento. Esos detalles tendrán que concretarse durante el desarrollo de los proyectos y la planificación de las obras.
Para los usuarios, la reforma puede traducirse en cambios temporales en recorridos o servicios mientras duren las actuaciones, aunque el objetivo declarado es proteger la operatividad. La experiencia final dependerá de que las mejoras se integren de forma coherente y de cómo se gestione la transición entre instalaciones antiguas y nuevas. No cabe deducir que la actividad cotidiana no vaya a notar ninguna obra: construir junto a un aeropuerto en servicio exige convivir con trabajos y ajustes. La planificación busca reducir el impacto, no convertir una obra de esta escala en una intervención imperceptible.
El marco del DORA III y los criterios ambientales
La ampliación está vinculada al Documento de Regulación Aeroportuaria III, el marco que ordena las inversiones de Aena para el periodo 2027-2031. El DORA fija la planificación de la red aeroportuaria durante cinco años y sitúa las actuaciones en una estrategia de capacidad y calidad del servicio. En el caso de Málaga, el proyecto se plantea para atender el crecimiento futuro y adaptar las instalaciones a las necesidades operativas. El calendario regulatorio ofrece el marco temporal de las inversiones, pero no sustituye los trámites concretos de cada contrato y obra.
La dimensión ambiental también forma parte de los compromisos anunciados. Aena ha señalado que las actuaciones se desarrollarán con criterios medioambientales exigentes y que el plan persigue obtener la certificación BREEAM. La referencia técnica incluye el Reglamento europeo 2021/2139 y la taxonomía verde de la Unión Europea. Esa mención establece el marco con el que se pretende orientar el diseño y la sostenibilidad de las actuaciones, pero no significa que la certificación ya se haya obtenido. La aspiración ambiental deberá comprobarse en el diseño y en la ejecución del proyecto.
Este componente es importante porque la calidad de una ampliación no se mide solo por el número de pasajeros que puede absorber. También cuenta cómo se incorporan los criterios ambientales a las nuevas instalaciones y cómo se integra la reforma en el funcionamiento futuro del aeropuerto. La información disponible no detalla las soluciones concretas que se aplicarán en cada edificio o sistema, de modo que no conviene atribuir al proyecto medidas específicas que todavía no se han descrito. Por ahora, lo confirmado es el compromiso con estándares ambientales y la búsqueda de la certificación BREEAM.
El reto inmediato es volver al mercado con reglas claras
El relanzamiento devuelve el foco a una fase aparentemente administrativa, pero decisiva para que el proyecto pueda contar con una supervisión contratada bajo condiciones sólidas. Aena tendrá que publicar de nuevo el expediente con los requisitos revisados y permitir que las empresas interesadas concurran con arreglo a esas bases. Solo después podrán completarse la evaluación y la adjudicación. La revisión no elimina los trámites: procura que se desarrollen con unos criterios de solvencia menos expuestos a controversias.
La lección del precedente es que la rapidez inicial no siempre equivale a un calendario más seguro. Un pliego cuestionado puede acabar generando recursos, incertidumbre y demoras; corregirlo antes de que el procedimiento avance demasiado puede reducir ese riesgo, aunque también suponga repetir pasos y asumir un ajuste de tiempo. No se ha publicado una fecha definitiva de adjudicación ni un calendario detallado tras el relanzamiento. Por eso, cualquier plazo concreto para el inicio de las obras debe tratarse con cautela hasta que se definan los siguientes hitos.
La ampliación de Málaga mantiene su escala y sus objetivos: más capacidad, procesos aeroportuarios mejorados y una terminal preparada para atender una actividad creciente. Lo que cambia ahora es el modo de contratar la asistencia que debe acompañar y supervisar las primeras actuaciones. En una obra compleja, corregir unas condiciones de solvencia puede parecer un movimiento menor frente a los nuevos diques o a la reorganización de los equipajes; sin embargo, de esas reglas depende quién puede competir por el control del proyecto. La solidez del procedimiento es también parte de la infraestructura que permitirá llevar la reforma del plano a la realidad.

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