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¿Por qué Vox se niega a climatizar los colegios públicos de Palma?
Vox y PP tumban la propuesta para adaptar los colegios de Palma al calor, aunque el gobierno municipal afirma que las actuaciones previstas se harán.

Resumen
- Vox votó contra adaptar los colegios de Palma al calor extremo
- El PP también rechazó la propuesta, aunque dice que hará actuaciones
- Palma alcanzó 39,1 grados pocos días antes del inicio de las clases
Vox ha votado en contra de una propuesta para impulsar la adaptación climática de los colegios públicos de Palma frente a las altas temperaturas. El argumento que más ruido ha provocado lo pronunció el concejal Luis Acosta durante el pleno municipal: «Creemos en la cultura del esfuerzo» y, según defendió, las generaciones anteriores estudiaban sin climatización. La iniciativa, presentada por PSOE y Més, reclamaba condiciones adecuadas en las aulas ante los episodios de calor y una planificación específica para adaptar los centros.
La propuesta tampoco salió adelante con el apoyo del PP. Los populares, que habían respaldado la medida en las comisiones previas, cambiaron el sentido de su voto y se posicionaron en contra. Sin embargo, la concejala de Infraestructuras, Belén Soto, aseguró que las actuaciones se llevarán a cabo y explicó que existe una división de competencias: la inversión correspondería al Govern balear y el mantenimiento al Ayuntamiento de Palma. Es decir, el voto fue negativo, pero el Gobierno municipal sostiene que seguirá trabajando sobre el problema.
La «cultura del esfuerzo» entra en el debate sobre el calor
Luis Acosta rechazó que el debate deba plantearse como una consecuencia inevitable del cambio climático y acusó a PSOE y Més de utilizar el «alarmismo climático» para justificar gasto público. Su intervención partió de una idea sencilla: el calor no es nuevo y generaciones anteriores estudiaron en colegios sin sistemas modernos de refrigeración. También señaló que la protección de alumnos y profesores no está en discusión, pero cuestionó el enfoque elegido por la oposición.
La discusión, sin embargo, no gira únicamente alrededor de instalar aparatos de aire acondicionado. Més defendió medidas como toldos, persianas, aislamiento térmico, zonas de sombra y vegetación, soluciones que permiten bajar la temperatura interior y reducir el consumo energético. Representantes de las familias también han defendido que la adaptación de los colegios puede combinar refrigeración con eficiencia energética y actuaciones pasivas sobre los edificios.
Ese matiz importa. Hablar de climatización puede evocar una fila de máquinas de aire acondicionado colgadas de cada fachada, pero la adaptación térmica de un colegio es bastante más amplia: orientación, aislamiento, ventilación, protección solar, patios con árboles, cubiertas y sistemas de refrigeración cuando sean necesarios. El debate real está en cómo acondicionar edificios diseñados para otro patrón térmico, quién paga las obras y quién se hace cargo después de mantenerlas.
La sesión dejó, además, una escena llamativa. El debate se produjo mientras funcionaba el aire acondicionado en la sala de plenos, hasta el punto de que algunos asistentes recurrieron a chaquetas o pañuelos por el frío. El dato no decide el fondo de la discusión, claro, aunque convirtió la climatización en algo más que un concepto abstracto durante la propia sesión.
Palma rozó los 40 grados pocos días antes de las clases
El contexto meteorológico explica por qué la cuestión ha llegado con fuerza al Ayuntamiento. Los registros oficiales muestran que la estación de Palma, Universitat alcanzó 39,1 grados el 6 de septiembre de 2026 y 38,9 grados al día siguiente. El 8 de septiembre todavía se registraron 34,6 grados. No hablamos, por tanto, de una discusión construida sobre una tarde agradable de primavera, sino de temperaturas muy elevadas coincidiendo prácticamente con el regreso a las aulas.
El calor remitió posteriormente. El 23 de septiembre, por ejemplo, la estación del aeropuerto de Palma marcó una máxima de 28,4 grados. Pero esa bajada no elimina el problema que plantea el inicio del curso, especialmente en edificios donde una clase concentra durante horas a decenas de alumnos y un docente.
PSOE y Més piden un plan específico para los colegios
La concejala socialista Silvana González defendió durante el pleno un plan de adaptación climática y sostuvo que las mejoras realizadas durante el verano no resuelven todavía la situación de los centros. Según explicó, se han destinado alrededor de dos millones de euros a diferentes actuaciones, entre ellas trabajos de pintura y accesibilidad, pero la climatización sigue pendiente.
Kika Coll, de Més, puso el foco en la necesidad de una planificación que abarque el conjunto de la red pública de Palma y recordó que la ciudad cuenta con más de 70 centros públicos. Su propuesta no se limitó a sistemas mecánicos de refrigeración: planteó también soluciones arquitectónicas y de eficiencia energética destinadas a evitar que las aulas acumulen tanto calor.
Podemos se sumó a las críticas al rechazo de la iniciativa. Su concejala Lucía Muñoz describió el problema de clases estrechas, numerosas y sometidas a temperaturas superiores a los 30 grados, y reclamó más inversión para los centros públicos. Son posiciones de los grupos de oposición, no mediciones generales de todas las aulas de Palma, pero ilustran el punto central de la disputa municipal: hasta qué punto los edificios escolares están preparados para episodios de calor intenso.
El PP vota en contra, pero dice que las mejoras se harán
La posición del PP añade una capa más al asunto. El partido había apoyado previamente la propuesta en comisión, pero terminó votando en contra durante el pleno. Belén Soto justificó la decisión apelando al reparto de responsabilidades entre administraciones y recordó que inversión y mantenimiento no recaen necesariamente en la misma institución.
Soto también reprochó a la izquierda no haber acometido antes una transformación de este tipo y señaló que Palma ya registraba temperaturas de 37,5 grados entre 2015 y 2017. Su argumento coincide parcialmente, aunque desde otra perspectiva, con el utilizado por Vox: el calor fuerte en Mallorca no nació en 2026. La diferencia política aparece al decidir qué respuesta merece y qué administración debe pagarla.
El detalle importante es que el rechazo de la moción no equivale necesariamente a abandonar cualquier actuación climática en los colegios. El propio PP afirma que continuará realizándolas. La controversia se desplaza así desde un simple sí o no al aire acondicionado hacia algo bastante más administrativo: competencias, presupuesto, prioridades, mantenimiento y alcance de las obras.
El calor también es una cuestión de condiciones laborales
En los colegios no solo estudian menores; también trabajan docentes y otros profesionales. La normativa española de prevención de riesgos laborales establece que las condiciones ambientales de los lugares de trabajo no deben representar un riesgo para la salud y obliga a evitar, en la medida de lo posible, temperaturas extremas y molestias derivadas del ambiente térmico. Para trabajos sedentarios en locales cerrados similares a oficinas fija como referencia un intervalo de 17 a 27 grados, aunque la aplicación concreta depende de las características del lugar y de la actividad desarrollada.
Eso no significa que exista una regla automática que obligue a instalar aire acondicionado en cada aula cuando el termómetro supera una cifra determinada. La normativa habla de condiciones de seguridad y salud y admite diferentes soluciones técnicas. Climatizar no significa necesariamente refrigerar con máquinas: mejorar aislamiento, ventilación, sombras o protección frente a la radiación solar también forma parte de la respuesta.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo lleva años relacionando la temperatura de las aulas con el bienestar y la concentración. El problema, por tanto, tiene una dimensión política y presupuestaria, pero también otra mucho más prosaica: enseñar, escuchar o resolver un ejercicio durante varias horas resulta diferente cuando un aula acumula calor.
Una misma sigla, respuestas distintas según el municipio
La posición adoptada por Vox en Palma tampoco constituye una doctrina uniforme sobre cualquier instalación de climatización. Apenas tres días antes, el propio partido informó de que su grupo municipal en Pinto había impulsado una inversión de más de 200.000 euros para renovar la climatización de una ludoteca, después de denunciar temperaturas extremas que afectaban a niños y trabajadores. Se trata de otro municipio, otro edificio y otro contexto presupuestario, de modo que las situaciones no son directamente equivalentes, pero el precedente muestra que los grupos locales de un mismo partido pueden defender soluciones distintas ante problemas térmicos diferentes.
En Palma, Vox ha centrado su rechazo en el gasto, el enfoque climático de la iniciativa y la responsabilidad de anteriores gobiernos. PSOE y Més, por su parte, sostienen que el incremento de episodios de temperaturas elevadas exige una estrategia específica para los colegios. El PP rechaza la moción, aunque afirma que seguirá interviniendo en los centros.
El calor ya forma parte del calendario escolar
La discusión seguirá teniendo una dificultad bastante tangible cada septiembre: el curso comienza cuando Mallorca todavía puede registrar temperaturas propias del verano. Los 39,1 grados medidos en Palma a comienzos de este mes colocan el debate lejos de una mera disputa retórica.
Lo decidido en el pleno del 24 de septiembre de 2026 es concreto: la propuesta de PSOE y Més para impulsar la adaptación climática de los colegios públicos no obtuvo el respaldo necesario, con Vox y PP en contra. Vox justificó su posición apelando, entre otros argumentos, a la cultura del esfuerzo y a que anteriores generaciones estudiaban sin climatización; el PP alegó cuestiones competenciales y de gestión, aunque sostiene que ejecutará actuaciones.
El resto queda en el terreno menos vistoso, pero bastante más decisivo: presupuesto, obras, mantenimiento y elección de soluciones. Porque entre convertir cada aula en una nevera y dejar que septiembre haga lo que quiera hay un abanico considerable de posibilidades técnicas. Y ese, más que el termostato del salón de plenos, es el debate que Palma tiene encima de la mesa.

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