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¿Por qué este tuit de Ester Muñoz sobre Sánchez se volvió contra el PP?

El tuit de Ester Muñoz sobre Pedro Sánchez reapareció tras el Mundial y convirtió su burla política en el autogol más sonado del PP en redes.

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todos los lapsus de Feijóo

La victoria de España en el Mundial de 2026 convirtió un mensaje de Ester Muñoz en una pequeña pieza de arqueología política. La portavoz del Partido Popular en el Congreso había insinuado días antes que Pedro Sánchez podía traer mala suerte a la selección y le pidió que no acudiera a la final. Sánchez viajó, estuvo en el palco y España derrotó por 1-0 a Argentina. El tuit regresó entonces como regresan estas cosas: con capturas de pantalla, bromas y una memoria digital bastante menos piadosa que la humana.

La explicación del revuelo es sencilla. Muñoz quiso convertir la supuesta condición de gafe de Pedro Sánchez en munición política, pero el resultado deportivo dejó su ironía del revés. No demuestra, naturalmente, que el presidente diera suerte. Tampoco que su presencia influyera en una sola carrera, un pase o un remate. Demuestra algo más modesto y bastante frecuente: una ocurrencia publicada con seguridad puede envejecer en cuestión de días como una sombrilla olvidada bajo un temporal.

Un tuit que envejeció durante la final del Mundial

El mensaje fue publicado después de que Sánchez estuviera en Francia el 14 de julio, coincidiendo con la semifinal mundialista entre España y la selección francesa. Muñoz ironizó con que a Emmanuel Macron se le había ocurrido llevarse al presidente español durante la fiesta nacional francesa y, mirando ya hacia la final, pidió que el jefe del Ejecutivo se entretuviera con la bicicleta, grabando vídeos o escuchando música, pero que no fuera a Nueva York.

el tuit de ester munoz

Era una broma política, sí, aunque pronunciada desde una posición institucional relevante. Ester Muñoz es diputada por León y portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, un cargo que convierte sus mensajes en algo más que comentarios lanzados desde la barra virtual de una red social. Cada palabra viaja con el logotipo del partido, aunque no figure impreso.

La insinuación se apoyaba en una superstición muy española y bastante universal: cuando algo sale mal, siempre aparece alguien dispuesto a localizar un amuleto defectuoso. El fútbol vive rodeado de cábalas, camisetas que no se lavan, asientos que nadie cambia y espectadores a los que se invita amablemente a permanecer en la cocina. La política, que últimamente absorbe cualquier costumbre popular como una esponja caída en un charco, también ha incorporado el gafismo partidista.

Sánchez acudió al palco y España ganó a Argentina

Pedro Sánchez terminó viajando a Estados Unidos. La Moncloa confirmó su asistencia dos días antes de la final, una vez resueltas las dificultades de agenda provocadas por la visita institucional que debía realizar posteriormente a Argelia. En el palco del MetLife Stadium coincidió con la familia real española, Donald Trump y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

España se proclamó campeona del mundo el domingo 19 de julio de 2026 tras vencer a Argentina por 1-0 en East Rutherford, Nueva Jersey. Ferran Torres marcó en la prórroga el gol que concedió a la selección masculina su segunda estrella, dieciséis años después del triunfo de Sudáfrica. Sánchez presenció el partido desde la zona de autoridades y recibió posteriormente a los campeones en el Palacio de la Moncloa.

El marcador dejó la predicción de Muñoz sin demasiado espacio para respirar. Sánchez fue a la final y España ganó. Esa sucesión de hechos no convierte al presidente en talismán, del mismo modo que el tuit no podía convertirlo racionalmente en gafe. Pero las redes sociales no son una facultad de Lógica. Son una plaza repleta de gente con teléfonos, hemeroteca y ganas de ajustar cuentas antes del café.

La hemeroteca convirtió la broma en un autogol

Tras el pitido final, numerosos usuarios recuperaron la publicación de la dirigente popular. Circularon comentarios que recordaban que había una portavoz del PP preocupada por la supuesta mala suerte presidencial y otros que resumían la escena con un marcador político: Sánchez 1, Ester Muñoz 0. La ocurrencia se hizo viral precisamente porque necesitaba muy poco contexto; bastaba colocar el tuit junto a una fotografía de España levantando la copa.

Las redes poseen una crueldad artesanal. Guardan la frase, esperan el desenlace y, cuando la realidad contradice al autor, montan el escaparate. Algo parecido ocurre cada vez que un político anticipa una derrota electoral, anuncia un desastre económico inminente o atribuye poderes sobrenaturales al adversario. Internet no olvida, aunque a menudo recuerde de forma selectiva y con la elegancia de una bocina.

En este caso había otro ingrediente sabroso. Los dos Mundiales conquistados por la selección masculina llegaron con presidentes socialistas: José Luis Rodríguez Zapatero en 2010 y Pedro Sánchez en 2026. El dato carece de valor deportivo y causal; no existe una pizarra táctica del PSOE escondida en Moncloa. Pero resultaba irresistible para quienes buscaban devolver la ironía a Muñoz envuelta en papel rojo.

Cuando la política baja al terreno de la superstición

La crítica al mensaje no nace únicamente de que la predicción saliera mal. También señala una manera de hacer oposición basada en convertir cualquier gesto del presidente en una pieza del combate partidista. Una visita oficial, una presencia en el palco o una fotografía con la selección dejan de ser actos institucionales para transformarse en memes preventivos. Todo vale. Incluso responsabilizar por adelantado a un dirigente político del resultado de veintidós futbolistas corriendo detrás de un balón.

El sarcasmo forma parte de la vida democrática y no necesita permiso administrativo. Los políticos pueden bromear, exagerar y hacer comentarios punzantes. Faltaría más. El problema aparece cuando la agudeza es tan previsible que termina funcionando como un bumerán de plástico: sale con aspavientos, describe una curva ridícula y regresa directamente a la frente de quien lo lanzó.

Muñoz no cometió un delito, ni protagonizó una crisis institucional, ni alteró el desarrollo del Mundial. Publicó un mensaje burlón y recibió una respuesta burlona cuando los hechos caminaron en dirección contraria. Libertad de expresión, también para el cachondeo posterior. Ese equilibrio, tan elemental, suele olvidarse cuando la ironía cambia de acera.

Argentina también llevó sus propias cábalas

La superstición, por cierto, no estaba únicamente en la política española. El presidente argentino, Javier Milei, decidió seguir la final desde Buenos Aires y no viajar a Nueva York. Según la información difundida antes del encuentro, mantenía durante el torneo la costumbre de ver los partidos desde su residencia y consideraba que cambiarla podía traer mala suerte a Argentina.

El contraste fue delicioso: en España se pedía que Sánchez se quedara en casa para no gafar a la selección; en Argentina, Milei permanecía en casa para no romper su propia cábala. Al final ganó el presidente que acudió al estadio, aunque seguramente tuvo más influencia Ferran Torres. Conviene dejarlo escrito, por si la superstición vuelve a pedir acreditación para el próximo Mundial.

Una copa, un tuit y la vieja trampa de tentar al archivo

España regresó a Madrid con el trofeo, fue recibida por la familia real y por Pedro Sánchez y celebró el título ante cerca de 1,8 millones de personas repartidas por las calles de la capital. El mensaje de Ester Muñoz quedó como una nota menor dentro de una victoria histórica, aunque suficientemente jugosa para alimentar durante unas horas la conversación política.

La escena deja una moraleja sin necesidad de ponerse solemnes. En política, como en el fútbol, conviene no celebrar el fallo antes del lanzamiento. Mucho menos cuando la predicción queda publicada, fechada y al alcance de cualquiera. La selección española ganó el Mundial; Pedro Sánchez estuvo allí; y el tuit que pretendía señalar al gafe terminó convertido en el verdadero autogol de la jornada.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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