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¿Cómo cazó un dron a dos menores con fogatas en el monte Calamorro?
Un dron térmico sorprendió a dos menores junto a varias fogatas en el monte Calamorro y evitó un gran incendio en plena noche de Benalmádena.

La cámara térmica de un dron de la Policía Local de Benalmádena permitió localizar de madrugada a dos menores de edad señalados como presuntos autores de las fogatas que habían aparecido durante varias semanas en el monte Calamorro. Los agentes los encontraron cerca de varios fuegos todavía calientes y hallaron cerillas y mecheros en sus mochilas.
Los menores reconocieron los hechos, según la información difundida por el Ayuntamiento. Después fueron trasladados a dependencias del Cuerpo Nacional de Policía, donde permanecieron hasta que llegaron sus padres y se completaron las correspondientes diligencias. No se trató de un vuelo casual: la vigilancia llevaba semanas activa por la reiterada aparición de pequeños focos en una zona forestal especialmente vulnerable durante el verano.
Un punto de calor en plena madrugada
La intervención se produjo durante la madrugada del sábado 18 de julio. Uno de los drones que patrullaban el entorno detectó mediante su cámara térmica la presencia de dos personas en el monte. En la oscuridad, el calor desprendido por los cuerpos, las brasas y la tierra recalentada destacaba sobre el terreno como una mancha encendida.
La Unidad de Drones comunicó la localización a los agentes desplegados en tierra. Estos se desplazaron hasta el punto señalado y encontraron a los menores junto a varias fogatas aún calientes, algunas de ellas situadas cerca de vegetación. El aire que soplaba aquella noche elevaba el riesgo: una brasa ligera, una rama seca y unos segundos de mala fortuna pueden convertir una trastada en un incendio imposible de gobernar.
El dispositivo había comenzado después de que apareciera la primera fogata en el Calamorro. Desde entonces, la Policía Local realizó vuelos preventivos repetidos, con especial atención a los horarios nocturnos y a las zonas menos accesibles. Paciencia, vigilancia y una cámara capaz de ver lo que el ojo humano pierde entre las sombras.
Semanas de fogatas y una vigilancia paciente
El hallazgo permitió relacionar a los dos menores, de manera presunta y pendiente del recorrido de las diligencias, con varios fuegos registrados durante las semanas anteriores. La investigación no nació, por tanto, de una única hoguera aislada, sino de una sucesión de incidentes que había encendido todas las alarmas municipales.
La expresión “pequeñas fogatas” puede sonar casi doméstica, como una excursión con bocadillos y canciones alrededor del fuego. El contexto cambia la imagen por completo. Era julio, en pleno periodo de peligro alto de incendios, dentro de un espacio natural cubierto de vegetación reseca y bajo unas condiciones meteorológicas que favorecían la propagación de cualquier llama.
El Ayuntamiento sostiene que la actuación policial permitió evitar daños mayores en el entorno del monte Calamorro y la cercana Cañada del Lobo. El alcalde de Benalmádena, Juan Antonio Lara, destacó el valor medioambiental y recreativo de la zona, frecuentada por vecinos, senderistas y visitantes. No es un solar abandonado. Es una de las montañas que dibujan el perfil de la Costa del Sol.
Lo que encontraron los agentes
La identificación no se apoyó únicamente en las imágenes del dron. Cuando los policías llegaron al lugar, localizaron restos de fuego todavía calientes y encontraron material para encenderlo entre las pertenencias de los menores. Estos, siempre según la versión municipal, admitieron su participación.
Que hayan reconocido los hechos no elimina la obligación de respetar su presunción de inocencia ni permite atribuirles públicamente una responsabilidad penal definitiva. Su identidad permanece protegida por tratarse de menores, y serán las diligencias policiales las que delimiten qué ocurrió, cuántos fuegos podrían relacionarse con ellos y qué consecuencias proceden.
La información conocida no precisa sus edades exactas. Ese dato no es secundario: determina el cauce legal aplicable y puede modificar de raíz la respuesta de las autoridades.
Un fuego pequeño no es un asunto menor
En Andalucía está prohibido, con carácter general, encender fuego en terrenos forestales y zonas de influencia forestal entre el 1 de junio y el 15 de octubre, periodo considerado de peligro alto. La restricción comprende hogueras, barbacoas y quemas, salvo supuestos excepcionales sometidos a autorización y estrictas condiciones.
La razón se entiende sin necesidad de manuales. En verano, el suelo cruje, la vegetación pierde humedad y el viento trabaja como un fuelle. Una llama que parece controlada puede saltar a unos matorrales, trepar por una ladera y alcanzar viviendas o infraestructuras antes de que alguien consiga avisar a los servicios de emergencia.
El Código Penal contempla como delito prender fuego a montes o masas forestales incluso cuando las llamas no llegan a propagarse, aunque la calificación concreta depende de las circunstancias acreditadas. En este caso, la condición de menores obliga a aplicar un régimen específico y evita trasladar automáticamente las penas previstas para una persona adulta.
Qué cambia cuando los investigados son menores
La legislación española distingue entre quienes tienen menos de 14 años y los jóvenes de 14 a 17. A los primeros no se les exige responsabilidad penal conforme a la Ley de Responsabilidad Penal de los Menores; pueden intervenir, en cambio, los servicios de protección y seguimiento social. Para quienes tienen entre 14 y 17 años se aplica la jurisdicción de menores, orientada a medidas educativas, reparadoras y proporcionales a la gravedad de los hechos.
La respuesta dependerá de la edad, la intencionalidad, la reiteración de las conductas, el riesgo creado y los daños que pudieran acreditarse. También puede examinarse la eventual responsabilidad civil por los perjuicios ocasionados. Por ahora, no se ha hecho pública una resolución judicial ni la edad concreta de los dos implicados.
Conviene separar dos planos que suelen mezclarse en cuanto aparece una palabra tan explosiva como incendio. Una cosa es la identificación policial y otra, la determinación jurídica de lo sucedido. Entre ambas hay pruebas, informes y garantías. Parece una obviedad, pero las obviedades son las primeras víctimas cuando el juicio se celebra en las redes sociales.
La cámara térmica, decisiva en el monte
Los drones equipados con sensores térmicos registran diferencias de temperatura y permiten localizar personas, brasas o puntos calientes cuando la visibilidad es escasa. De noche resultan especialmente útiles: el terreno se enfría con mayor rapidez mientras las fuentes de calor permanecen visibles en la imagen infrarroja.
En el Calamorro, esta tecnología hizo posible dirigir a las patrullas hacia un lugar concreto sin obligarlas a recorrer a ciegas una extensión montañosa. También redujo el tiempo entre la detección y la intervención, un margen que puede resultar decisivo cuando hay fuego y viento en la misma escena.
El episodio ilustra un uso policial alejado del dron ornamental que sobrevuela fiestas y graba panorámicas. Aquí funcionó como herramienta preventiva, capaz de vigilar zonas difíciles sin exponer innecesariamente a los agentes y de aportar imágenes útiles para reconstruir los hechos.
La Policía Local mantendrá el dispositivo durante los meses de mayor riesgo. El Ayuntamiento también ha pedido colaboración ciudadana para comunicar conductas sospechosas y cualquier indicio de fuego en el entorno natural. No hace falta jugar a los detectives: basta con avisar a emergencias y mantenerse fuera de peligro.
Una chispa pequeña frente a todo un verano
La operación de Benalmádena terminó sin que las fogatas se convirtieran en un gran incendio, pero estuvo lejos de ser una anécdota pintoresca. Dos menores, varios focos, viento y un monte seco forman una combinación demasiado seria como para despacharla bajo la cómoda etiqueta de gamberrada.
El dron localizó el calor antes de que el fuego encontrara combustible suficiente para crecer. Esa es la noticia esencial: la vigilancia funcionó. Las responsabilidades deberán aclararse con las garantías propias de cualquier investigación y con la protección reforzada que corresponde a los menores.
Mientras tanto, el Calamorro seguirá observado desde el aire. Porque el monte puede soportar muchas cosas —senderistas, bicicletas, teleféricos, incluso el ruido turístico de agosto—, pero no negocia con una cerilla mal apagada.

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