Economía
El déficit comercial de EEUU crece pese a las exportaciones récord
La brecha comercial se ensanchó por el tirón de las importaciones, pese al récord exportador y al superávit estadounidense en servicios.

Estados Unidos cerró febrero con un déficit comercial de 57.300 millones de dólares, un 4,9% más que en enero. El saldo negativo aumentó porque las importaciones crecieron más en términos absolutos que las exportaciones: el país compró fuera por valor de 372.100 millones y vendió al exterior 314.800 millones. No hubo un desplome de las ventas estadounidenses; al contrario, las exportaciones marcaron un récord. La brecha se abrió porque las compras también avanzaron con fuerza.
El dato quedó por debajo de los cerca de 61.000 millones que esperaba el mercado, pero eso no cambia su mecánica. Las importaciones subieron un 4,3%, mientras que las exportaciones aumentaron un 4,2%, hasta máximos históricos. En el balance pesaron sobre todo los bienes, con más compras de equipos informáticos, componentes tecnológicos y otros productos. El oro y los servicios empujaron las ventas, aunque no lo suficiente para compensar el aumento de las adquisiciones: Estados Unidos exportó más y, aun así, importó todavía más.
La diferencia entre vender más y reducir el déficit
El déficit comercial es la diferencia entre el valor de lo que un país importa y lo que exporta. Si las compras al exterior superan a las ventas, el saldo es negativo; si ocurre lo contrario, hay superávit. En febrero, el resultado empeoró en 2.700 millones respecto al dato revisado de enero, que quedó en 54.700 millones. La clave no está, por tanto, en una caída de las exportaciones, sino en que el gasto en importaciones aumentó más: estas sumaron 15.200 millones adicionales frente a los 12.600 millones de incremento de las exportaciones.
La diferencia puede parecer pequeña frente al tamaño de la economía estadounidense, pero explica por qué un récord exportador no garantiza una reducción de la brecha. El saldo comercial responde al movimiento de los dos lados a la vez. Una economía puede vender más al resto del mundo y, si sus hogares y empresas elevan aún más sus compras de productos extranjeros, registrar un déficit mayor. En febrero se dio precisamente esa combinación, con una demanda de importaciones que superó el impulso exportador.
El resultado tampoco mide por sí solo si la economía está fuerte o débil. Las importaciones pueden aumentar porque consumidores y empresas gastan más, porque la industria necesita componentes que no produce localmente o porque las compañías adelantan pedidos. También pueden crecer mientras las exportaciones avanzan, como ocurrió este mes. El dato describe un desequilibrio entre compras y ventas, pero no equivale a una evaluación completa de la actividad económica ni permite atribuir el movimiento a una sola causa.
El déficit se concentró en los bienes
La separación entre bienes y servicios deja ver mejor la estructura del saldo. En febrero, el déficit de bienes aumentó en 2.500 millones, un 3%, hasta 84.600 millones de dólares. Al mismo tiempo, el superávit de servicios se redujo en 200 millones, un 0,7%, hasta 27.300 millones. La fortaleza de los servicios amortiguó así una parte del agujero generado por el intercambio de mercancías, pero no bastó para neutralizarlo.
La diferencia entre ambos bloques es sustancial. Los bienes son productos físicos que se transportan y cruzan fronteras, desde ordenadores y vehículos hasta medicamentos o materias primas. Los servicios abarcan actividades como viajes, finanzas, servicios empresariales y propiedad intelectual. Estados Unidos conserva una posición favorable en varias de esas actividades, mientras que compra más bienes de los que vende. El superávit en servicios funciona como un contrapeso, no como una compensación completa: el comercio de mercancías sigue siendo el origen principal del déficit.
Este patrón ayuda a entender por qué el saldo puede ser persistente aunque varíen los socios comerciales o las políticas de Washington. Una economía de gran tamaño importa productos para el consumo y para sostener la inversión y la producción. A la vez, puede exportar servicios de alto valor sin que esas ventas borren el déficit de mercancías. En febrero, el comportamiento de ambos sectores fue distinto, pero el resultado conjunto se mantuvo en terreno negativo porque el desequilibrio de bienes fue mucho mayor que el superávit de servicios.
Ordenadores, chips y equipos explican parte del aumento
Las importaciones de bienes subieron en 14.000 millones, hasta 291.500 millones de dólares. El mayor empuje vino de los bienes de capital, que aumentaron 7.800 millones. En ese grupo destacaron los ordenadores, con un alza de 5.400 millones; los accesorios informáticos, que sumaron 1.500 millones más, y los semiconductores, con un incremento de 1.100 millones. Son compras asociadas a equipos, componentes y capacidad productiva, no solo a bienes de consumo que terminan directamente en los hogares.
El tirón de la informática resulta especialmente significativo en un momento de fuerte inversión en tecnología y centros de datos. La expansión de la inteligencia artificial suele asociarse a servicios digitales, pero necesita una infraestructura física: servidores, chips, equipos de red y sistemas para almacenar y procesar información. Las cifras comerciales no permiten atribuir cada componente a un uso concreto ni demostrar por sí solas qué parte responde a esa expansión. Sí muestran, sin embargo, que la actividad tecnológica también se traduce en una mayor entrada de bienes materiales.
La inversión en equipos importados puede ensanchar el déficit mensual sin ser necesariamente una señal de debilidad. Una empresa que compra maquinaria o tecnología en el exterior eleva las importaciones en el momento en que se registra la operación, aunque el equipo vaya a emplearse durante años. La estadística comercial anota el cruce de la frontera, no el rendimiento futuro de la inversión. Por eso conviene distinguir entre un aumento de las compras ligado a capacidad productiva y otro impulsado por el consumo inmediato: ambos elevan el déficit, pero cuentan historias económicas diferentes.
Energía, farmacia y vehículos completan la fotografía
El avance de las importaciones no se limitó a los productos tecnológicos. Los suministros industriales aumentaron 3.100 millones, con el crudo como uno de los principales motores. Los bienes de consumo crecieron 2.200 millones, incluido un incremento de 1.000 millones en preparados farmacéuticos. Los vehículos, sus piezas y motores sumaron otros 1.600 millones. Juntos, estos movimientos dibujan una cesta diversa, en la que conviven insumos para la industria, productos sanitarios y componentes esenciales para el transporte.
La composición importa porque muestra que una parte del déficit refleja necesidades extendidas por la economía, no una única categoría de gasto. El petróleo y otros suministros alimentan actividades industriales; los fármacos abastecen el mercado sanitario, y las piezas y motores se integran en cadenas de fabricación y reparación. La dependencia de bienes extranjeros puede persistir incluso cuando hay producción nacional, porque las empresas utilizan piezas y materias primas procedentes de varios países. La frontera estadística no siempre coincide con la frontera de una cadena productiva.
También por eso los aranceles no transforman de inmediato el mapa de las importaciones. Una empresa puede necesitar componentes que no encuentra en el mercado local en la cantidad, el plazo o las características requeridas. Cambiar de proveedor o trasladar una fase de producción exige tiempo y puede alterar costes y logística. Los datos de febrero no indican por sí solos cuánto de cada compra responde a esas limitaciones, pero sí contradicen una lectura simple según la cual basta con elevar barreras para que desaparezca la demanda de productos extranjeros.
El oro impulsó las exportaciones, pero matiza el récord
Las exportaciones de bienes aumentaron 11.500 millones, hasta 206.900 millones de dólares, otro máximo histórico. El avance más destacado se produjo en los suministros y materiales industriales, que crecieron 10.200 millones. Dentro de ese grupo, las ventas de oro no monetario al exterior subieron 8.000 millones. También aumentó el valor exportado de gas natural, en 1.300 millones, en un contexto previo a la guerra de Irán. El resultado agregado refleja así tanto la fortaleza de algunas ventas como el peso excepcional de ciertos productos.
El oro ayuda a explicar por qué un récord mensual debe leerse con cuidado. Su fuerte aumento eleva el valor de las exportaciones registradas, pero no se traduce automáticamente en una subida equivalente de la producción corriente. Al pasar de las estadísticas comerciales a las cuentas nacionales y al cálculo del producto interior bruto, algunas operaciones con oro no monetario se tratan de forma distinta. El récord es real en las cifras de comercio, aunque no todos sus componentes tengan el mismo significado para medir la actividad.
Las exportaciones de servicios también contribuyeron al máximo: crecieron 1.100 millones, hasta 107.900 millones. El turismo avanzó 300 millones y también mejoraron otros servicios, entre ellos los empresariales, financieros y vinculados a la propiedad intelectual. Es una fortaleza menos visible que un cargamento de materias primas, pero central para el perfil exportador estadounidense. Sin esas ventas de servicios, el saldo total habría sido más desfavorable; con ellas, aun así, no alcanzó para contrarrestar el crecimiento de las importaciones de bienes.
El mapa de socios va más allá de China
El detalle por países y regiones muestra déficits especialmente elevados con Taiwán, México, Vietnam y China. En febrero, el saldo negativo con Taiwán fue de 21.100 millones de dólares; con México, de 16.800 millones; con Vietnam, de 16.500 millones, y con China, de 13.100 millones. El déficit con México aumentó 4.100 millones en el mes y el correspondiente a Taiwán creció 3.800 millones. También hubo saldos negativos con Corea del Sur, la Unión Europea y Japón.
La lista de superávits ofrece otra parte del mapa: Estados Unidos registró saldos positivos con Suiza, por 7.800 millones; Países Bajos, por 6.800 millones; Hong Kong, por 6.600 millones; Reino Unido, por 5.600 millones, y América del Sur y Central, por 3.800 millones. El resultado bilateral depende de los flujos con cada socio, pero no revela por sí solo el efecto total de una relación comercial sobre el conjunto de la economía. Un déficit con un país no significa que toda la producción importada proceda de allí en su forma final: las mercancías pueden incorporar piezas fabricadas en varios lugares.
Este reparto también impide reducir el problema a la relación con China. México, Taiwán y Vietnam registraron déficits mayores en febrero, cada uno por motivos que pueden estar ligados a productos y cadenas de suministro distintos. Si la fabricación se desplaza de un país a otro, el comercio bilateral puede cambiar sin que desaparezca la demanda estadounidense de importaciones. La mercancía cambia de ruta, de proveedor o de etapa de producción; el saldo total solo mejora si, en conjunto, las exportaciones aumentan más que las compras o estas se moderan.
Aranceles y cambios legales añaden volatilidad
Las cifras llegan en un periodo de incertidumbre sobre la política comercial. En febrero, el Tribunal Supremo declaró ilegales los aranceles de emergencia impuestos por Donald Trump, una decisión que redujo de forma considerable la tasa efectiva de gravámenes. La Administración ha intentado sustituirlos por otros marcos legales menos definitivos. Ese cambio añade incertidumbre para las empresas que deben decidir cuándo importar, con qué proveedor y bajo qué costes arancelarios.
Los aranceles pueden modificar el precio relativo de los productos y alterar las decisiones de compra, pero no eliminan automáticamente las necesidades de hogares e industrias. Además, cuando las compañías anticipan nuevas tasas, pueden adelantar pedidos para importar antes de que entren en vigor. Ese comportamiento desplaza operaciones entre meses y puede producir repuntes o retrocesos que no representan un cambio duradero en la demanda. La estadística mensual recoge ese pulso irregular junto con las tendencias de fondo, por lo que un solo dato no permite medir el éxito de una política comercial.
La caída de una tasa arancelaria efectiva tampoco equivale a que las importaciones respondan de inmediato en la misma proporción. Las empresas pueden tener contratos, inventarios y proveedores que no se cambian de un día para otro. A la inversa, el aumento de los gravámenes puede elevar los costes para importadores estadounidenses y, en algunos casos, para quienes compran esos productos dentro del país. El informe de febrero no permite establecer quién absorbió cada coste ni cuánto influyeron los cambios legales en el saldo del mes; sí muestra que el comercio se desarrolla bajo reglas cambiantes y decisiones empresariales anticipadas.
Una mejora interanual que requiere contexto
La cifra de febrero es peor que la de enero, pero la comparación con periodos más amplios ofrece una imagen menos abrupta. La media móvil de tres meses se situó en 61.600 millones de dólares, apenas 400 millones por encima del periodo anterior. Frente a los tres meses terminados en febrero de 2025, el déficit medio se redujo en 53.400 millones. Esa mejora existe, aunque su magnitud se ve influida por el punto de partida: a comienzos de 2025 el saldo había alcanzado niveles extraordinariamente altos, incluido un déficit de 131.400 millones en enero.
Cuando la comparación parte de un mes excepcional, el descenso posterior puede parecer más pronunciado de lo que sería frente a una referencia habitual. No por ello deja de ser útil, pero conviene observar a la vez el dato mensual, la tendencia de varios meses y la composición de las compras y las ventas. En febrero, la media móvil apenas varió y el déficit mensual aumentó; a la vez, el balance seguía siendo mucho menor que el de los meses más extremos del año anterior. Las tres lecturas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
El comercio también influye en la medición del crecimiento económico, aunque el dato nominal de importaciones y exportaciones no se traslada directamente al producto interior bruto. Para ese cálculo se ajustan los precios y se utilizan componentes reales. En febrero, el déficit real de bienes aumentó un 0,6%, hasta 83.500 millones, una señal que puede presionar sobre la contribución del comercio al crecimiento del trimestre. No basta, sin embargo, para anticipar por sí sola el resultado del PIB: otras partes de la economía y las revisiones de los datos también cuentan.
El saldo describe una economía abierta y dependiente
El déficit comercial estadounidense no es una cuenta aislada ni una medida automática de fracaso. Expresa que el valor de las importaciones supera al de las exportaciones en un periodo determinado, pero su tamaño responde a factores como el gasto interno, la estructura productiva, la inversión y la capacidad exportadora. La fortaleza de la demanda puede elevar las compras de productos extranjeros; al mismo tiempo, la economía puede vender servicios y bienes de alto valor en mercados internacionales. Por eso un déficit mayor puede convivir con exportaciones récord y con actividad vigorosa.
La discusión política suele presentar el déficit como un desequilibrio que puede corregirse mediante aranceles o acuerdos comerciales. Pero una brecha agregada no se explica solo por las condiciones que aplica un socio concreto. También refleja cuánto consume e invierte el país, qué produce en casa y qué necesita adquirir fuera. Un cambio en las rutas comerciales puede redistribuir los déficits entre países sin alterar necesariamente el resultado global. Reducir el saldo exige que cambie la relación general entre importaciones y exportaciones, no solo el nombre del proveedor.
Febrero deja, por tanto, una fotografía ambivalente. Estados Unidos vendió más bienes y servicios que nunca en valor total, con avances importantes en oro, gas natural y servicios; también compró más, sobre todo equipos de capital, informática, suministros industriales y otros productos. El superávit de servicios sostuvo parte del balance, mientras el déficit de bienes volvió a crecer. La cifra subió porque las importaciones avanzaron más que las exportaciones, pero su significado va más allá de una variación mensual: muestra hasta qué punto la economía estadounidense sigue conectada a cadenas exteriores que abastecen su consumo, su industria y su expansión tecnológica.
El titular del déficit recoge el saldo final; la composición explica la historia. El récord exportador evita describir febrero como un mes de ventas débiles, y la subida de las importaciones impide presentar el dato como una victoria comercial. Entre ambas cosas aparece una economía capaz de colocar productos y servicios en el exterior, pero también muy dependiente de mercancías fabricadas fuera. Ese contraste, más que el movimiento aislado de un mes, es la señal que deja el informe.

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