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Economía

SpaceX prepara su debut bursátil entre cifras récord y grandes riesgos

Starlink sostiene el negocio, mientras la IA y Starship elevan la apuesta y también los riesgos para los futuros accionistas.

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Musk une Tesla y xAI

SpaceX ha iniciado los trámites para cotizar en Estados Unidos y la operación podría convertirse en una de las mayores ofertas públicas de venta de la historia. Las cifras que circulan apuntan a una valoración cercana a 1,75 billones de dólares y a una captación de decenas de miles de millones, aunque el tamaño final, el precio y el momento del estreno no están cerrados. La empresa aún no ha completado su debut bursátil.

El movimiento cambia la conversación: ya no se trata solo de un posible plan de Elon Musk, sino de una compañía que ha llevado su documentación al regulador y que debe explicar con números públicos cómo conviven sus negocios de cohetes, internet por satélite e inteligencia artificial. Pero el calendario que situaba la operación en junio de 2026 ya ha quedado atrás. Una fecha prevista no equivale a una cotización confirmada, y el mercado sigue pendiente de los términos definitivos.

Un trámite avanzado, pero no una operación cerrada

La presentación de documentación ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, conocida como SEC, marca un paso formal hacia la cotización. La información difundida sobre el proceso sitúa a SpaceX en la preparación de un registro público, tras una fase de trabajo regulatorio reservada. El cambio importa porque el folleto debe convertir las estimaciones y expectativas en información que cualquier inversor pueda examinar.

Eso no significa que la empresa ya haya fijado cuántas acciones venderá, cuánto costará cada una o qué proporción del capital llegará al mercado. En una oferta pública inicial, esos detalles se afinan durante el proceso y pueden variar según la demanda, las observaciones del regulador y las condiciones financieras. La documentación presentada abre el camino, no garantiza el destino: una compañía puede modificar el plan o retrasarlo antes de que empiecen a negociarse sus títulos.

También hay que distinguir entre presentar papeles y cotizar. Una acción empieza a negociarse cuando se concreta la oferta y se produce el estreno en el mercado elegido. En el caso de SpaceX se ha mencionado el símbolo SPCX para las acciones ordinarias de Clase A, pero esa referencia no sustituye a una fecha oficial de negociación ni a la publicación de un precio definitivo. Hasta que se conozcan esos términos, el debut sigue pendiente.

Las cifras que explican la expectación

Las estimaciones atribuyen a SpaceX una valoración aproximada de 1,75 billones de dólares y una posible captación que oscila entre más de 50.000 millones y unos 75.000 millones. La diferencia entre ambas cantidades muestra por qué conviene hablar de rangos y no de cifras cerradas: son cálculos previos sobre una operación que todavía debe concretar su tamaño y su precio. Aun en la parte baja de esas proyecciones, sería una colocación excepcional.

La valoración expresa cuánto se estima que vale la compañía en conjunto; el dinero captado depende de cuántas acciones se ofrezcan y a qué precio. No son conceptos intercambiables. Además, una parte de las acciones podría proceder de títulos nuevos, que aportarían capital a la empresa, o de accionistas existentes que vendieran parte de su participación. El folleto tendrá que aclarar quién recibe el dinero y para qué se utilizará, un detalle decisivo para interpretar el tamaño real de la oferta.

En la organización de la operación se ha señalado la participación de más de una veintena de entidades financieras, entre ellas grandes bancos de inversión. Esa infraestructura sirve para coordinar la presentación a fondos y otros compradores, organizar la distribución de acciones y explorar la demanda. Sin embargo, tener muchos bancos alrededor de la mesa no determina cuánto pagará el mercado. El interés inicial puede ser enorme y aun así no sostener cualquier valoración.

Un negocio espacial que ya genera ingresos

SpaceX no llega a los mercados únicamente con proyectos futuristas. En las cifras atribuidas a la documentación financiera, la compañía registró ingresos de 18.700 millones de dólares en 2025. Esa cantidad supera las estimaciones anteriores, que situaban la facturación entre 15.000 y 16.000 millones, y ofrece una imagen más concreta de la escala que ha alcanzado. El dato, por sí solo, no dice cuánto beneficio queda después de pagar operaciones, desarrollo e inversiones.

La misma información habla de una pérdida de alrededor de 4.900 millones de dólares en 2025 y de pérdidas acumuladas superiores a 37.000 millones desde la creación de la empresa. El contraste entre una facturación elevada y pérdidas sustanciales no es una contradicción automática: SpaceX invierte en sistemas de lanzamiento, satélites, infraestructura y nuevos negocios que requieren grandes desembolsos. Pero obliga a separar crecimiento de ingresos de rentabilidad sostenida.

La valoración propuesta dependerá, por tanto, de más que el volumen de ventas de un año. Los inversores observarán los márgenes, el dinero disponible, la deuda, el coste de los proyectos en marcha y la capacidad para convertir las inversiones en ingresos futuros. Hasta que el folleto exponga esos componentes con detalle, el mercado dispone de una fotografía incompleta. Facturar miles de millones no elimina el riesgo de consumir capital a gran velocidad.

Starlink es el motor comercial de la compañía

La principal fuente de ingresos de SpaceX es Starlink, su servicio de internet por satélite. La red presta conexión a usuarios, empresas y organizaciones en países y territorios donde las redes terrestres pueden ser limitadas, costosas o difíciles de desplegar. Las cifras divulgadas sitúan su base en unos 10,3 millones de suscriptores, repartidos en 164 países y territorios, y su constelación en torno a los 9.600 satélites.

Starlink habría aportado más de la mitad de los ingresos de SpaceX en 2025, con estimaciones de entre 11.000 y 11.400 millones de dólares. Esa actividad cambia la naturaleza de la empresa ante los potenciales accionistas: no depende exclusivamente de lanzar cohetes para terceros, sino que opera una red de comunicaciones y cobra por un servicio recurrente. La conectividad ofrece una base comercial presente frente a proyectos cuyo rendimiento todavía está por demostrar.

La red, sin embargo, no funciona al margen del resto de SpaceX. La compañía fabrica y lanza buena parte de los satélites que necesita, de modo que reúne en una misma estructura el servicio y una parte importante de la infraestructura que lo hace posible. Esa integración puede reducir dependencias y costes, pero también concentra riesgos. Un problema de lanzamiento, una restricción regulatoria o dificultades para ampliar la red pueden afectar a varios eslabones del negocio a la vez.

Los cohetes reutilizables y la ventaja industrial

El Falcon 9 es la pieza que ha permitido a SpaceX convertir los lanzamientos en una actividad más frecuente y repetible. La reutilización de componentes, en especial de la primera etapa, ha contribuido a reducir el coste de algunas misiones y a aumentar la cadencia de vuelos. Frente a un sector acostumbrado durante décadas a cohetes de un solo uso, la recuperación y el reacondicionamiento han cambiado el modelo operativo.

La ventaja no se limita a una innovación técnica. SpaceX ha conectado fabricación, operaciones de lanzamiento y despliegue de satélites en una cadena que alimenta tanto contratos comerciales como sus propios proyectos. También trabaja con clientes institucionales, incluida la NASA, aunque su actividad ya no depende únicamente de esos contratos. La combinación de clientes públicos y negocio comercial diversifica los ingresos, pero no los vuelve inmunes a cambios presupuestarios, competencia o decisiones regulatorias.

La experiencia acumulada en vuelos y reutilización constituye una barrera para quienes intentan competir, porque no basta con diseñar un cohete: hacen falta instalaciones, equipos, permisos, producción fiable y una agenda de lanzamientos suficiente para sostener el negocio. Aun así, una posición de liderazgo no equivale a un monopolio permanente. Las tecnologías pueden avanzar, nuevos rivales pueden encontrar nichos y los costes de la compañía pueden crecer. La ventaja operativa vale tanto como su capacidad para mantenerse.

Starship: la promesa que aún debe demostrar su economía

Una parte importante de las expectativas sobre SpaceX descansa en Starship, el sistema de lanzamiento de gran capacidad que la empresa desarrolla para transportar cargas mayores y reducir el coste de acceso al espacio. La compañía ha planteado que este vehículo podría ampliar las posibilidades de sus operaciones, desde desplegar satélites hasta apoyar misiones lunares. La ambición es enorme; también lo son las exigencias técnicas y financieras.

En la información difundida sobre los planes del grupo, SpaceX aspira a comenzar entregas de carga a órbita con Starship durante la segunda mitad de 2026. Ese calendario es un objetivo empresarial, no una garantía de que el sistema vaya a estar listo para operar al ritmo previsto. El programa aún debe superar pruebas, resolver dificultades de ingeniería y demostrar que puede repetir vuelos con seguridad y de forma económicamente viable. La promesa de abaratar el acceso al espacio todavía necesita validación operativa.

La compañía ha sostenido que Starship podría reducir los costes de lanzamiento en un 99% o más frente a promedios históricos. Una afirmación de esa magnitud debe leerse como una proyección, no como un ahorro ya materializado. Para que transforme el negocio, el sistema tendrá que alcanzar una frecuencia de vuelos suficiente, transportar cargas útiles y recuperar sus componentes de manera fiable. El valor potencial del programa es inseparable de su riesgo de ejecución.

La inteligencia artificial amplía el relato y la incertidumbre

SpaceX ha incorporado la inteligencia artificial a su estrategia tras la integración de xAI anunciada en febrero de 2026. Con ello, la empresa deja de presentarse solo como operadora espacial y de telecomunicaciones: también queda vinculada a modelos de IA, capacidad de computación y proyectos de centros de datos orbitales. La idea de procesar información en el espacio resulta llamativa, pero combina desafíos de energía, mantenimiento, refrigeración, comunicaciones y coste.

Las cifras publicadas sobre inversión en IA apuntan a desembolsos muy elevados, aunque no todas las estimaciones disponibles encajan entre sí. Lo que sí queda claro es que se trata de una apuesta que exige capital antes de que sus posibles retornos estén plenamente probados. La integración también puede complicar la lectura de las cuentas: los accionistas tendrán que entender qué negocios generan ingresos hoy, cuáles absorben recursos y cómo se reparten los costes entre las distintas divisiones.

Hay además riesgos que no son puramente técnicos. Los productos de IA pueden quedar expuestos a litigios, cambios regulatorios y controversias reputacionales, cuestiones que se suman a las ya presentes en las actividades espaciales y de telecomunicaciones. La compañía deberá explicar cómo gobierna esos negocios y qué controles aplica. Una narrativa tecnológica más amplia puede atraer compradores, pero también multiplica las preguntas que debe responder.

El control de Musk y el poder de voto

La salida al mercado no implica necesariamente que Elon Musk pierda el control de SpaceX. La estructura descrita para la operación contempla acciones de Clase A con un voto por título y acciones de Clase B con diez votos cada una. Según las cifras atribuidas al registro, Musk controla el 93,6% de las acciones de Clase B y concentra el 85,1% del poder de voto antes de la oferta.

Si esas condiciones se mantienen, los nuevos accionistas podrían comprar una parte del capital sin obtener una influencia equivalente en las decisiones. La documentación indica que la participación de Musk en el voto se reduciría con la operación, pero seguiría por encima de la mayoría. Esa estructura permitiría a la empresa acogerse a la categoría de compañía controlada bajo las normas de Nasdaq. Poseer acciones y decidir el rumbo no serían necesariamente lo mismo.

Para algunos inversores, la continuidad del fundador puede ser una ventaja: Musk ha sido una figura central en la estrategia y la capacidad de ejecución de SpaceX. Para otros, concentra demasiado poder en una sola persona y reduce la capacidad de los accionistas minoritarios para influir en decisiones importantes. La cuestión no se resuelve con una cifra aislada: depende de los derechos de cada clase de acciones, de la composición del consejo y de los mecanismos de supervisión que detalle el folleto.

Qué cambia para quien quiera comprar acciones

Una OPV no significa que cualquier persona vaya a recibir acciones al precio de salida. En la fase inicial, la asignación suele depender de cómo se organice la oferta y de los intermediarios que participen. Se ha planteado que SpaceX podría reservar una porción relevante a pequeños inversores, pero esa posibilidad no debe confundirse con una garantía de acceso ni con una proporción confirmada.

Quienes no entren en la colocación podrían comprar títulos una vez iniciada la negociación, en el mercado secundario. En ese momento, el precio puede separarse rápidamente del importe fijado para la oferta, tanto al alza como a la baja. En empresas muy conocidas, la atención pública puede amplificar los movimientos iniciales, pero no establece por sí misma el valor de largo plazo. El estreno bursátil no asegura un precio estable ni una ganancia.

Para los inversores de España y del resto de Europa, la disponibilidad dependerá de cómo se distribuya la oferta y de las condiciones aplicables en cada intermediario. La documentación definitiva deberá precisar los mecanismos de asignación y las características de los títulos. Una decisión sobre una inversión concreta requiere valorar la situación y los objetivos personales con un profesional cualificado; la información pública sobre la operación no sustituye ese análisis.

Una prueba para Wall Street y para el sector espacial

La dimensión de la oferta pondría a prueba la capacidad del mercado para absorber una operación gigantesca en un periodo en que muchas empresas tecnológicas han preferido mantenerse privadas durante más tiempo. Si la colocación se completa con éxito, podría animar a otras compañías a buscar capital público. Si se aplaza o reduce, sería una señal de que incluso una marca reconocida y un negocio con ingresos no pueden sustraerse a las condiciones del mercado.

El impacto también se extendería a la industria espacial. Una cotización podría dar a SpaceX un acceso más amplio al capital para financiar satélites, cohetes e inteligencia artificial, al tiempo que elevaría la presión sobre competidores con menos recursos. En Europa, empresas y gobiernos observan una diferencia de escala financiera que afecta a la capacidad de desarrollar lanzadores y servicios propios. Pero el dinero por sí solo no elimina los años de desarrollo, la complejidad técnica ni la necesidad de clientes.

La entrada en bolsa supondría, además, más transparencia sobre una empresa estratégica para las comunicaciones, los lanzamientos y determinados contratos públicos y de defensa. Los inversores buscarán conocer márgenes, dependencias, riesgos legales y planes de gasto; los reguladores y clientes institucionales también tendrán interés en cómo se administra esa información. La apertura financiera puede reforzar a SpaceX y, a la vez, someterla a un escrutinio mucho mayor.

El folleto decidirá cuánto hay de negocio y cuánto de promesa

La imagen que emerge es la de una compañía con una base comercial real, una posición destacada en lanzamientos y proyectos que podrían ampliar su alcance durante años. Starlink aporta usuarios e ingresos; Falcon respalda la actividad de lanzamientos; Starship y la inteligencia artificial abren posibilidades de crecimiento, aunque todavía cargan con incertidumbres importantes. Esa mezcla explica tanto la valoración extraordinaria como la dificultad de juzgarla.

La fecha de junio de 2026 que se manejaba como horizonte ya no puede presentarse como un estreno futuro. La clave ahora es confirmar si la empresa completa la oferta, cuándo empieza la negociación y bajo qué términos. El registro, el precio, el número de acciones y los derechos de voto permitirán distinguir mejor entre las proyecciones de mercado y los compromisos formales. Hasta entonces, la cifra de 1,75 billones sigue siendo una valoración estimada, no un precio confirmado por la cotización.

SpaceX llega a este momento con algo que pocas empresas reúnen: operaciones industriales de escala, una red global de conectividad y una ambición que alcanza desde la IA hasta la exploración lunar. Pero una salida a bolsa también cambia las reglas del relato. Las promesas dejan de bastar y cada proyecto debe convivir con balances, plazos y riesgos expuestos al público. El tamaño de la operación puede ser histórico; su prueba decisiva será demostrar qué parte de ese futuro puede convertirse en resultados sostenibles.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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