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Economía

¿Por qué SpaceX se desploma un 12% pese al récord de Starlink y la IA?

SpaceX cae en Bolsa pese a sus récords: el gasto en inteligencia artificial inquieta al mercado y pone bajo presión su ambicioso crecimiento.

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SpaceX rescata ISS con Crew-12

SpaceX llegó a desplomarse un 12,5% en el Nasdaq después de presentar unos resultados trimestrales que, sobre el papel, parecían destinados a provocar justo lo contrario. Los ingresos casi se duplicaron, Starlink alcanzó los 12 millones de clientes y el negocio de inteligencia artificial empezó a generar cantidades serias de dinero. El problema estaba unas líneas más abajo: una factura de inversiones tan descomunal que incluso Wall Street, acostumbrado a cifras con muchos ceros, levantó las cejas.

La compañía de Elon Musk invirtió 18.369 millones de dólares entre abril y junio, seis veces y media más que un año antes. Cerca de 15.828 millones fueron destinados a inteligencia artificial, centros de datos y capacidad de computación. Es decir, el 86% de toda la inversión del trimestre terminó en las entrañas digitales de una empresa que hasta hace poco asociábamos, sobre todo, con cohetes y satélites.

La caída se moderó durante la sesión. A las 17:59, hora peninsular española, las acciones cotizaban alrededor de 114,37 dólares, con un descenso cercano al 8,7%, después de haber tocado un mínimo intradía de 109,41 dólares. Aun así, seguían aproximadamente un 15% por debajo de los 135 dólares fijados en la salida a Bolsa de junio.

La Bolsa no castiga el trimestre, sino la factura

SpaceX facturó 7.814 millones de dólares en el segundo trimestre, un 92% más que los 4.071 millones del mismo periodo de 2025. El mercado esperaba unos 6.900 millones. También redujo su pérdida neta desde 1.008 millones hasta 541 millones, mientras que la pérdida por acción, de 9 centavos, resultó bastante menor que los 26 centavos anticipados por los analistas. Un trimestre superior a las previsiones, sin discusión.

El resultado operativo también mejoró de forma notable: la pérdida pasó de 970 millones a 143 millones. SpaceX comunicó, además, un ebitda ajustado de 3.538 millones, un 191% más. Esta métrica excluye partidas como amortizaciones, compensaciones en acciones, intereses e impuestos, de modo que dibuja una imagen bastante más amable que la cuenta de resultados tradicional. No es maquillaje contable, pero tampoco dinero contante y sonante acumulándose tranquilamente en una caja fuerte.

Ahí aparece la grieta que inquietó a los inversores. El gasto de capital superó en más del doble los ingresos trimestrales: por cada dólar facturado, SpaceX invirtió aproximadamente 2,35 dólares en infraestructuras, satélites, cohetes y, principalmente, inteligencia artificial. El crecimiento es espectacular; la necesidad de financiarlo, también.

18.400 millones gastados en solo tres meses

Conviene matizar qué significan esos 18.369 millones. No son una pérdida inmediata equivalente ni se cargan íntegramente contra el beneficio del trimestre. Se trata de inversión de capital, utilizada para comprar equipos, construir centros de datos, ampliar instalaciones o desplegar infraestructura que debería producir ingresos durante años.

Pero el dinero sale. Y rápido.

La inversión trimestral pasó de 2.825 millones en 2025 a 18.369 millones en 2026. Solo el área de inteligencia artificial multiplicó sus desembolsos por más de 21, desde 749 millones hasta 15.828 millones de dólares. El negocio espacial absorbió otros 1.174 millones y la conectividad, 1.367 millones.

SpaceX dispone de músculo financiero para soportarlo. Cerró junio con unos 100.000 millones entre efectivo, equivalentes y valores negociables, además de una cartera de pedidos de 47.500 millones. Esa montaña de liquidez, sin embargo, está muy ligada a su reciente salida a Bolsa y a una emisión de bonos de 25.000 millones. El depósito está lleno porque la compañía acaba de pasar por la gasolinera de los mercados.

Starlink sostiene el edificio

La pieza más sólida continúa siendo Starlink. El área de conectividad ingresó 4.291 millones de dólares, un 66% más interanual, y generó un beneficio operativo de 1.656 millones, con un crecimiento del 79%. Más de la mitad de la facturación total de SpaceX procede ya de esta división.

El número de abonados se duplicó en doce meses, desde 6 millones hasta 12 millones de clientes. A ellos se suman aerolíneas, operadores móviles, administraciones y clientes militares. Los ingresos de empresas y gobiernos crecieron un 108%, impulsados por acuerdos comerciales y por más de 6.000 millones en contratos plurianuales estadounidenses para Starshield, la red de comunicaciones y observación destinada a usos de seguridad nacional.

Hay un detalle menos luminoso. El ingreso medio mensual por usuario de Starlink se situó en 66 dólares, frente a los 85 dólares de un año antes. La caída ronda el 22%, aunque el dato permaneció estable respecto al trimestre anterior. La expansión hacia mercados con menor poder adquisitivo y los planes más baratos ensanchan la base de clientes, pero rebajan lo que aporta cada uno. Es una vieja historia empresarial: crecer mucho, cobrar algo menos y confiar en que el volumen haga el resto.

El negocio puramente espacial, mientras tanto, ingresó 962 millones, un 29% más, pero elevó su pérdida operativa hasta 542 millones de dólares. El desarrollo de Starship devora recursos antes de convertirse en una plataforma comercial plenamente reutilizable. Los cohetes ofrecen espectáculo, contratos y prestigio; Starlink paga buena parte de las facturas.

La inteligencia artificial factura, pero devora capital

La metamorfosis de SpaceX ya resulta evidente. La empresa no se presenta únicamente como fabricante de cohetes o proveedor de internet por satélite, sino como una plataforma integrada de espacio, conectividad e inteligencia artificial. Una especie de conglomerado muskiano donde Starship, Starlink, X y Grok comparten tuberías financieras y ambiciones planetarias.

El área de IA ingresó 2.561 millones de dólares, un 247% más que un año antes y más del triple que en el primer trimestre. Los acuerdos de servicios en la nube aportaron buena parte del salto, junto con las suscripciones de Grok y X. SpaceX afirmó haber firmado contratos por 14.100 millones para ofrecer capacidad de computación a terceros.

La división, sin embargo, todavía registró una pérdida operativa de 1.257 millones. Su ebitda ajustado fue positivo en 1.146 millones porque se excluyeron, entre otras partidas, 1.885 millones en amortizaciones y 516 millones en remuneraciones mediante acciones. La diferencia no es pequeña; cabe un cohete entero entre ambas cifras.

La capacidad instalada de computación alcanzó los 1,4 gigavatios, frente a 0,4 gigavatios un año atrás. SpaceX sigue ampliando su complejo Colossus II y ha anunciado que utilizará chips de Nvidia para sus centros de datos. La compañía intenta asegurar semiconductores avanzados en un mercado donde casi todas las grandes tecnológicas persiguen las mismas GPU. El coste no solo está en comprarlas: hacen falta electricidad, refrigeración, redes, terrenos y conexiones capaces de alimentar máquinas que consumen como pequeñas ciudades.

El desbloqueo de acciones añade más presión

El malestar del mercado no procede únicamente de las inversiones. Desde este jueves podrán quedar disponibles para su posible venta alrededor de 911 millones de acciones que permanecían sujetas al periodo de bloqueo posterior a la oferta pública inicial. No significa que todas vayan a salir al mercado, pero sí introduce una amenaza de mayor oferta.

Empleados, antiguos trabajadores e inversores iniciales podrán vender parte de sus participaciones. Cuando una empresa acaba de debutar en Bolsa, esta clase de vencimientos suele provocar nervios: nadie sabe cuánto papel llegará realmente al mercado ni a qué precio estarán dispuestos a desprenderse de él quienes llevan años esperando liquidez.

SpaceX salió a cotizar el 12 de junio con el símbolo SPCX. Sus acciones se colocaron a 135 dólares y subieron con fuerza en algunos momentos de sus primeras semanas, alimentadas por la popularidad de Musk y unas expectativas casi gravitacionalmente libres. Tras el descenso del miércoles, el valor bursátil queda por debajo de aquel precio inicial.

El dilema de Musk: crecer o tranquilizar a Wall Street

La reacción bursátil revela un cambio de humor alrededor de la inteligencia artificial. Durante meses, anunciar más centros de datos, más chips y más capacidad computacional bastaba para elevar una cotización. El mercado premiaba la promesa. Empieza a exigir también una respuesta menos épica y más vulgar: cuándo regresará el dinero invertido.

Algo similar ocurrió con AMD tras sus resultados. La compañía presentó una previsión de ingresos superior a lo esperado, pero sus acciones cayeron porque los inversores consideraron insuficiente el rendimiento frente a la enorme subida acumulada. Nvidia, en cambio, avanzó después de conocerse que suministrará su hardware a SpaceX. El entusiasmo por la IA continúa, aunque se reparte con menos ingenuidad.

La apuesta de Musk posee una lógica industrial. Controlar cohetes, satélites, comunicaciones, datos y capacidad de computación puede crear un ecosistema difícil de replicar. SpaceX lanza sus propios satélites, opera la red que transporta la información y construye infraestructura para procesarla. La integración vertical reduce dependencias y abre negocios que hace pocos años parecían novelas de ciencia ficción.

El inconveniente es el tamaño de la apuesta. Un retraso en Starship, una caída en los precios de los servicios de IA, limitaciones energéticas o una competencia más agresiva pueden alargar el periodo de retorno. Cuando una empresa invierte casi 16.000 millones trimestrales en IA, hasta un pequeño error de cálculo adquiere dimensiones orbitales.

Wall Street exige gravedad financiera

Los resultados no muestran una SpaceX débil. Al contrario: los ingresos se disparan, Starlink es rentable, la inteligencia artificial empieza a vender servicios y las pérdidas se estrechan. La caída bursátil refleja otra cosa, más incómoda. Los inversores dudan de que un crecimiento extraordinario justifique cualquier nivel de gasto.

Musk ha construido buena parte de su carrera convenciendo al mercado de que el futuro cuesta caro antes de resultar evidente. Lo hizo con los vehículos eléctricos, con los cohetes reutilizables y con el internet por satélite. Esta vez dispone de 100.000 millones de liquidez, pero también de una maquinaria inversora capaz de consumir cantidades colosales.

SpaceX deberá demostrar que sus centros de datos no son solo monumentos de silicio, que Starlink puede mantener sus márgenes mientras baja precios y que Starship reducirá realmente el coste de poner carga en órbita. Los buenos resultados han probado que el motor funciona. La caída del Nasdaq recuerda que, para los accionistas, también importa cuánto combustible quema.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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